El poder del agave: cómo un revolucionario sistema agroforestal y de pastoreo en México puede ayudar a revertir el calentamiento global

“El uso de la tierra y las insostenibles emisiones de gases de efecto invernadero están dando un golpe tras otro a los ecosistemas naturales, claves para la lucha contra el cambio climático global.

Y sin grandes reducciones de emisiones y transformaciones en la producción de alimentos y la gestión de la tierra, el mundo no tiene ninguna posibilidad de evitar un calentamiento planetario catastrófico “.

Los agaves, cuyo ejemplar más conocido es el agave azul que se usa para producir tequila, en conjunto con especies fijadoras de nitrógeno a menudo arbustivas, como el mezquite, el huizache, el palo fierro del desierto y las variedades de acacia que crecen fácilmente junto al agave, se encuentran entre las plantas más comunes, prolíficas y, sin embargo, habitualmente denigradas o ignoradas en el mundo. Como señala el científico climático de la India, el Dr. Promode Kant:

“El agave es para las partes más secas del mundo lo que el bambú es para las zonas más húmedas. La captura de CO2 atmosférico de la vegetación está severamente limitada por la disponibilidad de tierra y agua. La mejor opción serían las especies que pueden utilizar tierras no aptas para la producción de alimentos y, sin embargo, acelerar la dinámica del secuestro de carbono.

Hasta un 40% de tierra en el planeta es árida y semiárida, principalmente en los trópicos, pero también en las zonas templadas y frías del norte. En casi la mitad de estas tierras, con una precipitación anual mínima de unos 250 mm y suelos ligeramente refractarios, la valiosa especie de agave crece razonablemente bien ”. (Kant, P. 2010)

Cuando los agaves y los árboles fijadores de nitrógeno son cultivados juntos y densamente intercalados, tienen la capacidad de extraer grandes cantidades de CO2 de la atmósfera y producir más biomasa (y forraje animal fermentado) en la superficie del suelo y en las capas subterráneas de forma continua cada año que cualquier otra especie desértica y semidesértica.

Ideal para climas áridos y cálidos, los agaves y sus árboles compañeros, una vez establecidos, requieren poca o ninguna irrigación para sobrevivir y prosperar. Los agaves solos pueden extraer y almacenar en la superficie del suelo el equivalente en peso seco de 30-60 toneladas de CO2 por hectárea.

Ahora, un nuevo modelo agroforestal y de alimentación de ganado basado en agave y desarrollado en el estado de Guanajuato, México, promete revitalizar la producción ganadera de campesinos y al mismo tiempo almacenar grandes cantidades de carbono atmosférico en la superficie del suelo.

Si estos sistemas de agave / agroforestería son ampliados e implementados en millones de pastizales actualmente degradados y sobrepastoreados, tienen el potencial no solo de mejorar la salud del suelo y el pasto, sino también ayudar a mitigar y potencialmente revertir el cambio climático.

Emergencia climática 

Como nos advierten los científicos de todo el mundo, los activistas y nuestra propia experiencia cotidiana, nos enfrentamos a una emergencia climática. El “ganar dinero a cualquier precio”, la economía sobrealimentada con combustibles fósiles, junto con la agricultura y las granjas industriales, el uso destructivo de la tierra y el consumismo sin sentido han bombeado al cielo una carga peligrosa de CO2 y contaminación por gases de efecto invernadero, provocando el calentamiento global y el cambio climático violento.

Las prácticas degenerativas de producción de alimentos, agricultura y uso de la tierra han decarbonizado y eliminado gran parte de la vida biológica y la capacidad natural de captura de carbono de nuestros suelos, bosques y ecosistemas.

Esta degradación y desertificación de los paisajes mundiales ha oxidado y liberado miles de millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera, y ha eliminado gran parte de la biomasa superficial que alguna vez se almacenó en nuestros bosques y paisajes.

Esta degeneración global ha causado la disminución de tanto carbono y vida biológica en nuestros suelos árboles y plantas, que estos sistemas naturales ya no pueden extraer y secuestrar (a través de la fotosíntesis natural) el exceso de CO2 y gases de efecto invernadero en la atmósfera suficientes para mantener el equilibrio necesario entre el CO2 y otros gases de efecto invernadero en la atmósfera y el carbono almacenado en nuestros suelos, árboles y plantas.

La Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación (UNCCD) estima que las tierras áridas y semiáridas constituyen el 41.3% de la superficie terrestre de la tierra, incluido el 15% de América Latina (la mayor parte de México), el 66% de África, el 40% de Asia, y 24% de Europa.

Los agricultores y pastores en estas áreas enfrentan desafíos tremendos debido al aumento de las sequías, las lluvias irregulares, los suelos degradados, los pastizales sobrepastoreados y la escasez de agua. Muchas de estas áreas están en peligro de degenerar aún más hacia la desertificación, totalmente incapaces de sostener cultivos o ganado.

La mayoría de las tierras áridas del mundo se encuentran en las regiones subdesarrolladas económicamente del Sur Global, aunque también hay millones de acres de tierras áridas en los Estados Unidos, Australia y el sur de Europa. La agricultura, la ganadería y la conservación del ecosistema se están volviendo cada vez más problemáticas en estas tierras áridas, especialmente porque la mayoría de las granjas y ranchos en estas áreas no tienen pozos de riego o acceso a las aguas superficiales durante todo el año.

Los niveles de producción de cultivos y ganado se están deteriorando, los árboles y las plantas perennes generalmente se han eliminado o quemado estacionalmente, y las praderas y pastizales se han sobrepastoreado. Los niveles de pobreza, desempleo y desnutrición en estos paisajes degradados son rampantes y dan lugar a la violencia, el crimen organizado y la migración forzada.

Sin embargo, tenemos una solución que nos llega de México y es aplicable a muchas otras regiones. Siempre y cuando los agricultores y los ganaderos detengan el pastoreo excesivo en los pastizales y eliminen las prácticas de tala y quema, y en lugar de eso se enfoquen en reforestar, revegetar, rehidratar y volver a carbonizar los suelos agotados mediante la implementación de prácticas tradicionales y autóctonas de captación de agua, agrosilvicultura, ganadería y gestión de la tierra junto con agroforestería basada en agave, entonces quizás podamos enverdecer las áreas secas y secuestrar y almacenar grandes cantidades de carbono.

Vía Orgánica

Después de décadas como activista por la alimentación y el clima y oponiéndome a las prácticas pro-transgénicos para la Asociación de Consumidores Orgánicos en los Estados Unidos, ahora paso una buena parte de mi tiempo administrando un rancho orgánico y regenerativo y centro de capacitación, Vía Orgánica, en la zona alta del desierto del Bajío en el centro-norte de México.

El ecosistema semiárido y de temporal (lluvia estacional) y clima en el estado de Guanajuato es similar al de muchas partes de México, y al del 40% del mundo. En nuestro valle, generalmente tenemos 500 milímetros de precipitación en la “temporada de lluvias” (julio-octubre), que enverdece el paisaje, seguido de ocho meses con poca o ninguna lluvia.

En el Rancho Vía Orgánica hemos estado tratando de regenerar nuestro ambiente de alto desierto (1,920 metros de elevación). Para lograrlo hemos desarrollado prácticas agrícolas, ganaderas y de manejo del paisaje que producen alimentos y semillas orgánicas saludables, secuestran carbono en el suelo, preservan nuestro monte o áreas naturales densamente vegetadas, disminuyen la velocidad del agua e infiltran el agua de lluvia (incluida la escorrentía que baja por las montañas y laderas) para recargar nuestra capa freática y reforestan y revegetan nuestros campos de maíz y pastizales todavía algo degradados.

Si observamos nuestro valle de montaña, la flora más prominente son los cactus y los agaves (algunos de los cuales son bastante grandes) junto con cientos de mezquites, huizaches y acacias en forma de arbustos y árboles, espinosos y típicamente de tamaño pequeño.

En Vía Orgánica, igual que la mayoría de los pequeños agricultores y ganaderos en México, irrigamos únicamente con el agua de lluvia que podemos recolectar y almacenar en cisternas, estanques y suelos. De esta manera podemos cultivar nuestros vegetales y cultivos de cobertura, mantener nuestros olivos, moreras, cítricos y granados, y proporcionar agua y forraje para nuestros animales.

El 86% de los agricultores y pastores mexicanos no tienen pozo ni fuente de riego, aparte de la lluvia estacional, y por lo tanto luchan para cultivar sus milpas (maíz, frijoles y calabaza) y criar a sus animales en estos paisajes áridos o semiáridos.

Enverdecer las tierras áridas: un nuevo modelo de agroforestería

Hace unos meses, el Dr. Juan Frías, profesor universitario retirado y científico, se me acercó después de asistir a un taller en nuestro rancho. Mientras discutíamos sobre la agricultura regenerativa, la captura de carbono en el suelo y el cambio climático, Juan me habló de un nuevo sistema de manejo agroforestal y ganadero de tierras áridas (ovejas y cabras), basado en agaves y árboles de mezquite en la comunidad cercana de San Luis de la Paz. Ellos llaman a su sistema agroforestal Modelo Zamarripa.

Estos agricultores están transformando su paisaje y sus medios de vida al plantar, podar e intercalar densamente especies de agaves de crecimiento rápido y de alta producción de biomasa y forraje (1600-2000 por hectárea) entre especies de árboles preexistentes de arraigo profundo fijadores de nitrógeno, como el mezquite, o entre plántulas de árboles.

Cuando los agaves tienen tres años, y durante los siguientes cinco a siete años, los agricultores pueden comenzar a podar las hojas o pencas, cortarlas finamente con una máquina y luego fermentar el agave en contenedores cerrados durante 30 días, idealmente combinando las hojas del agave con un 20% o más de vainas de mezquite por volumen para darles un mayor aporte de proteína. En nuestra región, los árboles de mezquite comienzan a producir vainas que se pueden cosechar a los cinco años.

Para el séptimo año, el mezquite y los agaves han crecido y han creado un bosque bastante denso. En los años octavo a décimo, el tallo de la raíz o piña del agave (que pesa entre 45 y 90 kilos) está listo para la cosecha y producir un licor destilado llamado mezcal. Mientras tanto, los hijuelos o crías de las plantas de agave madre se trasplantan continuamente al sistema agroforestal, lo que garantiza el crecimiento continuo de la biomasa (y el almacenamiento de carbono).

Como parte de su sistema agroforestal o silvopastoril, los agricultores de Zamarripa integran el pastoreo rotativo de ovejas y cabras en su rancho, y complementan el forraje de los pastizales que sus animales consumen con ensilado fermentado. El forraje fermentado también parece proporcionar un excelente ensilaje para otros animales, incluidos el ganado, los cerdos y las gallinas.

La innovación revolucionaria de estos agricultores ha sido convertir las hojas de agave, una fuente de biomasa hasta ahora indigesta pero enorme y accesible, en un valioso alimento para animales, utilizando el proceso natural de fermentación para transformar los compuestos indigeribles de saponina y lectina de las plantas en carbohidratos y fibra digeribles.

Para hacer esto, han desarrollado una máquina relativamente simple, conectada a un tractor, que puede cortar las hojas muy duras del agave. Después de picar el agave, lo fermentan anaeróbicamente en un recipiente cerrado (nosotros usamos baldes de 18 litros con tapa).

Después de 30 días, el producto final fermentado es un ensilaje o forraje para animales nutritivo pero muy económico; producirlo cuesta menos de un peso mexicano (o cinco centavos de dólar) por kilo.

Según el Dr. Frías, las ovejas convierten diez kilos de alimento en un kilo de peso corporal fácilmente. Por menos de 5 centavos por kilo, este forraje puede marcar la diferencia entre la supervivencia y la quiebra para las decenas de millones de pequeños agricultores y pastores del mundo.

Los agaves y el almacenamiento y captura de carbono

El sistema de forestación y silvopastura de las tierras áridas de Zamarripa extrae grandes cantidades de CO2 de la atmósfera. Algunos agrónomos estiman que ciertas variedades de agave pueden producir hasta 43 toneladas por hectárea de biomasa en peso seco por año, de forma continua.

Estas variedades de agave de alta producción de biomasa probablemente prosperarán en muchos de los ecosistemas áridos del mundo, donde sea que esté creciendo cualquier tipo de agave y árboles fijadores de nitrógeno.

Se pueden encontrar especies de agave y árboles compañeros fijadores de nitrógeno como el mezquite en la mayoría de las regiones áridas y semiáridas del mundo. El mezquite crece fácilmente no solo en Texas y el suroeste de los EE. UU., México, América Central, Argentina, Chile y otras naciones latinoamericanas, sino que también “prospera en regiones áridas y semiáridas de América del Norte, África, Medio Oriente, Túnez, Argelia, India, Pakistán, Afganistán, Myanmar (Birmania), Rusia, Hawai, Antillas, Puerto Rico y Australia “.

En Vía Orgánica, en las afueras de San Miguel de Allende, Guanajuato, utilizamos cercas solares móviles en los potreros para nuestras ovejas y cabras con el fin de proteger las plántulas de árboles, evitar el pastoreo excesivo o el pastoreo insuficiente, eliminar los pastos muertos y las especies invasoras, y distribuir las heces y la orina de los animales en el paisaje de manera controlada.

Al mismo tiempo, rotamos y movemos nuestro ganado diariamente y de forma paralela, estamos trasplantando, podando, cortando finamente (con maquinaria) y fermentando (en contenedores cerrados) las pesadas hojas de biomasa o pencas de agave salmiana. Algunas pencas u hojas de agave pueden pesar (mojadas) hasta 40 kilos.

La abundante cosecha de este sistema regenerativo, de alta biomasa y alto secuestro de carbono, incluye no solo forraje nutritivo de muy bajo costo para animales, sino también cordero, queso, leche, aguamiel (savia de agave), pulque (una bebida ligeramente alcohólica) y licor de agave destilado (mezcal). Todos estos productos son producidos orgánicamente sin químicos sintéticos o pesticidas de ningún tipo, a precios asequibles, y generan un exceso de biomasa y fibra de agave disponible para textiles, composta, biocarbón y materiales de construcción.

Un potencial enorme de reducción del carbono atmosférico

Desde la perspectiva de la crisis climática, este sistema agroforestal puede ser transcendental y tener un enorme impacto para mitigar y eventualmente revertir el calentamiento global, especialmente si es implementado a gran escala en las tierras áridas y semiáridas del planeta. Las cuarenta y tres toneladas de biomasa de peso seco sobre el suelo que este sistema produce de forma continua por hectárea por año representa una de las tasas más altas de extracción y almacenamiento de carbono atmosférico en el mundo, además de los bosques sanos.

Imagine el potencial de secuestro de carbono si los agricultores y pastores rurales pueden establecer sistemas agroforestales basados ​​en el agave durante la próxima década en solo el 10% de los cinco mil millones de acres degradados del mundo (500 millones de acres o 202 millones de hectáreas), áreas no aptas para la producción de cultivos pero donde los agaves son adecuados. Los árboles nativos fijadores de nitrógeno (como las variedades de acacia en África) ya están creciendo o podrían crecer.

Siendo conservadores y estimando una tasa de almacenamiento de carbono de biomasa en la superficie del suelo de 10 toneladas de carbono por acre por año en estos 500 millones de acres, (contando tanto el agave como los árboles complementarios, la biomasa superficial y subterránea), podríamos secuestrar acumulativamente cinco mil millones de toneladas de carbono (18 mil millones de gigatoneladas de CO2) de la atmósfera cada año.

Cinco mil millones de toneladas de carbono adicional secuestradas en los suelos y la biota de la Tierra equivalen a casi el 50% de todas las emisiones humanas de gases de efecto invernadero en 2018.

El poder de un sistema agroforestal a base de agave

Un poco más de información sobre los agave y los árboles que fijan nitrógeno como el mezquite, el huizache u otros árboles productores de forraje y alimentos como la moringa puede ser de ayuda para comprender mejor el potencial de este sistema agroforestal / de pastoreo holístico.

Numerosas variedades de agaves (junto con sus parientes de cactus y árboles compañeros fijadores de nitrógeno) crecen en aproximadamente el 20% de las tierras del planeta, esencialmente en la mitad de las tierras secas del mundo donde hay una precipitación anual mínima de aproximadamente 250 mm, donde la temperatura nunca llega a menos de 10 grados centígrados negativos.

El Dr. Promode Kant ha descrito la enorme producción de biomasa y el potencial de almacenamiento de carbono de los agaves en áreas secas:

“El agave puede … usarse para proyectos de secuestro de carbono bajo el MDL [Mecanismo de Desarrollo Limpio del Protocolo Climático de Kioto] aunque por sí mismo no constituya un cultivo arbóreo y no pueda proporcionar la cobertura mínima requerida de la copa de los árboles para crear un bosque como lo requieren las reglas del MDL.

Sin embargo, si la cobertura de copa mínima requerida se crea plantando un número adecuado de especies de árboles compatibles en plantaciones de agave, entonces el carbono secuestrado en los agaves también será elegible para la medición como biomasa seca en la superficie del suelo y proporcionará unos bonitos créditos de carbono…

No causa ninguna amenaza a la seguridad alimentaria y no demanda agua, que es escasa y, dado que se puede cosechar anualmente después de un corto período inicial de gestación y proporciona muchos productos que tienen mercados existentes, también es adecuada para la erradicación de la pobreza … “

Con más de 200 variedades que crecen en todo el mundo, los agaves pueden prosperar incluso en tierras secas y degradadas no aptas para la producción de cultivos gracias a su metabolismo ácido de las crasuláceas (CAM) (los cactus y otras plantas desérticas similares también tienen un mecanismo CAM ). Este mecanismo permite a estas plantas extraer la humedad del aire y almacenarla en sus hojas gruesas y duras durante la noche. En cambio, durante las horas del día la apertura de sus hojas (los estomas) se cierra, de manera que la evaporación se reduce drásticamente.

Al mismo tiempo, sus raíces relativamente poco profundas se extienden horizontalmente, absorbiendo la humedad y los nutrientes disponibles de la capa superior del suelo, especialmente durante la temporada de lluvias.

Además, su sistema de propagación de hijuelos o retoños (hasta 50 entre algunas variedades) que crecen de sus raíces horizontales hace que el agave sea una planta perenne auto reproductora, capaz de mantener un alto crecimiento de biomasa, y almacenamiento y secuestro de carbono a largo plazo.

Incluso cuando un agave en crecimiento se poda a partir del tercer año (para producir ensilaje fermentado) y toda la planta de agave madura (la piña) se cosecha al final de su vida útil para hacer mezcal, en nuestro caso después de 8-10 años, deja atrás una familia de retoños que realizan fotosíntesis y producen biomasa (hojas y tallo) a una velocidad igual o mayor que la planta madre.

En otras palabras, se puede mantener un nivel muy alto de almacenamiento de carbono sobre la superficie del suelo y secuestro subterráneo (10-17 toneladas de carbono por acre) año tras año. Todo esto se puede lograr sin riego y sin fertilizantes sintéticos o productos químicos, siempre que los agaves se intercalen junto con árboles fijadores de nitrógeno como el mezquite, huizache, moringa u otras especies de tierras secas como las acacias que crecen en áreas áridas o semiáridas.

Los agaves y varios de sus árboles compañeros han sido utilizados como fuente de alimentos, bebidas y fibra por las sociedades indígenas durante cientos, de hecho miles de años (Álvarez-Fuentes et al, 2015). Sin embargo, hasta hace poco los agricultores no habían sido capaces de descubrir cómo utilizar la gran cantidad de biomasa de las hojas del agave que, a menos que estén fermentadas, son básicamente indigestas (llenas de saponinas y lectinas) e incluso dañinas para el ganado.

De hecho, esta es la razón por la cual, además de las espinas y las pieles gruesas de las hojas, los animales generalmente no se las comen, a menos que se mueran de hambre. Según el Dr. Juan Frías, una vez que sus enormes hojas (que contienen 30% de azúcar) se cortan y se fermentan en recipientes cerrados, después de un corto período de ajuste, los animales que pastan (cerdos y aves de corral) engullen este forraje dulce y nutritivo como si fuera caramelo.

El desarrollo de un sistema de especies nativas / agroforestería / ganadería en 5-10 millones de acres (2-4 millones de hectáreas) de tierra no aptos para cultivos alimentarios en un país de gran superficie como México (posee 144 millones de hectáreas de tierras de cultivo y pastizales, gran parte de los cuales están degradados) podría literalmente secuestrar 37-74 % de las emisiones netas actuales de combustibles fósiles del país (las emisiones netas actuales son 492 millones de toneladas de CO2).

Y, por supuesto, donde se implementen estos sistemas de agave / agroforestería / pastoreo holístico, los agricultores y ganaderos también restaurarán la fertilidad y la capacidad de retención de humedad de millones / billones de acres de pastizales y praderas, promoviendo así la autosuficiencia alimenticia y la prosperidad de las áreas rurales.

Aumentar la implementación de las mejores prácticas regenerativas en los miles de millones de hectáreas de tierras de cultivo, pastizales y tierras forestales del mundo, especialmente aquellas tierras degradadas que ya no son aptas para cultivos o pastoreo, junto con la transición de combustibles fósiles a energías renovables, puede tener un papel muy importante para detener y revertir el cambio climático.

 

Ronnie Cummins es el director internacional de Organic Consumers Association (OCA) y miembro de la junta directiva de Regeneration International (RI). Su Nuevo libroGrassroots Rising: A Call to Action on Climate, Farming, Food, and a Green New Deal” saldrá a la venta en febrero de 2020. 

 

Referencias y fuentes
1. HuffPost 8 de agosto, 2019
https://www.huffpost.com/ entry/united-nations-ippc-report-climate-land_n_5d4b872ce4b09e729740d9fb

2. Institute of Green Economy, Could Agave be the Species of Choice for Climate Change Mitigation?
https://www.igrec.in/ could_agave_be_the_species_of_choice_for_climate_change_ mitigation.pdf

3. Facebook, Hacienda Zamarripa https://www.facebook.com/ haciendazamarripa/

4. Institute of Green Economy, Could Agave be the Species of Choice for Climate Change Mitigation?
https://www.igrec.in/ could_agave_be_the_species_of_choice_for_climate_change_ mitigation.pdf

5. Texas Almanac, The Ubiquitous Mesquite
https://texasalmanac.com/topics/environment/ubiquitous-mesquite

6. Institute of Green Economy, Could Agave be the Species of Choice for Climate Change Mitigation?
https://www.igrec.in/ could_agave_be_the_species_of_choice_for_climate_change_mitigation.pdf