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Una visión para la regeneración social y ecológica del humedal de Xochimilco en la Ciudad de México

Por Marya Rubio Lozano

 

El humedal de Xochimilco es un sitio que alberga un valor biológico y cultural importante Por esta razón es considerado Patrimonio de la Humanidad (UNESCO) y Sitio de Importancia Agrícola Mundial (FAO).

Humedalia es una organización mexicana dedicada a la conservación y restauración de los humedales mexicanos. Forma parte de la red de afiliados de Regeneration International y como tal ha aplicado al programa de asesoría científica y técnica de la iniciativa 4 por 1000.

El trabajo de Humedalia se concentra en las chinampas de Xochimilco (Chinampas se refiere a un sistema de cultivos en jardines flotantes creado en lechos de lagos poco profundos, utilizando técnicas agrícolas desarrolladas por los aztecas).

La producción agrícola en chinampas, o islas de tierra cultivables, data de hace más de 800 años, cuando las primeras tribus que se establecieron en la Cuenca de México alcanzaban a producir 4 t/ha de cultivos. Esta alta producción permitió el desarrollo de grandes asentamientos urbanos hasta lo que hoy en día conocemos como la Ciudad de México. Estas urbes generaron una gran demanda de recursos hídricos y una transformación del suelo agrícola a urbano.

Actualmente, el humedal de Xochimilco y su paisaje de chinampas representan el 2% del agua dulce que originalmente había en la Cuenca. Este paisaje agrícola se encuentra altamente amenazado por procesos ligados a la urbanización y devaluación del trabajo campesino. Alrededor del 80% de las chinampas se encuentran abandonadas y la contaminación del agua ha deteriorado la fertilidad del suelo. Además, los pocos productores agrícolas que quedan en el lugar enfrentan una alta competencia con modelos de producción intensivos (mayormente subsidiados) y los precios de sus productos son castigados disminuyendo la rentabilidad de su trabajo.

Por otra parte, el humedal de Xochimilco es vital para la Ciudad de México debido a los múltiples beneficios ambientales que le brinda, tales como regulación del microclima, captación de agua y recarga de mantos acuíferos, producción de oxígeno y alimentos, reciclamiento de nutrientes y secuestro de carbono. En un sitio donde la calidad del aire comúnmente supera los niveles saludables de contaminación en el aire, el secuestro de carbono es fundamental para la resiliencia de la Ciudad. Los humedales secuestran grandes cantidades de carbono (0.4-32 Mg ha-1 año-1) en sus sedimentos gracias a las condiciones anaerobias que éstos presentan, lo cual permite que la tasa de descomposición de la materia orgánica sea baja y se favorezca la acumulación de carbono. A su vez, este beneficio se puede potencializar al trabajar las chinampas con técnicas de cultivo tradicional (sostenibles) en sinergia con nuevas técnicas de cultivo orgánicas como el método de cultivo biointensivo.

Este proyecto busca incrementar el secuestro de carbono mediante un enfoque sistémico agua-suelo. A partir de la restauración de los canales y la rehabilitación de hectáreas de tierras ociosas, se mejorará la calidad de agua disponible para riego y se regenerará el suelo de las chinampas, incrementado la cantidad de secuestro de carbono del ecosistema.

Asimismo, el proyecto contribuirá a la protección de hábitat para la flora y fauna endémica del lugar como el axolotl Ambystoma mexicanum, y ayudará a recuperar la identidad cultural vinculada a la agricultura milenaria que sobrevive en las manos de los agricultores tradicionales.

Este proyecto de regeneración del suelo chinampero (rehabilitación, siembra y mantenimiento), brindará una opción redituable a miembros de la comunidad local para aumentar sus ingresos y la oportunidad de vincular distintas generaciones en el trabajo, creando un espacio itinerante para el intercambio de saberes y experiencias sobre las prácticas de cultivo ancestrales. A su vez, las chinampas regeneradas producirán alimentos más saludables. A través de su venta y/o transformación se integra a otro sector familiar, las mujeres y niños de la comunidad, que culturalmente no suelen participar directamente en la producción.

Y a su vez, las chinampas regeneradas producirán alimento más saludable.

Como parte de la red de Regeneration International y presentándose a la iniciativa 4 por 1000, el proyecto de Humedalia ayuda a mejorar las condiciones socioecológicas del humedal de Xochimilco. El secuestro de carbono beneficiará directamente a la calidad del aire de una de las ciudades más contaminadas del mundo, pero el proyecto interviene también en la esfera social del sitio, mejorando el bienestar de la comunidad generando autoempleo por el trabajo de las chinampas, y sembrando condiciones para la participación social a través de la generación de redes de colaboración que fortalezcan a la comunidad.

Mayra Rubio Lozano es directora de investigación científica y desarrollo sostenible para Humedalia A.C. Para mantenerse al día con las noticias de Regeneration Internationalsuscríbase a nuestro boletín.

How South Africa’s Mangrove Forests Store Carbon and Why It Matters

Scientists around the world are looking for ways to remove carbon dioxide from the atmosphere. This gas is a natural component of the atmosphere, released by processes of respiration and decomposition of organic matter.

But human activities that involve the burning of fossil fuels such as coal have released a lot of carbon dioxide into the atmosphere since the Industrial Revolution of the 1800s.

The accumulation of carbon dioxide in the atmosphere is directly linked to global warming. Climate-related risks for the environment and for human societies have been observed in the form of increased mean temperatures and a higher frequency at which extreme events – heatwaves, droughts, wildfires, floods, and storms—are occurring around the world.

One of the natural ways that carbon dioxide can be taken out of the atmosphere is the process of photosynthesis by plants. Plants absorb carbon dioxide, use the carbon for their growth, and release the oxygen back into the air. mangr

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Why Ecosystem Restoration Comes First in the New Business Models

Humility

Degraded Environment

Good news: we can do better!

Abundant resources

Ethics are important in this shift. What kind of humans do we want to be? Is maximizing profit giving our lives purpose? Or do we want to create optimum value for all?

Boosting nature

Living with abundance

Indigenous cultures and permaculture

Large scale restoration

Picture credit: Green Gold, a documentary by John D. Liu.

Picture credit: Green Gold, a documentary by John D. Liu.

A sacred mountain in India

Food forests in Europe

Connection

 

Posted with permission from Medium

Proponen salvar el permafrost con una masa de grandes herbívoros

MADRID, 27 Ene. (EUROPA PRESS) –

Investigadores de Oxford estiman que introducir en masa grandes herbívoros en la tundra ártica para restaurar el ecosistema y mitigar el calentamiento global resulta económicamente viable.

Se sabe que los animales que pastan como los caballos y los bisontes diseñan el paisaje a su alrededor, por ejemplo, suprimiendo el crecimiento de los árboles pisoteando o comiendo árboles jóvenes. Cuando este proceso se aprovecha para restaurar un ecosistema a un estado anterior, se denomina reconstrucción. También se puede usar para cambiar un ecosistema a un estado diferente pero más deseable. Esto se conoce como ingeniería de ecosistemas megafaunales.

En muchas partes del mundo, los ecosistemas forestales se consideran los más importantes para restaurar debido a su capacidad para almacenar carbono. Pero en la tundra ártica, cambiar el paisaje de la vegetación leñosa a los pastizales mejoraría la protección del permafrost rico en carbono, reduciría las emisiones de carbono asociadas con el deshielo del permafrost y aumentaría la captura de carbono en el suelo.

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‘Mother Nature Recovers Amazingly Fast’: Reviving Ukraine’s Rich Wetlands

A battered old military truck and rusting Belarusian tractor are perched on the edge of degraded wetland in the heart of the Danube Delta Biosphere Reserve. They have been hastily deployed in a desperate attempt to save an excavator from being swallowed by the squelching earth beside the obsolete Soviet dam it is trying to demolish.

In the 1970s, 11 earth dams were built on the Sarata and Kogilnik rivers as a crude alternative to footbridges to access the area’s aquifers.

Ornithologist Maxim Yakovlev remembers that prior to the construction of the dams, the local rivers slowly meandered through a rich wetland ecosystem which would store, hold back and slowly release water after heavy rains. “Back then, before the dams, when the ecosystem was functioning properly, we had healthier soil and vegetation,” says Yakovlev, as he skirts the edge of a reeking swamp near the tiny, ancient town of Tatarbunary on the northern fringe of the reserve, a 100-mile (160km) drive south-west of Odessa.

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Levels of Biodiversity

Finally, biodiversity is having a moment.

At the UN Climate Action Summit in September, Emmanuel Faber, CEO of Danone, announced the launch of the One Planet Business for Biodiversity (OP2B) coalition, stating, “We thought we could engineer the life that we needed and kill the rest in the fields. The resulting monocropping consequences are standing right in front of us.”

Government and large-scale business decision-makers are coming to terms with two sides of a coin of ecological reality: Biodiversity has immense inherent value on our planet, AND the ongoing devastation of biodiversity will drastically decrease global human quality of life.

Biodiversity is a key factor in the earth’s provision of ecosystem services — including biomass production, nutrient and water cycling, and soil formation and retention — but the ongoing, mounting losses to biodiversity are not simply an environmental issue. The IPBES Global Assessment Report on Biodiversity and Ecosystem Services states that “Current negative trends in biodiversity and ecosystems will undermine progress towards 80% of the Sustainable Development Goals, related to poverty, hunger, health, water, cities, climate, oceans and land.”

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Regenerando la historia humana

Vía Orgánica, en México, restaura el suelo, el agua y la biodiversidad – y las vidas de los campesinos también.

Nota del editor: una de mis tareas más inspiradoras en lo que va del año reunió dos movimientos importantes para la sanación de la Tierra: el primer Campamento de Restauración de Ecosistemas en las Américas y Vía Orgánica, la organización anfitriona. Continué escribiendo sobre ambos para Mongabay Latin America y el nuevo número de Permaculture Magazine. Este artículo es un resumen de Regenerating Agriculture, Regenerating Communities, disponible para los suscriptores de Permaculture Magazine aquí.

SAN MIGUEL DE ALLENDE, México – Al igual que muchos otros niños de familias agrícolas mexicanas, el padre de Azucena Cabrera se mudó a la ciudad para ganarse la vida, convirtiéndose en electricista y fontanero para mantener a su familia, ya que la agricultura se había convertido en un negocio donde se perdía dinero.

Al igual que millones de agricultores de subsistencia en todo México y América Central, los Cabrera ya no podían ganarse la vida con los suelos degradados y el duro clima árido de la región. Sumado a la disminución general de la productividad de los suelos degradados del país, las economías agrícolas rurales de México han sido diezmadas desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte por toneladas de maíz subsidiado barato importado de los Estados Unidos, lo que hace que la agricultura tradicional sea más un ritual ceremonial que un medio de subsistencia.

Pero el padre de Azucena tenía un fuerte compromiso con la tierra de sus padres. “Nací aquí, estas tierras me alimentaron”, dijo a sus hijos. “Tengo que recuperar la tierra”.

Así que los fines de semana la familia se iba al campo, y aunque Azucena era una niña de la ciudad, creció jugando en la milpa, comiendo tomatitos silvestres y huanzontle, buscando flores y abejas. Cuando era niña, decidió estudiar agronomía, pensando que la pondría de nuevo en contacto con esa naturaleza. Sin embargo, cuando vio las opciones de empleo, comenzó a pensar que había cometido un error.

“Los modelos agrícolas me hicieron pensar: ¿qué haré cuando termine? ¿Trabajar en un agronegocio, vendiendo fertilizantes en una oficina de envenenamiento?”

Afortunadamente para Azucena, descubrió Vía Orgánica. Vía Orgánica, un proyecto de la Asociación de Consumidores Orgánicos americana, es un rancho orgánico regenerativo establecido en 2009 en San Miguel de Allende que sirve de modelo para los campesinos de la región. Ella dice que fue como un sueño hecho realidad. Tomó un taller en el rancho, se inscribió como voluntaria, y desde entonces ha trabajado para convertirse en su coordinadora, maestra e inspiración para miles de visitantes y estudiantes cada año.

Azucena explica el sofisticado sistema de compostaje en el Rancho Vía Orgánica, mientras el cofundador de Vía Orgánica Ronnie Cummins lo traduce para los voluntarios del Campamento de Restauración del Ecosistema, que vienen de Alemania, Colombia, México, Canadá y Estados Unidos. (Foto de Tracy L. Barnett)

“Decidí que no quiero ser agrónoma. Soy una campesina ”, dice con orgullo. “Porque un campesino tiene ese conocimiento, esa sabiduría, este instinto de un ser humano que sabe cómo hacer las cosas. “

Siente una satisfacción especial cuando les dice a sus alumnos: “necesitamos acercarnos al abuelo y preguntarle qué hizo, qué comió, cómo lo supo. Porque hay muchos nuevos conocimientos disponibles, y el instinto se queda dormido, y ahora el conocimiento moderno nos deslumbra. “

Ver la forma en que este trabajo ha transformado la vida de su equipo también la hace feliz. Como el caso de Don Martin Tovar, ahora jefe de mantenimiento, quien emigró a los Estados Unidos a la edad de 14 años, y donde trabajó 12 horas al día en un fábrica procesadora de pollos. Ahora poder vivir bien en su tierra natal y mostrarle a su hijo cómo plantar, cultivar y preparar fertilizantes orgánicos le produce una alegría especial.

Otra historia de éxito es la de Lourdes Guerrero, quien anteriormente trabajó en una operación industrial de pollos. “Fue un error terrible”, dice, estremeciéndose al recordar las condiciones de su trabajo anterior. Ahora es la coordinadora de la operación de pollos y la “granja regenerativa”, un proyecto en el que las aves circulan libremente, fertilizando los árboles frutales al mismo tiempo que mantienen las plagas bajo control y proporcionan huevos orgánicos.

Durante la última década, Vía Orgánica ha desarrollado un modelo que les ha permitido tener un impacto crítico en la región. Mediante el establecimiento de un restaurante, una tienda y un mercado callejero mensual, y una serie de clases y talleres patrocinados para la comunidad, han contratado a 60 empleados a tiempo completo y proporcionan una vida digna para más de 200 productores que forman parte de su red. Rosana Álvarez, quien administra los contactos con los productores, ha visto muchos cambios en la agricultura que practican y en sus vidas a lo largo de los años. Algunos han dejado de usar agroquímicos; otros, que estaban a punto de usarlos, tomaron la decisión de resistir las ofertas del  “paquete” convencional que ofrece el gobierno que implica el uso de agroquímicos. Algunos han aprendido a hacer composta y a proteger la tierra con cobertura vegetal. La mayoría de ellos han tomado clases y talleres, que son gratuitos para los agricultores.

Campamentos de restauración de ecosistemas

El primer evento de este tipo en América y el segundo en el mundo, el movimiento Ecosystem Restoration Camps (Campamentos de Restauración del Ecosistema) fue fundado en 2017 por el periodista internacional, científico de suelos y cineasta John D. Liu, quien ha dedicado los últimos 25 años al estudio, documentación y promoción de la restauración de ecosistemas a gran escala en todo el mundo. Liu unió fuerzas con Vía Orgánica y la organización sin fines de lucro Regeneration International para producir este campamento intensivo de dos semanas; y estuvo presente con los 30 campistas de siete países que participaron, intercambiando habilidades, conocimientos e ideas sobre la restauración del ecosistema mientras se arremangaban para hacer el trabajo.

Liu, que es conocido como el “Indiana Jones de la degradación y regeneración del paisaje”, pasó a la acción después de que fue asignado con la redacción informes sobre la Meseta de Loess de China, la cuna de la civilización china, reducida a lo largo de los siglos a un vasto desierto. Un Liu inicialmente escéptico observó cómo el proyecto de restauración masiva del gobierno transformaba el paisaje en un ecosistema exuberante, biodiverso y productivo. Desde entonces, ha estado promoviendo y documentando la restauración del ecosistema en todo el mundo.

“Es posible restaurar ecosistemas dañados a gran escala. Entonces, si podemos restaurar ecosistemas dañados a gran escala, ¿por qué no lo hacemos? “, dice Liu en su galardonado documental “Green Gold “. En 2017, fundó los Ecosystem Restoration Camps como una forma de poner en práctica lo que estaba aprendiendo, al mismo tiempo que brindaba a personas de todo el mundo la oportunidad de unirse al esfuerzo. El primer campamento se estableció en Murcia, España. Vía Orgánica es la segunda.

Los altiplanos del sureste de España y del centro de México tienen mucho en común con las regiones que Liu documentó. “Los sistemas disfuncionales se concentran realmente en las cunas de la civilización humana, donde comenzó la agricultura”, dijo. “Ahí es donde se centran los grandes desiertos. Ahí es donde el suelo está tan degradado que nada puede crecer “.

Algo sobre la forma en que se ha practicado la agricultura desde su inicio claramente no está funcionando, dice Liu. Él cree que la respuesta es un esfuerzo concentrado para restaurar la biomasa, la biodiversidad y la materia orgánica acumulada en el ecosistema. Los centros de agricultura regenerativa como Via Orgánica están restaurando tierras degradadas y creando modelos replicables para reparar ecosistemas enteros, literalmente desde cero. Y ahora, al asociarse con John Liu y Regeneration International para adoptar el modelo de campamento de regeneración del ecosistema, estos métodos se están extendiendo como semillas para germinar en otras regiones del mundo.

De vuelta en el rancho, Rosana ha visto un cambio en cada agricultor que ha pasado por este proceso. “Están entendiendo más, sus ojos están más abiertos, son más brillantes, son más felices. Están haciendo lo que aman, solo necesitaban una forma de mantener su economía en marcha “.

Este aspecto económico es una parte importante del cambio, y esa economía ha florecido con el crecimiento del restaurante y tienda Vía Orgánica, y la apertura de varios tianguis o mercados callejeros de productos orgánicos y artesanales. Al mismo tiempo, el paisaje de ese árido altiplano está cambiando gradualmente.

El Dr. Narciso Barrera Bassols, de la Universidad Nacional Autónoma de México, coordina un proyecto de agroecología en la Universidad Autónoma de Querétaro, y conoce muy bien la experiencia de Vía Orgánica. “Lo que tienen es magnífico”, dijo. “Creo que es uno de los proyectos de transición agroecológica más importantes del país, no solo por su valor ecológico y social, sino también como un centro de educación y difusión de la innovación”.

Una tarde en el rancho, el esposo de Rosana, Roger Jones, observó mientras Azucena y otro personal enseñaban a voluntarios como el científico del suelo Cedric Mason de Nueva York, el químico farmacéutico Leonor Rojas de Quintana Roo y el agricultor orgánico Eric Bourdon de Quebec cómo preparar y luego aplicar té de composta fermentado a un huerto de olivos.

“Sabes, lo realmente maravilloso de esto es que no se trata solo de la agricultura regenerativa”, dijo. “Se trata de regenerar la historia humana; se trata de regenerar la forma en que consideramos la salud, la alimentación, la economía, las relaciones humanas, incluso nuestra propia historia “.

Para los visitantes con conciencia ecológica que llegan al pintoresco San Miguel de Allende, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Vía Orgánica es una parada imperdible en el itinerario, como mínimo, una visita al colorido y deliciosamente aromático mercado y restaurante orgánico, que se encuentra en el centro histórico de la ciudad. Rancho Vía Orgánica ofrece excursiones de un día, paseos a caballo, clases y oportunidades de voluntariado, y organizará cuatro campamentos de restauración de ecosistemas cada año. Estén atentos para más información.

Publicado con permiso de Esperanza Project

Restaurando la Tierra, Un Campamento a la Vez

En los últimos 150 años, las malas prácticas de gestión de la tierra, impulsadas por la agricultura industrial, han provocado la pérdida de la mitad de la capa superior del suelo. El suelo se está degradando tanto que algunos científicos predicen que en algunas partes del mundo, como el Reino Unido, sólo nos quedan 60 cosechas.

Se ha emitido más carbono del suelo degradado que de toda la industria del transporte. Sin una acción inmediata a gran escala, muchas partes del mundo serán inhabitables en los próximos 50 años. El conflicto por recursos como el agua y la tierra cultivable se volverá común. Millones de personas morirán de hambre o, si tienen suerte, migrarán, causando tensiones crecientes en áreas donde la tierra aún es segura para vivir.

Pero tenemos otra opción. John D. Liu, periodista internacional, científico de suelos y cineasta ha dedicado los últimos 25 años al estudio, documentación y promoción de la restauración de ecosistemas a gran escala en todo el mundo. 

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México: el secreto de un proyecto que restaura ecosistemas golpeados por la deforestación

Escuela de técnicas de agroecología trabaja en restaurar el sistema hídrico, los suelos, la biodiversidad y articular la economía local en un distrito de Guanajuato. Alrededor de 200 familias campesinas de San Miguel de Allende se han beneficiado de los talleres y comienzan a aplicar lo aprendido. Hoy cuentan con nuevos espacios para vender sus productos orgánicos.

Don Manuel García Pacheco, parado en el borde de su campo de cultivo, ese que lo vio nacer hace más de seis décadas, cuando la tierra era arada por bueyes, sonríe ampliamente mientras observa a un enérgico equipo que ha llegado a trabajar a su milpa en el distrito de San Miguel de Allende, en el estado de Guanajuato. «Estoy feliz como una lombriz», dice con entusiasmo.

Y con razón. Mucho ha cambiado en su localidad desde su regreso de los Estados Unidos, a donde emigró como millones de agricultores de subsistencia de México que ya no podían ganarse la vida con los suelos degradados y el clima árido.

“Se llegó el día en que la gente emigró pa’l norte por la pobreza, porque aquí no había ni para comprarse un buen pantalón, mucho menos un carro”, narra el agricultor, mientras dos jóvenes siembran una hilera de maguey pulquero en su parcela.

Don Manuel no duda en decir que nunca fue fácil vivir de la agricultura. No lo es para muchos mexicanos. Un estudio de 2012, elaborado por expertos de la Universidad Autónoma de Chapingo, precisa que de las 26 millones de hectáreas cultivables que posee México, casi la mitad están abandonadas. Y, básicamente, por tres razones: la migración, la ausencia del Estado y la poca rentabilidad.

Pero también están las tierras que simplemente ya no pueden ser trabajadas, porque están degradadas y en camino a la desertificación. Este problema es el responsable de que México pierda más de 100 000 hectáreas de tierras de cultivo cada año, como precisa un estudio científico.

Por eso Don Manuel García no deja de repetir que lo que le pasó fue un golpe de suerte. Y comenzó cuando su vecina convirtió su parcela en un rancho ecológico destinado a la regeneración de sus suelos en el 2009. El proyecto fue bautizado como Vía Orgánica y se convirtió en un modelo para los campesinos de la región.

Un nuevo comienzo

Don Manuel confiesa que al principio no estaba muy seguro. Recuerda que «Doña Rosana», su vecina, le hacía ver que estaba envenenando el suelo, el aire y el agua, e incluso sus cultivos, usando productos químicos.

 “Antes hasta le echábamos químicos por ignorancia y me decía: ‘Te va a hacer daño, eso no sirve’. Ya cuando me hicieron ver las cosas le paramos, desperté y me di cuenta», narra Don Manuel. “Ahora solamente le ponemos el estiércol de borrego, de res y vemos mucha cosecha. Nomás de que Dios mande lluvia”.

El proyecto de su vecina solo seguía los pasos de un creciente movimiento que desarrolla una agricultura que va más allá de lo sostenible en las granjas.

En una zona tan deteriorada de Guanajuato, uno de los estados más deforestados del país, la conservación no es suficiente, dicen los cofundadores de Vía Orgánica Rosana Álvarez , Ronnie Cummins y Rose Welch. Por eso se trazaron una meta bastante ambiciosa: nada menos que la regeneración del ecosistema —del suelo, del ciclo hidrológico, de la economía local, e incluso de las vidas de sus habitantes.

Y fue así como lo que empezó en un rancho de 25 hectáreas, se convirtió en un programa de educación agrícola que hoy se expande rápidamente hacia las poblaciones locales.

Para Álvarez, Cummins y Welch, la agricultura regenerativa es la respuesta a muchos de los problemas que arrastra México. Se refieren a la agricultura industrial que,  como indican algunos estudios científicos, pueden impactar fuentes de agua, bosques y suelos, sin contar que está entre las principales fuentes generadoras de gases de efecto invernadero.

Cuando Vía Orgánica lanzó su proyecto en el 2009 —con 25 hectáreas en total— se enfrentó a un terreno que en un buen momento albergó un vasto bosque de encinos gigantes y que tras la colonización y deforestación agresiva se transformó en un cúmulo de tierra arcillosa dura, malezas secas y suelo pelado. Pero diez años de arduo trabajo bastaron para que  el rancho vuelva a ser un oasis floreciente y altamente productivo.

170 hectáreas más se sumaron al poco tiempo a este ambicioso proyecto, al que se han unido agricultores como Don Manuel.

Hoy alrededor de 200 familias de San Miguel de Allende se han beneficiado y tienen en el centro histórico de la cercana ciudad, el restaurante y el mercado del proyecto —en el que trabajan 45 empleados locales— un espacio donde pueden vender sus productos orgánicos.

Ahora cada año miles de personas llegan para aprender sobre agricultura regenerativa y llevar de vuelta esas técnicas, en muchos de los casos, a sus comunidades y granjas.

Una escuela orgánica

El propósito de la escuela, para Rose Welch, es compartir  las técnicas que serán necesarias para regenerar la tierra y fortalecer las economías con la producción local de alimentos.

“Al presentar a los estudiantes y al público ejemplos del bosque de alimentos y huertos —explica Welch— dándoles la oportunidad de hablar con la gente local que trabaja en la granja, lo que estamos haciendo es crear esperanza y mostrar que las cosas pueden comenzar a cambiar con un proyecto pequeño que no necesita una gran cantidad de recursos o tierra para iniciar la transformación”.

Y desde afuera este esfuerzo comienza a ser reconocido. Para Narciso Barrera Bassols, antropólogo y geógrafo afiliado a la Universidad Nacional Autónoma de México, que coordina a su vez un proyecto de agroecología en la Universidad Autónoma de Querétaro, lo que han logrado es “magnífico.”

“Este espacio que tiene Vía Orgánica en San Miguel de Allende es un oasis en un mar de degradación”,  dice Barrera, autor de estudios científicos enfocados en la investigación de temas agrícolas y de sostenibilidad. “La respuesta de alguien como yo que he caminado sus proyectos es que esta isla se tiene que repetir.”

Barrera se refiere a la agroforestería, a la reforestación, a la recuperación de los suelos y a la capacidad de estos para captar el agua y el carbono. Todas estas estrategias son claves, explica, para restaurar ecosistemas altamente degradados como los del Bajío de Guanajuato, especialmente en tiempos de cambio climático.

Eliane Ceccon, experta en ciencias forestales, destaca también en su libro “Más allá de la ecología de la restauración: Las perspectivas sociales en América Latina y el Caribe” que el concepto de restauración ecológica no es justificable a menos que fortalezca la sostenibilidad social tanto como la ambiental.

“Tú no puedes llegar a un agricultor —asegura Ceccon— tan pobre como existe en la mayoría de Latinoamérica y decirle: ‘Sabes qué, tienes que restaurar este ecosistema.’ Muchos de ellos viven con problemas de inseguridad alimentaria, entonces lo primero en lo que tienes que trabajar es en la seguridad alimentaria. En segundo plano tratar de restaurar algunos elementos de la estructura del ecosistema; trabajar con plantas nativas multipropósitos, siempre dentro del concepto que produzca bienes y servicios”.

El reto de trabajar en suelos áridos

Ronnie Cummins, cofundador de Vía Orgánica, es de origen tejano, pero se considera mexicano de corazón. Él y su esposa Rose Welch fundaron la Asociación de Consumidores Orgánicos en los EE. UU. en 1998, y abrieron su primera sede mexicana en Chiapas.

Con el tiempo trasladaron el proyecto a San Miguel de Allende y se dieron cuenta que estaban en el lugar ideal para comenzar una granja orgánica.

“La agricultura orgánica no es una invención traída de los Estados Unidos; en realidad, es la forma tradicional de agricultura practicada por los pueblos indígenas de estas tierras durante miles de años», dice Cummins.

La biodiversidad era una característica de la agricultura indígena y campesina, con la milpa tradicional, que generalmente contiene hasta 50 tipos diferentes de plantas, la mayoría de ellas comestibles o medicinales: plantas silvestres como el amaranto, las verdolagas y el huazontle, conocidos colectivamente como quelites.

Estas prácticas tradicionales son las que han sido rescatadas y valoradas, y se han incorporado productos nativos como el mezquite, cuyas vainas de semillas son ricas en nutrientes; el nopal, un alimento básico de la dieta mexicana; y el agave, que antes de que los españoles comenzaran a destilarlo en tequila y mezcal, se cultivaba tradicionalmente para el nutritivo y delicioso aguamiel.

“Lo que están haciendo con su proyecto es rescatar historia, rescatar memoria, rescatar cultura, innovar”, señala Barrera. “Y lo más importante: ¿cuántos investigadores en México están dedicados al estudio de la transición agroecológica de las áreas áridas del país? La mayor parte está concentrada en el sur o sureste del país, que no son las áridas. Entonces que haya un proyecto que está haciendo eso me parece muy importante.”

Los sistemas agroecológicos de los ranchos intercalan hileras de diversos cultivos arbóreos como el mezquite, el olivo y la granada, a esto se suma el pastoreo de cabras, ovejas y caballos con manejo holístico y pollos, que fertilizan los árboles y que ayudan en el control de plagas.

La estrategia ha sido comenzar poco a poco, pero no ha sido fácil. Toda la región depende de las 20 pulgadas (500 mm) de agua que se generan al año, la mayor parte entre los meses de junio y agosto. La escasez de agua en una región que es, naturalmente, semiárida se ha visto agravada por el crecimiento de las agroindustrias, que son los grandes productores que pueden obtener un permiso del gobierno que les permite regar con agua subterránea de los pozos.

Según Cummins, alrededor del 14 % de los agricultores en la región tiene pozos. El otro 86 % depende de la captación del agua de las lluvias para poder cultivar fuera de esta breve temporada. Por eso se han desarrollado una serie de sistemas que se valen de los techos de las casas, las cisternas y estanques para almacenar el agua que los agricultores usarán a lo largo del año.

Gerardo Ruiz Smith, ingeniero agrícola y experto en permacultura, ha contribuido también con el diseño de un sistema que contornea los terrenos y los caminos para canalizar las aguas de lluvia hacia cuatro grandes estanques. A esto se suma que la restauración de los suelos ayuda también a mejorar la capacidad de estos para retener el agua.

«El problema real es que en los suelos muertos no puede infiltrarse mucha agua. Si tenemos escorrentía superficial, encuentro una manera de reducirla e infiltrarla, pero prefiero concentrarme en mejorar la vida del suelo y la capacidad de retención de agua», precisa.

«El terreno lo tengo que recuperar»

Para Azucena Cabrera, Lourdes Guerrero y Martín Tovar restaurar sus tierras se ha convertido no solo en un reto, sino también en una deuda pendiente que tienen con sus  ancestros.

Azucena, como tantos hijos de campesinos, recuerda que en un momento su padre se vio obligado a abandonar el campo y mudarse a la ciudad para trabajar como electricista y fontanero. No tenía otra salida, la agricultura no le permitía mantener a su familia.

Pero nunca renunció del todo a su parcela, siguió regresando cada fin de semana.

 “Él dijo: ‘Aquí nací, en estos terrenos comí y tengo que recuperarlos’”, cuenta Azucena Cabrera, quien por la decisión de su padre tuvo la oportunidad de crecer jugando en la milpa, de probar los tomatitos silvestres y el huitlacoche, de recoger flores y admirar a las abejas. Su infancia fue la que la convenció de estudiar agronomía, aunque asegura que buscar empleo era uno de los temas que más le preocupaba.

“Los modelos agrícolas me hacían pensar, ‘¿Qué haré cuando termine?”, confiesa Azucena Cabrera, quien encontró pronto una salida en Vía Orgánica, ahí donde hoy trabaja como coordinadora y maestra para cientos de habitantes de la zona. Ella heredó el vínculo inquebrantable que tiene su padre con la tierra.

Por eso está convencida de que es necesario “voltear a ver el sistema en su comunidad” y acercarse al abuelo para preguntarle: ”¿Qué fue, qué hacía, qué comía, cómo sabía? Porque hay mucho conocimiento nuevo y el instinto se queda dormido, y ahora el conocimiento moderno nos deslumbra”.

Hoy es testigo de cómo la agricultura orgánica va regenerando las vidas de sus compañeros de trabajo. Es el caso de Don Martín Tovar, que tras trabajar 12 horas al día en una fábrica procesadora de pollos en Estados Unidos, se siente ahora satisfecho de haber vuelto a su tierra natal y de poder mostrarle a su hijo cómo sembrar, cultivar y hacer abonos orgánicos.

Lourdes Guerrero fue de las que prefirió quedarse en México para encontrar su suerte. Sin embargo, no deja de lamentar el “terrible error” que cometió al dedicarle tantos años de vida a la industria de pollos. Aún se estremece al recordar las condiciones bajo las cuales trabajaba. Ahora se siente orgullosa de cuidar su “Granja regenerativa”,  donde circulan las aves abonando los árboles frutales mientras producen huevos orgánicos.

Rosana Álvarez ha visto muchos cambios a lo largo del trabajo con los productores. Algunos han dejado de usar agroquímicos; otros, que estaban a punto de usarlos, han tomado la decisión de resistir a las ofertas del paquete convencional del gobierno. Algunos han aprendido a hacer composta y cubrir la tierra expuesta con un colchón de materia orgánica para protegerla. La mayoría ha tomado clases y talleres, que son gratis para los campesinos.

«Están entendiendo más —dice Álvarez—, sus ojos están más abiertos, más brillantes. Están más felices, están haciendo lo que aman. Solo necesitaban una manera de mantener su economía en marcha».

Este aspecto económico es la clave del cambio, es lo que ha impulsado la aparición de más mercados orgánicos y artesanales, y es también lo que está regenerando el paisaje, sostiene Álvarez.

En marzo de este año, el proyecto dio otro gran paso:  lanzó el primero de una serie de Campamentos de Regeneración de Ecosistemas junto con el reconocido científico de suelos y experto en restauración ambiental, John D. Liu. Treinta personas de siete países llegaron a San Miguel de Allende para estudiar y con la intención de difundir luego estas técnicas en sus localidades.

«Los centros de agricultura regenerativa como Vía Orgánica están restaurando tierras degradadas y creando modelos reproducibles para reparar ecosistemas completos, literalmente desde cero», dijo Liu. «Estos métodos se están propagando como semillas para que broten en otras regiones del mundo».

Publicado con permiso de Mongabay

5 Reasons Why Biodiversity is a Big Deal

Author: Russell McLendon

“Biodiversity as a whole forms a shield protecting each of the species that together compose it, ourselves included.” — E.O. Wilson, “Half-Earth”

Earth is teeming with life, from huge blue whales and redwoods to tiny bacteria, archaea and fungi. It’s not just the only planet known to host any life at all; it has so many species in so many places we still aren’t even sure how many there are.

We do know, however, that Earth is losing species unusually quickly at the moment. We’re seeing a mass extinction event, something that’s happened at least five times before on Earth, albeit never in human history — and never with human help.

Extinction is part of evolution, but not like this. Species are vanishing more quickly than any human has ever seen; the extinction rate for vertebrate animals is now 114 times higher than the historical background rate. Humans are driving this in several ways, from poaching to pollution, but the No. 1 factor is habitat loss.

This is raising deep concerns about our planet’s biodiversity, which, as biologist E.O. Wilson has pointed out, is like an ecological shield for us and other species. In fact, according to a new study, biodiversity loss has crossed the “safe” threshold in most of the world, leaving many ecosystems in danger of collapse.

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