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Cómo solucionar la crisis de COVID en 30 días

En un comunicado de prensa del Servicio de Noticias de Medicina Ortomolecular del 22 de junio de 2020, Damien Downing, presidente de la British Society for Ecological Medicine, describe cómo podríamos solucionar la pandemia de COVID-19 en 30 días con 2 dólares por persona, solo al elevar los niveles de vitamina D.

La desventaja o el riesgo es casi nulo, mientras que la ganancia podría ser evitar otro aumento de casos de COVID-19.

“No importaría si lográramos ofrecer vitamina D a todas las personas, y no funcionara El riesgo de no actuar es mucho mayor que el riesgo de actuar”, explica Downing, y añade:

“Si contrae el virus en este momento y tiene un buen nivel de vitamina D (por consumir suplementos)

  • el riesgo es 90 % menor de un caso severo
  • el riesgo es 96 % menor de morir

Esto no está “probado” o “con base en la evidencia” hasta que hayamos realizado ensayos controlados al compararlo con un placebo. Pero los datos, que ya son sólidos, se empezaron publicar desde el comienzo de la pandemia”.

Aunque los ensayos controlados aleatorios que usan vitamina D aún no se han completado, están en marcha y los resultados estarán disponibles antes de fin de año. Es posible visitar el registro de los ensayos clínicos para consultar el estado actual de estos ensayos. Al mes de junio del 2020, había más de 20 estudios en curso sobre el uso de vitamina D para combatir el COVID-19.

La vitamina D y el COVID-19

Downing continúa citando investigaciones y datos de apoyo. Entre ellos se encuentra un estudio de Filipinas, que encontró que por cada aumento estándar de la vitamina D en suero, la probabilidad era 7.94 veces mayor de experimentar una enfermedad leve en lugar de una enfermedad grave, mientras que las probabilidades de tener un resultado clínico leve en lugar de un resultado crítico fue 19.61 veces mayor. Según el autor:

“Los resultados sugieren que un aumento en el nivel sérico de 25 (OH) D en el cuerpo podría mejorar los resultados clínicos o aminorar los resultados graves a críticos, mientras que una disminución en el nivel sérico de 25 (OH) D en el cuerpo podría empeorar los resultados de las personas con COVID-2019”.

Otro estudio de Indonesia que recopilo datos de 780 personas con COVID-19, encontró que las personas con un nivel de vitamina D entre 20 ng/ml (50 nmol/L) y 30 ng/ml (75 nmol/L) tenían un riesgo siete veces mayor de muerte que las personas con un nivel superior a 30 ng/ml. Tener un nivel por debajo de 20 ng/ml se relacionó con un riesgo 12 veces mayor de muerte.

Como señaló Downing:

“Con una deficiencia de vitamina D (<50nmol/L), la tasa de mortalidad por COVID-19 fue de 98.8 % contra 4.1 % con niveles adecuados de vitamina D (> 75nmol/L). La relación de riesgo es de 24.1, lo que significa que, en una razón de riesgo de 4 en un escenario en particular, es decir de una deficiencia de vitamina D, la probabilidad es 4 veces mayor de estar en “riesgo” que en otro escenario (con niveles suficientes de vitamina D).”

Un tercer documento, que proporciona datos de 20 países de Europa, también encontró que “la probabilidad de desarrollar COVID-19 y de morir, se relaciona de manera negativa con el estado medio de vitamina D de la población, con ambas probabilidades alcanzando a cero por encima de 75 nmol/L”, (30 ng/mL) nota Downing.

En su presentación previa a la publicación de este documento, los autores concluyeron: “Creemos que podemos recomendar suplementos de vitamina D para combatir la infección por SARS-CoV2”. Downing creó el siguiente gráfico para ilustrar los datos en dicho documento.

Los niveles de vitamina D por encima de los 30 ng/mL protegen contra el COVID-19

Downing también aborda el tema de la dosificación y la seguridad, al destacar que las advertencias acerca de que el “consumo excesivo de vitamina D” es peligroso son injustificadas, ya que la toxicidad no se ha demostrado hasta que alcanza niveles superiores a 200 ng/ml (500 nmol/L) en la sangre.

El nivel sanguíneo recomendado para una buena salud está entre 60 ng/ml (150 nmol/L) y 80 ng/ml (200 nmol/L). Es decir, hay un margen de seguridad importante, incluso si se supera el rango óptimo.

“Los tres documentos mencionados anteriormente demuestran que se necesita un nivel de vitamina D3 en la sangre de al menos 75 nmol/L (30 ng/ml) para protegerse del COVID-19”, explica Downing.

“Las recomendaciones gubernamentales sobre el consumo de vitamina D, de 400 UI/día para el Reino Unido y 600 UI/día para los Estados Unidos (800 UI para personas >70 años) y la Unión europea, se basan en la salud ósea. Esto no es adecuado en el contexto de la pandemia.

Un adulto necesitará tomar 4000 UI/día de vitamina D3 durante tres meses para alcanzar un nivel de 75 nmol/L. Las personas de color pueden necesitar el doble. Estas dosis pueden reducir el riesgo de infección, pero no son para tratar una infección viral grave.

Y dado que la vitamina D es liposoluble y el nivel en el cuerpo aumenta de manera lenta, para las personas con una deficiencia, tomar una dosis inicial 5 veces mayor a la dosis normal (20 000 UI/día) durante dos semanas, podría ayudar a elevar el nivel a un nivel adecuado para reducir el riesgo de infección”.

Flexibilidad metabólica y sensibilidad a la insulina

La flexibilidad metabólica es otro componente importante del estilo de vida. La razón de esto es porque la resistencia a la insulina genera una mayor susceptibilidad a la tormenta de citoquinas, una causa principal de muerte entre las personas con COVID-19.

Lo mejor para lograr la flexibilidad metabólica es reducir las horas de consumo de alimentos. Más del 90 % de las personas comen durante más de 12 horas al día, y más de la mitad comen durante más de 16 horas al día. La clave es reducir el período de consumo de alimentos a seis u ocho horas, el cual debe terminar de tres a cuatro horas antes de acostarse.

Al hacer esto, la resistencia a la insulina disminuye, lo cual aumenta la flexibilidad metabólica y es posible alternar entre la quema de grasas o los carbohidratos como combustible principal. Escribí un libro completo titulado Contra el cáncer sobre cómo aumentar la flexibilidad metabólica. Estos son los puntos principales que discuto en el libro:

  • Restringir el periodo de consumo de alimentos a seis u ocho horas
  • Eliminar todos los aceites vegetales procesados de manera industrial
  • Limitar los carbohidratos a 50 gramos al día hasta que aumente su flexibilidad metabólica y luego aumente a 150 gramos de carbohidratos dos veces por semana

Esta estrategia es vital con la prevalencia de la resistencia a la insulina. Más del 90 % de las personas en los Estados Unidos tienen deficiencia de vitamina D, mientras que el 90 % también es resistente a la insulina.

La investigación publicada en Metabolic Syndrome and Related Disorders en febrero de 2019 concluyó que el 87.8 % de los adultos de Estados Unidos, no tenían flexibilidad metabólica, lo que significa que no pueden quemar grasa como combustible de manera eficiente.

Las cetonas también podrían ayudar a combatir el COVID-19

Es posible generar niveles saludables de cetonas al tener sensibilidad a la insulina, flexibilidad metabólica y consumir una alimentación cíclica baja en carbohidratos. La cetosis constante y baja en carbohidratos es una estrategia poco saludable.

Es bueno consumir pocos carbohidratos durante unos meses, pero para una buena salud, es importante consumir carbohidratos saludables una o dos veces por semana, de manera ideal durante los días de ejercicio intenso o entrenamiento de resistencia.

Al quemar azúcar como combustible, es necesario descomponer la glucosa en dos moléculas de piruvato de 3 carbonos. Luego, las mitocondrias utilizan el piruvato después de convertirlo en acetil CoA. La resistencia a la insulina, puede dañar la enzima que convierte un producto de descomposición de la glucosa en piruvato para que pueda transportarse y quemarse como energía en las mitocondrias.

El problema con el COVID-19 es que la tormenta de citoquinas inhibe la enzima que convierte el piruvato en acetil CoA, lo que limita la producción de ATP mitocondrial. Una consecuencia adicional es que también reduce NADPH.

El NADPH le otorga energía a la célula, es el reservorio de electrones que causa que los antioxidantes endógenos como el glutatión, la vitamina E y C se recarguen para que puedan continuar trabajando y detener el daño de los radicales libres que resulta de todo este estrés oxidativo. Una forma de compensar es asegurarse de tener suficiente NADPH y que las cetonas regulen ascendentemente el NADPH.

El hidrógeno molecular

El video está disponible solo en inglés

El hidrógeno molecular (gas H2) tiene poderosos efectos antioxidantes y antiinflamatorios, lo que lo hace muy beneficioso para tratar COVID-19, al reducir las citoquinas inflamatorias, como explica Tyler LeBaron, fundador del Instituto de Hidrógeno Molecular sin fines de lucro.

En el video anterior, LeBaron examina la fisiopatología de COVID-19 y explica la forma en que los mecanismos del hidrógeno molecular se están investigando al discutir los mecanismos propuestos de cómo podría mejorar esta enfermedad en particular.

El hidrógeno molecular o H2 tiene la capacidad de activar la vía Nrf2/keap1, y así reponer sus antioxidantes endógenos. Al hacerlo, el H2 regula y mantiene la homeostasis en todo el sistema, y evita que la infección se salga de control y provoque la muerte celular.

El hidrógeno también puede regular descentemente los NOX y NOS, lo que reduce la producción de superóxido y óxido nítrico. Esto es bueno ya que cuando estas dos moléculas aumentan, se forman muy rápido para crear el peroxinitrito pernicioso. El H2 también es compatible con la función mitocondrial. Es importante destacar que el H2 reduce las peroxinitritas y los radicales hidroxilo.

El H2 también interviene para evitar que ocurra una tormenta de citoquinas. Para mayor información sobre el video conferencia de LeBaron, consulte mi artículo “Cómo el hidrógeno molecular podría ayudar en la lucha contra el COVID-19“.

El H2 también ayudará a mejorar el NADPH y funciona de forma sinérgica con la alimentación con restricción de tiempo y la cetosis cíclica.

La quercetina y el zinc podrían reducir el riesgo de COVID-19

Además de optimizar la vitamina D, la quercetina, que actúa de manera similar al medicamento hidroxicloroquina, y el zinc pueden reducir más el riesgo de COVID-19. La evidencia sugiere la razón por la que la hidroxicloroquina parece tan beneficiosa para tratar el COVID-19 es por el ionóforo de zinc, lo que significa que mejora la absorción de zinc en las células.

La quercetina tiene el mismo efecto. De hecho, un estudio ha sugerido que las acciones biológicas de la quercetina, las cuales incluyen efectos antivirales, pueden estar relacionadas con su capacidad para aumentar la absorción celular de zinc.

El zinc es vital para una función inmunológica saludable y en 2010, se demostró que una combinación de zinc con un ionóforo de zinc (molécula que transporta zinc) logró inhibir el coronavirus SARS in vitro.

Y también bloqueó la replicación viral en un cultivo celular, en cuestión de minutos. Se ha demostrado que la deficiencia de zinc deteriora la función inmunológica.

Como se señaló en un documento de 2013 sobre la deficiencia de zinc:

“El zinc es un segundo mensajero de las células inmunes, y el zinc intracelular en estas células participa en eventos de señalización. El zinc es muy efectivo para disminuir la incidencia de infección en las personas mayores. El zinc modula la inmunidad celular y también es un agente antioxidante y antiinflamatorio”.

El problema es que el zinc no es soluble y no puede ingresar de manera sencilla a través de la pared grasa de las células. Y es importante que llegue a la célula porque es donde ocurre la replicación viral. Aquí es donde entran los ionóforos de zinc como la quercetina.

La quercetina también es un potente antiviral y tiene la ventaja adicional de inhibir la proteasa 3CL, una enzima que se utiliza por los coronavirus del SARS para infectar células sanas. Según un estudio de 2020, la capacidad de la quercetina para inhibir los coronavirus del SARS “se supone que está relacionada por suprimir la actividad del SARS-CoV 3CLpro en algunos casos”.

Incorporar niacina (vitamina B6) y selenio parece ser una excelente idea, ya que ambos compuestos son importantes en la absorción y biodisponibilidad del zinc en el cuerpo.

Por ejemplo, un estudio publicado en 1991 demostró que cuando mujeres jóvenes llevaron una alimentación baja en vitamina B6, sus niveles de zinc sérico disminuyeron, lo que sugiere que la deficiencia de B6 afecta el metabolismo del zinc, al grado que “el zinc que se absorbe es difícil de utilizar”.

En 2008 un artículo titulado “Zinc, Metallothioneins and Longevity: Interrelationships With Niacin and Selenium”, habla sobre la relación entre la niacina, el selenio y el zinc.

El protocolo MATH

El video está disponible solo en inglés

El tratamiento temprano es primordial para las personas hospitalizadas con COVID-19. Aunque existe una gran controversia sobre cuál es el mejor tratamiento, la evidencia clínica sugiere que se debe evitar la ventilación mecánica a toda costa. Mencione esto en el artículo: “La ventilación mecánica podría aumentar el riesgo de mortalidad por COVID-19“.

Además, aunque la hidroxicloroquina combinada con zinc parece efectiva, creo que uno de los mejores tratamientos hasta ahora es el protocolo MATH+. El protocolo fue desarrollado por el Grupo de Trabajo de Cuidados Críticos del COVID-19, que incluye al Dr. Paul Marik, jefe de la División de Medicamentos de Cuidados Pulmonares y Críticos de la Facultad de Medicina del Este de Virginia Norfolk, y cuenta con una tasa de efectividad de casi el 100 %.

El protocolo MATH+ está diseñado para tratar la segunda fase de la infección por COVID-19, la etapa en que se establece la respuesta inmunitaria hiperinflamatoria. Sin embargo, para obtener mejores resultados, es necesario que se administre con la suficiente antelación. El protocolo MATH+ requiere el uso de los siguientes tres medicamentos, todos los cuales deben iniciarse dentro de las seis horas posteriores de ingresar al hospital:

Metilprednisolona por vía intravenosa, para suprimir el sistema inmunológico y prevenir el daño a los órganos por las tormentas de citoquinas. Para la hipoxia leve, 40 miligramos (mg) al día hasta que no haya oxígeno; enfermedad moderada a grave, bolo de 80 mg seguido de 20 mg por día durante siete días. El día 8, cambie a prednisona por vía oral y disminuya en los próximos seis días.

El ácido ascórbico (vitamina C) por vía intravenosa, es necesario para controlar la inflamación y prevenir el desarrollo de vasos sanguíneos con fugas en los pulmones: 3 gramos/100 ml cada seis horas hasta por siete días.

Heparina por vía subcutánea (enoxaparina), para diluir la sangre y prevenir la formación de coágulos sanguíneos. Para enfermedades leves a moderadas, 40 mg a 60 mg diarios hasta el alta.

Las opciones adicionales incluyen tiamina, zinc y vitamina D. Además de estos medicamentos, el protocolo necesita la oxigenoterapia de alto flujo para evitar la ventilación mecánica que podría dañar los pulmones.

Este enfoque aborda los tres procesos patológicos que se han observado en el COVID-19, la hiperinflamación, hipercoagulabilidad de la sangre e hipoxia (dificultad para respirar debido a la baja oxigenación).

El COVID-19 no tiene que continuar siendo una crisis

Los expertos en salud advierten que es probable que veamos un resurgimiento de COVID-19 este otoño. Creo que las estrategias en este artículo pueden ayudar a minimizar las tasas de mortalidad.

Lo primero que recomiendo es optimizar los niveles de vitamina D este verano. El nivel óptimo para la salud y prevenir enfermedades es entre 60 ng/ml y 80 ng/ml. (En Europa, los niveles son de 150 a 200 nmol/L y 100 nmol/L, respectivamente).

Sin embargo, superar los 30 ng/ml (75 nmol/L) puede reducir el riesgo de infección grave y muerte de manera drástica, y lograrlo es fácil y económico. Como dijo Downing, es posible solucionar la pandemia del COVID-19 en tan solo 30 días al recomendar que todos consuman dosis elevadas de vitamina D.

Tomar quercetina y zinc es otra estrategia que vale la pena recordar, como lo es el consejo de implementar la cetosis nutricional cíclica para aumentar la flexibilidad metabólica y disminuir la resistencia a la insulina. Lo cual es posible con las siguientes estrategias:

  • Restringir el periodo de consumo de alimentos de seis a ocho horas
  • Eliminar todos los aceites vegetales procesados de manera industrial
  • Limitar los carbohidratos a 50 gramos al día hasta aumentar la flexibilidad metabólica y luego aumentar a 150 gramos de carbohidratos saludables dos veces por semana

Los ésteres de cetonas pueden ofrecer un alivio rápido de los síntomas relacionados con el COVID-19, como la falta de aire, mientras que administrar el protocolo MATH+ dentro de las seis horas posteriores a la hospitalización, podría ser muy importante.

Mientras que el Grupo de Trabajo de Cuidados Críticos del COVID-19 ha estado luchando para informar a los médicos y hospitales, usted puede solicitar que el médico se comunique con ellos para implementar el protocolo con el fin de tratar la enfermedad.

Publicado con permiso de Mercola.com

La cortina de humo alrededor del virus de Wuhan

Jonathan Latham, Ph. D., es un biólogo molecular y virólogo, él nos puede ayudar a comprender los orígenes del SARS-CoV-2. Latham revisa algunas pruebas durante esta entrevista. También es editor de Independent Science News.

En general, los principales medios de comunicación continúan apoyando la narrativa de que el SARS-CoV-2 es un virus de transmisión zoonótica que se originó en los murciélagos. Gran parte de la evidencia proviene de Shi Zhengli, investigadora del laboratorio de nivel 4 de bioseguridad en Wuhan, China.

Como investigador principal de China, su carrera se ha enfocado en estudiar el coronavirus del murciélago durante más de una década. En un artículo reciente, Latham y Allison Wilson, Ph. D., analizan la investigación que demuestra que esta teoría no tiene fundamentos.

“Nuestro artículo no discute que provino de un murciélago, ya que considero que la información es sólida, pero lo que sí discutimos es el mecanismo por el cual provino del murciélago”, explica Latham.

Teoría 1 sobre origen de laboratorio

El artículo de Latham presenta varias hipótesis diferentes. La más sencilla es que el SARS-CoV-2 se originó en el Instituto de Virología de Wuhan u otro laboratorio de virología BSL-2 que está aún más cerca del mercado. Uno de los investigadores se infectó y luego lo transmitió a sus compañeros de trabajo o familiares, ya sea porque no estuvieron en aislamiento o no sabían que estaban infectados.

Esta no es la teoría más probable porque pocos coronavirus de murciélago identificados de forma natural tienen la capacidad de unirse a los receptores ACE2 humanos, que es lo que les permite infectar células humanas. Para que esta teoría funcione, el virus tendría que circular entre muchas personas, al evolucionar con cada ciclo.

Teoría 2 sobre origen de laboratorio

Otra teoría es que los investigadores estaban clonando un virus de murciélago similar al SARS-CoV-2 en el laboratorio para crear un clon más infeccioso. Quizás colocaron el virus en células de mono, células de ratones o células humanas con un receptor ACE2. Un investigador podría haberse infectado por accidente.

“Se han escapado virus del laboratorio cuando las personas no logran descontaminar las muestras y se las dan a otra persona, las tiran a la basura, o cualquier otro accidente”, dice Latham.

“Entonces, el virus es idéntico al que se recolectó de la naturaleza o muy poco modificado en el laboratorio, pero después se escapa porque hay una falla en el laboratorio. Esa sería la segunda posibilidad”.

Teoría 3 sobre origen de laboratorio

Una tercera posibilidad es que estaban recolectando muestras y observando secuencias genéticas para encontrar un virus que pudieran alterar, lo que le otorga propiedades más interesantes.

Quizás encontraron algunos con la proteína espiga que tenían una mayor afinidad por el receptor ACE2. Al combinarlo con otro virus, pudieron haber creado un virus más infeccioso con la ingeniería genética.

La razón para mezclar y combinar virus en el laboratorio de esta manera es para identificar posibles patógenos pandémicos (PPP). Es decir, si dos virus salvajes entran en contacto entre sí pueden mutar en algo mortal en los humanos.

“Por ejemplo, intercambiamos las proteínas espiga para ver si los virus en los murciélagos solo necesitan desarrollar una mejor proteína espiga para convertirse en patógenos pandémicos”, explica Latham.


La ingeniería genética no deja rastros en todos los casos

Muchos de los que defienden la historia del origen zoonótico justifican su postura al decir que no existen signos de manipulación genética. Al igual que muchos otros científicos, Latham señala que hay formas de manipular un virus sin dejar rastro. Asimismo, explica los conceptos básicos del proceso de ingeniería genética:

“Lo normal es encontrar un punto de restricción en dos virus diferentes, o es posible fabricarlo. Eso te da una zona de corte en el genoma: Es decir, cortamos una parte del virus A y lo colocamos en el virus B. Por supuesto, es necesario eliminar el pedazo del virus B que ya tiene.

Entonces, solo se intercambian elementos y se usan enzimas de restricción, que son enzimas que modifican zonas específicas del ADN. Así es como se hacía antes.

Hay métodos más nuevos con PCR que son un poco más complicados. Significa que no solo se enfocan en los sitios de restricción para hacerlo. Existen métodos muy simples, pero no dejan una cicatriz o una marca. Este es el factor más importante.

También hay experimentos de cruce. Los experimentos de cruce suceden al tomar un virus que en un inicio provino de un murciélago y lo pones en células de mono o células humanas.

Lo que se observa en ese virus es que no funciona de manera adecuada en esas células porque no está adaptado a ellas. Es un virus murciélago, por lo que no funciona de manera adecuada.

Pero los virólogos han aprendido a tomar una pequeña muestra de lo que está dentro de la célula y ponerla en otra célula cuando la infección viral está fallando. Entonces, cuando esa infección se acumula toman otra muestra.

Esto se llama cruce. Permite que el virus evolucione a una forma más patógena contra las células en las que se está colocando. Entonces, siempre se coloca en la misma especie de la célula. Y también es posible hacerlo con organismos completos”.

Teoría más probable

Como señaló Latham, se desconoce cómo se ve el virus o cómo podría actuar hasta que haya sido secuenciado de manera genética. Es bastante aleatorio. Latham explica lo siguiente:

“Es posible que se haya recombinado o mutado, ya que se ha registrado un cambio genético, pero aún se desconoce hasta que se investiga, clona y crea un nuevo clon infeccioso. Entonces, existe la posibilidad de que las personas en el laboratorio no sepan que se escapó del laboratorio. En realidad, no saben qué fue lo que evolucionó.

Y, si estaban realizando ese tipo de experimentos, al colocar los virus del murciélago en células de diferentes especies, y sabemos que estaban haciendo ese tipo de experimentos, entonces también podrían desarrollar un nuevo virus.

También pueden tener una combinación de dichos experimentos. Entonces, hay investigadores que pasan moléculas recombinadas, cortaron y pegaron, y luego pusieron el virus en células nuevas como las células humanas; después lo regresan, y crean un clon infeccioso”.

De esta manera, pueden crear un virus con alta afinidad por las células humanas, aunque al principio no era infeccioso para los humanos. Una de las características importantes del SARS-CoV-2 es que su proteína espiga tiene una alta afinidad por el receptor ACE2 humano. Pero, ¿cómo surgió esta afinidad?

“Una de las respuestas es que lo transferían dentro de estas células humanas; lo cortaban y pegaban a una proteína espiga unida a estos receptores humanos que ya sabían que funcionaba bien.

Entonces, creo que cortaron y pegaron, o lo transfirieron, o hicieron una combinación de ambos, y eso hizo que una persona se infectara por algún descuido”, explica Latham.

Esto ha causado otras pandemias mundiales

El virus H1N1 que causó la pandemia de 1918 estuvo extinto durante décadas. Sin embargo, en 1977, el virus escapó durante una fuga en un laboratorio de bioseguridad en China o Rusia, lo que causó una pandemia global.

“Lo que sucedió es que el virus se extinguió y luego muto a una nueva versión del virus en 1977 en China, y era idéntica a una que había existido 20 años antes. Nadie puede explicar cómo podría haber aparecido un virus idéntico, pero permaneció oculto.

Quizás permaneció en el permafrost y desenterraron a una persona que había muerto con la gripe H1N1, pero esa fue la mejor teoría que tuvieron las personas hasta que se dieron cuenta de que quizás provenía de un laboratorio que estaba desarrollando una vacuna.”

El virus H1N1 era sensible a la temperatura, y uno de los factores que se usan al preparar una vacuna es la sensibilidad a la temperatura, como un virus deshabilitado de manera parcial.

“Todo apunta a que provino de un laboratorio y que existían laboratorios que almacenaban existencias de la misma, pero ningún laboratorio lo ha aceptado. Esto se dedujo de la secuencia de la ubicación en la que aparece, y ha sido ampliamente aceptado por los virólogos”, explica Latham.

Es incomodo pensar que esto sucedió por una fuga de un laboratorio de bioseguridad, en especial para los virólogos que realizan ese tipo de trabajo. La encefalitis equina en Venezuela también se remonta a una fuga de laboratorio. Luego encontramos la pandemia de gripe porcina H1N1 del 2009. Latham explica lo siguiente:

“Hay un artículo científico de Adrian Gibbs, que escribió con otros dos virólogos. Él considera que esto provino de una vacuna. La gripe porcina en realidad no es responsable de los virus específicos que estuvieron en los cerdos de América del Norte y Sur y Europa.

No es posible explicarlo por ese método, pero se puede explicar por la idea de que había un fabricante de fragmentos de H1N1, uno de secuencias europeas, secuencias norteamericanas, y secuencias sudamericanas, y los unió a todos para crear una vacuna universal, y de alguna manera no pudieron desactivarla.

Entonces, se la dieron a los cerdos en México y eso se convirtió en la gripe porcina, que fue la segunda pandemia de H1N1 que mató a cerca de 300 000 personas.

Tenemos toda una serie de ejemplos de virus que escapan del laboratorio, por lo que cuando las personas tratan la tesis de escape del laboratorio como algo ridículo, indignante o improbable, para mí solo demuestra su ignorancia de la historia”.

Latham también aborda las sospechas de que el VIH SIDA provenía de una vacuna contra la poliomielitis, por lo que para mayor información consulte la entrevista. Esto fue descrito en el libro The River: A Journey Back to the Source of HIV and AIDS, y revisado en un artículo del British Medical Journal que puede leer de forma gratuita.

También se sospecha que el SIV de las células de riñón de mono infectadas que se usaron para crear vacunas contra la poliomielitis y que se usaron en cientos de miles de africanos es la causa de ciertos tipos de cáncer.

Falla en la seguridad del laboratorio de Wuhan

Se han documentado muchas infracciones de seguridad en los laboratorios de bioseguridad a nivel mundial, incluyendo en el laboratorio de Wuhan. Varios se documentaron por funcionarios de la embajada de Estados Unidos que visitaron el Instituto de Virología de Wuhan en 2018.

“Creo que son puntos importantes, pero creemos que es más importante que las personas de China se pregunten sobre la seguridad biológica de este laboratorio”. En primer lugar, es muy nuevo, por lo que es una señal de alerta.

En segundo lugar, la agencia de supervisión interna de China detectó algunas violaciones del tipo que esperarían de una instalación BSL.

Han estado tratando de establecer los sistemas de certificación para sus laboratorios porque están tratando de establecer una red completa, un sistema completo de experimentos con animales y estaciones de recolección, etc., por lo que están configurando el esquema de certificación que ya han sido citados por tener violaciones.

Al final, no deberían ubicar estos laboratorios en el medio de una gran ciudad. Entonces, ya están violando lo fundamental. Deberían estar ubicados en un desierto o en la Antártida, que son áreas remotas”.

Los laboratorios de bioseguridad promueven soluciones de alta tecnología en lugar de conceptos básicos de higiene

No cabe duda de que los laboratorios de nivel 4 de bioseguridad representan una amenaza tremenda para la salud pública, ya que albergan los patógenos más peligrosos a nivel mundial y las fugas son inevitables. Pero ¿valen la pena?

Como señaló Latham, la existencia de estos laboratorios impulsa la creación de las vacunas, mientras que las estrategias de higiene, como lavarse las manos y utilizar equipo de protección, quedan en el olvido.

Los riesgos planteados por estos laboratorios también encajan en el capitalismo de la vigilancia, que ahora está recibiendo un fuerte impulso a través del despliegue de los mecanismos de seguimiento y localización de enfermedades.

“El otro día sucedió un suceso interesante. Setenta y siete ganadores del premio Nobel, la mayoría de ellos biólogos moleculares, le escribieron una carta al presidente por el recorte de las subvenciones al laboratorio de Wuhan que derivan del NIH. Richard Roberts, es quien dirige este esfuerzo ¿Cuál es su posición científica?

Está en el consejo de administración de New England Biolabs, uno de los mayores proveedores de equipos en biología molecular.

Por lo tanto, están reuniendo a todos estos ganadores del Premio Nobel para apoyar toda esta investigación de biología molecular que es muy costosa, ya que gasta cientos de millones de dólares al año, dinero que podría destinarse al PPE”.

Ese dinero también podría destinarse a estrategias más básicas como los suplementos de vitamina D para fortalecer el sistema inmunológico de la población.

La verdad tras en encubrimiento del Instituto de Virología de Wuhan

Latham y Wilson también planean escribir la verdad del Instituto de Virología de Wuhan. El ancestro más cercano del SARS-CoV-2 es una secuencia viral almacenada en el laboratorio de Wuhan. Se dice que se ha mantenido congelado durante los últimos siete años y no se ha hecho nada al respecto.

Esta secuencia provino de murciélagos que viven en una mina, y las personas que han trabajado ahí han muerto de infecciones virales. Es decir, han tenido una buena razón para examinar esa secuencia, y esa también es la más cercana al SARS-CoV-2. Shi publicó una de las primeras secuencias virales de SARS-CoV-2.

“Tres documentos explicaron que esto es ‘La secuencia del virus SARS-CoV-2′”, dice Latham. Sin embargo, “su trabajo no hace referencia a esta secuencia que habían tenido en su laboratorio. Ninguna referencia. En cambio, dicen que tomaron una muestra del congelador para secuenciarlas, y este es el pariente vivo más cercano.

Pero esto oculta el hecho de que durante siete años habían tenido otro virus, que provenía de la misma muestra. Pero al buscar en las bases de datos de ADN, este virus apareció desde diciembre.

Bueno, no necesariamente, ha estado en el laboratorio sin ser investigado. Entonces, ¿qué estuvieron haciendo durante siete años que pudo haber matado a tres mineros en 2013?”.

Es decir, es probable que el SARS-CoV-2 no sea un virus nuevo. Un ancestro cercano muy conservado ya estaba en la base de datos con el nombre BtCoV/4991, el cual ya estaba en la literatura publicada.

Sin embargo, cuando el laboratorio de Wuhan secuenció la muestra después del brote de COVID-19, solo cambiaron el nombre del antiguo virus que ha estado en hielo durante siete años.

“Darle un nuevo nombre oculta su historia. Ni siquiera reconocen que proviene de la misma muestra, que ahora se han visto obligados a reconocer que es el mismo virus. La identidad de secuencia es del 100 %.

Entonces, si hubiera un par de bases diferentes, tal vez podría hacer un argumento científico de que deberíamos darles un nombre diferente, pero no hay diferencia entre ellos. Es el mismo virus, recolectado en la mina donde murieron los mineros de una neumonía viral”.

El documento de la secuenciación genética de Shi pretende que la secuencia 4991 nunca existió. “Se han olvidado por completo de eso, esa sería la interpretación de su investigación”, dice Latham. Un segundo artículo publicado dentro de ese lapso identifica a 4991 como el pariente más cercano y afirma que proviene del Instituto de Virología de Wuhan.

El tercer trabajo de secuencia hace un análisis filogenético complicado del virus SARS-CoV-2, pero tampoco menciona que el pariente más cercano es el 4991 y que se encuentra en el laboratorio de Wuhan.

“Lo que es realmente interesante es que todos los que secuenciaron el [SARS-CoV-2], muchos laboratorios secuenciaron el virus al mismo tiempo, habrían buscado en la base de datos la información y hubieran obtenido el 4991.

Se comunican por teléfono con el Instituto de Virología de Wuhan y dicen: ‘Oh, el virus se propago en tu ciudad y ustedes son los guardianes de la secuencia viral más cercana. ¿Paso algo en el laboratorio?’. Imagínese que muchos laboratorios se preguntan: ‘¿Cómo controlar un accidente de laboratorio?’…

Lo que estoy ofreciendo es evidencia de un encubrimiento, pero no sabemos qué estaban encubriendo. Podrían haber estado ocultando algo diferente, pero lo más obvio es que están investigando un virus que se parece al SARS-CoV-2.

Solo tenemos una secuencia parcial del 4991. No tenemos el genoma completo de la muestra original. Solo proporcionaron una secuencia de 370 pares, pero es 98.7 % idéntico al SARS-CoV-2 en los nucleótidos y los 370 pares.

Esto se considera la parte más conservada del genoma, por lo que no se extrapola. Lo que es muy posible es que esa muestra provenga de algo que está mucho más cerca de cualquier cosa que haya dicho”.

Reconsiderando las medidas de salud pública

Incluso si el 4991 no coincide con el SARS-CoV-2 (que revelaría la secuencia de todo el genoma), podría estar tan cerca como para que no necesite una gran cantidad de experimentos de ganancia de función para terminar con un virus transmisible. Según Latham, “Eso es lo que pudo haber sucedido”.

La pregunta general es: ¿realmente queremos gastar el dinero de los contribuyentes en todos estos modelos de salud pública que se basan en la investigación de bioseguridad o armas biológicas?

El motivo para hacer este tipo de investigación es para prepararnos para brotes devastadores, en caso de que los virus evolucionen y muten de manera natural. Sin embargo, esa misma investigación termina siendo la fuente de los brotes más peligrosos. Como señaló Latham:

“Estas personas no han logrado predecir nada hasta ahora. Lo que han hecho es estos experimentos peligrosos y luego descubren que el próximo virus proviene de un lugar que no anticiparon, o no nos advirtieron.

Esta investigación no es realmente predictiva, pero muchos virólogos dicen que así es como predecimos la próxima pandemia, ¿qué debe hacer el gobierno? Si dictaminan que “así es como deben hacerlo”, ¿quién los va a contradecir?

Quiere mantener su empleo, entonces, ¿por qué no impulsar lo que lo mantendrá con trabajo, aunque no busquen el bien de las personas?

O ¿en qué deberíamos gastar nuestro dinero? ¿Nos enfocamos en estas enfermedades y hacemos ricos a los inversionistas de New England Biolabs y la Fundación de Gates o invertimos en algo que beneficie a la prevención y nutrición?

Además, el gran problema es: ¿por qué culpamos al comercio de vida silvestre? Esta es una pregunta importante ya que Peter Daszak, jefe de la EcoHealth Alliance, ha estado en todos los medios —como Democracy Now!, The New York Times, Scientific American, Science Magazine— y prácticamente culpa al comercio de vida silvestre, al decir que no fue una fuga de laboratorio.

Bueno, es una de las partes interesadas, ¿no es así? Su organización está financiando esta investigación. Los medios no pueden preguntarle al financiador si proviene de su laboratorio. Es ridículo. Pero eso es lo que están haciendo y lo tratan de ocultar”.

Como señala Latham, la razón por la que surgen algunos virus salvajes es porque estamos destruyendo la selva tropical y construyendo carreteras en áreas remotas. Las personas terminan contrayendo los virus porque los animales huyen de la destrucción del bosque.

Entonces, ¿por qué culpamos al comercio de vida silvestre? En todo caso, debemos abordar la destrucción de los hábitats. Sin embargo, eso sería muy malo para el negocio de Daszak porque la EcoHealth Alliance está asociada con la industria del aceite de palma.

“Encontramos que la ciencia ayuda a entender quién miente”, según Latham. “Cuando comprendemos esa parte, existe un motivo bastante fuerte para entender el análisis de lo que realmente está sucediendo.

La posibilidad de que haya escapado de un laboratorio es bastante obvia, y luego tenemos a algunas personas deambulando por los medios diciendo que ‘las fugas de laboratorio son imposibles’, por lo que sabemos que no están hablando de ciencia, más bien, están influenciados en cierta parte.

Y luego vemos a todos los demás repitiendo ese mensaje, que son las mismas personas que los apoyan y de esa manera se genera todo un caos”.

El COVID-19, declarado ahora una pandemia, sigue afectando la salud de las personas y miles ya han sido víctimas de esta misteriosa enfermedad. Pero a medida que el virus se propaga, también lo hace la información errónea que lo rodea. En estos tiempos difíciles, debe aprender a separar los hechos de la ficción para poder tomar las medidas correctas y salvaguardar su salud.

Publicado con permiso de Mercola

Se acumulan pruebas sobre el origen de laboratorio del COVID-19

Traducción por Regeneration International, artículo original por Independent Science News

 

Si la sociedad aprendió una lección de la pandemia del COVID-19 es que la ciencia no genera certeza. ¿Los cubrebocas caseros funcionan? ¿Cuál es la tasa de mortalidad del COVID-19? ¿Qué tan precisas son las pruebas? ¿Cuántas personas no tienen síntomas? Etcétera. Prácticamente la única aseveración sin cuestionar hecha hasta ahora es que todos los parientes genéticos conocidos de su causante, el virus Sars-CoV-2, se encuentran en murciélagos rinolófidos (Zhou et al., 2020). Por lo tanto, la reserva viral probable fue un murciélago.

Sin embargo, la mayoría de estos coronavirus aparentemente ancestros de murciélago no pueden infectar a los humanos (Ge et al., 2013). Por lo tanto, desde su inicio, una pregunta clave que se cierne sobre la pandemia ha sido: ¿Cómo es que un virus de RNA de murciélago evolucionó a un patógeno humano que es tanto virulento como mortal?

La respuesta que ha sido acogida casi universalmente es que hubo una especie intermediaria. Algún animal, tal vez una serpiente, tal vez una civeta de las palmeras, tal vez un pangolín, sirvió como un huésped temporal. Este animal de vinculación probablemente tendría un receptor celular ACE2 (la molécula que permite la entrada celular del virus) intermedio en la secuencia de proteína (o por lo menos estructura) entre el murciélago y el humano (Wan et al., 2020).

En la prensa y la literatura científica, los escenarios en los cuales esta transferencia zoonótica podría haber sucedido han sido meditadas sin fin. La mayoría fueron avivadas por los primeros descubrimientos de que muchos de los primeros casos de COVID-19 parecen haber ocurrido en y alrededor del mercado de animales vivos Huanan de Wuhan. (La última información dice que 14 de los 41 primeros casos, incluyendo al primero, no tenían conexión con el mercado animal (Huang et al. 2020))

Desde las dos últimas casi pandemias por coronavirus del SARS (2002-3) y MERS (2012) ambas probablemente salieron de murciélagos y se piensa que ambas (pero no se ha probado) transicionaron a humanos vía animales intermedios (civetas y dromedarios, respectivamente), un camino zoonótico natural es una primera suposición razonable (Andersen et al., 2020).

La idea, como se aplicó con el primer brote original de SARS (2002), es que el virus de murciélago original infectó a una civeta. El virus después evolucionó brevemente en esta especie animal, pero no lo suficiente para causar una epidemia de civetas, y después fue recogido por un humano antes de que se muriera en las civetas. En este primer humano (paciente cero) el virus sobrevivió, tal vez apenas, pero fue transmitido, marcando el primer caso de transmisión de humano a humano. Mientras se pasaba sucesivamente en unos cuantos humanos de sus primeros huéspedes el virus rápidamente evolucionó, adaptandose para infectar mejor a nuevos huéspedes. Después de unas cuantas transmisiones tentativas de esa manera la verdadera pandemia comenzó.

Tal vez este escenario es aproximado a cómo inició la pandemia COVID-19 actual.

Pero otra preocupante posibilidad debe ser suprimida. Viene del hecho de que la ciudad epicentro, Wuhan (pob. 11 millones), es el epicentro global de la investigación del coronavirus de murciélago (e.g. Hu et al., 2017).

Incitados por esta proximidad, varios investigadores y medios de noticias, prominentemente el Washington Post, y con mucha más información Newsweek, han diseñado un caso con indicios razonables de que un origen de laboratorio es una posibilidad fuerte (Zhan et al., 2020, Piplani et al., 2020). Es decir, uno de los dos laboratorios en Wuhan que ha trabajando con coronavirus accidentalmente dejó que un virus natural escapara; o, el laboratorio estaba haciendo ingeniería genética (o de otra manera manipulando) un virus parecido al Sars-CoV-2 que después escapó.

Desafortunadamente, por lo menos en los EU, la pregunta sobre el origen de la pandemia se ha convertido en un fútbol político; ya sea en una oportunidad para la sinofobia o en un “juego de culpas” partisano.

Pero el potencial de una catastrófica liberación de laboratorio no es un juego y problemas sistémicos de competencia y opacidad ciertamente no están limitados a China (Lipsitch, 2018). El Departamento de Seguridad Nacional estadounidense (DHS, por sus siglas en inglés) actualmente está construyendo una sede nueva y expandida nacional de Bio y Agro-defensa en Manhattan, Kansas. DHS ha estimado que el riesgo de 50 años (definido como tener un impacto económico de $9-50 mil millones de dólares) de una liberación de su laboratorio en 70%.

Cuando un comité del Consejo de Investigación Nacional inspeccionó estas estimaciones del DHS concluyeron “El comité encuentra que los riesgos y costos podrían ser significativamente mayores a eso”.

Un reporte subsecuente del comité (NAP, 2012) continuó:

“el comité recibió instrucciones de juzgar la idoneidad y validez del uSSRA (Evaluación de Riesgo de un Sitio específico actualizado, por sus siglas en inglés). El comité ha identificado serias preocupaciones sobre (1) mala aplicación de métodos usados para valorar el riesgo, (2) el fracaso en aclarar si y cómo es que la evidencia usada para apoyar las valoraciones de riesgo había sido revisada a fondo y evaluada adecuadamente, (3) el alcance limitado de la literatura citada y la malinterpretación de alguna de la literatura de apoyo significativa, (4) el fracaso en explicar los criterios usados para seleccionar suposiciones cuando la literatura de apoyo es contradictoria, (5) el fracaso de considerar caminos de riesgo importantes, y (6) el tratamiento indadecuado de la incertidumbre. Esas deficiencias no son igualmente problemátcias, pero ocurren con suficiente frecuencia para levantar dudas sobre su idoneidad y validez de los resultados de riesgos presentados. En la mayoría de las ocasiones (actividades operativas en la NBAF), los problemas identificados llevan a una subestimación de riesgo; en otras ocasiones (peligros naturales catastróficos), los riesgos podrían ser sobrevalorados. Como resultado, el comité concluye que la uSSRA es inadecuada técnicamente en aspectos críticos y es una base insuficiente sobre la cual juzgar los riesgos asociados con la NBAF propuesta en Manhattan, Kansas.”

Mientras tanto China está planeando ampliar una red nacional de laboratorios BSL-4 (Zhiming,2019). Como muchos otros países, está invirtiendo de manera significativa en vigilancia de enfermedades y recolección de virus desde poblaciones de animales silvestres y en investigación de virus recombinante de alto riesgo con Patógenos de Potencial Pandémico (PPPs).

El 4 de mayo, distintas naciones y fundaciones filantrópicas globales se reunieron en Bruselas para asegurar $7.4 mil millones de dólares para la preparación contra pandemias futuras. Pero la pregunta que flota sobre todas estas inversiones es esta: la responsabilidad del laboratorio de Wuhan en el centro de las afirmaciones de liberación accidental es preparación para pandemias. Si la pandemia del COVID-19 comenzó ahí entonces necesitamos repensar radicalmente las ideas actuales para la preparación contra las pandemias globales. Muchos investigadores ya creen que deberíamos, por el bien de tanto la seguridad como de la efectividad (Lipsitch y Galvani, 2014, Weiss et al, 2015, Lipsitch, 2018). El peor resultado posible sería para aquellos que donaron miles de millones para acelerar la llegada de la siguiente pandemia.

Liberaciones de laboratorios históricas, un breve recuento

Una liberación de laboratorio accidental no es una simple posibilidad teórica. En 1977 un laboratorio en Rusia (o posiblemente en China), mientras desarrollaba una vacuna contra la gripe, accidentalmente liberó el extinto virus de la influenza H1N1 (Nakajima et al., 1978). H1N1 se convirtió en un virus de pandemia global. Una larga proporción de la población mundial se infectó. En este caso, las muertes fueron menos porque la población mayor de 20 años tenían inmunidad histórica al virus. Este episodio no es muy conocido porque hasta hace poco esta conclusión fue reconocida formalmente por la literatura científica y la comunidad de la virología ha sido renuente a discutir tales incidentes (Zimmer y Burke, 2009, Wertheim, 2010). Aún así, las fugas de laboratorio de patógenos que llevan a muertes humanas y animales (viruela en Bretaña; encefalitis equina en Sudamérica) son tan comunes que deberían ser mucho más conocidas (resumidos en Furmanski, 2014). Sólo raramente estas se han convertido en una pandemia de verdad en la escala del H1N1, la cual, incidentalmente, volvió a expandirse en el 2009/2010 como “Gripe porcina” causando un número de muertes estimado de 3,000 a 200,000 muertes en esa ocasión (Duggal et al., 2016).

Muchos científicos han advertido que los experimentos con PPPs, como la viruela y Ébola y virus de influenza, son peligrosas inherentemente y deberían ser sujetos a límites estrictos y supervisión (Lipsitch y Galvani, 2014; Klotz y Sylvester, 2014). Aún en el caso limitado de coronavirus parecidos al SARS, desde el aplacamiento del brote original de SARS en el 2003, ha habido seis brotes de enfermedad SARS documentados originados en laboratorios de investigación, incluyendo cuatro en China. Estos brotes causaron 13 infecciones individuales y una muerte (Furmanski, 2014.) En respuesta a tales preocupaciones los EU prohibieron cierto tipo de experimentos, llamados experimentos de ganancia de función (GOF, por sus siglas en inglés), con PPPs en 2014, pero la prohibición (de hecho una moratoria de financiamiento) fue levantada en el 2017.

Por estas razones, y también para asegurar la efectividad de los esfuerzos de preparación para futuras pandemias, es una cuestión de importancia vital internacional establecer si la hipótesis de fuga de laboratorio tiene evidencia creíble para apoyarla. Esto debe ser hecho sin importar el problema – en los EU – de políticas partisanas tóxicas y nacionalismo.

La tesis de la fuga del COVID-19 de un laboratorio de Wuhan

La esencia de la teoría de le fuga del laboratorio es que Wuhan es el lugar donde está el Instituto de Virología de Wuhan (WIV, por sus siglas en inglés), la primera y única instalación de Bioseguridad Nivel 4 (BSL-4, por sus siglas en inglés). (BSL-4 es el nivel de seguridad de patógenos más alto). El WIV, que añadió un laboratorio BSL-4 apenas en el 2018, ha estado recolectando grandes números de coronavirus de muestras de murciélagos desde el brote original de SARS del 2002-2003; incluyendo la recolección de más en el 2016 (Hu, et al., 2017; Zhou et al., 2018).

Liderado por la investigadora Zheng-Li Shi, científicos del WIV también han publicado experimentos en los cuales coronavirus de murciélagos vivos fueron introducidos en células humanas (Hu et al., 2017). Además, de acuerdo a un artículo del 14 de abril en el Washington Post, personal de la Embajada de EU visitó el WIV en el 2018 y “tenían preocupaciones de seguridad importantes” sobre la bioseguridad en el sitio. El WIV está a sólo ocho millas del mercado de animales vivos Huanan, el cual se pensó inicialmente que era el lugar de origen de la pandemia del COVID-19.

Wuhan también es hogar de un laboratorio llamado los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Wuhan (WCDPC, por sus siglas en inglés). Es un laboratorio BSL-2 que está a sólo 250 metros del mercado Huanan. Los coronavirus de murciélagos han sido mantenidos en el pasado en el laboratorio WCDPC de Wuhan.

Además, la teoría de la fuga de laboratorio es que los investigadores de uno o ambos laboratorios podrían haberse contagiado del coronavirus similar al de murciélagos Sars-CoV-2 en uno de sus viajes de recolección (alias “vigilancia de virus”). O, alternativamente, un virus que estaban estudiando, pasando, haciendo trabajo de ingeniería, o de otra manera manipulando, escapó.

Valoraciones científicas de la teoría de la fuga de laboratorio

 El 17 de abril el Centro Mediático de Ciencia Australiano le preguntó a cuatro virólogos australianos: “¿El COVID-19 vino de un laboratorio en Wuhan?

Tres (Edward Holmes, Nigel McMillan and Hassan Vally) desestimaron la sugerencia de la fuga de laboratorio y Vally simplemente la etiquetó, sin detallar, una “conspiración”.

El cuarto virólogo entrevistado fue Nikolai Petrovsky de la Universidad Flinders. Petrovsky primero abordó la pregunta si el camino de zoonosis natural era viable. Le dijo al Centro Mediático:

ningún virus natural compatible con el COVID-19 ha sido encontrado en la naturaleza a pesar de una búsqueda intensiva para encontrar sus orígenes.”

Es decir, la idea de un animal intermediario es especulación. De hecho, no hay ningún huésped intermediario viral o animal, ya sea en forma de un huésped animal confirmado o un virus intermediario pausible, ha surgido hasta ahora para explicar la transferencia zoonótica natural del Sars-CoV-2 a humanos (Zhan et al., 2020).

 

Sumándole al punto de Petrovsky, hay otras dos dificultades con la tesis de la transferencia zoonótica natural (además de la débil asociación epidemiológica entre los primeros casos y el mercado “húmedo” de Huanan).

La primera es que los investigadores del laboratorio de Wuhan viajaron a cuevas en Yunnan (1,500 km de distancia) para encontrar murciélagos de heradura que tuvieran coronavirus similares al SARS. A la fecha, el pariente vivo más cercano al Sars-CoV-2 encontrado hasta ahora viene de Yunnan (Ge et al., 2016). Por lo tanto, ¿por qué ocurriría un brote del virus de murciélago en Wuhan?

Además, China tiene una población de 1.3 mil millones. Si los contagios del comercio de vida silvestre fueran la explicación, entonces, si otras cosas fueran parecidas, la probabilidad de que inicie una pandemia en Wuhan (pob. 11 millones) es menor a 1%.

Zheng-Li Shi, líder de la investigación con coronavirus de murciélago en WIV, le dijo a Scientific American tanto como esto:

“Nunca hubiera esperado que sucediera esto en Wuhan, en el centro de China.” Sus estudios han mostrado que las provincias sureñas, subtropicales de Guangdong, Guangxi y Yunnan tienen un mayor riesgo de coronavirus saltando a humanos provenientes de animales – particularmente murciélagos, una reserva común. Si los coronavirus fueron los responsables, ella recuerda haber pensado, “podrían haber venido de nuestro laboratorio?”

Wuhan, en resumen, es un epicentro muy poco probable para una transferencia zoonótica natural. En contraste, para sospechar que el Sars-CoV-2 podría provenir del WIV es tanto razonable como obvia.

¿El Sars-CoV-2 fue creado en un laboratorio?

En su declaración, Petrovsky continúa describiendo el tipo de experimento que, en principio, si se hubiera sido realizado en un laboratorio, obtendría el mismo resultado que la hipótesis formulada de la transferencia zoonótica natural de rápida adaptación de un coronavirus de murciélago a un huesped humano.

“Agarra un coronavirus de un murciélago que no es infeccioso para los humanos, y fuerza su selección al cultivarlo con células que expresan el receptor humano ACE2, tales células habiendo sido creadas hace muchos años para cultivar coronavirus SARS y tú puedes forzar al virus de murciélago a adaptarse para infectar células humanas por medio de mutaciones en su proteína S, la cual podría tener un efecto de aumentar la fuerza de su vinculación al ACE2 humano, e inevitablemente reducir la fuerza de su vinculación al ACE2 de murciélago.

El cultivo prolongado de virus también desarrollará otras mutaciones aleatorias que no afectan su función. El resultado de estos experimentos es un virus que es altamente virulento para humanos pero es lo suficientemente diferente para ya no parecerse al virus de murciélago original. Debido a que las mutaciones son adquiridas aleatoriamente por selección no hay firma de un elemento jockey, pero esto claramente sigue siendo un virus creado por intervención humana.”

En otras palabras, Petrovsky cree que los métodos actuales de experimentación podrían haber llevado a un virus alterado que escapó.

Pase, investigación de GOF, y fugas de laboratorio

El experimento mencionado por Petrovsky representa una clase de experimentos llamados de pase. El pase es colocar un virus vivo dentro de un animal o cultivo de células al cual no está adaptado y después, antes de que el virus se muera, transferirlo a otro animal o célula del mismo tipo. El pase es hecho generalmente iterativamente. La teoría es que el virus evolucionará rápidamente (dado que los virus tienen niveles de mutación altos) y se adaptará a su nueva situación, creando un nuevo patógeno.

El experimento más famoso de este tipo fue conducido en el laboratorio del investigador holandés Ron Fouchier. Fouchier tomó un virus de influenza aviar (H5N1) que no infectó hurones (u otros mamíferos) y lo pasó serialmente a los hurones. La intención del experimento fue específicamente evolucionar un PPP. Después de diez pasadas los investigadores descubrieron que el virus sí había evolucionado, no sólo para infectar hurones sino para transmitirlo a otros en jaulas vecinas (Herfst et al., 2012). Habían creado un virus de hurones aéreo, un Patógeno con Potencial de Pandemia, y una tormenta en la comunidad científica internacional.

Los experimentos de segunda clase que han sido blanco de críticas frecuentes son los experimentos GOF. En la investigación GOF, un nuevo virus es creado deliberadamente, ya sea por una mutación in vitro o al cortar y pegar dos (o más) virus. La intención de tales reconfiguraciones es hacer a los virus más infecciosos al añadirles nuevas funciones como una infectividad o patogenicidad aumentada. Después se experimenta con estos virus nuevos, ya sea en cultivos de células o en animales entereos. Esta clase de experimentos fueron prohibidos en los EU del 2014 al 2017.

Algunos investigadores incluso combinaron experimentos GOF y de pase al usar virus recombinantes en experimentos de pase (Seahan et al., 2008).

Todos esos experimentos requirieron técnicas recombinantes de ADN y experimentos animales o de cultivo de células. Pero la hipótesis más simple de cómo es que el Sars-CoV-2 podría haber sido causado por investigacion es simplemente suponer que un investigador del WIV o del WCDCP se infectó durante una expedición de recolección y le pasó su virus de murciélago a sus colegas o familia. El virus natural después evolucionó, es estos primeros casos, en el Sars-CoV-2. Por esta razon, aún los viajes de recolección tienen a sus críticos. El epidemiólogo Richard Ebright los llamó “la definición de locura”. Manejar animales y muestras expone a los recolectores a múltiples patógenos y regresar a sus laboratorios después trae esos patógenos de regreso a lugares densamente poblados.

¿El WIV estaba haciendo experimentos que podrían liberar PPPs?

Desde el 2004, un poco antes del brote original de SARS, investigadores del WIV habían estado recolectando coronavirus de murciélagos en una búsqueda intensiva de patógenos similares al SARS (Li et al., 2005). Dese el viaje de recolección original, muchos más han sido realizados (Ge et al., 2013; Ge et al., 2016; Hu et al., 2017; Zhou et al., 2018).

Petrovsky no lo menciona pero el grupo de Zheng-Li en el WIV ya había estado realizando experimentos muy similares a los que él describe, usando estos virus recolectados. En el 2013 el laboratorio de Shi reportó aislar un clon infeccioso de un coronavirus de murciélago que llamaron WIV-1 (Ge et al., 2013). WIV-1 fue obtenido al introducir un virus de coronavirus de murciélago en células de mono, con el pase, y después probar su inefectividad en líneas celulares humanas (HeLa) diseñadas para expresar el receptor humano ACE2 (Ge et al., 2013).

En el 2014, justo antes de que la prohibición de investigación Gde de EU entrara en efecto, Zheng-Li Shi del WIV co-redacto un trabajo con el laboratorio de Ralph Baric en Carolina del Norte que realizaba investigación GOF en coronavirus de murciélagos (Menachery et al., 2015).

En este set de experimentos en particular los investigadores combinaron “el pico del coronavirus de murciélago SHC014 en una columna vertebral de ratón adaptada al SARS-CoV” en un solo virus vivo diseñados. El pico fue suministrado por el laboratorio Shi. Pusieron este virus de murciélago/humano/ratón en células de vías respiratorias humanas cultivadas y también en ratones vivos. Los investigadores observaron “patogénesis notable” en los ratones infectados (Menachery et al. 2015). La parte adaptada en ratón de este virus viene de un experimento del 2007 en el cual el laboratorio de Baric creó un virus llamado rMA15 al hacer un pase (Roberts et al., 2007). Este rMA15 fue “altamente virulento y letal” para los ratones. De acuerdo a esta investigación, los ratones sucumbieron a una “infección viral abrumadora”.

En el 2017, de nuevo con la intención de identificar virus de murciélagos con capacidades vinculantes del ACE2, el laboratorio de Shi en el WIV reportó infectar de manera exitosa las líneas celulares humanas (HeLa) diseñadas para expresar el receptor humano ACE2 con cuatro coronavirus de murciélago distintos. Dos de estos fueron virus de murciélago recombinante (quiméricos) hechos en laboratorio. Tanto los virus silvestres y recombinantes fueron brevemente pasados en células de monos (Hu et al., 2017).

Juntos, lo que estos trabajos mostraron fue que: 1) El laboratorio de Shi recolectó numerosas muestras de murciélagos con un énfasis en recolectar cepas de coronavirus similares al SARS, 2) cultivaron virus vivos y realizaron experimentos de pase en ellos, 3) miembros del laboratorio de Zheng-Li Shi participaron en experimentos GOF realizados en Carolina del Norte en coronavirus de murciélago, 4) el laboratorio de Shi produjo coronavirus de murciélago recombinantes y los colocó en células humans y de monos. Todos estos experimentos fueron realizados en células que contenían receptores ACE2 humanos o de monos.

El propósito general de tal trabajo fue ver si un patógeno mejorado podría surgir de la naturaleza al crear uno en un laboratorio. (Para un resumen técnico muy informativo de la investigación del WIV de los coronavirus de murciélago y de sus colaboradores les recomendamos esta publicación, escrita por el empresario de la biotecnología Yuri Deigin).

También parece que el laboratorio de Shi en el WIV tenía la intención de hacer más que sólo investigación. En el 2013 y de nuevo en el 2017 Zheng-Li Shi (con la ayuda de una asociación sin fines de lucro llamada la Alianza EcoHealth) obtuvo un subsidio de los Institutos Nacionales de Salud de los EU (NIH, por sus siglas en inglés). El subsidio más reciente de esos proponía que:

“rango de huésped (potencial de emergencia) será probado de manera experimental usando genéticas inversas, pseudovirus y ensayos de vinculación de receptor, y experimentos de infección de virus a través de un rango de cultivos de células de especies distintas y ratones humanizados” (proyecto NIH #5R01Al110964-04).

Es difícil exagerar que la lógica central de este subsidio fue probar el potencial pandémico de estos virus de murciélago similares al SARS haciendo unos con potencial pandémico, ya sea a través de la modificación genética o pase, o ambos.

Además de las descripciones en sus publicaciones todavía no sabemos exactamente con cuáles virus estaba experimentando el WIV pero ciertamente es intrigante que numerosas publicaciones que aprecieron primero a partir del Sars-CoV-2 han desconcertado por el hecho de que la proteína S del SARS-CoV-2 se enlaza con una afinidad excepcionalmente alta al receptor humano ACE2 “por lo menos diez veces más fuerte” que el SARS original (Zhou et al., 2020; Wrapp et al., 2020; Wan et al., 2020; Walls et al., 2020; Letko et al., 2020).

Esta afinidad es mucho más notable debido a la relativa falta de ajuste en estudios de modelización del pico de SARS-CoV-2 a otras especies, incluyendo los intermediaros postulados como serpientes, civetas y pangolines (Piplani et al., 2020). En esta prepublicación estos modeladores concluyeron “Esto indica que el SARS-CoV-2 es un patógeno altamente adaptado a los humanos”.

Dada la historia de investigación y recolección del laboratorio de Shi en el WIV es por lo tanto enteramente pausible que un ancestro del coronavirus de murciélago similar al SARS o del Sars-CoV-2 fue entrenado en el receptor humano ACE2 al pasarlo en células expresando ese receptor.

¿Cómo se fugan los virus de laboratorios de alta seguridad?

Las fugas de patógenos de los laboratorios toman varias formas. De acuerdo a la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de EU, un laboratorio del Departamento de Defensa de los EU una vez “envió inadvertidamente Bacillys anthracis viva, la bateria que causa el ántrax, a casi 200 laboratorios en todo el mundo durante el transcurso de 12 años. El laboratorio creyó que las muestras habían sido desactivadas.” En el 2007, Gran Bretaña experimentó un brote de una enfermedad del pie y boca. Su origen fue un sistema de desecho de desperdicios que no funcionaba de un laboratorio BSL-4 filtrándose en un río del cual las vacas vecinas bebían. El sistema de desecho no había recibido el mantenimiento adecuado (Furmanski, 2014). En el 2004, un brote de SARS con origen del Instituto Nacional de Virología (NIV) en Beijing, China, comenzó, de nuevo, con la inactivación inadecuada de una muestra de virus que después fue distribuida a partes no seguras del edificio (Weiss et al., 2015).

Escribiendo para el Boletín de Científicos Atómicos en febrero del 2019, Lynn Klotz concluyó que el error humano estaba detrás de la mayoría de los incidentes de laboratorio causando exposiciones a patógenos en los laboratorios de alta seguridad de los EU. Mientras que el fallo del equipo también fue un factor de los 749 incidentes reportados al Programa de Agente Selecto Federal de los EU entre el 2009-2015, Klotz concluyó que 79% fueron resultado de error humano.

Pero presumiblemente la mayor preocupación es que los incidentes que suceden no son reportados porque la fuga de patógenos no se detecta. Es bastante alarmante que un número significativo de eventos de fuga de patógenos fueron descubiertos sólo porque investigadores estaban en el proceso de examinar un incidente completamente distinto (Furmanski, 2014). Tales descubrimientos representan fuerte evidencia de que la fuga de patógenos son muy poco reportados y que todavía se necesitan aprender lecciones importantes. (Weiss et al., 2015).

El registro de seguridad del WIV

El último punto importante es la historia de bioseguridad del WIV. El WIV fue construido en el 2015 y se convirtió en un laboratorio BSL-4 encomendado en el 2018. De acuerdo a Josh Rogin del Washington Post, oficiales de la embajada de EU visitaron el WIV en el 2018. Subsecuentemente le advirtieron a sus superiores en Washington de una “seria escasez de técnicos e investigadores apropiadamente entrenados y necesarios para operar de manera segura este laboratorio de alta contención”.

Y de acuerdo a las Noticias VOA, un año antes del brote, “una revisión de seguridad realizada por un equipo nacional chino encontró que el laboratorio no alcanzó los estándares nacionales en cinco categorías.”

Reportes creíbles provenientes de China también cuestionan la bioseguridad de laboratorios y su manejo. En 2019, Yuan Zhiming, especialista en bioseguridad del WIV, citó los “retos” de la bioseguridad en China. De acuerdo a Zhiming: “varios BSLs de alta seguridad tienen fondos operativos insuficientes para procesos rutinarios pero vitales” y “Actualemnte, la mayoría de los laboratorios carecen de gerentes e ingenieros de bioseguridad especializados.” Él recomienda que “Deberíamos revisar a la brevedad las regulaciones, guías, normas y estándares de bioseguridad existentes de la bioseguridad” Sin embargo, también destaca que China tiene la intención de construir de “5-7” laboratorios BSL más (Yuan, 2019)

Y en febrero del 2020, Scientific American entrevistó a Zheng-Li Shi. Acompañando la entrevista había una fotografía de ella liberando un murciélago capturado. En la foto ella está vistiendo una capa superior casual sin abrochar de color rosa, guantes delgados y sin cubrebocas u otra protección. Aún así esta es la misma investigadora cuyas pláticas dan advertencias “escalofriantes” sobre los riesgos del contacto humano con murciélagos.

Todo lo cual tiende a confirmar el análisis original del Departamento Estatal. Como le dijo a Rogin un “oficial de administración con antigüedad” anónimo.

“La idea de que era un hecho completamente natural es circunstancial. La evidencia que se filtró de un laboratorio es circunstancial. Ahora mismo, por otra parte, el que se filtre del laboratorio está cargado de puntos de enumeración y casi no hay nada del otro lado.”

La hipótesis principal es un brote de laboratorio 

Por todas estas razones, una fuga de laboratorio es por mucho la principal hipótesis para explcar los orígenes de Sars-CoV-2 y la pandemia de COVID-19. La proximidad de los laboratorios WIV y WCDCP al brote y la naturaleza de su trabajo representa evidencia que difícilmente puede ser ignorada. La larga historia internacional de fugas de laboratorio y las preocupaciones de bioseguridad provenientes de todas las direcciones sobre los laboratorios en Wuhan reforzan el caso bastante. Especialmente desde que la evidencia para la hipótesis alternativa, en forma de una conexión con la exposición a animales silvestres o el comercio de vida salvaje, permanece extremadamente débil, que está basado primariamente en la analogía con el SARS uno (Bell et al,. 2004, Andersen et al., 2020).

Sin embargo, el 16 de abril Peter Daszak, quien es el Presidente de la EcoHealth Alliance, le dijo a Democracy Now! en una larga entrevista que la tesis de fuga del laboratorio eran “puras patrañas”. Le dijo a los oyentes.

“No había ningún virus aislado en el laboratorio. No había ningún virus cultivado que tuviera nada que ver con el SARS coronavirus 2. Así que simplemente no es posible.”

Daszak hizo aseveraciones bastante similares en Sixty Minutes de CNN. “No hay evidencia de que este virus saliera de un laboratorio en China.” En su lugar, Daszak animó a los espectadores a culpar “la caza y el comerse vida silvestre”.

La certeza de Daszak es altamente problemática por varias razones. Los coronavirus más cercanamente emparentados con el Sars-CoV-2 son los que se encuentran en el WIV así que bastante depende de lo que a él se refiere con “emparentado a”. Pero también es deshonesto en el sentido de que Daszak debe de saber que cultivar en el laboratorio no es la única manera en la que los investigadores de WIV podrían haber causado un brote. Tercera, y esta no es culpa de Daszak, los medios de comunicación están preguntando la respuesta correcta a la persona incorrecta.

Como fue aludido arriba, Daszak es el llamado investigador principal de múltiples subsidios estadounidenses que fueron al laboratorio de Shi en WIV. También es un co-autor de varios trabajos con Zheng-Li Shi, incluyendo la publicación del 2013 en Nature anunciando el aislamiento del coronavirus WIV-1 usando el método del pase (Ge et al., 2013). Uno de sus co-autores está en la investigación de la recolección en la cual sus colegas del WIV colocaron los cuatro coronavirus de murciélago completamente funcionales en células humanas que contenían el receptor ACE2 (Hu et al. 2017). Esto quiere decir, Daszak y Shi, ambos son colaboradores y co-responsables por la mayoría de la recolección de alto riesgo y experimentación publicada en el WIV.

Se necesita una investigación, ¿pero quién la hará?

Si el laboratorio de Shi tiene algo que esconder, no sólo el gobierno chino será reacio a ver que una investigación parcial proceda. La mayoría del trabajo fue financiado por los contribuyentes estadounidense, canalizado ahí por Peter Daszak y la EcoHealth Alliance. Virtualmente cada organización internacional creíble que podría en un principio realizar tal investigación, la ONU, la CDC de los EU, la FAO, la NIH estadounidense, incluyendo a la Fundación Gates, es ya sea asesora o socia de la EcoHealth Alliance. Si el brote de Sars-CoV-2 se originó del trabajo con coronavirus de murciélagos en el WIV entonces casi cada institución grande en la comunidad de salud pública está implicada.

Pero para resolver muchas de estas preguntas no requieren necesariamente de una investigación cara. Probablemente sería suficiente para inspeccionar los cuadernos de notas de los investigadores de los laboratorios del WIV. Todos los científicos investigadores mantienen notas detalladas, por propiedad intelectual y otras razones, pero especialmente en laboratorios BSL-4. Como Yuan Zhiming le dijo a la revista Nature en un artículo marcando la abertura de una sede en Wuhan: “Les decimos (staff) que la cosa más importante es que reporten lo que han o no han hecho.”

Registros de laboratorio meticulosos más los registros del personal de salud y reportes de incidentes de accidentes y casi-accidentes son todos componentes esenciales (o deberían serlo) del trabajo de BSL. Su propósito principal es permitir el rastreo de incidentes actuales. Bastante especulación podría ser finalizada con la liberación pública de esa información. Pero el WIV no la ha entregado.

Esto es desconcertante dado que el gobierno chino tiene un incentivo bastante fuerte para producir esos registros. La transparencia total podría dispersar potencialmente la tormenta de culpa que viene hacia ellos; especialmente sobre la pregunta de si el Sars-CoV-2 tiene un origen de diseño o pase. Si Zheng-Li Shi y Peter Daszak tienen la razón acerca de que nada similar al Sars-CoV-2 estaba siendo estudiado ahí, entonces esos cuadernos definitivamente deberían exonerar al laboratorio de haber creado de manera consciente un Patógeno Verdadero de Pandemia.

Dada la simplicidad y utilidad de este paso esta falta de transparencia sugiere que hay algo que esconder. Si lo hay, debe ser importante. Pero entonces la pregunta es: ¿Qué?

Una investigación exhaustiva del WIV y su investigación de coronavirus de murciélago es un primer paso importante. Pero las preguntas verdaderas no son los accidentes específicos y disimulos de la Dra Shi o Daszak, no del WIV, ni siquiera del gobierno chino.

En su lugar, la pregunta más grande tiene que ver con la filosofía actual de la predicción y prevención de la pandemia. Consultas profundas deberían hacerse acerca de la sabiduría general de recolectar y contar virus de la naturaleza y después realizar investigación recombinante peligrosa “que tal si” en laboratorios de alta tecnología pero falibles de bioseguridad. Este es un enfoque reduccionista, asimismo, que hasta ahora ha fallado en predecir o protegernos de pandemias y tal vez jamás lo haga.

Pie de nota: Este artículo fue actualizado el 3 de junio para ampliar las estimaciones de muertes por la “gripe procina”, de 3,000 a 3- a 200,000.

 

 

 

 

 

 

El largo historial de fugas accidentales de posibles patógenos pandémicos de laboratorios no es ni mencionado en la cobertura que los medios de comunicación dan al COVID-19

Traducción por Regeneration International. Link a artículo original

 

Muchas personas descartan la posibilidad de que la pandemia de COVID-19 venga de un laboratorio. Es posible que desconozcan la frecuencia en la cual hay fugas biológicas peligrosas de los laboratorios.

El 11 de febrero, le pregunté a Anne Schuchat, subdirectora principal de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en el National Press Club si era una “total coincidencia” que el brote del nuevo coronavirus ocurriera en Wuhan, un centro de guerra biológica y biodefensa en China. Su respuesta fue muy evasiva. Ella no respondió mi siguiente pregunta sobre si el supuesto “origen zoonótico” descartaba que el brote fuera causado por patógenos de la naturaleza que en ese momento podrían haberse fugado accidentalmente de los laboratorios.

Sin embargo estos datos no siempre son proporcionados al público. Una búsqueda en “Democracy Now” muestra que la primera vez que el programa mencionó “Wuhan” y “laboratorio” fue el 6 de abril, para reconocer el trabajo de “el laboratorio de Wuhan que identificó el coronavirus que causa COVID-19″. Los principales medios de comunicación al menos informaron de la existencia del laboratorio a su audiencia de manera oportuna, aunque hubieran distorcionado la información.

Y efectivamente manipularon la información.

Forbes (17/03/20) publicó el artículo “No, el coronavirus COVID-19 no fue creado con bioingeniería. Aquí está la investigación que lo desmiente”, que se basa en una interpretación errónea de un artículo extraño y engañoso de Nature Medicine para descartar la idea de que salió de un laboratorio. Bruce Y. Lee, colaborador principal de salud de Forbes, escribió: “es mucho más fácil filtrar una bolsa de aire a través de tu trasero que un virus de una instalación BSL-4″. Se suponía que esto tenia que ser tranquilizador.

Del mismo modo, la CNN (6/6/20) se burló de la idea de una fuga de laboratorio al reevaluar la fuente de la pandemia, describiendo la posibilidad de que “se filtró, como el genio de la botella, de un laboratorio por accidente. ”

Pero incluso echando un vistazo rápido a los registros, muestran que estos laboratorios, donde sea que estén, tienen muchos accidentes, apenas en 2019, el New York Times (8/8/19) informó: “Se cierra la investigación de gérmenes mortales en el laboratorio militar por preocupaciones sobre la seguridad “, un artículo sobre Fort Detrick en Maryland:” Los problemas con la eliminación de materiales peligrosos llevaron al gobierno a suspender la investigación en el principal centro militar de biodefensa”. (El periódico local, Frederick News-Post ha proporcionado cierta cobertura, incluida la publicación de cartas del activista local Barry Kissin).

USA Today tenía una reportera enfocada en esta cuestión, Alison Young, pero dejó el periódico. Una muestra de su trabajo:

“Cientos de accidentes de laboratorio de bioterrorismo se mantienen en secreto” (17/8/14)

“Trabajador en Tulane posiblemente expuesto a bacterias bioterroristas” (11/03/15)

“Los CDC no informaron de incidentes en laboratorios con patógenos bioterroristas al Congreso” (23/06/16):

“La Oficina de Fiscalización Superior de los EE.UU. (GAO) encuentra falta de datos en la supervisión de los gérmenes bioterroristas estudiados en los Estados Unidos”:

“Los reguladores gubernamentales no tienen idea de la frecuencia con la que los laboratorios que trabajan con algunos de los virus y bacterias más peligrosos del mundo no logran matar por completo los viales de las muestras antes de enviarlas a otros investigadores que carecen de equipos críticos para protegerlos contra la infección, según un nuevo informe de la Oficina de Responsabilidad del Gobierno “. (21/09/16)

“El Congreso exige detalles de los incidentes en laboratorios del CDC mantenidos en secreto que USA TODAY reveló” (17/1/17)

Incluso desde el comienzo del brote de COVID-19, Nature informó: “Los institutos chinos investigan los brotes de patógenos en los trabajadores de laboratorio”. (17/12/19)

Luego, el 16 de abril, “Democracy Now” entrevistó a Peter Daszak de EcoHealth Alliance. Daszak es una parte interesada. Ha trabajado y ayudado a financiar los experimentos de coronavirus en el Instituto de Virología de Wuhan. Descartó totalmente la posibilidad de fuga del virus del laboratorio. El episodio se tituló: “‘Puro engaño’: el zoólogo desacredita la teoría del origen del COVID-19 de Trump, y explica la transmisión animal-humana”.

A los oyentes de “Democracy Now” no se les dio la información básica sobre el historial de accidentes de laboratorio. Tampoco se les dijo que entre los asesores de políticas de EcoHealth Alliance se encuentran David Franz, un ex comandante de Fort Detrick, la principal instalación de biodefensa / guerra biológica del gobierno de EE. UU., y Thomas Geisbert, que está haciendo trabajos de biodefensa / guerra biológica en el Laboratorio Nacional de Galveston. Los socios de EcoHealth Alliance incluyen universidades pero también grandes corporaciones como Johnson & Johnson y Colgate Palmolive. Y lo más importante es que EcoHealth Alliance ha trabajado con USAID (La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) para financiar trabajos de colaboración peligrosos entre científicos en los EE. UU. y en Wuhan.

Según Daszak, simplemente intentan defenderse contra las pandemias. Esto requiere recolectar e incluso crear patógenos peligrosos con el propósito manifiesto de defenderse de ellos.

Pero, para Richard Ebright de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey, un científico eminente y uno de los pocos que analizan las redes bien financiadas de biodefensa / guerra biológica, todo esto es extremadamente peligroso: Ebright lo llama “No es ‘investigación de vacunas’. No es investigación que proporciona información útil para prevenir o combatir brotes. Simplemente es una temeridad pseudocientífica y aventurara a lo Indiana-Jones con un alto riesgo de infección de la persona que colecta el virus y, a partir de ahí, infección a toda la población”. También acusa que recolectar miles de estos virus es la “definición de locura”.

Curiosamente, incluso la investigadora que tiene el apoyo de la organización de Daszak en el Instituto de Virología de Wuhan dice que inicialmente estaba bastante preocupada de que el laboratorio fuera el origen. Shi Zhengli fue protagonista de un articulo en Scientific American, (11 de marzo de 2020) titulado “cómo la ‘mujer murciélago’ de China cazó virus desde el SARS al nuevo coronavirus”: “Si los coronavirus fueran los culpables, recuerda haber pensado, ‘podrían haber venido de nuestro laboratorio?’… Shi suspiró aliviada cuando volvieron los resultados: ninguna de las secuencias coincidía con la de los virus que su equipo había tomado de las cuevas de murciélagos. ‘Eso me quitó una carga de encima’, dice ella. “No había dormido nada durante días”.

Parece más reflexiva que Daszak, pero ¿por qué el mundo debería creer lo que dice? Como dice Ebright en Rutgers: “Una negación no es un rebatimiento”.

De hecho, no hay duda de que el canal de Fox News, el senador Tom Cotton y otros claramente están tratando de demonizar a China y presentar a los laboratorios chinos como particularmente peligrosos. La replica de los liberales a esto es que los laboratorios chinos son geniales, igual que los laboratorios estadounidenses. Se excluye de esta “discusión” la verdad obvia: todos estos laboratorios son peligrosos y no hay una distinción significativa entre guerra biológica y biodefensa. Efectivamente, Estados Unidos ha estimulado una carrera armamentista con armas biológicas, como lo documenta Francis Boyle en su Guerra biológica y terrorismo (2005).

Al no abordar el tema de la guerra biológica, la izquierda está cediendo esta cuestión a la derecha favorable a la guerra, y ellos lo están usando de arma contra China. La mejor táctica, seguramente, es adoptar un enfoque integral para garantizar que una carrera armamentista con armas biológicas no continúe amenazando a la humanidad.

En la Fox, el senador Cotton declaró que los laboratorios de EE. UU. Realizan un trabajo “en gran parte realizado con fines preventivos”, como “tratar de encontrar vacunas”. Por el contrario, “China obviamente es muy reservada sobre lo que sucede en el laboratorio de Wuhan”. (FNC 16/02/20) De hecho, todos los países que hacen este trabajo son reservados. Gran parte de la cobertura de la derecha en los EE. UU. sobre este tema ha sido liderada por los informes de Bill Gertz en el Washington Times cuyos libros incluyen La amenaza de China: cómo la República Popular apunta a América y, desde 2019: Encendiendo el cielo: dentro de la campaña de la China comunista para conseguir la supremacía global.

Del mismo modo, según informa Josh Rogin en el Washington Post, “los informes del Departamento de Estado advirtieron sobre problemas de seguridad en el laboratorio de Wuhan que estudia los coronavirus de murciélago” provienen de partes interesadas del gobierno de los Estados Unidos.

Si la dinámica actual continúa, la derecha utilizará el tema de los laboratorios biológicos para demonizar a China, y tal vez a otros estados, sin que haya un escrutinio serio aplicado al trabajo de armas biológicas por parte de los EE. UU. y sus aliados (Israel ni siquiera ha firmado la Convención de Armas Biológicas).

Mientras que algunos buscan demonizar a China, otros como David Ignatius del Washington Post piden que los gobiernos de EE. UU. y China trabajen juntos. Igual que lo hacen algunos funcionarios chinos. Esa también puede ser una propuesta muy peligrosa. Considere la dinámica de las otras armas principales que amenazan a la humanidad: las armas nucleares. Estados Unidos y Rusia están efectivamente conspirando para mantener su poder geopolítico manteniendo sus reservas de armas nucleares. Han bloqueado los movimientos hacia una prohibición de armas nucleares, un esfuerzo respaldado en la ONU por 122 países. Se ha discutido muy poco sobre este tema a pesar de que el grupo detrás de este movimiento, la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares, una vez ganó el Premio Nobel de la Paz. Desafié esta conspiración preguntando sobre todo esto en la cumbre Trump-Putin en Helsinki, pero fui arrastrado fuera del pasillo, encadenado, arrojado a la parte trasera de un vehículo policial y detenido durante seis horas.

Después de los ataques con ántrax del 11 de septiembre, que probablemente se originaron en los laboratorios del gobierno de los EE. UU., el gobierno de los EE. UU. aumentó de forma perversa y dramáticamente el gasto en “biodefensa”, construyendo más laboratorios en todo el país, capacitando a cientos, si no miles de científicos más para trabajar con los patógenos más peligrosos del planeta. Este gasto se aproxima a unos cinco mil millones de dólares cada año desde los ataques con ántrax.

El 21 de abril, el Times publicó el artículo “Cómo los científicos podrían detener la próxima pandemia antes de que comience”, sobre Daszak y sus amigos, acompañado de elaborados gráficos, en el que el Times afirma: “Los investigadores creen que podrían crear vacunas y medicamentos de manera preventiva para luchar contra una amplia gama de amenazas virales, si pueden obtener fondos suficientes “.

Entonces, si bien aún no sabemos si la causa de la pandemia no fue este peligroso trabajo de laboratorio, las personas que lo llevan a cabo, que ya están bien financiadas, están mandando artículos en el New York Times pidiendo aún más dinero.

Y Fort Detrick está a punto de conseguir lo que parece ser el laboratorio de “biodefensa” más grande y costoso jamás construido.

Todavía es tan optimista sobre los laboratorios? En 2018, el Programa Federal de Agente Selecto “recibió ocho informes de pérdida y 193 informes de liberación de un agente o toxina selectiva biológica”.

O intente leer este excelente artículo de 2014 – “Fugas de laboratorio y epidemias de ‘profecía autocumplida’” – por Martin Furmanski del Grupo de Trabajo de Científicos sobre Armas Químicas y Biológicas y el Centro para el Control de Armas y la No Proliferación (se publicaron versiones del mismo en el Boletín de los Científicos Atómicos y Slate):

En este artículo, advirtió sobre “el peligro para la salud pública mundial o regional por la fuga de patógenos de los laboratorios de microbiología capaces de causar pandemias, o Patógenos Potencialmente Pandémicos (PPP)”.

Furmanski documentó las fugas accidentales de viruela en Gran Bretaña en la década de 1970, lo que eventualmente llevó al jefe del laboratorio a suicidarse, la encefalitis equina venezolana en 1995, la fiebre aftosa en Gran Bretaña en 2007 que comenzó a “4 kilómetros de un laboratorio de nivel 4 de bioseguridad . ”

Más recientemente, señala: “El SARS no ha reaparecido naturalmente, pero ha habido seis ‘fugas’ diferentes de los laboratorios de virología que lo estudian: uno en Singapur y Taiwán, y en cuatro ocasiones distintas en el mismo laboratorio en Beijing. …

“Debe enfatizarse que estos ejemplos son solo la ‘punta del iceberg’ porque representan accidentes de laboratorio que realmente han causado enfermedades fuera del laboratorio en el entorno público general. …

“La ciudadanía prácticamente no tuvo ningún conocimiento sobre la pandemia de H1N1 de 1977 y sus probables orígenes de laboratorio. Los virólogos y los funcionarios de salud pública se dieron cuenta rápidamente de que la fuga del laboratorio era el origen más probable, pero simplemente no dieron a conocer esta información, conscientes de que unas acusaciones tan vergonzosas probablemente terminarían con la naciente cooperación de los virólogos rusos y chinos, que fue vital para el control mundial de la influenza. …

“No es nada tranquilizador que, a pesar de que poco a poco ha habido mejoras técnicas en las instalaciones de contención y han aumentado las demandas de políticas para los procedimientos de bioseguridad en el manejo de patógenos peligrosos, se produzcan fugas de estos patógenos y causen brotes en el entorno general”. Tomando una visión pragmática del problema, la pregunta no es si estas fugas ocurrirán en el futuro, sino más bien cuál puede ser el patógeno y cómo se contendrá esa fuga, si es que se puede contener.

“Los avances en la manipulación genética ahora permiten el aumento de la virulencia y la transmisibilidad en patógenos peligrosos, y estos experimentos se han financiado y realizado, especialmente en el virus de la gripe aviar H5N1. La conveniencia de realizar experimentos como estos está claramente en duda, particularmente en laboratorios ubicados en universidades en áreas urbanas muy pobladas, donde el personal de laboratorio que está potencialmente expuesto está en contacto diario con una multitud de ciudadanos susceptibles e inconscientes. Si este tipo de manipulaciones debieran permitirse, parecería prudente llevarlas a cabo en laboratorios aislados donde el personal es aislado de la población general y debe pasar un período de “cuarentena de salida” antes de volver a entrar en la vida ciudadana “.

What Climate Change and the Coronavirus Have in Common

At its best, each day lately is full of some degree of uncertainty. Stay-at-home orders. Lockdowns. Economic plunges. None of this is normal. Yet, it oddly shares commonality with a different kind of drawn-out pandemic—climate change. Hurricanes, wildfires, extreme temperature shifts are not normal either. These events, unlike the current coronavirus peak, are spread out geographically and seasonally, with the most ravaged effects often occurring beyond our sight.

What if we could stop the next pandemic before it starts? What if we could curtail climate change before it sweeps us aside? Incidentally, both crises share a common cause: our food system.

Repair our food system, repair our health

The Centers for Disease Control and Prevention (CDC) estimates that three out of four infectious diseases in people come from animals. That’s 75 percent, of which COVID-19 is one. Others, like SARS, Ebola, swine flu, and bird flu, have similar animal origins.

Until recently, virtually no one was searching for the infamous Spanish Flu of 1918, which killed nearly 50 million people—far more than in World War I. Suddenly, 102 years later, mass Googling began. Why? Like the virus we’re experiencing now, the Spanish Flu originated in an animal—the commonly consumed pig. This is not just a problem of earlier, less medically-advanced eras. In 2009, the swine flu returned, taking between 151,000 and 675,000 lives. Similarly, COVID-19 is suspected to have originated in bats, jumping to humans from another mammal.

While COVID-19 may seem like a foreign disease that we have fallen victim to, it’s just one of many viruses that stem from the extreme confinement of animals being raised for food. In the U.S. alone, 9 billion animals are raised each year on factory farms, posing a massive pandemic risk.

Add to that the risk of antibiotic-resistant bacteria, attributed to the overuse of antibiotics to promote the growth of animals raised for food. The World Health Organization (WHO) estimates that 700,000 people die each year from drug-resistant diseases. They have been warning us that zoonotic diseases are transferred from animals to humans through exposure to animals and/or their products. The guidance is clear. We need to end factory farming or be prepared for an unhealthy future of pandemonium.

Repair our food system, repair the planet

Alongside our current crisis looms the seemingly obscure threat of climate change. There have been glimmers of hope that skies and waterways around the world are clearing, as flights and rush hour traffic all but halted. But pausing human activity for a few weeks is not going to stop the tide of climate change.

While curbing global warming requires change on many levels, one most obvious one is that of animal agriculture. It’s estimated that 14.5% of greenhouse gas emissions—not including water and soil pollution—are caused by animal agriculture. More than planes, trains, and motor vehicles combined.

The time couldn’t be more opportune for us to reevaluate our relationship with our planet and the billions of factory-farmed animals who inhabit it against the laws of nature. Crammed into tiny cages. Packed into giant sheds. Instantly taken away from their mothers at birth. Treated like pure products being manufactured for profit. Except, like us, they have heartbeats, emotions, and curiosity. Like us, they get sick, that sickness spreads—through our soil, our water, and directly to humans.

Repair our future

At a time when many of us are looking to regain control of our lives, we can start by taking control of our plates, by reducing our consumption of animal products. Because the truth is—virtually all animals raised for food come from unhealthy factory farms.

We’re lucky to live in an era of plant-based burgers that bleed like meat and latte-foaming milk made from liquified oats. Innovations that allow us to experience food like many have grown accustomed to, with less risk and more benefit.

According to the Journal of the American Medical Association (JAMA), substituting plant protein in lieu of animal protein is associated with lower mortality. Just the dose of health we could all use right now.

If you want to transform the health of people and our planet in one shot, stand up against factory farming, and fight for a better food system, by taking action with organizations who are doing just that. It’s time to take control of our health and our future. To define the new normal before our quarantines define us.

Posted with permission from Common Dreams

Un mensaje de Vandana Shiva para el Día de la Trabajadora y el Trabajador

Estamos viviendo 3 pandemias simultáneamente. La primera es la Pandemia del coronavirus. La segunda es la Pandemia del Hambre. La tercera es la Pandemia de Destrucción de los Medios de Vida. La pandemia del coronavirus ha infectado a 3.19 millones de personas y ha matado a 228,000 personas. El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas ha advertido a la comunidad mundial de la «pandemia de hambre» que se aproxima, que puede llegar a afectar a más de 250 millones de personas cuyas vidas y medios de vida se verán sumidos en un peligro inmediato.

Según el programa mundial de alimentos, más de un millón de personas están al borde de la hambruna, y 300.000 podrían morir de hambre cada día durante los próximos tres meses. [1] [2]

También hay una pandemia de pérdida de medios de vida. Según la OIT «como resultado de la crisis económica creada por la pandemia, casi 1.600 millones de trabajadores de la economía informal (que representan los más vulnerables en el mercado laboral), de un total mundial de 2.000 millones y una fuerza de trabajo mundial de 3.300 millones, han sufrido un daño masivo en su capacidad para ganarse el sustento». Esto se debe a las medidas de bloqueo y/o porque trabajan en los sectores más afectados».

“Para millones de trabajadores, sin ingresos no hay alimentos, ni seguridad, ni futuro. […] A medida que la pandemia y la crisis del empleo evolucionan, la necesidad de proteger a los más vulnerables se hace aún más urgente». Guy Ryder, ILO director general. [3]

Las tres pandemias tienen sus raíces en un modelo económico basado en las ganancias, la codicia y el extractivismo, que ha acelerado la destrucción ecológica, agravado la pérdida de los medios de subsistencia, el aumento de la desigualdad económica, y polarizado y dividido la sociedad en el 1% y el 99%.

En este Día de la trabajadora y el trabajador, en tiempos de la crisis del coronavirus imaginemos y construyamos nuevas economías basadas en la Democracia de la Tierra y en la democracia económica para proteger a la Tierra y a la humanidad. Abordemos las tres crisis a través de la participación democrática y la solidaridad. A través de la compasión asegurémonos de que nadie pase hambre. A través de la solidaridad y la democracia participemos en la creación de las economías futuras para asegurarnos de que ninguna mano se quede sin trabajo, ninguna persona se quede sin voz.

La crisis múltiple es una llamada de alerta de que la economía regida por el 1% no está funcionando para las personas y la naturaleza. El 1% está hablando de que el 99% es «gente inútil» en su idea del futuro basada en la agricultura digital y la agricultura sin agricultores, fábricas automatizadas y producción sin trabajadores.

Tenemos la obligación de crear economías que no destruyan la naturaleza, que no destruyan los medios de vida y los derechos de los trabajadores, economías que no destruyan nuestra salud propagando enfermedades y pandemias, que no destruyan los medios de vida y la libertad, la dignidad y el derecho al trabajo, y que no creen hambre. Vamos a crear economías #CeroHambre protegiendo los medios de subsistencia de los pequeños agricultores que proporcionan el 80% de los alimentos. Pasemos a la agricultura orgánica libre de veneno para proteger la salud humana y la biodiversidad, creemos economías locales solidarias circulares que apoyen los medios de vida de los vendedores y los pequeños comerciantes, creemos comunidad y reduzcamos la huella ecológica. Después de Covid 19, regeneremos la economía con la conciencia de que todas las vidas son iguales, que somos parte de la Tierra, que somos seres ecológicos y biológicos, que el trabajo es nuestro derecho y está en el corazón del ser humano, y que el cuidado de la Tierra y de los demás es el trabajo más importante. No hay personas desechables o inútiles. Somos una sola humanidad en un solo planeta. Autonomía, significado, dignidad, trabajo, libertad, democracia, son nuestros derechos de nacimiento.

 

[1] https://www.washingtonpost.com/opinions/2020/04/22/covid-19-could-detonate-hunger-pandemic-with-millions-risk-world-must-act/

[2] https://insight.wfp.org/covid-19-will-almost-double-people-in-acute-hunger-by-end-of-2020-59df0c4a8072

[3] https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_743036/lang–en/index.htm

 

Publicado con permiso de Navdanya

Murder Most Foul: The Perps Behind COVID-19

“I am not saying that China deliberately released this, shooting itself in the foot. But it was clear they were developing an extremely dangerous unknown biological weapon that had never been seen before, and it leaked out of the lab… I personally believe that until our political leaders come clean with the American people, both at the White House and in Congress and our state government, and publicly admit that this is an extremely dangerous offensive biological warfare weapon that we are dealing with, I do not see that we will be able to confront it and to stop it, let alone defeat it.”—Dr. Francis Boyle, International Bioweapons Expert, April 15, 2020

According to Johns Hopkins University, as of today, COVID-19 has infected more than 3 million people and killed at least 210,000 worldwide.

Those are big numbers, considering the fact that six short months ago, few members of the general public had ever heard of the coronavirus. And almost no one was harboring fears of a looming and deadly global pandemic.

But here we are. As our new reality sinks in, as we adjust to lockdowns and home schooling and long lines at grocery stores, as we look for ways to protect ourselves and our families—and as some grieve for lost loved ones—most of us are also seeking answers.

Why does this virus cause so many mysterious symptoms? Why are some cases mild, others deadly? How can we protect ourselves? Whose advice should we follow?

But the biggest questions of all are these: Where did COVID-19 come from? And how can we prevent this from ever happening again?

The answers to these questions may be too disturbing to ponder, especially while we’re still grappling with the impact of the virus on nearly every aspect of our lives.

But our failure to investigate, and directly address, the origins of COVID-19 almost certainly guarantees our failure to protect ourselves from future, possibly even more deadly, pandemics.

Science most foul

Thousands of dangerous viruses and other pathogens, such as the bat coronavirus and the avian flu, are being collected in the wild by Chinese, U.S. and international researchers. These viruses are then analyzed and weaponized (i.e. genetically engineered, manipulated, recombined) in secretive, accident-prone, labs like the Wuhan Virology Lab in China or the U.S. Army Lab in Fort Detrick, Maryland.

Coronaviruses typically have a narrow host range, infecting one or just a few species, such as bats. However, using targeted RNA recombination, gene engineers can manipulate viruses such as COVID-19 for “gain of function” to enable them to infect other species (i.e. human cells), interfere with immune system response and readily spread through the air.

A growing arsenal of synthetic viruses have been lab-engineered, despite U.S. and international laws banning biowarfare weapons and experimentation. A disturbing number of these so-called “dual use” Biowarfare/Biodefense labs have experienced leaks, accidents and thefts over the past three decades.

As the well-respected Bulletin of the Atomic Scientists recently warned:

“A safety breach at a Chinese Center for Disease Control and Prevention lab is believed to have caused four suspected SARS cases, including one death, in Beijing in 2004. A similar accident caused 65 lab workers of Lanzhou Veterinary Research Institute to be infected with brucellosis in December 2019 . . . In January 2020, a renowned Chinese scientist, Li Ning, was sentenced to 12 years in prison for selling experimental animals to local markets.”

China is hardly the only place to experience such accidents. A USA Today investigation in 2016, for instance, revealed an incident involving cascading equipment failures in a decontamination chamber as U.S. Centers for Disease Control and Prevention (CDC) researchers tried to leave a biosafety level 4 lab. The lab likely stored samples of the viruses causing Ebola and smallpox, according to the report.

In 2014, the CDC revealed that staff had accidently sent live anthrax between laboratories, exposing 84 workers. In an investigation, officials found other mishaps that had occurred in the preceding decade.

In 2019, the U.S. Army Fort Detrick, Maryland Biological Weapons Lab was temporarily shut down for improper disposal of dangerous pathogens, according to a New York Times report. Officials refused to provide details about the pathogens or the leak, citing “national security” concerns.

As Sam Husseini recently reported in Salon magazine, biowarfare engineers in labs such as Wuhan or Fort Detrick are deliberately and recklessly evading international law:

“Governments that participate in such biological weapon research generally distinguish between ‘biowarfare’ and ‘biodefense,’ as if to paint such ‘defense’ programs as necessary. But this is rhetorical sleight-of-hand; the two concepts are largely indistinguishable. ‘Biodefense’ implies tacit biowarfare, breeding more dangerous pathogens for the alleged purpose of finding a way to fight them. While this work appears to have succeeded in creating deadly and infectious agents, including deadlier flu strains, such ‘defense’ research is impotent in its ability to defend us from this pandemic.”

Activist critics of genetic engineering and biological warfare experiments, including myself, Dr. Mercola and GM Watch, joined now by independent voices in the mass media, are reporting, albeit in some cases reluctantly, that mounting evidence indicates that the deadly COVID-19 virus may have accidentally leaked out of one of the supposedly high-security biowarfare labs (the Wuhan Institute of Virology and the Chinese Center for Disease Control) that were analyzing and manipulating bat coronaviruses in Wuhan, China.

In order to conceal their scientific malpractice and criminal negligence, to protect their “right” to carry out dangerous, unregulated research, and to safeguard billions of dollars in annual Biopharm and GMO industry profits (Monsanto/Bayer, among others, is now conducting its own biowarfare research), Chinese and U.S. officials, Big Pharma, Facebook, Google and an arrogant and unscrupulous network of global scientists are frantically trying to cover up the lab origins and diabolical machinations of the COVID-19 pandemic.

A widely-cited paper, published in the journal Nature on February 3, 2020, claims to establish that SARS-CoV-2 is a coronavirus of bat origin that naturally jumped the species barrier between bats and humans and was not synthetically constructed in a lab. However, as Mercola.com reports one of the Chinese authors of this article, Dr. Shi Zhengli from the Wuhan Virology Lab, actually worked previously on weaponizing the SARS virus (the progenitor of COVID-19) and has published peer-reviewed articles on the procedures involved in this genetic manipulation.

Another oft-cited but problematic article in Nature Medicine (March 17, 2020), co-authored by a bio-entrepreneur industry scientist, has been repeatedly cited by the mass media as offering “proof” that the COVID-19 virus arose “naturally” as opposed to being lab-derived.

But recent critiques offered by independent scientists, including the London-based molecular geneticist Dr. Michael Antoniou, a long-time critic of genetic engineering, argue convincingly that the computer-modeling “proof” cited by Nature Medicine offers no proof at all. As GM Watch reports:

“Dr. Antoniou told us that while the authors [of the March 17 Nature Medicine article] did indeed show that SARS-CoV-2 was unlikely to have been built by deliberate genetic engineering from a previously used virus backbone, that’s not the only way of constructing a virus. There is another method by which an enhanced-infectivity virus can be engineered in the lab. . .”

Antoniou told GM Watch that this method, called “directed iterative evolutionary selection process,” involves using genetic engineering to generate “a large number of randomly mutated versions of the SARS-CoV spike protein receptor,” and then to select those protein receptors most effective at infecting human cells.

As Antoniou points out, the inventors of this technique received the Nobel Prize for chemistry in 2018, a fact the authors of the Nature Medicine article surely knew. Did the authors of the Nature Medicine article deliberately leave this more plausible hypothesis out, in order to bolster their questionable thesis that COVID-19 arose naturally—even though biowarfare labs in Wuhan were engineering bat viruses years before the fatal outbreak?

If lab technicians in the Wuhan lab did use the directed iterative evolutionary selection process to engineer a “gain of function” (weaponized) bat coronavirus, and the virus subsequently leaked, infected one or more lab technicians, then spread to people outside the lab, including people from the Wuhan Seafood Market, there would be no trace of the virus having been genetically engineered or manipulated.

Peer-reviewed, published articles, going back more than a decade, indicate that researchers at the Wuhan Labs (Dr. Shi Zhengli and others) have been carrying out experiments to manipulate and weaponize deadly bat coronavirus so that they can readily infect human cells. In a 2008 article in the Journal of Virology, Zengli and other scientists report on how they have genetically engineered SARS-like viruses from horseshoe bats to enable the viruses to gain entry into human cells.

The powers that be, in Beijing and Washington, like to reassure us that researchers in places like the Wuhan Virology Lab, the Wuhan Center for Disease Control, or the U.S. Army Biological Weapons Lab at Fort Detrick, Maryland are only “studying” (not manipulating or weaponizing) dangerous pathogens like bat coronaviruses, and that security in these government/WHO/NIH-monitored labs is so strict that accidents could never happen.

But a number of well-respected scientific critics of genetic engineering and biological warfare have been sounding the alarm for decades.

Critics including Francis Boyle (author of the 1989 U.S. Bioterrorism law banning bioweapons research) and Dr. Richard Ebright of Rutgers University’s Waksman Institute of Microbiology, have warned that experiments and manipulations of viruses and pathogens are inherently extremely dangerous, (not to mention that they violate international law), given human error and the fact that security has been dangerously lax in the world’s biowarfare/biodefense laboratories.

Almost too incredible to believe, funding for the reckless germ war experiments in Wuhan have included more than $3 million from Dr. Anthony Fauci’s National Institute of Allergy and Infectious Diseases (NIAID), a division of the U.S. National Institutes of Health (NIH), with apparent collaboration, according to Boyle, from scientists at the universities of North Carolina, Wisconsin, Harvard and other institutions.

In 2014, the Obama White House Office of Science and Technology Policy put a hold or “funding pause” on “gain of function” experimentation on dangerous viruses in U.S. labs due to “biosafety and biosecurity risks.”

Yet experimentation apparently continued uninterrupted (with U.S. funding) in China at the Wuhan lab. Then in 2017, the Trump Administration reversed this “funding pause,” essentially allowing illegal germ warfare research to continue.

Longtime anti-GMO activists at GM Watch in the UK recently published an article entitled “COVID-19 Could Be a Wake-Up Call for Biosafety.” The article explains how, below the public radar, secretive and reckless research on genetically engineering and weaponizing coronaviruses has been going on for decades:

“Stuart Newman, professor of cell biology and anatomy at New York Medical College in Valhalla, New York, editor-in-chief of the journal Biological Theory, and co-author of Biotech Juggernaut, adds crucial historical context that shows exploring whether COVID-19 could have been genetically engineered should not be dismissed as a subject fit only for conspiracy theorists.

“[Newman] points out that the genetic engineering of coronaviruses has been going on for a long time. According to Newman, ‘Even most biologists are not aware that virologists have been experimentally recombining and genetically modifying coronaviruses for more than a decade to study their mechanisms of pathogenicity.’ Indeed, Newman points to papers on engineering coronaviruses that go back a full 20 years.”

Dr. Peter Breggin points out that in 2015, researchers from the U.S. and China’s Wuhan Institute of Virology collaborated to transform an animal coronavirus into one that can attack humans. Breggin’s provocative essay includes a direct link to the original study  which was published in the British journal, Nature.

Recent investigative reporting, including an explosive April 14 Washington Post article by Josh Rogin, followed by more muted coverage by CBS News, CNN, the Wall Street Journal, Newsweek and others, have alerted millions of people to the fact that the official Chinese/Big Pharma/WHO/NIH “bat in the market” story about the origins of COVID-19 may no longer be credible.

As Rogin’s article points out, officials from the U.S. embassy in Beijing visited the Wuhan Institute of Virology numerous times in early 2018, and tried to warn the Trump Administration that there were serious safety violations in the lab’s handling of bat coronaviruses. The officials were especially concerned that inadequately trained staff and lax security procedures at lab, jointly funded by the Chinese and U.S., posed a serious risk of unleashing a “new SARS-like pandemic.”

In fact, in 2004, foreshadowing the current disaster, there were two serious accidents at the high-security Beijing Virology lab, infecting two researchers with the dangerous SARS virus.

Ebright, who has been speaking out on lab safety since the early 2000s, said this about the dangerous security procedures at the Wuhan labs:

“ . . . bat coronaviruses at Wuhan [Center for Disease Control] and Wuhan Institute of Virology routinely were collected and studied at BSL-2 {Biosecurity Level 2), which provides only minimal protections against infection of lab workers. Virus collection, culture, isolation, or animal infection at BSL-2 with a virus having the transmission characteristics of the outbreak virus would pose substantial risk of infection of a lab worker, and from the lab worker, the public.”

Politics most foul

The Trump Administration did nothing about the repeated warnings from the U.S. Embassy in Beijing in 2018, concerning the dangerous practices at the at the Wuhan Lab. Nor scientists at the NIH and the World Health Organization (WHO) who were supposedly monitoring the lab’s coronavirus experiments. After the outbreak happened, the Chinese Communist Party (CCP) silenced or “disappeared” scientists and journalists who had earlier published research or news articles indicating that the COVID-19 virus leaked from a government lab and infected researchers.

As the Canadian journalist Andrew Nikiforuk wrote:

“Faced with the coronavirus threat, Chinese authorities, according to comprehensive reports by the Wall Street Journal and the New York Times, suppressed whistleblowers, ignored critical evidence and responded so tardily to the outbreak that they moved to compensate for their failures with a draconian lockdown . . .”.

Frantically covering their tracks, the CCP removed every scientific article and news report from the internet and public record which contradicted their official story. Aiding and abetting the CCP/Biopharm cover-up were the gatekeepers at Facebook (now heavily invested in Big Pharma), who censored and removed an article by Steve Mosher, published by the NY Post on Feb. 22, which called the official story into question. Facebook finally unblocked the NY Post article after it was revealed that Facebook’s objective “fact checker,” Danielle E. Anderson, was in fact previously a paid researcher at the same Wuhan lab whose lax security so alarmed State Department officials.

Trying hard to cover up the fact that they ignored the repeated warnings of the State Department and intelligence officials, the Trump Administration and the entire U.S. Biopharm and Vaccine Establishment are doing their utmost to uphold the official Chinese-scripted story. Especially troubling to the powers that be is the fact that the criminally negligent Wuhan Lab bat experiments were being funded, at least in part, by Dr. Fauci’s National Institute of Allergy and Infectious Diseases, along with the Galveston National Laboratory at the University of Texas Medical Branch—even after these types of germ warfare experiments had been banned in the U.S.

Commander-in-Chief Trump himself, in between suggesting people might want to ingest or inject some disinfectants for COVID-19 protection, goes back and forth on the “bat in the market” theory, torn between rousing his populist base by denouncing the “Chinese Virus,” and siding with his good friend, and Corporate America’s most important business partner, Xi Jinping, the Chinese Dictator, who just happens to control not only trillions of dollars in U.S. Treasury Bonds and exports, but the medical equipment, Pharma drugs and lab chemicals that are in such short supply in the U.S.

Trump also has millions of dollars in real estate loans coming due from Chinese banks next year.

In an Instagram post, Robert Kennedy Jr. exposes the complicity of Dr. Anthony Fauci, the supposed “rational voice” of the Trump Administration on COVID-19, in the Wuhan disaster:

“The Daily Mail today reports that it has uncovered documents showing that Anthony Fauci’s NIAID gave $3.7 million to scientists at the Wuhan Lab at the center of Coronavirus leak scrutiny. According to the British paper, ‘the federal grant funded experiments on bats from the caves where the virus is believed to have originated.’ Background: following the 2002-2003 SARS coronavirus outbreak, NIH funded a collaboration by Chinese scientists, U.S. military virologists from the bioweapons lab at Ft. Detrick & NIH scientists from NIAID to prevent future coronavirus outbreaks by studying the evolution of virulent strains from bats in human tissues. Those efforts included ‘gain of function’ research that used a process called ‘accelerated evolution’ to create COVID Pandemic superbugs: enhanced bat borne COVID mutants more lethal and more transmissible than wild COVID. Fauci’s studies alarmed scientists around the globe who complained, according a Dec. 2017 NY Times article that ‘these researchers risk creating a monster germ that could escape the lab and seed a pandemic.’ Dr. Mark Lipsitch of the Harvard School of Public Health’s Communicable Disease Center told the Times that Dr. Fauci’s NIAID experiments ‘have given us some modest scientific knowledge and done almost nothing to improve our preparedness for pandemic, and yet risked creating an accidental pandemic.’ In October 2014, following a series of federal laboratory mishaps that narrowly missed releasing these deadly engineered viruses, President Obama ordered the halt to all federal funding for Fauci’s dangerous experiments. It now appears that Dr. Fauci may have dodged the federal restrictions by shifting the research to the military lab in Wuhan. Congress needs to launch an investigation of NIAD’s mischief in China.”

Kennedy also calls out two of the other supposed “health experts” on the Trump team, Robert Redfield and Deborah Birx:

“Redfield, Birx & Fauci lead the White House #coronavirus task force. In 1992, two military investigators charged Redfield & Birx with engaging in ‘a systematic pattern of data manipulation, inappropriate statistical analyses & misleading data presentation in an apparent attempt to promote the usefulness of the GP160 AIDS vaccine.’ A subsequent Air Force tribunal on Scientific Fraud and Misconduct agreed that Redfield’s ‘misleading or, possibly, deceptive’ information ‘seriously threatens his credibility as a researcher and has the potential to negatively impact AIDS research funding for military institutions as a whole. His allegedly unethical behavior creates false hope and could result in premature deployment of the vaccine.’ The tribunal recommended investigation by a ‘fully independent outside investigative body.’ Dr. Redfield confessed to D.O.D. interrogators and to the tribunal, that his analyses were faulty and deceptive. He agreed to publicly correct them. Afterward, he continued making his false claims at 3 subsequent international HIV conferences, & perjured himself in testimony before Congress, swearing that his vaccine cured HIV. Their gambit worked. Based upon his testimony, Congress appropriated $20 million to the military to support Redfield/Birx’s research project.  Public Citizen complained in a 1994 letter to the Congressional Committee’s Henry Waxman that the money caused the Army to kill the investigation & ‘whitewash’ Redfield’s crimes. The fraud propelled Birx & Redfield into stellar careers as health officials. Docs obtained via Tom Paine.”

Although the Chinese government and most of the U.S. political establishment continue to support the official “bat in the market” story, the majority of Americans, do not. As reported in the UK’s Sunday Times:

“According to a Pew Research poll, only 43 percent think the virus came about naturally, while a sizeable 29 percent  believe it was made in a laboratory.”

Journalism most foul

It is frustrating, and indeed alarming, that so few independent journalists, scientists, activists, and public officials have thus far been willing to question the “official story.”

For 30 years now, myself and others have warned about the dangers of genetically engineered foods and crops and genetically modified organisms (GMOs) in general, including gene-altered bioweapons, gene drives, and the new CRISPR gene-editing technologies.

Now it appears that our worst fears have materialized.

We need a global public inquiry, led by independent scientists, to gather the evidence on what really happened with COVID-19, followed by an International Biowarfare Crimes Tribunal, so that we can bring the Chinese, U.S. and other perpetrators of this pandemic to justice, and prevent this type of disaster from ever happening again.

It’s time to shut down every Biosafety/Biowar lab in the world (including Bayer and Monsanto’s lab) and implement a true global ban on weapons of mass destruction (WMDs), including all atomic, chemical and biological weapons and WMD experimentation.

Until we do this, none of us will ever be safe again.

The so-called progressive media in America, with a few exceptions, have up until now failed to investigate the real causes of the COVID-19 pandemic, partly out of ignorance of the machinations and arrogant recklessness of the gene engineers and bio-warfare scientists, partly out of fear of appearing to agree with Trump’s racist rantings, or even worse, being branded a “conspiracy theorist” by Establishment Democrats and mass media outlets.

And speaking of conspiracies and murder most foul, almost everyone seems to have forgotten about the nationwide panic surrounding the post-9/11 2001 anthrax bioterrorist attacks—used to help justify the invasion of Iraq—against liberal members of the media and the U.S. Congress. Then and now, it was clear that these attacks were carried out not by Arab terrorists, nor a single crazed individual, but by a yet unidentified cabal who engineered and deployed weaponized spores from the U.S. military biowarfare lab at Fort Detrick, Maryland.

But perhaps you think we shouldn’t worry so much, since a blockbuster lineup of anti-COVID vaccines are on the way, funded by the Chinese government, Big Pharma and the Bill and Melinda Gates Foundation, likely including some of the same gene engineers who weaponized COVID-19?

Never mind that Bill Gates, Monsanto, the Gene Giants and Big Pharma appear quite willing to join up with Facebook and Google to implement a 24/7 totalitarian medical surveillance state, with everyone injected with a mandatory and expensive COVID-19 vaccine, while the world’s dictators, corporate criminals and billionaires hunker down in their underground mansions and bunkers.

Never mind that most flu vaccines up until now don’t work that well, especially against constantly mutating viruses like COVID-19, or that they’re routinely laced with aluminum adjuvants and mercury preservatives.

Never mind that perhaps our only real defense against biowarfare is to stop eating Big Ag and Big Food’s poison products, and instead strengthen our health and our immune systems, clean up the world’s air, water and environment, shut down factory farms, stop destroying wildlife habitat and pray that herd immunity eventually stops the spread of COVID-19, since so many of us have already been infected, but are asymptomatic.

In the meantime, please don’t believe everything you read in the corporate mass media, Facebook or even the progressive press. Stay in touch with and support those of us determined to seek and defend the truth, fight for freedom and justice, and organize for a regenerative future and climate.

Don’t forget to eat healthy, organic, regenerative foods, take your immune-boosting supplements, get as much exercise, fresh air and sunshine as possible, wash your hands frequently, stay safe, and stay out of the way of those most vulnerable.

Venceremos. We shall overcome.

Ronnie Cummins is co-founder of the Organic Consumers Association (OCA) and Regeneration International, and the author of “Grassroots Rising: A Call to Action on Food, Farming, Climate and a Green New Deal.” To keep up with OCA’s news and alerts, sign up here.

El crimen más infame: Los perpetradores detrás del COVID-19

“No estoy diciendo que China liberó esto deliberadamente, disparándose a sí misma en el pie. Pero era claro que estaban desarrollando un arma biológica desconocida, extremadamente peligrosa y jamás vista antes, y se filtró fuera del laboratorio… Personalmente creo que hasta que nuestros líderes políticos se sinceren con los estadounidenses, tanto en la Casa Blanca como en el Congreso y nuestro gobierno estatal, y admitan públicamente que esta es un arma extremadamente poderosa de ofensiva de guerra biológica con la que estamos lidiando, no seremos capaces de enfrentarla,  pararla, y mucho menos vencerla.” – Dr. Francis Boyle, Experto en Armas Biológicas Internacionales, 15 de abril, 2020

De acuerdo a la Universidad John Hopkins, el COVID-19 ha infectado a más de 3 millones de personas y cobrado al menos 210,000 vidas en todo el mundo.

Son cifras no menores, más aún si consideramos que hasta hace unos seis cortos meses, eran pocas las personas que alguna vez habían escuchado sobre el coronavirus. Menores inclusive eran aquellas personas preocupadas por el riesgo inminente de una crisis pandémica global.

Pero aquí estamos. Mientras nuestra nueva realidad se despliega ante nuestros ojos y nos adaptamos a los confinamientos, a la educación en casa y a las largas filas en las tiendas, mientras buscamos formas de protegernos a nuestras familias y hay quienes lamentablemente lloran la pérdida de sus seres queridos, también estamos buscando respuestas.

¿Por qué este virus causa tantos síntomas misteriosos? ¿Por qué algunos casos son ligeros, otros mortales? ¿Cómo podemos protegernos? ¿Qué recomendaciones deberíamos seguir?

Pero las preguntas más acuciantes y radicales son las siguientes: ¿De dónde viene el COVID-19? ¿Cómo podemos prevenir que esto vuelva a suceder?

Las respuestas a estas preguntas podrían ser tan perturbadoras que no queremos creerlas.

Pero si no investigamos en profundidad, si no buscamos la causa raíz de los orígenes del COVID-19, entonces habremos fracasado protegernos de pandemias futuras, posiblemente más letales.

La ciencia más infame

Miles de virus y otros patógenos peligrosos, como el coronavirus de los murciélagos y la gripe aviar, están siendo recolectados en la naturaleza por investigadores de China, Estados Unidos y otras partes del mundo. Estos virus son analizados y convertidos en armas (genéticamente modificados, manipulados, recombinados) en laboratorios secretos, propensos a los accidentes, como el Laboratorio de Virología en Wuhan en China o el Laboratorio del Ejército Estadounidense en Fort Detrick, Maryland.

Los coronavirus típicamente tienen un rango de huéspedes reducido, infectando a una o sólo unas cuantas especies, como a los murciélagos. Sin embargo, usando una recombinación de ARN específica, los ingenieros genéticos pueden manipular a virus como el COVID-19 para aumentar su funcionalidad, permitiéndoles infectar a otras especies (por ejemplo células humanas), interferir con la respuesta del sistema inmune y lograr que se esparza fácilmente a través del aire.

Un creciente arsenal de virus sintéticos ha sido diseñado en laboratorios, a pesar de las leyes estadounidenses e internacionales prohibiendo armas de guerra biológica y experimentación. Un número perturbador de estos llamados laboratorios de “uso dual” de Guerras Biológicas / Defensa Biológica han experimentado filtraciones, accidentes y robos durante las tres décadas pasadas.

Como advirtió el respetado Boletín de Científicos Atómicos recientemente:

“Una violación de seguridad en el laboratorio del Centro Chino para el Control de Enfermedades y Prevención se cree que ha causado cuatro casos sospechosos de SARS, incluyendo una muerte, en Beijing en el 2004. Un accidente similar causó que 65 trabajadores de laboratorio del Instituto de Investigación Veterinaria de Lanzhou fueran infectados con brucelosis en diciembre del 2019… en enero del 2020, un reconocido científico chino, Li Ning, fue sentenciado a 12 años en prisión por vender animales experimentales a mercados locales.”

China no es el único lugar que experimenta tales accidentes. Una investigación del USA Today en el 2016, por ejemplo, reveló un incidente relacionado con fallas de equipo en cascada en una cámara de descontaminación mientras los investigadores de los Centros Estadounidenses para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) intentaron salir de un laboratorio nivel 4 de bioseguridad. El laboratorio probablemente almacenaba muestras de virus causantes de Ébola y viruela, de acuerdo con el reporte.

En el 2014, la CDC reveló que el personal había enviado ántrax vivo accidentalmente entre laboratorios, exponiendo a 84 trabajadores. En una investigación, funcionarios descubrieron que otros accidentes habían ocurrido en la década anterior.

En el 2019, el Laboratorio de Armas Biológicas del Fuerte Detrick del Ejército estadounidense fue cerrado temporalmente por disposición inadecuada de patógenos peligrosos, de acuerdo con un reporte del New York Times. Funcionarios se negaron a dar detalles sobre los patógenos o la fuga, citando preocupaciones en materia de “seguridad nacional”.

Como reportó Sam Husseini recientemente en la revista Salon, los ingenieros de guerras biológicas en laboratorios como los de Wuhan y Fort Detrick están evadiendo la ley internacional de manera deliberada y riesgosa:

“Los gobiernos que participan en tales investigaciones de armas biológicas generalmente distinguen entre ‘guerra biológica’ y ‘biodefensa’, como para describir a estos programas de ‘defensa’ como necesarios. Pero esto es pura retórica; los dos conceptos son en gran parte indistinguibles. ‘Biodefensa’ implica guerras biológicas tácitas, criar patógenos más peligrosos por el supuesto propósito de encontrar una manera de combatirlos. Mientras este trabajo parece haber tenido éxito al crear agentes mortales e infecciosos, incluyendo cepas de gripe más mortales, tal investigación de ‘defensa’ es impotente en su habilidad de defendernos de esta pandemia.”

Varios activistas críticos de los experimentos con modificación genética y guerra biológica, entre los que me incluyo, junto con el Dr. Mercola y GM Watch, a quienes ahora se unen voces independientes en los medios de comunicación masivos, están reportando, aunque en algunos casos a regañadientes, que creciente evidencia indica que el mortal virus COVID-19 podría haberse filtrado accidentalmente de uno de los laboratorios de guerra biológica supuestamente de alta seguridad (el Instituto de Virología de Wuhan y el Centro Chino de Control de Enfermedades) que estaban analizando y manipulando coronavirus de murciélago en Wuhan, China.

Para ocultar su mala práctica científica y negligencia criminal, para proteger su “derecho” a llevar a cabo investigaciones peligrosas y sin regulación, y para salvaguardar miles de millones de dólares en ganancias anuales de la industria farmacéutica y de OGMs (Monsanto/Bayer, entre otros, está ahora realizando su investigación de guerra biológica), funcionarios chinos y estadounidenses, la Industria Farmacéutica, Facebook, Google y una arrogante e inescrupulosa red de científicos del mundo están intentando frenéticamente encubrir los orígenes de laboratorio y maquinaciones diabólicas de la pandemia del COVID-19.

Un artículo ampliamente citado, publicado en el diario Nature el 3 de febrero del 2020, determina que el SARS-CoV-2 es un coronavirus de origen de murciélagos que brincó naturalmente la barrera de especies entre murciélagos y humanos y no fue construido sintéticamente en un laboratorio. Sin embargo, como Mercola.com reporta uno de los autores chinos de este artículo,el Dr. Shi Zhengli del Laboratorio de Virología de Wuhan, en realidad previamente trabajó en convertir en un arma el virus SARS (el progenitor del COVID-19) y ha publicado artículos evaluados por expertos sobre los procedimientos relacionados en esta manipulación genética.

Otro artículo muy citado pero problemático en Nature Medicine (17 de marzo, 2020), co-escrito por un científico de la industria bio-empresarial, ha sido citado presuntamente por medios de comunicación masivos ofreciendo “pruebas” de que el virus COVID-19 “naturalmente” se presentó en oposición a que es derivado de un laboratorio.

Pero las críticas de científicos independientes, incluyendo al genetista molecular con sede en Londres, Dr. Michael Antoniou, desde hace tiempo crítico de la ingeniería genética, argumentan de manera convincente que la “prueba” de modelado de computadora citada por Nature Medicine no ofrece ninguna evidencia. Como reporta GM Watch:

“El Dr. Antoniou nos dijo que si bien los autores (del artículo de Nature Medicine del 17 de marzo) sí mostraron que el SARS-CoV-2 era poco probable que haya sido construido por ingeniería genética deliberada de la estructura de un virus usado previamente, esa no es la única manera de construir un virus. Hay otro método por medio del cual un virus con infectividad mejorada puede ser creado en laboratorio…”

Antoniou le dijo a GM Watch que este método, llamado “proceso de selección de evolución dirigida,” involucra el usar ingeniería genética para generar “un gran número de versiones mutadas aleatoriamente del receptor de proteína S (Spike) del SARS-CoV,” y después seleccionar aquellos receptores de proteína más efectivos para infectar células humanas.

Como señala Antoniou, los inventores de esta técnica recibieron el Premio Nobel de química en 2018, un hecho que los autores del artículo Nature Medicine seguramente sabían. ¿Los autores del artículo de Nature Medicine deliberadamente sacaron esta hipótesis más plausible, para impulsar su cuestionable tesis de que el COVID-19 apareció naturalmente – aunque los laboratorios de guerra biológica en Wuhan estaban creando virus de murciélagos años antes del brote fatal?

Si los técnicos del laboratorio de Wuhan si usaron el proceso de selección evolutiva iterativo para crear una función ampliada (poder usar el virus como arma) del coronavirus del murciélago, y el virus subsecuentemente se filtró, infectó a uno o más técnicos de laboratorio, después se propagó a gente fuera del laboratorio, incluyendo a gente del mercado de mariscos de Wuhan, no habría rastro de que el virus haya sido diseñado o manipulado genéticamente.

Diferentes artículos publicados y revisados por expertos, que datan de hace más de una década, indican que investigadores en los Laboratorios Wuhan (Dr. Shi Zhengli y otros) habían estado realizando experimentos para manipular y poder utilizar como arma coronavirus de murciélago mortal para que pueda infectar células humanas fácilmente. En un artículo del 2008 en el Diario de Virología, Zengli y otros científicos reportan cómo tienen virus genéticamente modificados parecidos al SARS de murciélagos rinolófidos para permitirle a los virus obtener acceso a células humanas.

A los poderes que existen, en Beijing y Washington, les gusta asegurarnos que los investigadores en lugares como el Laboratorio de Virología de Wuhan, el Centro de Control de Enfermedades de Wuhan, o el Laboratorio de Armas Biológicas del Ejército Estadounidense en el Fuerte Detrick, en Maryland sólo están “estudiando” (no manipulando) patógenos peligrosos como coronavirus de murciélagos, y que la seguridad en estos laboratorios monitoreados por gobiernos/OMS/Instituto Nacional de la Salud es tan estricta que los accidentes jamás podrían suceder.

Pero un número de críticos científicos muy respetados de ingeniería genética y guerra biológica han mostrado su preocupación desde hace décadas.

Los críticos incluyen a Francis Boyle (autor de la ley de 1989 de Bioterrorismo de E.U. que prohíbe la investigación con armas biológicas) y el Dr. Richard Ebright del Instituto de Microbiología de la Universidad de Rutgers. Ellos han advertido que los experimentos y manipulaciones de virus y patógenos son inherentemente extremadamente peligrosas, (sin mencionar que violan la ley internacional), dado el error humano y el hecho de que la seguridad ha sido peligrosamente laxa en los laboratorios de guerra biológica/biodefensa del mundo.

Casi demasiado increíble para creer, el financiamiento para los imprudentes experimentos de gérmenes de guerra en Wuhan ha incluido más de 3 millones de dólares del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Peligrosas (NIAID, por sus siglas en inglés) del Dr. Anthony Fauci, una división de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés), con colaboración aparente, de acuerdo con Boyle, de científicos de la Universidad del Norte de Carolina, Wisconsin, Harvard y otras instituciones.

En 2014, la Oficina de Ciencia y Política de Tecnología de la Casa Blanca de Obama puso un alto o “pausa de financiamiento” en la experimentación de aumento de funcionalidad en virus peligrosos en los laboratorios de E.U. debido a “riesgos de bioseguridad.”

Aún así, la experimentación aparentemente continuó sin interrupciones (con financiamiento estadounidense) en China en el laboratorio de Wuhan. Después, en 2017, la Administración de Trump revirtió su “pausa de financiamiento,” esencialmente permitiendo que continuara la investigación ilegal de gérmenes de guerra biológica.

Un artículo fue publicado por activistas anti transgénicos en la publicación GM Watch en el Reino Unido titulado “COVID-19 Podría ser una llamada de atención por la bioseguridad.” El artículo explica que por décadas se han estado realizando arriesgadas y muy secretas investigaciones en torno a coronavirus genéticamente diseñados y con la capacidad de ser utilizados como armas:

“Stuart Newman, profesor de biología celular y anatomía en el Colegio Médico de Nueva York en Valhalla, Nueva York, editor jefe del diario Teoría Biológica, y co-autor de Biotech Juggernaut, añade un contexto histórico crucial. Con este contexto, expone que analizar si el COVID-19 podría haber sido genéticamente modificado no debería ser tratado como especulaciones de los teóricos de conspiración.

“Newman señala que la ingeniería genética de los coronavirus ha estado sucediendo por un largo tiempo. De acuerdo a Newman, ‘Hasta la mayoría de biólogos no son conscientes de que los virólogos han estado recombinando experimentalmente y modificando genéticamente coronavirus por más de una década para estudiar sus mecanismos de patogenicidad.’ En efecto, Newman señala documentos sobre diseño de coronavirus que datan de hace unos 20 años.”

El Dr. Peter Breggin dice que en 2015, investigadores de los E.U. y el Instituto de Virología de Wuhan en China colaboraron para transformar un coronavirus animal en uno que puede atacar humanos. El  provocativo ensayo incluye un enlace directo al estudio original el cual fue publicado en el Diario Británico Nature.

Recientes reportajes investigativos, incluyendo un artículo explosivo del Washington Post del 14 de abril por Josh Rogin seguido por más cobertura silenciada por CBS News, CNN, el Wall Street Journal, Newsweek y otros, han alertado a millones de personas sobre el hecho de que la historia oficial del “murciélago en el mercado” de China/Industria Farmacéutica/ONU/NIH sobre los orígenes del COVID-19 ya no podría ser creíble.

Como lo señala un artículo del Rogin, funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en Beijing visitaron el Instituto de Virología de Wuhan varias veces a principios de 2018, e intentaron advertir a la Administración de Trump de que había violaciones de seguridad serias en el manejo del laboratorio de los coronavirus de murciélago. Los funcionarios estaban especialmente preocupados de que el personal entrenado de manera inadecuada y procedimientos de seguridad laxos en el laboratorio, financiado en conjunto por China y E.U., representaba un riesgo grave de liberar una “nueva pandemia parecida al SARS.”

De hecho, en el 2004, presagiando el desastre actual, hubieron dos accidentes bastante serios en el laboratorio de Virología de Beijing de alta seguridad, infectando a dos investigadores con el peligroso virus SARS.

Ebright, que se ha pronunciado sobre la seguridad de laboratorios desde que a principios de los años 2000, dijo esto sobre los procedimientos de seguridad peligrosos en los laboratorios de Wuhan:

“… los coronavirus de murciélagos en Wuhan (los Centros de Control de Enfermedades) y el Instituto de Virología de Wuhan eran recolectados y estudiados en BSL-2 (Bioseguridad Nivel 2), el cual provee con sólo protecciones mínimas contra la infección de trabajadores de laboratorio. La recolección de virus, cultivo, aislamiento o infección animal en BSL-2 con un virus que tiene las características de transmisión del virus del brote, plantearía un riesgo sustancial de infección de un trabajador de laboratorio, y del trabajador de laboratorio, al público.”

Los políticos más infames

La Administración de Trump no hizo nada sobre las repetidas advertencias de la Embajada de E.U. en Beijing en 2018, concernientes a las prácticas peligrosas en el Laboratorio de Wuhan. Ni los científicos del Instituto Nacional de la Salud o la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que supuestamente monitoreaban los experimentos de coronavirus del laboratorio actuaron ante las advertencias. Después de que sucedió el brote, el Partido Comunista Chino (CCP) silenció o “desapareció” a científicos y periodistas que antes habían publicado artículos de investigación o noticias que indican que el virus del COVID-19 se filtró de un laboratorio gubernamental e investigadores infectados.

El periodista canadiense Andrew Nikiforuk escribió:

“Enfrentadas con la amenaza del coronavirus, las autoridades chinas, de acuerdo a los reportes completos por el Wall Street Journal y el New York Times, suprimió informantes, ignoró evidencia crítica y respondió tan tardíamente al brote que se movieron para compensar sus fallas con un confinamiento draconiano…”

Frenéticamente cubriendo sus huellas, el Partido Comunista Chino (PCC) removió cada artículo científico y reporte de noticias del internet y registros públicos que contradecían su historia oficial. Asistiendo y en complicidad con el encubrimiento del PCC/Industria Farmacéutica estaban los guardianes en Facebook (ahora con grandes inversiones en la Industria Farmacéutica), que censuró y removió un artículo de Steve Mosher, publicado por el NY Post el 22 de febrero, que cuestionó la historia oficial. Facebook finalmente desbloqueó el artículo del NY Post después de que fue revelado que la “verificadora de hechos” objetiva de Facebook, Danielle E. Anderson, de hecho había sido una investigadora pagada en el mismo laboratorio de Wuhan cuya laxa seguridad alarmó tanto a los funcionarios del Departamento Estatal.

Intentando arduamente encubrir el hecho de que ignoraron las repetidas advertencias del Departamento de Estado y funcionarios de inteligencia, la Administración de Trump y el Establishment de la Biofarma de E.U. y vacunas están haciendo todo lo posible para mantener la historia oficial escrita por China. Especialmente perturbador para los poderes existentes es el hecho de que los experimentos de laboratorios de Wuhan con murciélagos estaban siendo financiados por lo menos en parte, por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas del Dr. Fauci, junto con el Laboratorio Nacional de Galveston en la Rama Médica de la Universidad de Texas – aún después de que estos tipos de experimentos de guerra con gérmenes habían sido prohibidos en los E.U.

El Comandante en Jefe, el mismísimo Trump, entre sugerir que las personas tal vez querrían ingerir o inyectarse algunos desinfectantes para la protección del COVID-19, va de aquí para allá con la teoría del “murciélago en el mercado”, dividido entre enardecer a su base populista al denunciar al “Virus Chino”, y alineándose con su buen amigo, y el socio de negocios más importante de Estados Unidos Corporativo, Xi Jinping, el Dictador Chino, que ocurre que controla no sólo billones de dólares en los Bonos del Tesoro de E.U., y exportaciones, sino el equipo médico, las drogas farmacéuticas y químicos de laboratorio tan escasos en los E.U.

Trump también tiene millones de dólares en préstamos de bienes raíces cuyo plazo expira en los bancos chinos el próximo año.

En un post de Instagram, Robert Kennedy Jr. expone la complicidad del Dr. Anthony Fauci, la supuesta “voz racional” de la Administración de Trump sobre el COVID-19, en el desastre de Wuhan:

“El Daily Mail hoy reporta que ha descubierto documentos que muestran que el Instituto de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) de Anthony Fauci le dio $3.7 millones de dólares a los científicos en el Laboratorio de Wuhan en el centro del escrutinio por la filtración del Coronavirus. De acuerdo con el documento británico, ‘el subsidio federal financió experimentos en murciélagos de las cuevas donde se cree que el virus se originó.’ Antecedentes: siguiendo el brote del SARS coronavirus del 2002-2003, el Instituto Nacional de la Salud (INS) financió una colaboración por científicos chinos, virólogos del ejército de E.U. del laboratorio de bio-armas en el Fuerte Detrick y científicos del INS del NIAID para prevenir futuros brotes de coronavirus al estudiar la evolución de cepas virulentas de murciélagos en tejido humano. Esos esfuerzos incluyeron investigación de aumento de funcionalidad que usó un proceso llamado de ‘evolución acelerada’ para crear los súper bichos de la Pandemia del COVID: mutantes COVID mejorados, nacidos de murciélagos más letales y transmisibles que el COVID silvestre. Los estudios de Fauci alarmaron a científicos alrededor del mundo que se quejaron, de acuerdo con un artículo del NY Times de diciembre del 2017 de que ‘estos investigadores arriesgan crear un germen monstruo que podría escapar del laboratorio y germinar una pandemia.’ El Dr. Mark Lipsitch del Centro de Enfermedades Contagiosas de la Escuela de Salud Pública Harvard le dijo al Times que los experimentos del NIAID del Dr. Fauci ‘nos han dado algo de conocimiento científico modesto y han hecho casi nada para mejorar nuestra preparación para pandemias, y aún así arriesgaron el crear una pandemia accidental.’ En octubre de 2014, luego de una serie de accidentes en el laboratorio federal que apenas evitó liberar estos virus mortales diseñados, el presidente Obama ordenó frenar todo el financiamiento federal para los peligrosos experimentos de Fauci. Ahora parece que el Dr. Fauci podría haber evitado las restricciones federales al cambiar la investigación al laboratorio militar en Wuhan. El Congreso necesita lanzar una investigación de los daños de NIAID en China.”

Kennedy también expone a dos de los otros supuestos “expertos de salud” en el equipo de Trump, Robert Redfield y Deborah Birx:

“Redfield, Birx y Fauci lideran el grupo de trabajo #coronavirus de la Casa Blanca. En 1992, dos investigadores militares acusaron a Redfield y Birx de participar en ‘un patrón sistemático de manipulación de información, análisis estadísticos inapropiados y presentación de información engañosa en un aparente intento de promover la utilidad de la vacuna GP160 AIDS.’ Un tribunal de la Fuerza Áerea encargado de fraude y mala conducta científica concluyó que la información ‘engañosa o, posiblemente falsa’ de Redfiel ‘amenaza seriamente su credibilidad como investigador y tiene el potencial de impactar negativamete la financiación de la investigación de VIH para las instituciones militares como una unidad. Su supuesto comportamiento poco ético crea falsa esperanza y podría resultar en un despliegue prematuro de la vacuna.’ El tribunal recomendó investigación por un ‘cuerpo investigativo exterior completamente independiente.’ El Dr. Redfield confesó a los interrogadores de la D.O.D. (Departamento de Defensa de los Estados Unidos) y al tribunal, que sus análisis eran defectuosos y engañosos. Acordó corregirles publicamente. Después, continuó haciendo sus falsas aseveraciones en 3 conferencias internacionales de VIH, y se implicó en testimonio ante el Congreso, jurando que su vacuna curaba el VIH. Su maniobra funcionó. Basado en su testimonio, el Congreso se apropió de $20 millones de dólares para el ejército para apoyar el proyecto de investigación de Redfield/Birx. La organización sin fines de lucro Public Citizen se quejó en una carta de 1994 ante Henry Waxman de la Comisión del Congreso de que ese dinero ocasionaba que el Ejército matara la investigación y ‘blanqueaba’ los crímenes de Redfield. El fraude impulsó a Birx y a Redfield a carreras estelares como funcionarios de salud. Documentos obtenidos vía Tom Paine.

Aunque el gobierno chino y la mayoría del establishment político de los E.U. continúa apoyando la historia oficial del “murciélago en el mercado”, la mayoría de los estadounidenses, no. Como se reportó en el Sunday Times del Reino Unido:

“De acuerdo a la encuesta de la Investigación de Pew, sólo 43 por ciento piensan que el virus surgió naturalmente, mientras un 29 por ciento cree que fue creado en un laboratorio.”

El periodismo más infame

Es frustrante, y alarmante, que tan pocos periodistas independientes, científicos, activistas y funcionarios públicos hasta ahora han estado dispuestos a cuestionar la “historia oficial.”

Desde hace ya unos 30 años venimos advirtiendo sobre los peligros de los alimentos, cultivos y organismos genéticamente modificados (OGMs) en general, incluyendo las bio-armas de genes alterados, impulsores de genes y las nuevas tecnologías de edición de genes CRISPR.

Ahora parece que nuestros peores miedos se han materializado.

Necesitamos una investigación global pública, liderada por científicos independientes, para reunir evidencia sobre lo que realmente sucedió con el COVID-19, seguido de un Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra Biológica, para que podamos llevar a la justicia a los gobiernos chino, estadounidense y a otros perpetradores de esta pandemia, y prevenir que este tipo de desastre vuelva a suceder.

Es hora de cerrar cada laboratorio de Bioseguridad/Guerra Biológica en el mundo (incluyendo el laboratorio de Bayer y Monsanto) e implementar una verdadera prohibición en armas de destrucción masiva (WMD, por sus siglas en inglés), incluyendo todas las armas atómicas, químicas y biológicas y experimentación WMD.

Hasta que hagamos esto, ninguno de nosotros estará seguro.

Los llamados medios de comunicación progres de Estados Unidos, con unas cuantas excepciones, han fallado hasta ahora en investigar las verdaderas causas de la pandemia del COVID-19, en parte por ignorancia de las maquinaciones e imprudencia arrogante de los ingenieros de genes y científicos de guerra biológica, en parte por miedo de parecer que están de acuerdo con los desvaríos racistas de Trump, o aún peor, ser etiquetados como “teóricos de la conspiración” por demócratas del establishment y los medios de comunicación masiva.

Hablando de conspiraciones y el crimen más infame, casi todo el mundo parece haberse olvidado del pánico nacional cuando fueron los ataques bioterroristas de antrax post 9/11 – usados para justificar la invasión a Irak – contra los miembros liberales de los medios y el Congreso de E.U. En ese entonces y ahora, era claro que esos ataques fueron realizados no por terroristas árabes, ni un individuo aislado, sino por un aún no identificado grupo que diseñó y convirtió en armas esporas del laboratorio de guerra biológica del ejército estadounidense en el Fuerte Detrick, Maryland.

Tal vez piensas que no deberíamos de preocuparnos mucho, dado que una superproducción de vacunas anti-COVID están en camino, financiadas por el gobierno chino, la industria farmacéutica y la Fundación de Bill y Melinda Gates, probablemente incluyendo a algunos de los mismos ingenieros que convirtieron en arma el COVID-19.

No importa que Bill Gates, Monsanto, los gigantes genéticos y la industria farmacéutica parezcan dispuestos a unirse con Facebook y Google para implementar una vigilancia médica totalitaria las 24 horas del día, inyectándonos con una vacuna COVID-19 obligatoria y cara, mientras los dictadores del mundo, los criminales corporativos y los billonarios se esconden en un bunker con sus mansiones subterráneas.

No importa que la mayoría de las vacunas contra la gripe hasta ahora no funcionan tan bien, especialmente contra virus que mutan constantemente como el COVID-19, o que están rutinariamente envenenadas con adyuvantes de aluminio y preservativos de mercurio.

No importa que tal vez nuestra única defensa real contra la guerra biológica es dejar de comer los productos venenosos de la industria agrícola y alimentaria, y en su lugar fortalecer nuestra salud y sistemas inmunes, limpiar el aire, agua y ambiente de la Tierra, cerrar las granjas industriales, dejar de destruir el hábitat de la vida salvaje y rezar porque la inmunidad de grupo eventualmente pare la expansión del COVID-19, dado que tantos de nosotros ya hemos sido infectados, pero somos asintomáticos.

Mientras tanto, por favor no crean todo lo que leen en los medios de comunicación corporativos, Facebook o hasta la prensa progresista. Manténganse en contacto y apoyen a aquellos determinados a buscar y defender la verdad, luchar por la libertad y justicia, y organizarnos por un futuro y clima regenerativo.

No olvides comer alimentos sanos, orgánicos, agroecológicos, regenerativos, tomar tus suplementos impulsores del sistema inmune, hacer ejercicio, obtener tanto aire fresco y luz del sol como sea posible, lavar tus manos frecuentemente, mantenerte seguro, y lejos de aquellos más vulnerables.

Venceremos.

Ronnie Cummins es co-fundador de la Organic Consumers Association (OCA) y Regeneration International, y el autor de “Grassroots Rising: A Call to Action on Food, Farming, Climate, and a Green New Deal.” Para seguir informada(o) de las noticias y alertas de OCA, suscríbete aquí.

SARS-CoV-2: ¿Podría ser un arma biológica?

Francis Boyle, es un antiguo miembro de la junta del Consejo de Genética Responsable, y profesor de derecho internacional en la Facultad de Derecho de la Universidad de Illinois.

Su formación académica incluye una licenciatura de la Universidad de Chicago, un doctorado en derecho (abogado) de Harvard y un Ph. D. en ciencias políticas. Durante décadas, se ha opuesto al desarrollo y uso de armas biológicas, y ahora sospecha que el COVID-19 podría ser una de ellas.

De hecho, Boyle fue quien solicitó la creación de regulaciones sobre la guerra biológica en la Convención sobre Armas Biológicas de 1972; así mismo, redactó la Ley Antiterrorista de Armas Biológicas de 1989, que fue aprobada por unanimidad por ambas cámaras del Congreso y promulgada por George Bush.

En nuestra primera entrevista el 8 de marzo del 2020, compartió su opinión sobre los orígenes del nuevo coronavirus, SARS-CoV-2. En este artículo, continuamos con este tema, a medida que surgen más detalles sobre el virus.

En nuestra última entrevista, planteamos que Boyle no tiene ninguna capacitación formal en virología. Cuando se le preguntó qué lo califica para hablar sobre este tema explicó lo siguiente:

“Fui a la Universidad de Chicago, que es una de las mejores universidades del país. Allí tomé una secuencia de pre-medicina, que era bioquímica, biología de poblaciones y genética, y obtuve muy buenas calificaciones.

Competía con todos los estudiantes de pre-medicina de la Universidad de Chicago y mi compañero de laboratorio asistió a la Escuela de Medicina de Harvard.

Gané el premio Sigma Zi de la Universidad de Chicago y el premio en biología en mi año de graduación. Entregaban uno de estos premios por año y generalmente era para los estudiantes de último año, pero tuvieron que hacer una excepción porque mi graduación sería antes.

No soy científico, pero una de las razones por las cuales el Consejo de Genética Responsable me pidió que me involucrara es porque mis conocimientos en este campo eran bien conocidos por mis amigos en la facultad de Harvard, y así es cómo me involucré.

Tuve una excelente formación básica en la Universidad de Chicago, y mis profesores en Harvard me avalaron. Entonces, cuando solicitaron mi presencia poco después de la fundación del CRG en 1983, acepté y me pidieron que me ocupara de las armas biológicas”.

El SARS-CoV-2 podría ser un arma biológica

Nuevo coronavirus” significa que es un virus nuevo que no se sabía qué podría infectar a los humanos. Se cree que el SARS-CoV-2 se transmitió a través de un animal (transmisión zoonótica), específicamente a través de los murciélagos. Boyle descartó esta noción en nuestra entrevista, y aún rechaza la idea.

Aunque un artículo ampliamente citado, publicado en la revista Nature el 3 de febrero del 2020, afirma que el SARS-CoV-2 es un virus de origen murciélago que se transfirió a otras especies, el trabajo de Shi Zhengli, uno de los autores del artículo, estaba involucrado en la creación del virus del SARS. (Otro artículo publicado ese mismo día reitera la idea de que la pandemia COVID-19 se transmite a través de un animal).

Sin embargo, según Boyle, otro artículo científico establece que este es un virus sintético que no se transmitió de esta manera sin intervención humana.

Un artículo en The Lancet publicado por médicos que trataron a algunos de los primeros pacientes en China demostró que el paciente cero, aquel que se cree que comenzó la transmisión, nunca tuco contacto con el mercado de mariscos de Wuhan.

Además, no se vendían murciélagos en el mercado o a sus alrededores. Al menos un tercio de las personas que se revisaron tampoco habían tenido ninguna exposición o relación con el mercado. Estos datos respaldan la hipótesis de que el SARS-CoV-2 no se transmitió de esta manera, sino que es un virus diseñado.

Incluso los políticos y las agencias de inteligencia de los Estados Unidos han comenzado a sospechar que el virus se filtró del laboratorio de Bioseguridad Nivel 4 (BSL4, por sus siglas en inglés) de Wuhan. En nuestra primera entrevista, Boyle discutió la investigación que establece que el nuevo coronavirus es SARS, que es una versión del coronavirus con ciertas capacidades adicionales que aumentan su virulencia (hace que se propague más fácil y rápido).

“También consulté el artículo científico en el que la junta de salud de Australia que trabajaba con Wuhan, modificaron genéticamente el VIH en el SARS”, explica Boyle. “Entonces, todo eso se puede verificar en artículos científicos. Además, creo que lo regresaron al laboratorio BSL4 de [Wuhan] y le aplicaron nanotecnología.

El tamaño de las moléculas es de 120 micras, lo que me indica que se trata de nanotecnología. Es [algo] que se necesita hacer en un BSL4, mientras que la nanotecnología en armas biológicas es tan peligrosa que las personas involucradas deben utilizar un traje espacial con aire portátil.

También sabemos que una de las instituciones que cooperaron con este laboratorio fue Harvard, y que el presidente del departamento de química de Harvard, el [Dr. Charles Lieber], especialista en nanotecnología, estableció un laboratorio completo en Wuhan donde [según los informes] se especializó en aplicar nanotecnología en la química y la biología.

Supongo que, según lo que he leído, trataron de militarizar a juntos. Y ese es el virus con el que estamos lidiando ahora.

Entonces, es SARS, que es un agente genéticamente modificado. Tiene propiedades de adquisición funcional, lo que lo hace más letal y más infeccioso. Tiene VIH también.

Eso fue confirmado por un científico indio y parece que la nanotecnología está involucrada, ya que un científico del MIT descubrió que se trasladaba hasta 27 pies por el aire. Y supongo que eso fue en condiciones de laboratorio.

Por esta razón creo que es tan infeccioso, por qué la [recomendación de distanciamiento social] de los CDC es absurda, ya que es de 6 pies. Incluso duplicar esa distancia no ofrece ningún beneficio. Si la nanotecnología está involucrada, puede flotar en el aire.

No estoy diciendo que China causó esto deliberadamente. Pero está claro que estaban desarrollando un arma biológica muy peligrosa que nunca antes se había visto, y se filtró fuera del laboratorio.

Y tal como lo menciona el Washington Post, los funcionarios del Departamento de Estado de los Estados Unidos [informaron] a Washington que había una falta de procedimientos de seguridad en ese laboratorio. También sabemos que el SARS se ha filtrado de otros laboratorios de armas biológicas de China. Así que, creo que eso es lo que sucedió.

Creo que hasta que nuestros líderes sean transparentes, tanto en la Casa Blanca como en el Congreso y nuestro gobierno estatal, y admitan que se trata de un arma biológica extremadamente peligrosa, no creo que podremos enfrentarlo y detenerlo, y mucho menos derrotarlo”.

Origen del SARS-CoV-2

Aunque Boyle dejó en claro el origen del SARS-CoV-2 en nuestra conversación, cuando comencé a investigar fue realmente impactante porque uno de los principales investigadores del artículo del 2015 de la Universidad de Carolina del Norte, titulado “A SARS-like Cluster of Circulating Bat Coronaviruses Shows Potential for Human Emergence”, fue el Dr. Shi Zhengli, un virólogo que en el 2010 publicó un artículo que discutía el uso del virus del SARS.

Aunque el coronavirus que se encuentra en los murciélagos puede ser SARS, generalmente no infecta a los humanos ya que no se dirige al receptor ACE-2. El agente infeccioso que causa esta pandemia es conocido como SARS-CoV-2, donde el SARS significa “infección respiratoria aguda grave” y CoV-2 indica que es un segundo tipo de coronavirus del SARS que infecta a los humanos.

El SARS-CoV-2, contiene la modificación genética para unirse a los receptores ACE2 en las células humanas, lo que le permite que se desarrolle una infección. Las publicaciones de Shi demuestran que diseñó este coronavirus a un virus que se transmite a través de las especies e infecta a los humanos. De hecho, ha estado trabajando en esto durante más de 10 años.

“Es por eso que explique que el SARS es un arma de bioingeniería”, explica Boyle. “Y [la Universidad de] Carolina del Norte y el laboratorio de Australia estaban tratando de hacer algo aún más peligroso con una nueva funcionalidad y el VIH. Entonces el SARS era un [agente] de guerra que se filtró, y dio origen a la epidemia del [COVID-19]”.

Además, un documento de la India que fue retirado por la presión política, demuestra que una proteína con envoltura del virus del VIH conocida como GP41 se integró en las secuencias de ARN del SARS-CoV-2. Es decir, el virus del VIH fue modificado en el SARS.

En resumen, el SARS-CoV-2 parece ser un coronavirus de bioingeniería, que comenzó siendo benigno y no se podía transmitir a los humanos. Shi luego modificó el virus para integrar las proteínas que permiten que el virus ingrese a las células humanas al unirse a los receptores ACE-2. Esa fue la primera modificación.

La segunda modificación se dio al integrar una proteína del VIH conocida como GP141, que tiende a dañar el sistema inmunológico. Una tercera modificación parece involucrar nanotecnología para que el virus sea lo suficientemente ligero como para permanecer en el aire durante mucho tiempo, lo que le da un alcance de hasta 27 pies.

Arresto de experto en nanotecnología en conexión con el laboratorio de Wuhan

Aunque el laboratorio de Bioseguridad Nivel 4 de la ciudad de Wuhan pudo haber filtrado el virus, al parecer esta creación no está limitada a los chinos. Como señaló Boyle, el presidente del departamento de química de Harvard y experto en nanociencia, el Dr. Charles Lieber, fue arrestado a principios de este año por agencias federales, por supuestos tratos ilegales con China. Leber ha negado las acusaciones.

La Universidad Tecnológica de Wuhan (WUT, por sus siglas en inglés) supuestamente le pagó 50 000 dólares al mes del 2012 al 2017 para ayudar a establecer y supervisar el Laboratorio Nano Key de WUT-Harvard.

También recibió otros 150 000 dólares al mes en gastos de subsistencia del programa ‘Thousand Talents’ de China. El problema era que los funcionarios de Harvard afirman que no habían aprobado el laboratorio y que no lo supieron hasta 2015. Boyle comenta lo siguiente:

“La declaración de que Harvard no sabía nada, es absurda. Estudie siete años en Harvard. Tengo tres títulos de Harvard. Fui catedrático de Harvard durante 2 años.

Por supuesto, Harvard sabía que su presidente del departamento de química tenía este laboratorio en Wuhan, donde trabajaba en nanotecnología con materiales químicos y biológicos. Todo fue reportado. Y no dijeron cuáles eran los materiales. Ahora se ha informado que Harvard era una institución que cooperaba con este laboratorio en Wuhan”.

Investigadores trabajan en la ganancia de función a la gripe española

Si creemos que el SARS-CoV-2 es malo, no se trata de la versión militarizada de la gripe española, que también se ha estado desarrollando, según Boyle. Quien explicó lo siguiente:

“El trabajo [de la Universidad de Carolina del Norte] era muy peligroso y lo sabían en ese momento.

El artículo científico de la UNC [junto con] el científico [Shi Zhengli] explica que ‘Se realizaron los experimentos con los virus recombinantes SHC014 quiméricos y completos antes de la cancelar el financiamiento para la investigación del GOF y desde entonces los NIH han revisado y aprobado el financiamiento para el continuar el estudio’.

Dice recombinante, por lo que admiten que fue una investigación de nueva adquisición funcional. Los Institutos Nacionales de Salud detuvieron la investigación. ¿Por qué? Debido a una carta que emitió un grupo de científicos que expresaba que este tipo de trabajo podría ser peligroso. Por lo tanto, tuvieron que detener la investigación a pesar de la financiación de los NIH.

Leí la carta de los NIH a la Universidad de Carolina del Norte, y el UNC estaba haciendo dos proyectos de investigación de adquisición funcional. El otro estaba con el Dr. [Yoshihiro] Kawaoka de la Universidad de Wisconsin, quien había recreado el virus de la gripe española para el Pentágono.

De acuerdo con la carta, Kawaoka también estaba realizando una investigación para la adquisición funcional sobre el virus de la gripe, concluimos que era el virus de la gripe española. No decía que se trataba de la gripe española, pero detuvieron este tipo de investigación mortal.

Quiero decir, todos conocemos el alcance de la gripe española, mientras que las propiedades de adquisición funcional la hacen aún más letal e infecciosa. Eso es exactamente lo que estaba sucediendo en el laboratorio de la UNC”.

Aunque los NIH detuvieron el financiamiento para este tipo de investigación para la adquisición funcional de los patógenos letales en 2014, la autorizó nuevamente en diciembre del 2017, mientras que Boyle sospecha que el trabajo de Kawaoka también pudo iniciar nuevamente, aunque aún no existen pruebas sobre esto.

“Entonces, este era un trabajo peligroso que estaba ocurriendo en el laboratorio de UNC. Los NIH lo financió, así como el NIAID bajo las órdenes del Dr. Fauci. Sabían exactamente lo peligroso que era. Lo detuvieron y lo reanudaron”, explica Boyle.

¿Pueden imponerse sanciones por violaciones al tratado de guerra biológica?

Como se mencionó anteriormente, Boyle es profesor de derecho internacional y redactó un tratado sobre agentes y armas biológicas. Esa ley aún está en vigor y proporcionaría cadena perpetua para todos los involucrados en crear y liberar el SARS-CoV-2, si se dictamina que es un agente de guerra biológica.

“El artículo de UNC, dice que se trataba de moléculas sintéticas y en la ley de armas biológicas de 1989, criminalicé a las moléculas sintéticas.

Al principio, todo el movimiento de biología sintética fue creado por los Pentágonos DARPA. Financiaron todo el asunto. Mientras que el dinero de DARPA está detrás de la biología sintética, el impulso genético y todo lo demás.

Y es por eso que, en la primera convención de biólogos sintéticos, una de sus recomendaciones fue la derogación de la ley antiterrorista de armas biológicas, porque tenían la intención de utilizar la biología sintética para fabricar armas biológicas.

La ley aún se aplica. Proporciona cadena perpetua para todos los científicos involucrados en la Universidad de Carolina del Norte y todos los que financiaron este proyecto, por saber que era peligroso, y eso incluye a Fauci y [personas en] los NIH, la UNC, la Administración de Alimentos y Medicamentos, el Instituto del Cáncer Dana Harvard y la Organización Mundial de la Salud.”

Entonces, ¿es posible poner en marcha el proceso de justicia? Boyle explica lo siguiente:

“Existen dos maneras de hacerlo. Primero, es necesario presionar al Departamento de Justicia para que procese a estas personas. Lo cual podría ser muy difícil. Los estatutos federales requieren que los abogados de los Estados Unidos presenten los cargos.

La ley también se aplica en Carolina del Norte. No he investigado la ley de Carolina del Norte, pero fui contratado allí para enseñar derecho penal durante siete u ocho años.

Para que sea penado, es necesario demostrar una grave indiferencia hacia la vida humana. Lo cual es necesario para el homicidio.

Entonces, si no podemos lograr que [el procurador general William Pelham] Barr firme la orden para enjuiciar a estas personas, es posible que el fiscal de distrito, el fiscal estatal, el fiscal general en Carolina del Norte, instituyan y acusen a todos los involucrados por homicidio.

Y eso podría incluir hasta asesinato, malicia de previsión. El elemento clave puede ser una grave indiferencia a la vida humana. Y está claro en [el documento de la UNC del 2015], que sabían que era una adquisición funcional, lo detuvieron porque era peligroso, pero lo volvieron a aprobar.

Entonces, creo que, para acusar a estas personas bajo la ley de Carolina del Norte por las autoridades legales de Carolina del Norte, se podría utilizar la ley de Antiterrorismo de Armas Biológicas de 1989, si el gobierno federal no lo hace. Pero quiero aclarar que, no conozco la ley de Carolina del Norte”.

¿La clave podría centrarse en clausurar todos los laboratorios BSL4?

Boyle está convencido que es necesario clausurar todos los laboratorios BSL3 y BSL4, así como todo el trabajo con patógenos letales. “Todos son peligrosos”, explica. “Son una catástrofe inminente. Y ahora esto ha sucedido. Estamos cara a cara”.

El COVID-19 no es tan devastador como la Peste Negra o la gripe española de 1918, los cuales tuvieron una cifra de fallecidos impactante sin la ayuda de moléculas sintéticas y nanotecnología.

La sola idea de que cualquiera de estas enfermedades pueda volver a aparecer de una manera más mortal debería ser lo suficientemente aterradora para que el mundo se una y diga: “no queremos ni necesitamos ese tipo de investigación”. Está por ver si eso realmente sucederá.

Para concluir, aunque Boyle considera que el COVID-19 tiene la capacidad de convertirse en un asesino pandémico grave, no concuerdo del todo. Con base en todos los datos que he investigado, sospecho que el número de fallecimientos por las dificultades económicas y el estrés emocional será mucho mayor que la enfermedad en sí.

El COVID-19, declarado ahora una pandemia, sigue afectando la salud de las personas y miles ya han sido víctimas de esta misteriosa enfermedad. Pero a medida que el virus se propaga, también lo hace la información errónea que lo rodea. En estos tiempos difíciles, debe aprender a separar los hechos de la ficción para poder tomar las medidas correctas y salvaguardar su salud.

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Publicado con permiso de Mercola

El Departamento de Estado había advertido sobre problemas con experimentos de coronavirus en Wuhan

Dos años antes de que la pandemia del nuevo coronavirus pusiera patas arriba al mundo, funcionarios de la embajada de Estados Unidos visitaron varias veces un centro de investigaciones chino en la ciudad de Wuhan y enviaron dos advertencias oficiales a Washington sobre la insuficiente seguridad del laboratorio, el cual estaba realizando estudios riesgosos sobre los coronavirus en los murciélagos. Los cables han fomentado el debate dentro del gobierno estadounidense acerca de si este u otro laboratorio de Wuhan fueron el lugar de origen del virus, aunque aún no existen pruebas concluyentes al respecto.

En enero de 2018, la embajada de Estados Unidos en Pekín tomó la inusual medida de enviar repetidas veces a científicos diplomáticos estadounidenses al Instituto de Virología de Wuhan (WIV, por su sigla en inglés), el cual en 2015 se había convertido en el primer laboratorio de China en conseguir el nivel más alto de seguridad en investigación biológica internacional (conocido como BSL-4). El WIV emitió un comunicado de prensa en inglés sobre la última de estas visitas, la cual ocurrió el 27 de marzo de 2018.

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