Geoingeniería: Ciencia ficción y pseudociencia en la COP23

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  Ercilia Sahores | Publicado: 4 de diciembre 2017

Imagina esto: Estás en un espacio aislado con 25,000 personas de todo el mundo. Este espacio ha sido creado exclusivamente con el propósito de alojar una reunión internacional. Una vez que te vayas, el espacio será desmontado y no habrá rastro de su existencia.

Para entrar en este espacio, necesitas una identificación especial. Para obtenerla necesitas seguir un número de pasos que incluyen brindar muchísima información personal y eventualmente, si cumples con los requerimientos, se te otorgará un pase.

Una vez que llegues a este espacio, tienes que seguir estrictas medidas de seguridad para entrar, pero una vez ahí, se te dará todo lo que pudieras necesitar: una conexión a internet dudosamente segura, coloridos baños separados con señalamientos que indican la posición correcta para sentarse, una botella de agua que puede ser rellenada en cualquiera de las estaciones de agua que han sido montadas, comida realmente cara con hasta un 20% de productos orgánicos garantizados y múltiples enchufes para conectar tu teléfono o computadora. También encuentras un centro de cómputo con impresoras, pantallas indicando los numerosos paneles y eventos alternativos sucediendo simultáneamente en este espacio, sándwiches, canapés, café y hasta a veces vino o cocteles – dependiendo de la hora del día – que son dados de manera gratuita  con la única condición de que asistas a un evento en particular.

Hay una zona azul (aquí la zona Bula, la forma más común de saludar en Fiji, el país coanfitrión de este evento) y una zona verde (en este caso la zona Bonn). La gente se mueve en olas de la zona azul, donde suceden las negociaciones oficiales a la zona verde donde los eventos alternativos y algunas juntas de alto nivel suceden.

En medio de estas dos áreas, que para propósitos prácticos y visuales llamaré cian, puedes pasarte horas observando a las miles de personas de todas las nacionalidades, lenguajes, culturas y etnias moviéndose de un lugar a otro, intentando obtener una reunión con la delegación de su país, encontrando el espacio de reunión donde está el mejor evento alterno conectado a su área de trabajo o interés, y cabildeando con delegaciones gubernamentales o de alto nivel para que compren su última idea para ya sea mitigar o adaptarse a lo inevitable: un planeta que se está calentando.

Todo esto en un espacio esterilizado que no deja que el aire frío del exterior se sienta o que los olores o sonidos callejeros permeen. Un espacio lleno de pantallas, computadoras parlantes, luces, y visualizaciones de realidad virtual que hacen que parezca una escena de Blade Runner – la original.

Todas estas personas se han reunido con un propósito: limitar el aumento de temperaturas debajo de 2°C. Son conscientes del hecho de que los cambios en el clima están tomando el elevador, y las soluciones y acciones las escaleras. ¿Tal vez la falta de cumplimiento y sistemas vinculantes para reducir emisiones de gases de efecto invernadero es parte de la razón por la cual esto está sucediendo? ¿O podría ser la falyaa de inversión apropiada y suficiente y la promoción proyectos dedicados a regenerar el sistema en lugar de degenerarlo al producir, consumir y extraerá la usanza antigua, como si tuviéramos miles de planetas a nuestra disposición?

Sea cual fuere la razón, las miles de personas en las zonas verde, azul y cian están asustadas. Y el miedo, como sabemos, es un mal consejero, principalmente porque abre la puerta a aquellos que vienen con soluciones mágicas, pseudociencia, y humo y espejos, aquellos que generalmente son los que crearon el problema en primer lugar.

En la COP23, que tuvo lugar en Bonn, Alemania entre el 6 y el 17 de noviembre, esos espejitos de colores fueron conocidos como geoingeniería. Las propuestas de geoingeniería fueron cubiertas en detalle en el periódico ofrecido en la COP. Un artículo particularmente interesante llamó mi atención. El título: “Opciones riesgosas de último momento” comparaba el Plan B (geoingeniería) a un tratamiento de quimioterapia de alto riesgo. Algunos de los ejemplos de este Plan B son el uso de espejos (posicionados en el espacio cercano a la Tierra, estos espejos reflejarán los rayos del Sol de regreso al espacio), reforestación global, sustancias químicas (en su mayoría sulfuro, distribuido por aviones en las altas esferas de la atmósfera para enfriar  la Tierra al reflejar la luz solar), techos de casas y caminos blancos, y redireccionar el CO2 de plantas de energía combustible en la corteza de la Tierra para que con el tiempo se convierta en roca.

Una delegación enviada por los Estados Unidos, un país que se ha retirado del acuerdo de París pero huele un buen negocio cuando lo ve, fue el defensor más acérrimo de esta ciencia ficción, soluciones tipo Plan B. Tiene sentido que los Estados Unidos promuevan a la geoingeniería como una oportunidad financiera y una manera de continuar emitiendo aun cuando saben que no es nada más que un peligroso parche que no ataca a la raíz que causa el problema.

Pero hay más. Volteé las páginas del periódico oficial y encontré artículos hablando de otra solución. Caminé a través de las zonas verde, azul y cian y vi pabellones con información sobre ella. Asistí a paneles y estaba en boca de todos, igual que en los pasillos. La gente estaba hablando de Beccs. Beccs, o Bioenergía con Almacenamiento de Captura de Carbono (por sus siglas en inglés) parece la estrategia de ciencia ficción menos loca. Excepto que tiene un costo muy alto. Lo que hace es capturar carbono del aire al cultivar árboles, quemando esos árboles para generar energía y enterrando las emisiones usando la captura de carbono y almacenamiento. Para que la estrategia sea redonda, los árboles tienen que ser replantados para continuar el ciclo.

Esta tecnología y toda su potencial rentabilidad es patrocinada por _ _ _ _ _ (complete con el nombre de su corporación extractivista favorita).

¿Cuáles son los potenciales efectos de Beccs? Esta “tecnología” cubriría hectáreas de plantaciones de monocultivo, arruinando la biodiversidad de la zona boscosa y su capacidad para absorber carbono. Se ha estimado que para que Beccs genere la cantidad necesaria de emisiones negativas para alcanzar 1.5C, sería necesario plantar 5 millones de kilómetros cuadrados. Implicaría también esperar años a que tengan los árboles de reemplazo listos para ser quemados y, fundamentalmente, desplazaría a millones de agricultores y poblaciones indígenas de sus tierras que ahora serían usadas como tierras de cultivo de árboles para quemar creando más pobreza, migración forzada e inseguridad alimentaria. Nada que no hayamos visto antes.

Claramente, los seres humanos tenemos un grave problema para pensar a largo plazo. El largo plazo no es sexy ni rentable, y no redunda en beneficios políticos electorales. Hemos creado estos espacios donde por un tiempo nos sentimos mejor respecto de  lo que estamos haciendo para las generaciones futuras y nos damos unas palmaditas en la espalda antes de ir a casa, antes de que esta burbuja donde coexistimos por dos semanas desaparezca y las cosas se vuelvan menos urgentes, y el planeta ya no esté bajo el reflector.

Pero si continuamos de esta manera, si no cambiamos las causas raíz del problema, entonces esta historia terminará dentro de muy poco. Tal vez es hora para que comencemos a escribir nuestra propia novela, una donde los personajes principales sean aquellos que por siglos han sido descuidados y perseguidos.

Una narración que cuente las historias de aquellas personas que, cada día, están haciendo algo para mejorar a nuestro planeta, desde regenerar los suelos a crear modos más eficientes y sustentables de transporte, desde defender la biodiversidad a costa de arriesgar o sacrificar sus propias vidas, a aquellos que están invirtiendo su tiempo, mente y dinero para crear soluciones reales, no amenazadoras y holísticas que puedan resolver el problema.

Esto no es ciencia ficción. Esto es algo que está sucediendo en distintas partes del mundo y está sucediendo ahora. Es tiempo de que registremos, escribamos y propaguemos esta historia. Una historia con raíces profundas y ricas que vayan a lo profundo del suelo. Una historia que también reabsorbe carbono.

Ercilia Sahores es directora política de la Organic Consumers Association – México, y  representante de Regeneration International

 
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