Alimentación en el desierto

Alimentación en el desierto

Pródiga aridez

A dentrarse en las selvas tropicales y subtropicales de Veracruz, Oaxaca o Chiapas es sumergirse en la bullente, apabullante, innumerable diversidad biológica. Graznidos, trinos, zumbidos, chasquidos nos informan de la prodigalidad faunística, mientras que la entreverada y barroca vida vegetal se cierne sobre nosotros, se nos viene encima, nos cierra el paso. La presencia del bioma es abrumadora, estentórea, avasallante…

Y la diversidad biológica se enlaza con la pluralidad cultural. En el sur y sureste los pueblos originarios conforman un vertiginoso entramado de costumbres, vestimentas, lenguas que da cuenta de su vigente ancestralidad.

Naturaleza pródiga y profundidad social que al entrelazarse configuran la riqueza biocultural que nos llena de orgullo. Internarnos en el desierto, en cambio, es ingresar en la soledad y el silencio. La austeridad minimalista del paisaje nos abisma en la inmensidad vertiginosa y alucinante de un mundo despoblado, vació, inanimado…

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