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Cómo la tecnocracia médica hizo posible la pandemia

Durante la conferencia ‘Doctors for Disaster Preparedness’ que se llevó a cabo 16 de agosto de 2020 en Las Vegas, Nevada, la Dra. Lee Merritt —una cirujana ortopedista de Logan, Iowa— presentó su ponencia “SARS-CoV2 and the Rise of Medical Technocracy”.

En ella analiza cómo se puede influir en el poder geopolítico mediante la falta de un ejército o una guerra declarada. Habla de la disonancia cognitiva que enfrentamos en la actualidad, cuando lo que dicen no corresponde con los hechos o con el pensamiento lógico.

Y analiza cómo los tecnócratas médicos, los llamados expertos médicos y líderes políticos que han enloquecido al mundo como respuesta al COVID-19, se han equivocado en todo lo que nos han estado diciendo.

Se han equivocado sobre la evaluación inicial de riesgos, las pruebas, las medidas preventivas, el uso de tapabocas y el distanciamiento social. Han mezclado los “casos” o las pruebas positivas con la enfermedad real. También son culpables de errores de omisión, ya que no expresan lo que creen los médicos y científicos.

“Puedo darles el beneficio de la duda cuando se equivocan en una o dos cosas, pero cuando se equivocan en todo, no es por casualidad”, explica Merritt. “Tenían que haber ideado lo mejor para nosotros si es algo que les preocupaba”.

El video está disponible solo en inglés

 

El comienzo de la tecnocracia

Merritt atribuye su comprensión de la tecnocracia al libro de Patrick Wood titulado Technocracy Rising: The Trojan Horse of Global Transformation. Mientras que Wood también es el editor en jefe del sitio web Technocracy News & Trends. Hace poco entrevisté a Wood. Su entrevista aparece en mi artículo “Los peligros apremiantes de la tecnocracia“.

Como explicaron Wood y Merritt, la tecnocracia es una ideología construida alrededor del gobierno totalitario por líderes no electos. La tecnocracia comenzó en la década de 1930 durante la Gran Depresión, cuando los científicos e ingenieros se unieron para resolver los problemas económicos de la nación.

Parecía que el capitalismo y la libertad empresarial iban a decaer, por lo que decidieron inventar un nuevo sistema económico. Llamaron a este sistema “tecnocracia”. La palabra proviene de la palabra “techn”, que significa “habilidad”, y del Dios “Kratos”, quien personifica el poder. Como explica Merritt, un tecnócrata es una persona que ejerce poder sobre las personas con base en sus conocimientos.

Al ser un sistema económico, la tecnocracia depende de los recursos. En lugar de basar el sistema económico en la fijación de precios como la oferta y la demanda, este sistema se basa en los recursos energéticos. Es decir, bajo este sistema, se dictamina qué recursos pueden utilizar las empresas y cuáles se pueden vender.

Un ejemplo de este sistema es cuando el antiguo presidente Obama buscaba implementar multas económicas para las personas que no querían o podían comprar un seguro médico, por lo cual no se tenía la libertad de elegir si una persona deseaba adquirir un servicio o no. Las únicas opciones son adquirir lo obligatorio o pagar una multa.

El sistema tecnocrático también implica, de hecho, requiere ingeniería social, que se basa en recopilar información de manera masiva y utilizar inteligencia artificial. Desde entonces, los tecnócratas han avanzado pasando desapercibidos, y su agenda se está volviendo cada vez evidente.

El imperio de los tecnócratas también se ha hecho evidente durante la pandemia. La censura y manipulación de la información médica es parte fundamental de la ingeniería social de este sistema.

Mentiras sobre el riesgo de muerte por COVID-19

En su conferencia, Merritt repasa varias mentiras de la élite tecnocrática, las cuales comienzan por el riesgo de muerte. De acuerdo con las muertes per cápita, la tasa de mortalidad por COVID-19 es del 0.009 % (709 000 personas han muerto a causa del COVID-19 a nivel mundial, mientras que la población mundial es de 7800 millones). Eso significa que la probabilidad de sobrevivir a esta enfermedad es del 99.991 %.

Nueva York, que es el área con la tasa de mortalidad más alta, tiene una tasa de muerte per cápita del 0.17 %; sin embargo, el Dr. Anthony Fauci elogió a Nueva York por su excelente respuesta para combatir el COVID.

Este es solo un ejemplo que ha causado disonancia cognitiva, ya que no es lógico elogiar el área con una mayor tasa de mortalidad (incluso si es baja) por tener una de las mejores respuestas.

Resulta curioso que, cinco de los seis países con las tasas de mortalidad más bajas (entre el 0.00003 % y el 0.006 %) tomaron otras medidas de respuesta a la pandemia, ya que implementaron el distanciamiento social ni el cierre de negocios.

Sin embargo, se nos dice que estas medidas son muy necesarias y deben continuar, quizás de manera indefinida. Esto también crea una disonancia cognitiva masiva, ya que va en contra de toda lógica. Si una acción no tiene un beneficio observable, no tiene sentido continuar, y mucho menos afirmar que era y es necesario.

Movimiento deliberado sobre las “pruebas positivas” y los “casos”

Además, en lugar darles esperanzas a las personas y regresar a la normalidad cuando la cifra de mortalidad comenzó a disminuir, la narrativa cambió la atención a los “casos”, es decir, las personas que obtuvieron un resultado positivo de SARS-CoV-2, sin importar si tenían síntomas. Más disonancia cognitiva, ya que la medida principal de amenaza es la letalidad.

Como señaló Merritt, desde la antigüedad, un “caso” se refiere a una persona enferma y no a una persona que no presenta síntomas de enfermedad.

Ahora, este término médico bien establecido, ha sido redefinido para referirse a una persona que obtiene un resultado positivo en la prueba de presencia de ARN viral. “Eso no es epidemiología, sino un fraude”, dice Merritt.

Además, la mayoría de las pruebas utilizadas no tienen puntos de referencia, lo que significa que no sabemos cuáles son las tasas de falsos positivos y falsos negativos. Y, muchas áreas están abordando “casos” adicionales cuando una persona obtiene un resultado positivo y ha estado cerca de otras personas. “Eso es fraude”, dice Merritt.

Es posible observar que la propaganda del miedo causado por los tecnócratas está funcionando en una encuesta reciente, que encontró que los ‘millennials’ consideran que el 2 % de su generación morirá a causa del COVID-19. “Eso es 10 000 veces mayor que las cifras reales”, explica Merritt. “No concuerda con la realidad”.

Mentiras sobre el uso de tapabocas

La segunda mentira trata sobre los beneficios de usar tapabocas. “No existe un respaldo científico, entonces, ¿por qué las usamos?” Pregunta Merritt. Es “solo una señal de sumisión”. Como se señaló en su presentación, “The strongest argument for mask wearing is it sounds good” (El argumento más fuerte contra el uso de tapabocas es que no funcionan en lo absoluto).

Junto a esa cita hay una foto del rostro de un hombre cubierto de partículas de polvo después de serrar placas de yeso con un tapabocas medico de clase II, con la leyenda: “Cada partícula de polvo de yeso mide 10 micrones. El coronavirus mide 0.125 micrones. ¿Alguna pregunta?”

El coronavirus es casi 100 veces más pequeño que el polvo de yeso. Es decir, los tapabocas quirúrgicos no pueden bloquear el coronavirus (o cualquier otro virus).

Las cajas de los tapabocas quirúrgicos vienen con una advertencia de que los tapabocas “no ofrecen ninguna protección frente al COVID-19 u otros virus” y “no reduce el riesgo de contraer ninguna enfermedad o infección”.

Lo mismo ocurre con los respiradores N95, ya que solo bloquean partículas de más de 0.3 micrones. Los respiradores N95 se utilizan en entornos hospitalarios para proteger frente a la tuberculosis, ya que el virus de la tuberculosis tiene un tamaño de 3 micrones.

Sin embargo, es importante usar la talla correcta, ajustarlo a su rostro de manera adecuada y seguir ciertos procedimientos al ponérselo y quitárselo para evitar la contaminación cruzada.

Los respiradores de OSHA, utilizados por trabajadores de construcción y otras industrias, también filtran hasta 0.3 micrones, pero están equipados con una válvula unidireccional. Por lo tanto, solo filtra el aire que entra, y no el aire que sale. Entonces, esto no protege a los demás.

La calidad de los datos es lo que importa

Merritt también analiza el artículo “Identifying Airborne Transmission as the Dominant Route for the Spread of COVID-19” en la revista científica PNAS, en la que los autores pretenden apoyar el uso de tapabocas al considerar la ciudad de Nueva York como modelo. Según Merritt, ella tiene serias preocupaciones sobre este estudio, ya que no controla el factor que reduce la humedad.

Cuanto mayor sea la humedad, menor será la tasa de contagio. El documento también tiene “todas estas referencias extrañas”, dice Merritt, “que no están relacionadas con los precursores de cualquier cosa que se mire para hacer este tipo de investigación”.

Es más, al menos uno de los autores mencionados, Yuan Wang, no tiene antecedentes médicos. Está en la división de ciencias planetarias y geológicas de Cal Tech.

El gráfico que demuestra que la tasa de contagio en la ciudad de Nueva York disminuyó cuando se ordenó el uso de tapabocas también coincide con la pendiente natural que se observó en Suecia (que no tenía ninguna restricción ni mandato de tapabocas) a medida que la infección seguía su curso. De ninguna manera prueba que el uso de tapabocas prevenga la infección. “Considero que este es un fraude muy sofisticado”, dice Merritt.

También revisa otras publicaciones en la literatura médica que demuestran que los tapabocas no protegen frente a las infecciones virales, incluyendo una revisión de mayo de 2020 de los propios Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), sobre la cual escribí en mi artículo anterior “OMS admite que no hay evidencia de que los tapabocas prevengan las infecciones virales”.

En esa revisión, los CDC concluyeron que los tapabocas no protegen frente a la influenza en entornos que no están relacionados con la atención médica.

Merritt también cita estudios que demuestran que no hay diferencia entre los tapabocas quirúrgicos y los respiradores N95. Para comprender mejor la ciencia, Merrit recomienda leer el artículo de Denis Rancourt, “Masks Don’t Work: A Review of Science Relevant to COVID-19 Policy”.

Mentira sobre el uso de tapabocas y el distanciamiento social

La sospecha de que los tapabocas son poco más que un símbolo de represión también se fortalece por el hecho de que los legisladores se están excluyendo a sí mismos y a ciertas categorías de trabajadores.

Dos ejemplos dados en la conferencia de Merritt es el mandato de tapabocas en la ciudad de Washington D.C., que excluye a los legisladores y empleados del gobierno. En Wisconsin, el gobernador ha excluido a todos los políticos de este mandato.

Si los tapabocas realmente funcionaran, ¿no serían lógicos que estos trabajadores los utilizaran en todas partes para no enfermarse y morir?

La tercera mentira que revisa Merritt es la regla de distanciamiento social de 6 pies. Treinta y cuatro minutos después de la conferencia, es posible encontrar un video de un estudio publicado el 26 de marzo de 2020 en JAMA Insights, que demuestra las emisiones de partículas que se liberan al estornudar.

En este estudio, demostraron que las emisiones pueden alcanzar de 7 a 8 metros (23 a 27 pies), muy lejos de la distancia que dijeron que nos mantendrá a todos a salvo.

Los agentes lisosomotrópicos no funcionan

La mentira número 4 que Merritt considera la más grande de todas, es que los agentes lisosomotrópicos (medicamentos que acidifican el lisosoma) como la cloroquina y la hidroxicloroquina no funcionan. Fauci ha declarado que estos medicamentos no funcionan, que no hay evidencia suficiente o que la evidencia es solo anecdótica.

Sin embargo, los propios Institutos Nacionales de Salud publicaron una investigación en 2005 que demostraba que la cloroquina tiene la capacidad de inhibir la infección y la propagación del coronavirus del SARS, y que en realidad tiene beneficios profilácticos y terapéuticos.

Como director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID), que forma parte de los NIH, desde 1984, Fauci debe estar al tanto de estos hallazgos.

En cuanto a cuál podría ser el motivo para detener el uso de hidroxicloroquina, a pesar de toda la evidencia que demuestra que funciona cuando se usa al principio del tratamiento, Merritt señala un estudio de 2006 en el Virology Journal, con el título de “In Vitro Inhibition of Human Influenza A Virus Replication by Chloroquine”.

Ese estudio entregó “pruebas abrumadoras de que la cloroquina inhibe la influenza A”, dice Merritt. Ahora bien, si un medicamento genérico puede prevenir la infección por influenza, ¿para qué necesitaríamos las vacunas que combaten la influenza estacional?

Otro artículo “Effects of Chloroquine on Viral Infections: An Old Drug Against Today’s Diseases?”, publicado en The Lancet Infectious Diseases en 2003, discutió el potencial de la cloroquina para combatir una variedad de enfermedades virales.

Por lo tanto, no solo podríamos tener un remedio económico para combatir la gripe, sino que también podría ser beneficioso para combatir muchas otras enfermedades. En resumen, si estos medicamentos fueran reconocidos por sus beneficios antivirales, podrían afectar el negocio de la industria farmacéutica. Esa podría ser la razón por la que no se aconseja su uso.

Todo tiene que ver con el dinero

Merritt también revisa la experiencia clínica del Dr. Vladimir Zelenko con la hidroxicloroquina. Por supuesto, los medios menospreciaron a Zelenko en lugar de elogiar sus éxitos para combatir el COVID-19.

Aún más atroz, señala Merritt, fue el hecho de que un fiscal federal de Baltimore inició una investigación sobre Zelenko con base en su declaración de que la hidroxicloroquina está aprobada por la FDA. “Está aprobada por la FDA”, dice Merritt. “La FDA no tiene que volver a autorizar su uso cuando hay una nueva indicación”.

Los médicos siempre han tenido la capacidad de recetar medicamentos para otros problemas de salud una vez que han sido aprobados por la FDA, que es lo que los médicos han estado haciendo con la hidroxicloroquina. Pero ahora, de repente, esa práctica común (y legal) se presenta como controvertida, poco ética o ilegal.

Didier Raoult, microbiólogo francés, experto en enfermedades infecciosas y ganador de un premio científico, así como fundador y director del hospital de investigación Institut Hospitalo-Universitaire Méditerranée Infection, dijo que cuando a los pacientes se les administró una combinación de hidroxicloroquina y azitromicina inmediatamente después de su diagnóstico, la tasa de recuperación y “cura virológica” fue del 91.7 %.

Merritt también revisa la ciencia que se ha utilizado para suprimir el uso de hidroxicloroquina, al referirse a estos estudios como “un nuevo nivel de documentos falsos”. En un caso, los autores sacaron el conjunto de datos de la nada. Ellos lo inventaron. Sin embargo, estos artículos se publicaron en The Lancet y The New England Journal of Medicine, dos de las revistas médicas más prestigiosas del mundo. Vale la pena preguntarse cómo pudo suceder eso.

Como señaló Merritt, lo que se nos dice y lo que los hechos confirman no tiene sentido:

La hidroxicloroquina cuesta entre 10 y 20 dólares, está aprobada por la FDA, tiene pocos efectos secundarios y se ha demostrado que reduce hasta un 50 % la tasa de muerte cuando se administra al comienzo del tratamiento de COVID-19.

Sin embargo, Fauci está impulsando el uso de remdesivir, un medicamento por vía intravenosa para la infección grave por COVID-19 en etapa tardía que cuesta 3600 dólares y se ha demostrado que causa efectos secundarios graves hasta en el 60 % de las personas y no reduce la tasa de mortalidad. Solo reduce la tasa de recuperación hasta un 31 %, o cuatro días.

Merritt considera que la razón por la que no estamos adoptando la hidroxicloroquina es porque podría destruir la industria de las vacunas de 69 mil millones de dólares. Eso puede justificar un encubrimiento, señala.

El medicamento podría eliminar una de las herramientas más importantes del poder geopolítico que tienen los tecnócratas, que es el terrorismo biológico. Si sabemos cómo tratarnos y protegernos frente a los virus diseñados, su capacidad para mantenernos con miedo se desvanece.

Mentiras por omisión y sus motivos

Por último, pero no menos importante, Merritt analiza las mentiras por omisión, hechos que habrían salvado vidas si hubieran sido promovidos. Esto incluye datos que demuestran que los niveles más altos de vitamina D reducen la gravedad y la mortalidad de la infección por COVID-19. Entonces, ¿quién se beneficia de suprimir información vital y de promover mentiras?

Según dos investigadores, John Moynahan y Larry Doyle, Bill Gates negoció un contrato para rastrear personas por 100 mil millones de dólares con el congresista demócrata Bobby L. Rush, quien también presentó un HR 6666, la Ley de rastreo del COVID-19, seis meses antes de que estallara la pandemia de COVID-19, durante una reunión de agosto de 2019 en Ruanda, África Oriental.

El gobierno de los Estados Unidos también compro 100 millones de dosis de una vacuna contra el COVID-19 que Pfizer y BioNTech aún están desarrollando. Como señaló Merritt, seguimos observando cómo las compañías farmacéuticas financian grupos de trabajo sobre enfermedades, y obtienen miles de millones en ganancias cuando estalla una enfermedad.

Pero además de las ganancias, Merritt está convencido de que hay otra razón detrás de las respuestas a la pandemia. Ella señala cómo en unos cuantos meses, hemos cambiado de un estado de libertad a un estado de totalitarismo. Y esto se logró a través de los mecanismos tecnocráticos de la ingeniería social, que por supuesto implica manipulación psicológica.

Herramientas de manipulación psicológica

Merritt revisa el trabajo del profesor de psiquiatría de Albert Biderman sobre la manipulación psicológica y su “tabla de coerción”, todo lo cual puede estar relacionado con la respuesta COVID-19:

Técnicas de distanciamiento. Distanciamiento social, distanciamiento de los seres queridos y confinamiento solitario.
Monopolizar la percepción. Monopolizar el ciclo de noticias 24 horas al día, 7 días a la semana, censurar las opiniones y crear entornos estériles al clausurar bares, gimnasios y restaurantes.
Técnicas denigrantes. Reprender, avergonzar a las personas (o incluso atacar físicamente) a quienes se niegan a usar tapabocas o mantener su distancia social o que eligen su libertad sobre el miedo.
Debilidad inducida. Verse obligado a permanecer en casa y no poder ejercitarse ni socializar.
Amenazas. Amenazas de quitarle a sus hijos, aislamiento prolongado, cierre de negocios, multas por incumplimiento de las reglas de tapabocas y distanciamiento social, vacunación forzada, etc.
Demostrar omnipotencia. Detener al mundo entero, reclamar autoridad científica y médica.
Cumplimiento de demandas. Los ejemplos incluyen a los miembros de la familia que se ven obligados a mantener su distancia en el banco a pesar de llegar juntos en el mismo automóvil, tener que usar un tapabocas al ingresar a un restaurante, aunque es posible quitárselo tan pronto y se siente, o tener que usar uno al caminar solo en la playa.
Complacencia ocasional. Reapertura de algunas tiendas y restaurantes, con solo una capacidad determinada. Sin embargo, parte del plan de coerción es que las indulgencias siempre se vuelven a quitar, y es posible que tengamos que detener el mundo de nuevo este otoño.

Merritt incluye mucha información en su presentación, por lo que recomiendo tomarse el tiempo para consultarla. Aparte de lo que ya he resumido anteriormente, también explica lo siguiente:

  • La influencia de la Organización Mundial de la Salud y su mayor patrocinador, Bill Gates, y sus muchas conexiones con las industrias de medicamentos y vacunas, la economía digital y las tecnologías de seguimiento digital
  • Las curiosas similitudes entre el Evento 201 financiado por Gates y los eventos mundiales actuales
  • Los constantes fracasos para crear vacunas para combatir el coronavirus en el pasado, ya que todos los ensayos revelaron que las vacunas causaron una mejora inmunológica paradójica, que hizo que la enfermedad fuera más letal
  • Conflictos de intereses de Fauci

Publicado con permiso de Mercola.com

El COVID y el Nuevo Orden Mundial: el imperio de los milmillonarios

Se está utilizando la pandemia del COVID-19 para crear un gobierno mundial con el poder enfocado en un grupo de milmillonarios.

En marzo de 2020, el proyecto del Nuevo Orden Mundial de las Naciones Unidas (UNNWO, por sus siglas en inglés) anunció su campaña anual del Día Internacional de la Felicidad, junto con un llamado a la solidaridad y la unión para combatir el COVID-19. El tema de la campaña, según el UNNWO, fue el siguiente:

“… hacemos un llamado a las 7800 millones de personas en el mundo, y las 206 naciones y territorios del planeta, para que se unan de manera solidaria y firme en la lucha contra el coronavirus COVID 19”.

Aunque los objetivos de sustentabilidad del UNNWO como abordar la pobreza, el hambre, la contaminación del agua y más, parecen admirables, caen en la manipulación del gobierno mundial como la censura de los medios, la vigilancia masiva de los ciudadanos y el control total de la atención médica, como explicare con más detalle a continuación.

Un claro ejemplo de los peligros de las iniciativas es la Agenda de Inmunización de la Organización Mundial de la Salud del 2030, cuyo objetivo es vacunar a todas las personas en el mundo.

Bill Gates de la Fundación Bill y Melinda Gates, quien es un gran financiador de la OMS, tiene la intención de vacunar a la población mundial para enfrentar al COVID-19, así como rastrear y monitorear a las personas a través de la vigilancia digital. La Fundación Rockefeller también apoya el seguimiento masivo de las personas, todo bajo la excusa de detener la pandemia.

Pero ¿es posible que un gigantesco sistema global de vigilancia creado por el COVID-19 sea desmantelado una vez que desaparezca la pandemia? ¿O solo se transformará en otros métodos de vigilancia presentados como mecanismos para proteger la “salud pública”?

La obsesión por las vacunas está controlando las masas

A medida que la pandemia del COVID-19 sobrepasó los seis meses y aumentó el número de casos reportados en algunos países y estados, la espera de una vacuna se intensificó, con numerosos fabricantes compitiendo por ser los primeros en obtener resultados.

Esa distinción se produjo a mediados de julio, cuando los resultados iniciales de una vacuna desarrollada por Moderna, patrocinada por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, recibieron una crítica positiva en The New England Journal of Medicine (NEJM) y complació a Wall Street.

Lo interesante es que Moderna “nunca había producido una vacuna que fuera aprobada, ni tampoco había realizado pruebas masivas”, según The New York Times. Sin embargo, aprovechó la oportunidad del COVID-19 y continuo con su trabajo. Pero cuando lo piensa, es irracional toda la atención que ha obtenido el candidato a la vacuna.

Los efectos adversos son una probabilidad, tal como sucede con todas las vacunas. Incluso las personas que defienden las vacunas han expresado su preocupación sobre los posibles efectos adversos de una vacuna tan apresurada.

Algunas personas importantes están hablando al respecto, desde Bill Gates (más sobre esto a continuación), el presidente ejecutivo de Merck, Kenneth Frazier, hasta el inventor de la vacuna contra el rotavirus, el Dr. Paul Offit, quien una vez ocupó la cátedra en Merck en el Hospital de Niños de Filadelfia.

Offit expresó su opinión sobre la rapidez con la que las compañías de vacunas estaban impulsando el desarrollo de la vacuna, y advirtió sobre posibles problemas de seguridad y eficacia que podrían ocurrir al suministrarla a miles de personas “sin una gran prueba de seguridad y eficacia”.

Frazier tenía preocupaciones similares, al comentar que “Si van a usar una vacuna en miles de millones de personas, es mejor saber qué puede hacer dicha vacuna”. En esa misma línea de pensamiento está la cuestión, como con todas las vacunas, de que la inmunidad o la duración no estén aseguradas porque esta “inmunidad” no se está adquiriendo de manera natural.

Otra cuestión es que el monitoreo de las personas y las aplicaciones para determinar el contacto de una persona que pudo haber estado expuesta son demasiado agresivos.

Por ejemplo, incluso si una persona no experimenta síntomas de COVID-19, los gobiernos, ya sean locales o nacionales, podrán ponerla en cuarentena en contra de su voluntad, según un YouTuber que relata su entrenamiento para monitorear personas en un video.

Además, según el destacado perito en derecho Alan Dershowitz, gracias a un fallo que sucedió hace 115 años en la Corte Suprema de los Estados Unidos, las autoridades pueden exigir la vacunación de una persona en contra de su voluntad con el fin de proteger la salud pública. Por otro lado, no pueden hacerlo si la vacuna está destinada únicamente a proteger la salud de una persona, explica.

Mientras que otros académicos debaten qué tan lejos puede llegar el gobierno federal con esto, dichas amenazas a los derechos y la salud continúan en aumento. Y, ciertos grupos de medios de comunicación, que deberían apoyar la libertad de expresión, están apoyando la propuesta de remover los derechos de libertad de expresión.

Media Matters, que es el grupo liberal de vigilancia de los medios de comunicación, está tratando de desacreditar a los grupos de seguridad de las vacunas que creen que podrían detener el uso de vacunas a nivel mundial.

El grupo Media Matters promueve la censura de los grupos para la seguridad de las vacunas

Un artículo de Media Matters, titulado “The Most Notorious Anti-Vax Groups Use Facebook to Lay the Groundwork Against the Novel Coronavirus Vaccine”, trata de desacreditar al Centro Nacional de Información Sobre Vacunas (NVIC, por sus siglas en inglés), el Children’s Health Defense y el Informed Consent Action Network.

El artículo determina que estos grupos son una amenaza:

“Dado a que aumentaron los casos del nuevo coronavirus y se están realizando muchos esfuerzos para desarrollar una vacuna, las organizaciones más importantes que buscan combatir el uso de vacunas en los Estados Unidos están utilizando Facebook y otras plataformas de redes sociales para desacreditar una posible vacuna”.

Media Matters está enfurecido porque Facebook permite que los grupos parezcan de carácter informativo en lugar de calificarlos como “información falsa sobre vacunas”. Esto es muy importante, escribe Media Matters, porque el apoyo hacia las vacunas está disminuyendo:

“En los Estados Unidos, el apoyo a las vacunas ha sido mucho menor durante las dos últimas décadas. Una encuesta realizada en enero de 2020 en Gallup encontró que el 84 % de las personas en los Estados Unidos cree que es ‘importante’ vacunar a los niños, frente al 94 % en el 2001.

La encuesta encontró que el apoyo a las vacunas es menor ‘entre casi todos los subgrupos en los Estados Unidos’. Gallup atribuyó esto a la información falsa sobre las vacunas, en particular la relación entre las vacunas y el autismo”.

La vacunación es cada vez más difícil de promocionar

Media Matters cita un estudio de 2014 publicado en la revista Pediatrics que identificó cuatro formas en las que se promocionan las vacunas y cómo ninguno de estos mensajes está funcionando.

La revista enumeró las cuatro maneras de “disminuir la mala percepción sobre las vacunas y aumentar las tasas de vacunación para combatir el sarampión, las paperas y la rubéola”:

  • Por medio de información de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades que explica la falta de evidencia de que la MMR causa autismo
  • Por medio de Información textual de la Vaccine Information Statement sobre los peligros de las enfermedades que previene la MMR
  • Por medio de imágenes de niños con enfermedades que se previnieron por la vacuna MMR
  • Por medio de un texto dramático de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades sobre un bebé que casi muere de sarampión

Sin embargo, los mensajes no funcionan e incluso son contraproducentes, explica Media Matters. [Y] “podría ser contraproducente tratar de ‘corregir la información falsa sobre las vacunas'”.

Es probable que los mensajes sean contraproducentes porque las grandes compañías farmacéuticas y las grandes compañías de biotecnología enfrentan un problema de credibilidad, gracias a los muchos medicamentos que han retirado del mercado después de asegurar que son seguros.

Además, el “contenido que está en contra de las vacunas”, como lo llama Media Matters, podría ser más convincente que los mensajes diseñados para vender las vacunas:

“Otro factor negativo en Facebook y otros medios sociales es que la investigación sugiere que el contenido que está en contra de las vacunas tiende a ser más popular que el contenido que apoya las vacunas”.

Es probable que estos mensajes tengan un mayor impacto en las personas más jóvenes que tienden a usar más las redes sociales, admite Media Matters:

“Según un informe del Center for Countering Digital Hate… en los Estados Unidos, la cifra de personas que ‘usan más las redes sociales que los medios tradicionales para leer noticias y actualizaciones sobre el Covid’ y que aceptaran la vacuna es menor que las personas que consultan los medios de comunicación tradicionales”.

Media Matters tiene una enorme influencia sobre los medios de comunicación convencionales

Los 2 millones de dólares de financiamiento de Media Matters provienen de progresistas ricos a través de la Fundación Tides, con otros financiamientos de MoveOn.org y el New Democrat Network, según la revista National Review. En 2010, George Soros, una de las personas más ricas del mundo le otorgó un millón de dólares al grupo, según The New York Times.

El autoproclamado “grupo de verificación de hechos”, fundado por David Brock, afirma que su misión es contrarrestar a los medios conservadores, y ha tenido mucho éxito. Según el sitio web Daily Caller:

“El grupo logró su primer paso significativo en 2007 con el despido del anfitrión Don Imus de MSNBC. Justo antes de Pascua de ese mismo año, un empleado de Media Matters grabó el ataque de Imus contra el equipo de baloncesto femenil, Rutgers, y de inmediato reconoció su potencial provocativo.

La organización entró en acción, al notificar a organizaciones como la NAACP, la National Association of Black Journalists, y Sharpton’s National Action Network, todas las cuales se unieron a la causa. Al final de la semana, despidieron a Imus”.

Media Matters enlistó a la National Hispanic Media Coalition, la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos y grupos similares para presionar a la CNN a expulsar a Lou Dobbs por presuntos comentarios racistas. En noviembre de 2009, Dobbs dejó CNN, y el Daily Caller citó a un miembro de Media Matters que hizo el comentario: “Logramos que lo despidieran”.

Media Matters también lanzó lo que denominaron una “campaña para exponer la retórica racista de Glenn Beck con el fin de educar a los publicistas sobre las prácticas en su programa”. La campaña fue de gran ayuda para su salida de Fox News.

Media Matters también puede publicar sus historias tergiversadas en canales de noticias y etiquetarlas como reales. Según Daily Caller, fuentes de la organización presumieron de haber creado historias en The Washington PostSan Francisco ChronicleThe Angeles Times y en blogs como Daily Kos, Salon y HuffPost. También informaron su participación en The New York Times:

“Jim Rainey en el LA Times publicó muchos artículos nuestros”, continuó el empleado. “También lo hizo Joe Garofoli en el San Francisco Chronicle. Le hemos enviado historias a Eugene Robinson y EJ Dionne [para el Washington Post]. Brian Stelter en el New York Times fue de mucha ayuda.

Ben Smith, un antiguo político que trabaja en BuzzFeed.com, publica la historia que desee”, explicó el antiguo empleado, cuya cuenta fue confirmada por otras fuentes. Los empleados de Media Matters “sabían que podían otorgarle material a Ben Smith y Plum Line, que es el blog del Washington Post de Greg Sargent, y es ahí a donde lo enviaron”.

Según lo descrito por Sharyl Attkisson, el impacto de Media Matters preocupa a muchas personas:

“El problema es que muchas organizaciones de noticias e incluso grupos de periodismo como Poynter usan Media Matters y sus afiliados como si se tratara de fuentes legítimas.

Es posible que ignoren las inclinaciones de Media Matters, o prefieran mantener a los lectores mal informados porque están de acuerdo con sus puntos de vista.

Uno de los principales intereses que Media Matters y sus afiliados siempre han tenido a lo largo de los años es el de la industria farmacéutica. A menudo difaman a los científicos y periodistas que informan los problemas de seguridad en torno a los medicamentos y vacunas, al clasificarlos como ‘anti-vaxxers’.

Por supuesto, es como si alguien le dijera que ya no compra llantas Firestone porque tienen muchos problemas, eso no quiere decir que me opongo al uso de las llantas, tampoco quiere decir que no creo en la caridad, simplemente porque expongo el fraude dentro de organizaciones benéficas”.

El COVID-19 y las vacunas son una manera de incrementar la riqueza cuantiosa

Forbes compiló una lista de 10 milmillonarios que se han beneficiado desde el inicio de la pandemia del COVID-19. Hasta arriba de la lista podemos encontrar a Stéphane Bancel, presidente ejecutivo de Moderna, cuyos resultados de los ensayos fueron publicados por NEJM. Según Forbes:

“Cuando la OMS declaró una pandemia, el patrimonio neto estimado de Bancel era de unos 720 millones de dólares.

Desde entonces, las acciones de Moderna han tenido un repunte bursátil de 103 %, lo que aumentó su fortuna a un estimado de 1500 millones.

Bancel, ciudadano francés, se unió por primera vez a las filas de los milmillonarios el 2 de abril, cuando las acciones de Moderna subieron ante la noticia de que la empresa planeaba comenzar la segunda fase de los ensayos de su vacuna”.

Bancel está lejos de ser la única persona que se ha convertido en un “milmillonario de la biotecnología” gracias al lucrativo desarrollo de las vacunas, tratamientos y herramientas de diagnóstico para el COVID-19 que los gobiernos solicitan y han sido financiados por los contribuyentes. Otros ejemplos son:

1.Gustavo Denegri. Tiene una participación del 45 % en la empresa italiana de biotecnología DiaSorin y tiene un patrimonio neto de 4500 millones de dólares.

2. Seo Jung-Jin. Ayudó a fundar Celltrion, que es una compañía biofarmacéutica en Seúl y tiene un patrimonio neto de 8400 millones de dólares.

3.Alain Mérieux. Su abuelo fundó BioMérieux, una compañía multinacional francesa de biotecnología y tiene un patrimonio neto de 7600 millones de dólares.

4.Maja Oeri. Oeri es descendiente de Fritz Hoffmann-La Roche, el fundador de la compañía farmacéutica Roche y posee alrededor del 5 % de las acciones de Roche y tiene un patrimonio neto de 3200 millones de dólares.

5.Leonard Schleifer. Ayudo a fundar Regeneron Pharmaceuticals y tiene un patrimonio neto de 2200 millones de dólares.

6.George Yancopoulos. Es el director científico de Regeneron y tiene un patrimonio neto de 1200 millones de dólares.

7. y 8. Thomas y Andreas Struengmann. Estos gemelos vendieron su compañía de medicamentos genéricos Hexal a Novartis en 2005, tienen otras inversiones en biotecnología y tienen un patrimonio neto de 6900 millones de dólares.

9.Li Xiting. Ayudó a fundar Mindray Medical International, que es el mayor productor de equipos médicos en China y tiene un patrimonio neto de 12 600 millones de dólares.

La pandemia ha incrementado la brecha de riqueza

Estados Unidos ha sido famoso por su extrema riqueza y desigualdad de ingresos, mientras que los más ricos se han vuelto aún más ricos por la pandemia, según el Instituto de Estudios de Política:

“Entre el 1 de enero de 2020 y el 10 de abril de 2020, 34 de los 170 milmillonarios más ricos del país experimentaron una mayor riqueza en decenas de millones de dólares. Ocho de ellos experimentaron un aumento neto de 1000 millones dólares.

Del 1 de enero al 15 de abril de 2020, la fortuna de Jeff Bezos aumentó a 25 000 millones de dólares, mientras que este aumento por sí solo es mayor que el Producto Interno Bruto de Honduras de 2018, que fue de 23 900 millones.

La riqueza de los cinco milmillonarios más ricos del mundo, Jeff Bezos, Bill Gates, Mark Zuckerberg, Warren Buffett y Larry Ellison, es mucho mayor de lo que el gobierno federal pagó a más de 150 millones de personas en los Estados Unidos.

Y como se mencionó anteriormente, y señaló Barbara Loe Fisher —cofundadora y presidenta de NVIC—, el precio de las acciones de Moderna se disparó cuando anunció que su vacuna de ARN estaba lista para los ensayos clínicos, mientras que el presidente ejecutivo de la compañía se convirtió en “un nuevo milmillonario de la noche a la mañana”.

Preguntas sobre la vacuna de Moderna

Los autores del artículo de The New England Journal of Medicine, citado anteriormente, escribieron que el candidato a la vacuna Moderna, conocido como mRNA-1273, “produjo una respuesta inmune contra el SARS-CoV-2 en todos los participantes, y no se identificaron preocupaciones de seguridad en los ensayos”.

Sin embargo, el equipo del estudio señaló que “los efectos adversos que ocurrieron en más de la mitad de los participantes incluyeron fatiga, escalofríos, dolor de cabeza, mialgia y dolor en el lugar de la inyección”.

Pero, según el sitio web Just The News, los efectos adversos no siempre fueron leves, en especial después de una segunda inyección:

“Cabe destacar que todos los participantes en ambos grupos de dosis más elevadas informaron efectos adversos después de la segunda dosis. Mientras tanto, se eliminó a un participante del estudio de pequeña dosis debido a que había desarrollado urticaria después de la primera ronda de inyecciones”.

Además de los efectos adversos, los científicos se preguntan cuánto durará la inmunidad contra el coronavirus, sugerida por la presencia de anticuerpos.

Según el sitio web Zero Hedge, la inmunidad podría ser tan breve que podría ser necesario administrar la vacuna del COVID-19 “cada año para ofrecer un nivel confiable de protección”. Lo cual sería muy rentable para los milmillonarios de las biotecnologías. Zero Hedge explica lo siguiente:

“[Un] estudio producido por investigadores del King’s College de Londres demuestra que los anticuerpos de las personas recuperadas disminuyeron enormemente a los pocos meses de la infección, lo que plantea la cuestión de si una vacuna podría ofrecer una protección duradera.

La vacuna de Moderna ha demostrado la capacidad de producir anticuerpos en las personas, pero aún no está claro cuánta protección podría proporcionar.

El profesor emérito de inmunología de la Universidad de Nottingham, Herb Sewell, quien consultó el estudio, explico que los anticuerpos desaparecieron más rápido que los anticuerpos contra el MERS y otros coronavirus.

Varios estudios han generado dudas sobre si estos anticuerpos son permanentes, efectivos o no funcionan”.

Los efectos adversos de las vacunas son tan conocidos que incluso Bill Gates, quien podría decirse que es el defensor de las vacunas más apasionado del mundo, admite que hasta 700 000 personas podrían verse afectadas por reacciones adversas a la vacuna del COVID-19. Según el sitio web Ken FM de Alemania, Gates explicó lo siguiente en una entrevista con la cadena CNBC:

“Si tenemos una persona con efectos adversos de cada diez mil, eso daría una cifra de 700 000 personas afectadas. Entonces, es muy difícil comprender la seguridad a gran escala en todos los rangos etarios, comorbilidades, embarazo, genero, y desnutrición.

Esa decisión de “está bien, vamos a ofrecer esta vacuna a todo el mundo, y los gobiernos tendrán que tomar una decisión antes de involucrarse porque habrá algún riesgo e indemnización”.

Desde esa entrevista, varios blogueros y personas han tergiversado las palabras de Gates, lo que ha provocado que otro “verificador de hechos” de APF Fact Check, los denunciará.

Entonces, si comparte este punto de vista, considere los efectos adversos, que pueden ser fatales, pero también incluyen desde una fiebre leve hasta un evento muy grave, como Gates mencionó específicamente.

El imperio de los milmillonarios es una amenaza para la seguridad pública

A medida que los milmillonarios se apresuran a beneficiarse de la pandemia del COVID-19, se están violando los derechos de privacidad a través del monitoreo de personas, mientras que el derecho a rechazar una vacuna puede estar en peligro si se dictamina que es por el bien de las personas.

Al mismo tiempo, los medios que deberían promover el derecho a la libertad de expresión y cuestionar las decisiones del gobierno están abogando por eliminar dichos derechos.

A través de la búsqueda de una vacuna, la inmunidad natural al virus no sucederá, lo que segura más pandemias en el futuro. Pero eso significa que es necesario repetir el uso de vacunas una y otra vez, lo cual es una buena noticia para las compañías farmacéuticas. Sin embargo, ¿será bueno para las personas?

Publicado con permiso de Mercola.com

Ganador del Premio Nobel dice que el COVID-19 es un virus hecho por el hombre

Las explicaciones de sus orígenes por los principales medios de comunicación no tienen sentido, mientras que los científicos cada vez están hablando más sobre este tema. Muchos expertos consideran que el virus fue una creación artificial y que se sintetizó en un laboratorio porque es imposible que la naturaleza haya creado las peculiaridades del genoma que lo hacen tan transmisible.

Los expertos que sospechan que el COVID-19 fue creado en un laboratorio tienen pruebas sólidas. De hecho, se han realizado investigaciones entre el Instituto de Virología de Wuhan en China y la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill para aumentar la infectividad y la mortalidad de un coronavirus similar al SARS.

Estados Unidos restringió las colaboraciones experimentales del coronavirus, conocidas como experimentos de “ganancia de función” (GOF, por sus siglas en inglés), entre 2014 y 2018 debido a los riesgos que representaban, pero el NIH anunció que la investigación se reanudaría en 2017.

Los científicos dispuestos a cuestionar el origen del COVID-19 enfrentan una reacción violenta de sus colegas y asociaciones científicas e incluso han sido despedidos como “teóricos de la conspiración”. Sin embargo, surgió una nueva voz que quizás aumentará la credibilidad sobre los puntos de vista del COVID-19.

El virólogo francés, Luc Antoine Montagnier, a quien se le otorgó el Premio Nobel de Fisiología en 2008 junto con Françoise Barré-Sinoussi y Harald zur Hausen por descubrir el virus del VIH, ha publicado sus teorías sobre este tema. Montagnier fue investigador en el prestigioso Instituto Pasteur de París.

Según ganador del Premio Nobel, el COVID-19 es un virus hecho por el hombre

Muchas personas dentro de la comunidad científica se sorprendieron cuando el aclamado Luc Antoine Montagnier apareció en el programa de televisión francés CNews, el 17 de abril de 2020 para decir que el virus que causa el COVID-19 fue una creación artificial y que los elementos del VIH y Plasmodium falciparum, un parásito que causa la malaria, se encuentran en el genoma del coronavirus.

Montagnier explicó lo siguiente:

“No fuimos los primeros desde que un grupo de investigadores de la India intentara publicar un estudio que demostrara que el genoma completo de este coronavirus [tiene] secuencias de otros virus, como el VIH”.

La investigación a la que se refiere Montagnier se publicó en el sitio web Biorxiv el 31 de enero de 2020, y desde entonces han eliminado la publicación. Los investigadores explicaron lo siguiente:

“Encontramos 4 inserciones en la glucoproteína espiga (S) que son exclusivas del 2019-nCoV y no están presentes en otros coronavirus. Es importante destacar que los residuos de aminoácidos en los 4 insertos tienen identidad o similitud con los del VIH-1 gp120 o el VIH-1 Gag.

Es poco probable que los 4 insertos únicos en el 2019-nCoV, todos los cuales tienen una similitud con los residuos de aminoácidos en las proteínas estructurales del VIH-1, sean naturales”.

Montagnier: el COVID-19 proviene de una vacuna fallida contra el VIH

En una aparición el 17 de abril de este año en el podcast francés “Pourquoi Docteur”, Montagnier explicó que el coronavirus había escapado de un “accidente industrial” mientras los científicos de la ciudad de Wuhan intentaban desarrollar una vacuna contra el VIH.

“Para insertar una secuencia del VIH en este genoma, se necesitan herramientas moleculares, y eso solo se puede lograr en un laboratorio”, dijo Montagnier. También explicó que cree que la pandemia se extinguirá de manera natural debido a sus orígenes sintéticos:

“La naturaleza no acepta ningún cambio molecular, el cual se eliminará, incluso si no se hace nada, mientras que las cosas mejorarán después de muchas muertes”.

Según el sitio web Corvelva, Montagnier explicó en el podcast que la pandemia se agotaría porque la naturaleza anularía las secuencias insertadas de manera sintética que aumentan la mortalidad del COVID-19:

“Con la ayuda de las ondas interferentes, podríamos eliminar estas secuencias y detener la pandemia. Pero tomaría muchos medios disponibles”.

Montagnier creó su teoría con un experto en biomatemáticas

Montagnier explicó que llegó a estas conclusiones: “Con mi colega, el biomatemático Jean-Claude Perez”, después de que “analizaron la descripción del genoma de este virus ARN”. El socio de Montagnier, es un científico francés y experto en biomatemáticas.

Según una biografía en línea, Perez ha demostrado que la codificación de ADN está estructurada por proporciones relacionadas con los números de Fibonacci, que son fórmulas matemáticas que en ocasiones se denominan como “código secreto de la naturaleza”. En un artículo que Montagnier y Perez publicaron en el Center for Open Science en abril de 2020, explican lo siguiente:

“Al utilizar nuestro enfoque biomatemático patentado, podemos evaluar el nivel de cohesión y organización de un genoma; Luego buscamos posibles rastros de VIH o incluso VIS [virus de inmunodeficiencia en simios]. Una primera publicación informa sobre el descubrimiento de 6 piezas de ARN del VIH VIS”.

Los elementos del VIH y VIS que detectan Montagnier y Perez, conocidos como elementos informativos exógenos, o EIE, proporcionan la base de su teoría de que el COVID-19 no es un simple virus derivado del SARS ni tampoco tiene nada que veer con los murciélagos. También explican lo siguiente:

“Una parte importante de estos 16 EIE ya existía en los primeros genomas del SARS en 2003. Sin embargo, demostramos cómo y por qué una nueva región que incluye 4 elementos informativos exógenos VIH1 VIH2 distingue todas las cepas del COVID-19 de todas las cepas SARS y Bat de manera radical.

Una región contigua que representa el 2.49 % del genoma completo de COVID-19 está compuesta por un 40.99 % de 12 EIE diferentes procedentes de varias cepas de retrovirus VIH SIV.

Una nueva región de alrededor de 225 nucleótidos nos parece una novedad, ya que esta región está muy ausente en TODOS los genomas de SARS, mientras que está presente y es 100 % homóloga para todos los genomas de COVID-19 listados en las bases de datos genómicas de NCBI o GISAID COVID-19. “

Más información sobre esta teoría

Después de una secuenciación de genomas relacionados de muchos países, regiones y períodos de tiempo diferentes por medio de su enfoque biomatemático patentado, Montagnier y Perez explican que su investigación les permitió:

“Demostrar cómo y por qué una nueva región que incluye 4 HIV/SIV EIE distingue todas las cepas del COVID-19 de todas las cepas SARS y Bat”.

También encuentran la presencia de plasmodium yoelii en el genoma COVID-19, un parásito que se utilizó en estudios de “estrategias de vacuna de ratones”. Este es otro EIE que no estaba en el SARS y los virus relacionados con murciélagos, explican Montagnier y Perez.

“Un análisis de las homologías de aminoácidos confirma la inserción muy probable de este EIE [plasmodium yoelii] en el COVID-19”.

Mientras decodifican los genomas de muchas “personas” con COIVID-19 en su investigación, Montagnier y Perez detectan mutaciones en las que los virus parecen estar tratando de “deshacerse” de los EIE exógenos, que los investigadores consideraron que se insertaron de manera deliberada.

Las mutaciones del virus parecen verificar las predicciones hechas por Montagnier a través de podcast francés “Pourquoi Docteur” acerca de cómo la naturaleza eliminará los “cambios que no son naturales”, razón por la cual espera que la pandemia se acabe de manera natural.

Otros investigadores están de acuerdo con Montagnier y Perez

Desde los comentarios de Montagnier a los medios de comunicación de Francia, otros investigadores han acordado que el COVID-19 podría haber sido creado por el hombre, con inserciones que insinúan la construcción del laboratorio.

En junio de 2020, una investigación publicada en la revista Quarterly Review of Biophysics hace afirmaciones similares. El científico noruego Birger Sørensen y el oncólogo británico Angus Dalgleish se refieren al COVID-19 como un “virus quimérico” y explican lo siguiente:

“Mostramos que el método de acción general del fagocitario dependiente sin receptor está relacionado con la carga acumulativa de las secciones insertadas que se colocan en la superficie de la espiga del SARS-CoV-2 en posiciones que se unen de manera eficiente mediante formaciones de puente salino; y al matar la espiga mostramos los epítopos no humanos de los que se ha seleccionado el Biovacc-19”.

Aunque las afirmaciones de en la revista Quarterly Review of Biophysics causaron controversia, el sitio web Minerva escribió que debería llevarse a cabo una mayor investigación.

“Minerva leyó un borrador del artículo y, después de una evaluación general, decidió que los hallazgos y argumentos merecen debate público, y que esta discusión no puede depender solo de las publicaciones de revistas científicas”.

Al igual que Montagnier, los antecedentes de Sørensen son trabajos de investigación sobre el VIH y en 2008 lanzó una novedosa y muy reconocida inmunoterapia para el VIH. En una entrevista con Minerva sobre su investigación reciente, explica lo siguiente:

“Hemos examinado qué componentes del virus son adecuados para unirse a las células en humanos. Y lo hemos hecho al comparar las propiedades del virus con la genética humana. Lo que encontramos fue que este virus estaba muy bien adaptado para infectar a los humanos. Tan adaptado, que resulta sospechoso”.

Edición dominical del periódico londinense The Times tiene una gran influencia

Hay muchas circunstancias inexplicables que rodean el descubrimiento y la difusión del COVID-19, lo que inspiró a The Times a desarrollar una investigación que se publicó recientemente. Por ejemplo, el periódico señala que un virus similar al COVID-19 apareció antes de lo informado.

“En el 2013, científicos chinos encontraron al pariente más cercano conocido del Covid-19 en una mina abandonada, el cual estaba relacionado con muertes causadas por una enfermedad respiratoria de tipo coronavirus”.

Una de las muchas preguntas sin respuesta fue por qué las autoridades de China encubrieron la muerte de seis hombres en 2012, que habían estado expuestos a un virus de murciélago y desarrollaron una neumonía grave. De acuerdo con The Times:

“Todos los hombres tenían algo en común. Tenían que limpiar grandes cantidades de heces de murciélago en una mina de cobre abandonada en las colinas al sur de la ciudad de Tongguan.

Algunos habían trabajado durante dos semanas antes de enfermarse, y otros solo unos días, mientras que ninguno había obtenido un resultado positivo de SARS; los cuatro tenían anticuerpos frente a otro coronavirus desconocido similar al SARS”.

Un trabajo de investigación titulado como “Coexistence of Multiple Coronaviruses in Several Bat Colonies in an Abandoned Mineshaft”, escrito por Shi Zhengli, una investigadora conocida en China como la “Mujer murciélago”, no explica “por qué se llevó a cabo el estudio: los mineros, la neumonía y las muertes “, explica el periódico The Times.

Además, The Times indica que los medios de comunicación de China ocultaron las muertes causadas por el nuevo virus respiratorio relacionado con murciélagos, y solo pudieron extraerse de una “tesis de maestría de un joven médico conocido como Li Xu”.

Además de las muchas preguntas sobre los orígenes del virus, escribió The Times, fue el hecho de que “de las 41 personas que contrajeron el Covid-19 en Wuhan solo 27” tuvieron contacto con el mercado de mariscos de Huanan, que fue nombrado como la fuente oficial de propagación.

Además, un antiguo investigador de murciélagos que se enfermó después de exponerse a sangre y orina de murciélago, que pudo haber sido el “paciente cero”, se negó a hablar con los periodistas.

Gracias a la investigación de “ganancia de función” que se realizó en el Instituto de Virología de Wuhan, los temores de filtraciones y fugas de virus precedieron al reconocimiento del COVID-19 y aumentaron por la falta de transparencia. Según The Times, aún se desconocía el hecho de que el COVID-19 podría propagarse entre los humanos:

“China no admitió que el virus se transmitía de persona a persona hasta el 20 de enero, a pesar de tener pruebas de que el virus había infectado a los médicos”.

La verdadera naturaleza del COVID-19 continúa siendo un misterio

Según The Times, el Instituto de Virología de Wuhan mantuvo una muestra del virus que mató a seis personas en 2012, la cual se describió en un documento científico escrito por Shi que afirma que tiene hasta un 96.2 % de similitud con el virus del COVID-19. El virus, conocido como RaTG13, según The Times:

“… fue la guía principal en cuanto al origen del Covid-19. Por lo tanto, fue sorprendente que el documento proporcionara pocos detalles sobre la historia de la muestra del virus, lo que indica que fue tomada de un murciélago (Rhinolophus affinis) en la Provincia de Yunnan en 2013 (de ahí el origen de la palabra “Ra” y el número 13).

Sin embargo, las investigaciones han establecido que el RaTG13 es muy similar al coronavirus que se descubrió en la mina abandonada en 2013, que había sido nombrado como RaBtCoV/4991 en el artículo científico anterior del instituto. Por alguna razón, Shi y su equipo parecen haberle cambiado el nombre”.

Según The Times, continúan existiendo muchas preguntan sobre el tiempo que lleva existiendo el virus y sus orígenes. En una entrevista con la revista Scientific American, Shi explicó lo siguiente:

menciona el descubrimiento de un coronavirus que coincide hasta un 96 % con el Covid-19, y tuvo una referencia con el fallecimiento de los mineros en una cueva. Sin embargo, las dos cosas no están relacionadas y Shi minimiza la importancia de las muertes de los mineros al afirmar que fue a causa de un hongo”.

¿El COVID-19 fue diseñado en un laboratorio?

Con los muchos encubrimientos e información engañosa sobre el coronavirus y su pandemia, ¿es posible que el COVID-19 sea un virus artificial creado en un laboratorio? Referente a este asunto, The Times es incrédulo.

“La pregunta final y más difícil para los inspectores de la OMS [que investigaron el virus en China] es que el virus podría haber escapado de un laboratorio en Wuhan. ¿Es posible que el RaTG13 o un virus similar, mutara para convertirse en el Covid-19 y luego se filtrara a la población después de infectar a uno de los científicos del instituto Wuhan.

Esta teoría divide a los expertos. El virólogo australiano Edward Holmes ha estimado que el RaTG13 tardaría hasta 50 años en evolucionar para lograr ser compatible con el virus del Covid-19″.

La mayoría de los principales medios de comunicación, así como la comunidad científica, continúan descartando dichas teorías. Sin embargo, las nuevas opiniones del investigador noruego y ganador del Premio Nobel generan una mayor credibilidad en esta teoría.

Publicado con permiso de Mercola.com

Cómo solucionar la crisis de COVID en 30 días

En un comunicado de prensa del Servicio de Noticias de Medicina Ortomolecular del 22 de junio de 2020, Damien Downing, presidente de la British Society for Ecological Medicine, describe cómo podríamos solucionar la pandemia de COVID-19 en 30 días con 2 dólares por persona, solo al elevar los niveles de vitamina D.

La desventaja o el riesgo es casi nulo, mientras que la ganancia podría ser evitar otro aumento de casos de COVID-19.

“No importaría si lográramos ofrecer vitamina D a todas las personas, y no funcionara El riesgo de no actuar es mucho mayor que el riesgo de actuar”, explica Downing, y añade:

“Si contrae el virus en este momento y tiene un buen nivel de vitamina D (por consumir suplementos)

  • el riesgo es 90 % menor de un caso severo
  • el riesgo es 96 % menor de morir

Esto no está “probado” o “con base en la evidencia” hasta que hayamos realizado ensayos controlados al compararlo con un placebo. Pero los datos, que ya son sólidos, se empezaron publicar desde el comienzo de la pandemia”.

Aunque los ensayos controlados aleatorios que usan vitamina D aún no se han completado, están en marcha y los resultados estarán disponibles antes de fin de año. Es posible visitar el registro de los ensayos clínicos para consultar el estado actual de estos ensayos. Al mes de junio del 2020, había más de 20 estudios en curso sobre el uso de vitamina D para combatir el COVID-19.

La vitamina D y el COVID-19

Downing continúa citando investigaciones y datos de apoyo. Entre ellos se encuentra un estudio de Filipinas, que encontró que por cada aumento estándar de la vitamina D en suero, la probabilidad era 7.94 veces mayor de experimentar una enfermedad leve en lugar de una enfermedad grave, mientras que las probabilidades de tener un resultado clínico leve en lugar de un resultado crítico fue 19.61 veces mayor. Según el autor:

“Los resultados sugieren que un aumento en el nivel sérico de 25 (OH) D en el cuerpo podría mejorar los resultados clínicos o aminorar los resultados graves a críticos, mientras que una disminución en el nivel sérico de 25 (OH) D en el cuerpo podría empeorar los resultados de las personas con COVID-2019”.

Otro estudio de Indonesia que recopilo datos de 780 personas con COVID-19, encontró que las personas con un nivel de vitamina D entre 20 ng/ml (50 nmol/L) y 30 ng/ml (75 nmol/L) tenían un riesgo siete veces mayor de muerte que las personas con un nivel superior a 30 ng/ml. Tener un nivel por debajo de 20 ng/ml se relacionó con un riesgo 12 veces mayor de muerte.

Como señaló Downing:

“Con una deficiencia de vitamina D (<50nmol/L), la tasa de mortalidad por COVID-19 fue de 98.8 % contra 4.1 % con niveles adecuados de vitamina D (> 75nmol/L). La relación de riesgo es de 24.1, lo que significa que, en una razón de riesgo de 4 en un escenario en particular, es decir de una deficiencia de vitamina D, la probabilidad es 4 veces mayor de estar en “riesgo” que en otro escenario (con niveles suficientes de vitamina D).”

Un tercer documento, que proporciona datos de 20 países de Europa, también encontró que “la probabilidad de desarrollar COVID-19 y de morir, se relaciona de manera negativa con el estado medio de vitamina D de la población, con ambas probabilidades alcanzando a cero por encima de 75 nmol/L”, (30 ng/mL) nota Downing.

En su presentación previa a la publicación de este documento, los autores concluyeron: “Creemos que podemos recomendar suplementos de vitamina D para combatir la infección por SARS-CoV2”. Downing creó el siguiente gráfico para ilustrar los datos en dicho documento.

Los niveles de vitamina D por encima de los 30 ng/mL protegen contra el COVID-19

Downing también aborda el tema de la dosificación y la seguridad, al destacar que las advertencias acerca de que el “consumo excesivo de vitamina D” es peligroso son injustificadas, ya que la toxicidad no se ha demostrado hasta que alcanza niveles superiores a 200 ng/ml (500 nmol/L) en la sangre.

El nivel sanguíneo recomendado para una buena salud está entre 60 ng/ml (150 nmol/L) y 80 ng/ml (200 nmol/L). Es decir, hay un margen de seguridad importante, incluso si se supera el rango óptimo.

“Los tres documentos mencionados anteriormente demuestran que se necesita un nivel de vitamina D3 en la sangre de al menos 75 nmol/L (30 ng/ml) para protegerse del COVID-19”, explica Downing.

“Las recomendaciones gubernamentales sobre el consumo de vitamina D, de 400 UI/día para el Reino Unido y 600 UI/día para los Estados Unidos (800 UI para personas >70 años) y la Unión europea, se basan en la salud ósea. Esto no es adecuado en el contexto de la pandemia.

Un adulto necesitará tomar 4000 UI/día de vitamina D3 durante tres meses para alcanzar un nivel de 75 nmol/L. Las personas de color pueden necesitar el doble. Estas dosis pueden reducir el riesgo de infección, pero no son para tratar una infección viral grave.

Y dado que la vitamina D es liposoluble y el nivel en el cuerpo aumenta de manera lenta, para las personas con una deficiencia, tomar una dosis inicial 5 veces mayor a la dosis normal (20 000 UI/día) durante dos semanas, podría ayudar a elevar el nivel a un nivel adecuado para reducir el riesgo de infección”.

Flexibilidad metabólica y sensibilidad a la insulina

La flexibilidad metabólica es otro componente importante del estilo de vida. La razón de esto es porque la resistencia a la insulina genera una mayor susceptibilidad a la tormenta de citoquinas, una causa principal de muerte entre las personas con COVID-19.

Lo mejor para lograr la flexibilidad metabólica es reducir las horas de consumo de alimentos. Más del 90 % de las personas comen durante más de 12 horas al día, y más de la mitad comen durante más de 16 horas al día. La clave es reducir el período de consumo de alimentos a seis u ocho horas, el cual debe terminar de tres a cuatro horas antes de acostarse.

Al hacer esto, la resistencia a la insulina disminuye, lo cual aumenta la flexibilidad metabólica y es posible alternar entre la quema de grasas o los carbohidratos como combustible principal. Escribí un libro completo titulado Contra el cáncer sobre cómo aumentar la flexibilidad metabólica. Estos son los puntos principales que discuto en el libro:

  • Restringir el periodo de consumo de alimentos a seis u ocho horas
  • Eliminar todos los aceites vegetales procesados de manera industrial
  • Limitar los carbohidratos a 50 gramos al día hasta que aumente su flexibilidad metabólica y luego aumente a 150 gramos de carbohidratos dos veces por semana

Esta estrategia es vital con la prevalencia de la resistencia a la insulina. Más del 90 % de las personas en los Estados Unidos tienen deficiencia de vitamina D, mientras que el 90 % también es resistente a la insulina.

La investigación publicada en Metabolic Syndrome and Related Disorders en febrero de 2019 concluyó que el 87.8 % de los adultos de Estados Unidos, no tenían flexibilidad metabólica, lo que significa que no pueden quemar grasa como combustible de manera eficiente.

Las cetonas también podrían ayudar a combatir el COVID-19

Es posible generar niveles saludables de cetonas al tener sensibilidad a la insulina, flexibilidad metabólica y consumir una alimentación cíclica baja en carbohidratos. La cetosis constante y baja en carbohidratos es una estrategia poco saludable.

Es bueno consumir pocos carbohidratos durante unos meses, pero para una buena salud, es importante consumir carbohidratos saludables una o dos veces por semana, de manera ideal durante los días de ejercicio intenso o entrenamiento de resistencia.

Al quemar azúcar como combustible, es necesario descomponer la glucosa en dos moléculas de piruvato de 3 carbonos. Luego, las mitocondrias utilizan el piruvato después de convertirlo en acetil CoA. La resistencia a la insulina, puede dañar la enzima que convierte un producto de descomposición de la glucosa en piruvato para que pueda transportarse y quemarse como energía en las mitocondrias.

El problema con el COVID-19 es que la tormenta de citoquinas inhibe la enzima que convierte el piruvato en acetil CoA, lo que limita la producción de ATP mitocondrial. Una consecuencia adicional es que también reduce NADPH.

El NADPH le otorga energía a la célula, es el reservorio de electrones que causa que los antioxidantes endógenos como el glutatión, la vitamina E y C se recarguen para que puedan continuar trabajando y detener el daño de los radicales libres que resulta de todo este estrés oxidativo. Una forma de compensar es asegurarse de tener suficiente NADPH y que las cetonas regulen ascendentemente el NADPH.

El hidrógeno molecular

El video está disponible solo en inglés

El hidrógeno molecular (gas H2) tiene poderosos efectos antioxidantes y antiinflamatorios, lo que lo hace muy beneficioso para tratar COVID-19, al reducir las citoquinas inflamatorias, como explica Tyler LeBaron, fundador del Instituto de Hidrógeno Molecular sin fines de lucro.

En el video anterior, LeBaron examina la fisiopatología de COVID-19 y explica la forma en que los mecanismos del hidrógeno molecular se están investigando al discutir los mecanismos propuestos de cómo podría mejorar esta enfermedad en particular.

El hidrógeno molecular o H2 tiene la capacidad de activar la vía Nrf2/keap1, y así reponer sus antioxidantes endógenos. Al hacerlo, el H2 regula y mantiene la homeostasis en todo el sistema, y evita que la infección se salga de control y provoque la muerte celular.

El hidrógeno también puede regular descentemente los NOX y NOS, lo que reduce la producción de superóxido y óxido nítrico. Esto es bueno ya que cuando estas dos moléculas aumentan, se forman muy rápido para crear el peroxinitrito pernicioso. El H2 también es compatible con la función mitocondrial. Es importante destacar que el H2 reduce las peroxinitritas y los radicales hidroxilo.

El H2 también interviene para evitar que ocurra una tormenta de citoquinas. Para mayor información sobre el video conferencia de LeBaron, consulte mi artículo “Cómo el hidrógeno molecular podría ayudar en la lucha contra el COVID-19“.

El H2 también ayudará a mejorar el NADPH y funciona de forma sinérgica con la alimentación con restricción de tiempo y la cetosis cíclica.

La quercetina y el zinc podrían reducir el riesgo de COVID-19

Además de optimizar la vitamina D, la quercetina, que actúa de manera similar al medicamento hidroxicloroquina, y el zinc pueden reducir más el riesgo de COVID-19. La evidencia sugiere la razón por la que la hidroxicloroquina parece tan beneficiosa para tratar el COVID-19 es por el ionóforo de zinc, lo que significa que mejora la absorción de zinc en las células.

La quercetina tiene el mismo efecto. De hecho, un estudio ha sugerido que las acciones biológicas de la quercetina, las cuales incluyen efectos antivirales, pueden estar relacionadas con su capacidad para aumentar la absorción celular de zinc.

El zinc es vital para una función inmunológica saludable y en 2010, se demostró que una combinación de zinc con un ionóforo de zinc (molécula que transporta zinc) logró inhibir el coronavirus SARS in vitro.

Y también bloqueó la replicación viral en un cultivo celular, en cuestión de minutos. Se ha demostrado que la deficiencia de zinc deteriora la función inmunológica.

Como se señaló en un documento de 2013 sobre la deficiencia de zinc:

“El zinc es un segundo mensajero de las células inmunes, y el zinc intracelular en estas células participa en eventos de señalización. El zinc es muy efectivo para disminuir la incidencia de infección en las personas mayores. El zinc modula la inmunidad celular y también es un agente antioxidante y antiinflamatorio”.

El problema es que el zinc no es soluble y no puede ingresar de manera sencilla a través de la pared grasa de las células. Y es importante que llegue a la célula porque es donde ocurre la replicación viral. Aquí es donde entran los ionóforos de zinc como la quercetina.

La quercetina también es un potente antiviral y tiene la ventaja adicional de inhibir la proteasa 3CL, una enzima que se utiliza por los coronavirus del SARS para infectar células sanas. Según un estudio de 2020, la capacidad de la quercetina para inhibir los coronavirus del SARS “se supone que está relacionada por suprimir la actividad del SARS-CoV 3CLpro en algunos casos”.

Incorporar niacina (vitamina B6) y selenio parece ser una excelente idea, ya que ambos compuestos son importantes en la absorción y biodisponibilidad del zinc en el cuerpo.

Por ejemplo, un estudio publicado en 1991 demostró que cuando mujeres jóvenes llevaron una alimentación baja en vitamina B6, sus niveles de zinc sérico disminuyeron, lo que sugiere que la deficiencia de B6 afecta el metabolismo del zinc, al grado que “el zinc que se absorbe es difícil de utilizar”.

En 2008 un artículo titulado “Zinc, Metallothioneins and Longevity: Interrelationships With Niacin and Selenium”, habla sobre la relación entre la niacina, el selenio y el zinc.

El protocolo MATH

El video está disponible solo en inglés

El tratamiento temprano es primordial para las personas hospitalizadas con COVID-19. Aunque existe una gran controversia sobre cuál es el mejor tratamiento, la evidencia clínica sugiere que se debe evitar la ventilación mecánica a toda costa. Mencione esto en el artículo: “La ventilación mecánica podría aumentar el riesgo de mortalidad por COVID-19“.

Además, aunque la hidroxicloroquina combinada con zinc parece efectiva, creo que uno de los mejores tratamientos hasta ahora es el protocolo MATH+. El protocolo fue desarrollado por el Grupo de Trabajo de Cuidados Críticos del COVID-19, que incluye al Dr. Paul Marik, jefe de la División de Medicamentos de Cuidados Pulmonares y Críticos de la Facultad de Medicina del Este de Virginia Norfolk, y cuenta con una tasa de efectividad de casi el 100 %.

El protocolo MATH+ está diseñado para tratar la segunda fase de la infección por COVID-19, la etapa en que se establece la respuesta inmunitaria hiperinflamatoria. Sin embargo, para obtener mejores resultados, es necesario que se administre con la suficiente antelación. El protocolo MATH+ requiere el uso de los siguientes tres medicamentos, todos los cuales deben iniciarse dentro de las seis horas posteriores de ingresar al hospital:

Metilprednisolona por vía intravenosa, para suprimir el sistema inmunológico y prevenir el daño a los órganos por las tormentas de citoquinas. Para la hipoxia leve, 40 miligramos (mg) al día hasta que no haya oxígeno; enfermedad moderada a grave, bolo de 80 mg seguido de 20 mg por día durante siete días. El día 8, cambie a prednisona por vía oral y disminuya en los próximos seis días.

El ácido ascórbico (vitamina C) por vía intravenosa, es necesario para controlar la inflamación y prevenir el desarrollo de vasos sanguíneos con fugas en los pulmones: 3 gramos/100 ml cada seis horas hasta por siete días.

Heparina por vía subcutánea (enoxaparina), para diluir la sangre y prevenir la formación de coágulos sanguíneos. Para enfermedades leves a moderadas, 40 mg a 60 mg diarios hasta el alta.

Las opciones adicionales incluyen tiamina, zinc y vitamina D. Además de estos medicamentos, el protocolo necesita la oxigenoterapia de alto flujo para evitar la ventilación mecánica que podría dañar los pulmones.

Este enfoque aborda los tres procesos patológicos que se han observado en el COVID-19, la hiperinflamación, hipercoagulabilidad de la sangre e hipoxia (dificultad para respirar debido a la baja oxigenación).

El COVID-19 no tiene que continuar siendo una crisis

Los expertos en salud advierten que es probable que veamos un resurgimiento de COVID-19 este otoño. Creo que las estrategias en este artículo pueden ayudar a minimizar las tasas de mortalidad.

Lo primero que recomiendo es optimizar los niveles de vitamina D este verano. El nivel óptimo para la salud y prevenir enfermedades es entre 60 ng/ml y 80 ng/ml. (En Europa, los niveles son de 150 a 200 nmol/L y 100 nmol/L, respectivamente).

Sin embargo, superar los 30 ng/ml (75 nmol/L) puede reducir el riesgo de infección grave y muerte de manera drástica, y lograrlo es fácil y económico. Como dijo Downing, es posible solucionar la pandemia del COVID-19 en tan solo 30 días al recomendar que todos consuman dosis elevadas de vitamina D.

Tomar quercetina y zinc es otra estrategia que vale la pena recordar, como lo es el consejo de implementar la cetosis nutricional cíclica para aumentar la flexibilidad metabólica y disminuir la resistencia a la insulina. Lo cual es posible con las siguientes estrategias:

  • Restringir el periodo de consumo de alimentos de seis a ocho horas
  • Eliminar todos los aceites vegetales procesados de manera industrial
  • Limitar los carbohidratos a 50 gramos al día hasta aumentar la flexibilidad metabólica y luego aumentar a 150 gramos de carbohidratos saludables dos veces por semana

Los ésteres de cetonas pueden ofrecer un alivio rápido de los síntomas relacionados con el COVID-19, como la falta de aire, mientras que administrar el protocolo MATH+ dentro de las seis horas posteriores a la hospitalización, podría ser muy importante.

Mientras que el Grupo de Trabajo de Cuidados Críticos del COVID-19 ha estado luchando para informar a los médicos y hospitales, usted puede solicitar que el médico se comunique con ellos para implementar el protocolo con el fin de tratar la enfermedad.

Publicado con permiso de Mercola.com

La cortina de humo alrededor del virus de Wuhan

Jonathan Latham, Ph. D., es un biólogo molecular y virólogo, él nos puede ayudar a comprender los orígenes del SARS-CoV-2. Latham revisa algunas pruebas durante esta entrevista. También es editor de Independent Science News.

En general, los principales medios de comunicación continúan apoyando la narrativa de que el SARS-CoV-2 es un virus de transmisión zoonótica que se originó en los murciélagos. Gran parte de la evidencia proviene de Shi Zhengli, investigadora del laboratorio de nivel 4 de bioseguridad en Wuhan, China.

Como investigador principal de China, su carrera se ha enfocado en estudiar el coronavirus del murciélago durante más de una década. En un artículo reciente, Latham y Allison Wilson, Ph. D., analizan la investigación que demuestra que esta teoría no tiene fundamentos.

“Nuestro artículo no discute que provino de un murciélago, ya que considero que la información es sólida, pero lo que sí discutimos es el mecanismo por el cual provino del murciélago”, explica Latham.

Teoría 1 sobre origen de laboratorio

El artículo de Latham presenta varias hipótesis diferentes. La más sencilla es que el SARS-CoV-2 se originó en el Instituto de Virología de Wuhan u otro laboratorio de virología BSL-2 que está aún más cerca del mercado. Uno de los investigadores se infectó y luego lo transmitió a sus compañeros de trabajo o familiares, ya sea porque no estuvieron en aislamiento o no sabían que estaban infectados.

Esta no es la teoría más probable porque pocos coronavirus de murciélago identificados de forma natural tienen la capacidad de unirse a los receptores ACE2 humanos, que es lo que les permite infectar células humanas. Para que esta teoría funcione, el virus tendría que circular entre muchas personas, al evolucionar con cada ciclo.

Teoría 2 sobre origen de laboratorio

Otra teoría es que los investigadores estaban clonando un virus de murciélago similar al SARS-CoV-2 en el laboratorio para crear un clon más infeccioso. Quizás colocaron el virus en células de mono, células de ratones o células humanas con un receptor ACE2. Un investigador podría haberse infectado por accidente.

“Se han escapado virus del laboratorio cuando las personas no logran descontaminar las muestras y se las dan a otra persona, las tiran a la basura, o cualquier otro accidente”, dice Latham.

“Entonces, el virus es idéntico al que se recolectó de la naturaleza o muy poco modificado en el laboratorio, pero después se escapa porque hay una falla en el laboratorio. Esa sería la segunda posibilidad”.

Teoría 3 sobre origen de laboratorio

Una tercera posibilidad es que estaban recolectando muestras y observando secuencias genéticas para encontrar un virus que pudieran alterar, lo que le otorga propiedades más interesantes.

Quizás encontraron algunos con la proteína espiga que tenían una mayor afinidad por el receptor ACE2. Al combinarlo con otro virus, pudieron haber creado un virus más infeccioso con la ingeniería genética.

La razón para mezclar y combinar virus en el laboratorio de esta manera es para identificar posibles patógenos pandémicos (PPP). Es decir, si dos virus salvajes entran en contacto entre sí pueden mutar en algo mortal en los humanos.

“Por ejemplo, intercambiamos las proteínas espiga para ver si los virus en los murciélagos solo necesitan desarrollar una mejor proteína espiga para convertirse en patógenos pandémicos”, explica Latham.


La ingeniería genética no deja rastros en todos los casos

Muchos de los que defienden la historia del origen zoonótico justifican su postura al decir que no existen signos de manipulación genética. Al igual que muchos otros científicos, Latham señala que hay formas de manipular un virus sin dejar rastro. Asimismo, explica los conceptos básicos del proceso de ingeniería genética:

“Lo normal es encontrar un punto de restricción en dos virus diferentes, o es posible fabricarlo. Eso te da una zona de corte en el genoma: Es decir, cortamos una parte del virus A y lo colocamos en el virus B. Por supuesto, es necesario eliminar el pedazo del virus B que ya tiene.

Entonces, solo se intercambian elementos y se usan enzimas de restricción, que son enzimas que modifican zonas específicas del ADN. Así es como se hacía antes.

Hay métodos más nuevos con PCR que son un poco más complicados. Significa que no solo se enfocan en los sitios de restricción para hacerlo. Existen métodos muy simples, pero no dejan una cicatriz o una marca. Este es el factor más importante.

También hay experimentos de cruce. Los experimentos de cruce suceden al tomar un virus que en un inicio provino de un murciélago y lo pones en células de mono o células humanas.

Lo que se observa en ese virus es que no funciona de manera adecuada en esas células porque no está adaptado a ellas. Es un virus murciélago, por lo que no funciona de manera adecuada.

Pero los virólogos han aprendido a tomar una pequeña muestra de lo que está dentro de la célula y ponerla en otra célula cuando la infección viral está fallando. Entonces, cuando esa infección se acumula toman otra muestra.

Esto se llama cruce. Permite que el virus evolucione a una forma más patógena contra las células en las que se está colocando. Entonces, siempre se coloca en la misma especie de la célula. Y también es posible hacerlo con organismos completos”.

Teoría más probable

Como señaló Latham, se desconoce cómo se ve el virus o cómo podría actuar hasta que haya sido secuenciado de manera genética. Es bastante aleatorio. Latham explica lo siguiente:

“Es posible que se haya recombinado o mutado, ya que se ha registrado un cambio genético, pero aún se desconoce hasta que se investiga, clona y crea un nuevo clon infeccioso. Entonces, existe la posibilidad de que las personas en el laboratorio no sepan que se escapó del laboratorio. En realidad, no saben qué fue lo que evolucionó.

Y, si estaban realizando ese tipo de experimentos, al colocar los virus del murciélago en células de diferentes especies, y sabemos que estaban haciendo ese tipo de experimentos, entonces también podrían desarrollar un nuevo virus.

También pueden tener una combinación de dichos experimentos. Entonces, hay investigadores que pasan moléculas recombinadas, cortaron y pegaron, y luego pusieron el virus en células nuevas como las células humanas; después lo regresan, y crean un clon infeccioso”.

De esta manera, pueden crear un virus con alta afinidad por las células humanas, aunque al principio no era infeccioso para los humanos. Una de las características importantes del SARS-CoV-2 es que su proteína espiga tiene una alta afinidad por el receptor ACE2 humano. Pero, ¿cómo surgió esta afinidad?

“Una de las respuestas es que lo transferían dentro de estas células humanas; lo cortaban y pegaban a una proteína espiga unida a estos receptores humanos que ya sabían que funcionaba bien.

Entonces, creo que cortaron y pegaron, o lo transfirieron, o hicieron una combinación de ambos, y eso hizo que una persona se infectara por algún descuido”, explica Latham.

Esto ha causado otras pandemias mundiales

El virus H1N1 que causó la pandemia de 1918 estuvo extinto durante décadas. Sin embargo, en 1977, el virus escapó durante una fuga en un laboratorio de bioseguridad en China o Rusia, lo que causó una pandemia global.

“Lo que sucedió es que el virus se extinguió y luego muto a una nueva versión del virus en 1977 en China, y era idéntica a una que había existido 20 años antes. Nadie puede explicar cómo podría haber aparecido un virus idéntico, pero permaneció oculto.

Quizás permaneció en el permafrost y desenterraron a una persona que había muerto con la gripe H1N1, pero esa fue la mejor teoría que tuvieron las personas hasta que se dieron cuenta de que quizás provenía de un laboratorio que estaba desarrollando una vacuna.”

El virus H1N1 era sensible a la temperatura, y uno de los factores que se usan al preparar una vacuna es la sensibilidad a la temperatura, como un virus deshabilitado de manera parcial.

“Todo apunta a que provino de un laboratorio y que existían laboratorios que almacenaban existencias de la misma, pero ningún laboratorio lo ha aceptado. Esto se dedujo de la secuencia de la ubicación en la que aparece, y ha sido ampliamente aceptado por los virólogos”, explica Latham.

Es incomodo pensar que esto sucedió por una fuga de un laboratorio de bioseguridad, en especial para los virólogos que realizan ese tipo de trabajo. La encefalitis equina en Venezuela también se remonta a una fuga de laboratorio. Luego encontramos la pandemia de gripe porcina H1N1 del 2009. Latham explica lo siguiente:

“Hay un artículo científico de Adrian Gibbs, que escribió con otros dos virólogos. Él considera que esto provino de una vacuna. La gripe porcina en realidad no es responsable de los virus específicos que estuvieron en los cerdos de América del Norte y Sur y Europa.

No es posible explicarlo por ese método, pero se puede explicar por la idea de que había un fabricante de fragmentos de H1N1, uno de secuencias europeas, secuencias norteamericanas, y secuencias sudamericanas, y los unió a todos para crear una vacuna universal, y de alguna manera no pudieron desactivarla.

Entonces, se la dieron a los cerdos en México y eso se convirtió en la gripe porcina, que fue la segunda pandemia de H1N1 que mató a cerca de 300 000 personas.

Tenemos toda una serie de ejemplos de virus que escapan del laboratorio, por lo que cuando las personas tratan la tesis de escape del laboratorio como algo ridículo, indignante o improbable, para mí solo demuestra su ignorancia de la historia”.

Latham también aborda las sospechas de que el VIH SIDA provenía de una vacuna contra la poliomielitis, por lo que para mayor información consulte la entrevista. Esto fue descrito en el libro The River: A Journey Back to the Source of HIV and AIDS, y revisado en un artículo del British Medical Journal que puede leer de forma gratuita.

También se sospecha que el SIV de las células de riñón de mono infectadas que se usaron para crear vacunas contra la poliomielitis y que se usaron en cientos de miles de africanos es la causa de ciertos tipos de cáncer.

Falla en la seguridad del laboratorio de Wuhan

Se han documentado muchas infracciones de seguridad en los laboratorios de bioseguridad a nivel mundial, incluyendo en el laboratorio de Wuhan. Varios se documentaron por funcionarios de la embajada de Estados Unidos que visitaron el Instituto de Virología de Wuhan en 2018.

“Creo que son puntos importantes, pero creemos que es más importante que las personas de China se pregunten sobre la seguridad biológica de este laboratorio”. En primer lugar, es muy nuevo, por lo que es una señal de alerta.

En segundo lugar, la agencia de supervisión interna de China detectó algunas violaciones del tipo que esperarían de una instalación BSL.

Han estado tratando de establecer los sistemas de certificación para sus laboratorios porque están tratando de establecer una red completa, un sistema completo de experimentos con animales y estaciones de recolección, etc., por lo que están configurando el esquema de certificación que ya han sido citados por tener violaciones.

Al final, no deberían ubicar estos laboratorios en el medio de una gran ciudad. Entonces, ya están violando lo fundamental. Deberían estar ubicados en un desierto o en la Antártida, que son áreas remotas”.

Los laboratorios de bioseguridad promueven soluciones de alta tecnología en lugar de conceptos básicos de higiene

No cabe duda de que los laboratorios de nivel 4 de bioseguridad representan una amenaza tremenda para la salud pública, ya que albergan los patógenos más peligrosos a nivel mundial y las fugas son inevitables. Pero ¿valen la pena?

Como señaló Latham, la existencia de estos laboratorios impulsa la creación de las vacunas, mientras que las estrategias de higiene, como lavarse las manos y utilizar equipo de protección, quedan en el olvido.

Los riesgos planteados por estos laboratorios también encajan en el capitalismo de la vigilancia, que ahora está recibiendo un fuerte impulso a través del despliegue de los mecanismos de seguimiento y localización de enfermedades.

“El otro día sucedió un suceso interesante. Setenta y siete ganadores del premio Nobel, la mayoría de ellos biólogos moleculares, le escribieron una carta al presidente por el recorte de las subvenciones al laboratorio de Wuhan que derivan del NIH. Richard Roberts, es quien dirige este esfuerzo ¿Cuál es su posición científica?

Está en el consejo de administración de New England Biolabs, uno de los mayores proveedores de equipos en biología molecular.

Por lo tanto, están reuniendo a todos estos ganadores del Premio Nobel para apoyar toda esta investigación de biología molecular que es muy costosa, ya que gasta cientos de millones de dólares al año, dinero que podría destinarse al PPE”.

Ese dinero también podría destinarse a estrategias más básicas como los suplementos de vitamina D para fortalecer el sistema inmunológico de la población.

La verdad tras en encubrimiento del Instituto de Virología de Wuhan

Latham y Wilson también planean escribir la verdad del Instituto de Virología de Wuhan. El ancestro más cercano del SARS-CoV-2 es una secuencia viral almacenada en el laboratorio de Wuhan. Se dice que se ha mantenido congelado durante los últimos siete años y no se ha hecho nada al respecto.

Esta secuencia provino de murciélagos que viven en una mina, y las personas que han trabajado ahí han muerto de infecciones virales. Es decir, han tenido una buena razón para examinar esa secuencia, y esa también es la más cercana al SARS-CoV-2. Shi publicó una de las primeras secuencias virales de SARS-CoV-2.

“Tres documentos explicaron que esto es ‘La secuencia del virus SARS-CoV-2′”, dice Latham. Sin embargo, “su trabajo no hace referencia a esta secuencia que habían tenido en su laboratorio. Ninguna referencia. En cambio, dicen que tomaron una muestra del congelador para secuenciarlas, y este es el pariente vivo más cercano.

Pero esto oculta el hecho de que durante siete años habían tenido otro virus, que provenía de la misma muestra. Pero al buscar en las bases de datos de ADN, este virus apareció desde diciembre.

Bueno, no necesariamente, ha estado en el laboratorio sin ser investigado. Entonces, ¿qué estuvieron haciendo durante siete años que pudo haber matado a tres mineros en 2013?”.

Es decir, es probable que el SARS-CoV-2 no sea un virus nuevo. Un ancestro cercano muy conservado ya estaba en la base de datos con el nombre BtCoV/4991, el cual ya estaba en la literatura publicada.

Sin embargo, cuando el laboratorio de Wuhan secuenció la muestra después del brote de COVID-19, solo cambiaron el nombre del antiguo virus que ha estado en hielo durante siete años.

“Darle un nuevo nombre oculta su historia. Ni siquiera reconocen que proviene de la misma muestra, que ahora se han visto obligados a reconocer que es el mismo virus. La identidad de secuencia es del 100 %.

Entonces, si hubiera un par de bases diferentes, tal vez podría hacer un argumento científico de que deberíamos darles un nombre diferente, pero no hay diferencia entre ellos. Es el mismo virus, recolectado en la mina donde murieron los mineros de una neumonía viral”.

El documento de la secuenciación genética de Shi pretende que la secuencia 4991 nunca existió. “Se han olvidado por completo de eso, esa sería la interpretación de su investigación”, dice Latham. Un segundo artículo publicado dentro de ese lapso identifica a 4991 como el pariente más cercano y afirma que proviene del Instituto de Virología de Wuhan.

El tercer trabajo de secuencia hace un análisis filogenético complicado del virus SARS-CoV-2, pero tampoco menciona que el pariente más cercano es el 4991 y que se encuentra en el laboratorio de Wuhan.

“Lo que es realmente interesante es que todos los que secuenciaron el [SARS-CoV-2], muchos laboratorios secuenciaron el virus al mismo tiempo, habrían buscado en la base de datos la información y hubieran obtenido el 4991.

Se comunican por teléfono con el Instituto de Virología de Wuhan y dicen: ‘Oh, el virus se propago en tu ciudad y ustedes son los guardianes de la secuencia viral más cercana. ¿Paso algo en el laboratorio?’. Imagínese que muchos laboratorios se preguntan: ‘¿Cómo controlar un accidente de laboratorio?’…

Lo que estoy ofreciendo es evidencia de un encubrimiento, pero no sabemos qué estaban encubriendo. Podrían haber estado ocultando algo diferente, pero lo más obvio es que están investigando un virus que se parece al SARS-CoV-2.

Solo tenemos una secuencia parcial del 4991. No tenemos el genoma completo de la muestra original. Solo proporcionaron una secuencia de 370 pares, pero es 98.7 % idéntico al SARS-CoV-2 en los nucleótidos y los 370 pares.

Esto se considera la parte más conservada del genoma, por lo que no se extrapola. Lo que es muy posible es que esa muestra provenga de algo que está mucho más cerca de cualquier cosa que haya dicho”.

Reconsiderando las medidas de salud pública

Incluso si el 4991 no coincide con el SARS-CoV-2 (que revelaría la secuencia de todo el genoma), podría estar tan cerca como para que no necesite una gran cantidad de experimentos de ganancia de función para terminar con un virus transmisible. Según Latham, “Eso es lo que pudo haber sucedido”.

La pregunta general es: ¿realmente queremos gastar el dinero de los contribuyentes en todos estos modelos de salud pública que se basan en la investigación de bioseguridad o armas biológicas?

El motivo para hacer este tipo de investigación es para prepararnos para brotes devastadores, en caso de que los virus evolucionen y muten de manera natural. Sin embargo, esa misma investigación termina siendo la fuente de los brotes más peligrosos. Como señaló Latham:

“Estas personas no han logrado predecir nada hasta ahora. Lo que han hecho es estos experimentos peligrosos y luego descubren que el próximo virus proviene de un lugar que no anticiparon, o no nos advirtieron.

Esta investigación no es realmente predictiva, pero muchos virólogos dicen que así es como predecimos la próxima pandemia, ¿qué debe hacer el gobierno? Si dictaminan que “así es como deben hacerlo”, ¿quién los va a contradecir?

Quiere mantener su empleo, entonces, ¿por qué no impulsar lo que lo mantendrá con trabajo, aunque no busquen el bien de las personas?

O ¿en qué deberíamos gastar nuestro dinero? ¿Nos enfocamos en estas enfermedades y hacemos ricos a los inversionistas de New England Biolabs y la Fundación de Gates o invertimos en algo que beneficie a la prevención y nutrición?

Además, el gran problema es: ¿por qué culpamos al comercio de vida silvestre? Esta es una pregunta importante ya que Peter Daszak, jefe de la EcoHealth Alliance, ha estado en todos los medios —como Democracy Now!, The New York Times, Scientific American, Science Magazine— y prácticamente culpa al comercio de vida silvestre, al decir que no fue una fuga de laboratorio.

Bueno, es una de las partes interesadas, ¿no es así? Su organización está financiando esta investigación. Los medios no pueden preguntarle al financiador si proviene de su laboratorio. Es ridículo. Pero eso es lo que están haciendo y lo tratan de ocultar”.

Como señala Latham, la razón por la que surgen algunos virus salvajes es porque estamos destruyendo la selva tropical y construyendo carreteras en áreas remotas. Las personas terminan contrayendo los virus porque los animales huyen de la destrucción del bosque.

Entonces, ¿por qué culpamos al comercio de vida silvestre? En todo caso, debemos abordar la destrucción de los hábitats. Sin embargo, eso sería muy malo para el negocio de Daszak porque la EcoHealth Alliance está asociada con la industria del aceite de palma.

“Encontramos que la ciencia ayuda a entender quién miente”, según Latham. “Cuando comprendemos esa parte, existe un motivo bastante fuerte para entender el análisis de lo que realmente está sucediendo.

La posibilidad de que haya escapado de un laboratorio es bastante obvia, y luego tenemos a algunas personas deambulando por los medios diciendo que ‘las fugas de laboratorio son imposibles’, por lo que sabemos que no están hablando de ciencia, más bien, están influenciados en cierta parte.

Y luego vemos a todos los demás repitiendo ese mensaje, que son las mismas personas que los apoyan y de esa manera se genera todo un caos”.

El COVID-19, declarado ahora una pandemia, sigue afectando la salud de las personas y miles ya han sido víctimas de esta misteriosa enfermedad. Pero a medida que el virus se propaga, también lo hace la información errónea que lo rodea. En estos tiempos difíciles, debe aprender a separar los hechos de la ficción para poder tomar las medidas correctas y salvaguardar su salud.

Publicado con permiso de Mercola

Se acumulan pruebas sobre el origen de laboratorio del COVID-19

Traducción por Regeneration International, artículo original por Independent Science News

 

Si la sociedad aprendió una lección de la pandemia del COVID-19 es que la ciencia no genera certeza. ¿Los cubrebocas caseros funcionan? ¿Cuál es la tasa de mortalidad del COVID-19? ¿Qué tan precisas son las pruebas? ¿Cuántas personas no tienen síntomas? Etcétera. Prácticamente la única aseveración sin cuestionar hecha hasta ahora es que todos los parientes genéticos conocidos de su causante, el virus Sars-CoV-2, se encuentran en murciélagos rinolófidos (Zhou et al., 2020). Por lo tanto, la reserva viral probable fue un murciélago.

Sin embargo, la mayoría de estos coronavirus aparentemente ancestros de murciélago no pueden infectar a los humanos (Ge et al., 2013). Por lo tanto, desde su inicio, una pregunta clave que se cierne sobre la pandemia ha sido: ¿Cómo es que un virus de RNA de murciélago evolucionó a un patógeno humano que es tanto virulento como mortal?

La respuesta que ha sido acogida casi universalmente es que hubo una especie intermediaria. Algún animal, tal vez una serpiente, tal vez una civeta de las palmeras, tal vez un pangolín, sirvió como un huésped temporal. Este animal de vinculación probablemente tendría un receptor celular ACE2 (la molécula que permite la entrada celular del virus) intermedio en la secuencia de proteína (o por lo menos estructura) entre el murciélago y el humano (Wan et al., 2020).

En la prensa y la literatura científica, los escenarios en los cuales esta transferencia zoonótica podría haber sucedido han sido meditadas sin fin. La mayoría fueron avivadas por los primeros descubrimientos de que muchos de los primeros casos de COVID-19 parecen haber ocurrido en y alrededor del mercado de animales vivos Huanan de Wuhan. (La última información dice que 14 de los 41 primeros casos, incluyendo al primero, no tenían conexión con el mercado animal (Huang et al. 2020))

Desde las dos últimas casi pandemias por coronavirus del SARS (2002-3) y MERS (2012) ambas probablemente salieron de murciélagos y se piensa que ambas (pero no se ha probado) transicionaron a humanos vía animales intermedios (civetas y dromedarios, respectivamente), un camino zoonótico natural es una primera suposición razonable (Andersen et al., 2020).

La idea, como se aplicó con el primer brote original de SARS (2002), es que el virus de murciélago original infectó a una civeta. El virus después evolucionó brevemente en esta especie animal, pero no lo suficiente para causar una epidemia de civetas, y después fue recogido por un humano antes de que se muriera en las civetas. En este primer humano (paciente cero) el virus sobrevivió, tal vez apenas, pero fue transmitido, marcando el primer caso de transmisión de humano a humano. Mientras se pasaba sucesivamente en unos cuantos humanos de sus primeros huéspedes el virus rápidamente evolucionó, adaptandose para infectar mejor a nuevos huéspedes. Después de unas cuantas transmisiones tentativas de esa manera la verdadera pandemia comenzó.

Tal vez este escenario es aproximado a cómo inició la pandemia COVID-19 actual.

Pero otra preocupante posibilidad debe ser suprimida. Viene del hecho de que la ciudad epicentro, Wuhan (pob. 11 millones), es el epicentro global de la investigación del coronavirus de murciélago (e.g. Hu et al., 2017).

Incitados por esta proximidad, varios investigadores y medios de noticias, prominentemente el Washington Post, y con mucha más información Newsweek, han diseñado un caso con indicios razonables de que un origen de laboratorio es una posibilidad fuerte (Zhan et al., 2020, Piplani et al., 2020). Es decir, uno de los dos laboratorios en Wuhan que ha trabajando con coronavirus accidentalmente dejó que un virus natural escapara; o, el laboratorio estaba haciendo ingeniería genética (o de otra manera manipulando) un virus parecido al Sars-CoV-2 que después escapó.

Desafortunadamente, por lo menos en los EU, la pregunta sobre el origen de la pandemia se ha convertido en un fútbol político; ya sea en una oportunidad para la sinofobia o en un “juego de culpas” partisano.

Pero el potencial de una catastrófica liberación de laboratorio no es un juego y problemas sistémicos de competencia y opacidad ciertamente no están limitados a China (Lipsitch, 2018). El Departamento de Seguridad Nacional estadounidense (DHS, por sus siglas en inglés) actualmente está construyendo una sede nueva y expandida nacional de Bio y Agro-defensa en Manhattan, Kansas. DHS ha estimado que el riesgo de 50 años (definido como tener un impacto económico de $9-50 mil millones de dólares) de una liberación de su laboratorio en 70%.

Cuando un comité del Consejo de Investigación Nacional inspeccionó estas estimaciones del DHS concluyeron “El comité encuentra que los riesgos y costos podrían ser significativamente mayores a eso”.

Un reporte subsecuente del comité (NAP, 2012) continuó:

“el comité recibió instrucciones de juzgar la idoneidad y validez del uSSRA (Evaluación de Riesgo de un Sitio específico actualizado, por sus siglas en inglés). El comité ha identificado serias preocupaciones sobre (1) mala aplicación de métodos usados para valorar el riesgo, (2) el fracaso en aclarar si y cómo es que la evidencia usada para apoyar las valoraciones de riesgo había sido revisada a fondo y evaluada adecuadamente, (3) el alcance limitado de la literatura citada y la malinterpretación de alguna de la literatura de apoyo significativa, (4) el fracaso en explicar los criterios usados para seleccionar suposiciones cuando la literatura de apoyo es contradictoria, (5) el fracaso de considerar caminos de riesgo importantes, y (6) el tratamiento indadecuado de la incertidumbre. Esas deficiencias no son igualmente problemátcias, pero ocurren con suficiente frecuencia para levantar dudas sobre su idoneidad y validez de los resultados de riesgos presentados. En la mayoría de las ocasiones (actividades operativas en la NBAF), los problemas identificados llevan a una subestimación de riesgo; en otras ocasiones (peligros naturales catastróficos), los riesgos podrían ser sobrevalorados. Como resultado, el comité concluye que la uSSRA es inadecuada técnicamente en aspectos críticos y es una base insuficiente sobre la cual juzgar los riesgos asociados con la NBAF propuesta en Manhattan, Kansas.”

Mientras tanto China está planeando ampliar una red nacional de laboratorios BSL-4 (Zhiming,2019). Como muchos otros países, está invirtiendo de manera significativa en vigilancia de enfermedades y recolección de virus desde poblaciones de animales silvestres y en investigación de virus recombinante de alto riesgo con Patógenos de Potencial Pandémico (PPPs).

El 4 de mayo, distintas naciones y fundaciones filantrópicas globales se reunieron en Bruselas para asegurar $7.4 mil millones de dólares para la preparación contra pandemias futuras. Pero la pregunta que flota sobre todas estas inversiones es esta: la responsabilidad del laboratorio de Wuhan en el centro de las afirmaciones de liberación accidental es preparación para pandemias. Si la pandemia del COVID-19 comenzó ahí entonces necesitamos repensar radicalmente las ideas actuales para la preparación contra las pandemias globales. Muchos investigadores ya creen que deberíamos, por el bien de tanto la seguridad como de la efectividad (Lipsitch y Galvani, 2014, Weiss et al, 2015, Lipsitch, 2018). El peor resultado posible sería para aquellos que donaron miles de millones para acelerar la llegada de la siguiente pandemia.

Liberaciones de laboratorios históricas, un breve recuento

Una liberación de laboratorio accidental no es una simple posibilidad teórica. En 1977 un laboratorio en Rusia (o posiblemente en China), mientras desarrollaba una vacuna contra la gripe, accidentalmente liberó el extinto virus de la influenza H1N1 (Nakajima et al., 1978). H1N1 se convirtió en un virus de pandemia global. Una larga proporción de la población mundial se infectó. En este caso, las muertes fueron menos porque la población mayor de 20 años tenían inmunidad histórica al virus. Este episodio no es muy conocido porque hasta hace poco esta conclusión fue reconocida formalmente por la literatura científica y la comunidad de la virología ha sido renuente a discutir tales incidentes (Zimmer y Burke, 2009, Wertheim, 2010). Aún así, las fugas de laboratorio de patógenos que llevan a muertes humanas y animales (viruela en Bretaña; encefalitis equina en Sudamérica) son tan comunes que deberían ser mucho más conocidas (resumidos en Furmanski, 2014). Sólo raramente estas se han convertido en una pandemia de verdad en la escala del H1N1, la cual, incidentalmente, volvió a expandirse en el 2009/2010 como “Gripe porcina” causando un número de muertes estimado de 3,000 a 200,000 muertes en esa ocasión (Duggal et al., 2016).

Muchos científicos han advertido que los experimentos con PPPs, como la viruela y Ébola y virus de influenza, son peligrosas inherentemente y deberían ser sujetos a límites estrictos y supervisión (Lipsitch y Galvani, 2014; Klotz y Sylvester, 2014). Aún en el caso limitado de coronavirus parecidos al SARS, desde el aplacamiento del brote original de SARS en el 2003, ha habido seis brotes de enfermedad SARS documentados originados en laboratorios de investigación, incluyendo cuatro en China. Estos brotes causaron 13 infecciones individuales y una muerte (Furmanski, 2014.) En respuesta a tales preocupaciones los EU prohibieron cierto tipo de experimentos, llamados experimentos de ganancia de función (GOF, por sus siglas en inglés), con PPPs en 2014, pero la prohibición (de hecho una moratoria de financiamiento) fue levantada en el 2017.

Por estas razones, y también para asegurar la efectividad de los esfuerzos de preparación para futuras pandemias, es una cuestión de importancia vital internacional establecer si la hipótesis de fuga de laboratorio tiene evidencia creíble para apoyarla. Esto debe ser hecho sin importar el problema – en los EU – de políticas partisanas tóxicas y nacionalismo.

La tesis de la fuga del COVID-19 de un laboratorio de Wuhan

La esencia de la teoría de le fuga del laboratorio es que Wuhan es el lugar donde está el Instituto de Virología de Wuhan (WIV, por sus siglas en inglés), la primera y única instalación de Bioseguridad Nivel 4 (BSL-4, por sus siglas en inglés). (BSL-4 es el nivel de seguridad de patógenos más alto). El WIV, que añadió un laboratorio BSL-4 apenas en el 2018, ha estado recolectando grandes números de coronavirus de muestras de murciélagos desde el brote original de SARS del 2002-2003; incluyendo la recolección de más en el 2016 (Hu, et al., 2017; Zhou et al., 2018).

Liderado por la investigadora Zheng-Li Shi, científicos del WIV también han publicado experimentos en los cuales coronavirus de murciélagos vivos fueron introducidos en células humanas (Hu et al., 2017). Además, de acuerdo a un artículo del 14 de abril en el Washington Post, personal de la Embajada de EU visitó el WIV en el 2018 y “tenían preocupaciones de seguridad importantes” sobre la bioseguridad en el sitio. El WIV está a sólo ocho millas del mercado de animales vivos Huanan, el cual se pensó inicialmente que era el lugar de origen de la pandemia del COVID-19.

Wuhan también es hogar de un laboratorio llamado los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Wuhan (WCDPC, por sus siglas en inglés). Es un laboratorio BSL-2 que está a sólo 250 metros del mercado Huanan. Los coronavirus de murciélagos han sido mantenidos en el pasado en el laboratorio WCDPC de Wuhan.

Además, la teoría de la fuga de laboratorio es que los investigadores de uno o ambos laboratorios podrían haberse contagiado del coronavirus similar al de murciélagos Sars-CoV-2 en uno de sus viajes de recolección (alias “vigilancia de virus”). O, alternativamente, un virus que estaban estudiando, pasando, haciendo trabajo de ingeniería, o de otra manera manipulando, escapó.

Valoraciones científicas de la teoría de la fuga de laboratorio

 El 17 de abril el Centro Mediático de Ciencia Australiano le preguntó a cuatro virólogos australianos: “¿El COVID-19 vino de un laboratorio en Wuhan?

Tres (Edward Holmes, Nigel McMillan and Hassan Vally) desestimaron la sugerencia de la fuga de laboratorio y Vally simplemente la etiquetó, sin detallar, una “conspiración”.

El cuarto virólogo entrevistado fue Nikolai Petrovsky de la Universidad Flinders. Petrovsky primero abordó la pregunta si el camino de zoonosis natural era viable. Le dijo al Centro Mediático:

ningún virus natural compatible con el COVID-19 ha sido encontrado en la naturaleza a pesar de una búsqueda intensiva para encontrar sus orígenes.”

Es decir, la idea de un animal intermediario es especulación. De hecho, no hay ningún huésped intermediario viral o animal, ya sea en forma de un huésped animal confirmado o un virus intermediario pausible, ha surgido hasta ahora para explicar la transferencia zoonótica natural del Sars-CoV-2 a humanos (Zhan et al., 2020).

 

Sumándole al punto de Petrovsky, hay otras dos dificultades con la tesis de la transferencia zoonótica natural (además de la débil asociación epidemiológica entre los primeros casos y el mercado “húmedo” de Huanan).

La primera es que los investigadores del laboratorio de Wuhan viajaron a cuevas en Yunnan (1,500 km de distancia) para encontrar murciélagos de heradura que tuvieran coronavirus similares al SARS. A la fecha, el pariente vivo más cercano al Sars-CoV-2 encontrado hasta ahora viene de Yunnan (Ge et al., 2016). Por lo tanto, ¿por qué ocurriría un brote del virus de murciélago en Wuhan?

Además, China tiene una población de 1.3 mil millones. Si los contagios del comercio de vida silvestre fueran la explicación, entonces, si otras cosas fueran parecidas, la probabilidad de que inicie una pandemia en Wuhan (pob. 11 millones) es menor a 1%.

Zheng-Li Shi, líder de la investigación con coronavirus de murciélago en WIV, le dijo a Scientific American tanto como esto:

“Nunca hubiera esperado que sucediera esto en Wuhan, en el centro de China.” Sus estudios han mostrado que las provincias sureñas, subtropicales de Guangdong, Guangxi y Yunnan tienen un mayor riesgo de coronavirus saltando a humanos provenientes de animales – particularmente murciélagos, una reserva común. Si los coronavirus fueron los responsables, ella recuerda haber pensado, “podrían haber venido de nuestro laboratorio?”

Wuhan, en resumen, es un epicentro muy poco probable para una transferencia zoonótica natural. En contraste, para sospechar que el Sars-CoV-2 podría provenir del WIV es tanto razonable como obvia.

¿El Sars-CoV-2 fue creado en un laboratorio?

En su declaración, Petrovsky continúa describiendo el tipo de experimento que, en principio, si se hubiera sido realizado en un laboratorio, obtendría el mismo resultado que la hipótesis formulada de la transferencia zoonótica natural de rápida adaptación de un coronavirus de murciélago a un huesped humano.

“Agarra un coronavirus de un murciélago que no es infeccioso para los humanos, y fuerza su selección al cultivarlo con células que expresan el receptor humano ACE2, tales células habiendo sido creadas hace muchos años para cultivar coronavirus SARS y tú puedes forzar al virus de murciélago a adaptarse para infectar células humanas por medio de mutaciones en su proteína S, la cual podría tener un efecto de aumentar la fuerza de su vinculación al ACE2 humano, e inevitablemente reducir la fuerza de su vinculación al ACE2 de murciélago.

El cultivo prolongado de virus también desarrollará otras mutaciones aleatorias que no afectan su función. El resultado de estos experimentos es un virus que es altamente virulento para humanos pero es lo suficientemente diferente para ya no parecerse al virus de murciélago original. Debido a que las mutaciones son adquiridas aleatoriamente por selección no hay firma de un elemento jockey, pero esto claramente sigue siendo un virus creado por intervención humana.”

En otras palabras, Petrovsky cree que los métodos actuales de experimentación podrían haber llevado a un virus alterado que escapó.

Pase, investigación de GOF, y fugas de laboratorio

El experimento mencionado por Petrovsky representa una clase de experimentos llamados de pase. El pase es colocar un virus vivo dentro de un animal o cultivo de células al cual no está adaptado y después, antes de que el virus se muera, transferirlo a otro animal o célula del mismo tipo. El pase es hecho generalmente iterativamente. La teoría es que el virus evolucionará rápidamente (dado que los virus tienen niveles de mutación altos) y se adaptará a su nueva situación, creando un nuevo patógeno.

El experimento más famoso de este tipo fue conducido en el laboratorio del investigador holandés Ron Fouchier. Fouchier tomó un virus de influenza aviar (H5N1) que no infectó hurones (u otros mamíferos) y lo pasó serialmente a los hurones. La intención del experimento fue específicamente evolucionar un PPP. Después de diez pasadas los investigadores descubrieron que el virus sí había evolucionado, no sólo para infectar hurones sino para transmitirlo a otros en jaulas vecinas (Herfst et al., 2012). Habían creado un virus de hurones aéreo, un Patógeno con Potencial de Pandemia, y una tormenta en la comunidad científica internacional.

Los experimentos de segunda clase que han sido blanco de críticas frecuentes son los experimentos GOF. En la investigación GOF, un nuevo virus es creado deliberadamente, ya sea por una mutación in vitro o al cortar y pegar dos (o más) virus. La intención de tales reconfiguraciones es hacer a los virus más infecciosos al añadirles nuevas funciones como una infectividad o patogenicidad aumentada. Después se experimenta con estos virus nuevos, ya sea en cultivos de células o en animales entereos. Esta clase de experimentos fueron prohibidos en los EU del 2014 al 2017.

Algunos investigadores incluso combinaron experimentos GOF y de pase al usar virus recombinantes en experimentos de pase (Seahan et al., 2008).

Todos esos experimentos requirieron técnicas recombinantes de ADN y experimentos animales o de cultivo de células. Pero la hipótesis más simple de cómo es que el Sars-CoV-2 podría haber sido causado por investigacion es simplemente suponer que un investigador del WIV o del WCDCP se infectó durante una expedición de recolección y le pasó su virus de murciélago a sus colegas o familia. El virus natural después evolucionó, es estos primeros casos, en el Sars-CoV-2. Por esta razon, aún los viajes de recolección tienen a sus críticos. El epidemiólogo Richard Ebright los llamó “la definición de locura”. Manejar animales y muestras expone a los recolectores a múltiples patógenos y regresar a sus laboratorios después trae esos patógenos de regreso a lugares densamente poblados.

¿El WIV estaba haciendo experimentos que podrían liberar PPPs?

Desde el 2004, un poco antes del brote original de SARS, investigadores del WIV habían estado recolectando coronavirus de murciélagos en una búsqueda intensiva de patógenos similares al SARS (Li et al., 2005). Dese el viaje de recolección original, muchos más han sido realizados (Ge et al., 2013; Ge et al., 2016; Hu et al., 2017; Zhou et al., 2018).

Petrovsky no lo menciona pero el grupo de Zheng-Li en el WIV ya había estado realizando experimentos muy similares a los que él describe, usando estos virus recolectados. En el 2013 el laboratorio de Shi reportó aislar un clon infeccioso de un coronavirus de murciélago que llamaron WIV-1 (Ge et al., 2013). WIV-1 fue obtenido al introducir un virus de coronavirus de murciélago en células de mono, con el pase, y después probar su inefectividad en líneas celulares humanas (HeLa) diseñadas para expresar el receptor humano ACE2 (Ge et al., 2013).

En el 2014, justo antes de que la prohibición de investigación Gde de EU entrara en efecto, Zheng-Li Shi del WIV co-redacto un trabajo con el laboratorio de Ralph Baric en Carolina del Norte que realizaba investigación GOF en coronavirus de murciélagos (Menachery et al., 2015).

En este set de experimentos en particular los investigadores combinaron “el pico del coronavirus de murciélago SHC014 en una columna vertebral de ratón adaptada al SARS-CoV” en un solo virus vivo diseñados. El pico fue suministrado por el laboratorio Shi. Pusieron este virus de murciélago/humano/ratón en células de vías respiratorias humanas cultivadas y también en ratones vivos. Los investigadores observaron “patogénesis notable” en los ratones infectados (Menachery et al. 2015). La parte adaptada en ratón de este virus viene de un experimento del 2007 en el cual el laboratorio de Baric creó un virus llamado rMA15 al hacer un pase (Roberts et al., 2007). Este rMA15 fue “altamente virulento y letal” para los ratones. De acuerdo a esta investigación, los ratones sucumbieron a una “infección viral abrumadora”.

En el 2017, de nuevo con la intención de identificar virus de murciélagos con capacidades vinculantes del ACE2, el laboratorio de Shi en el WIV reportó infectar de manera exitosa las líneas celulares humanas (HeLa) diseñadas para expresar el receptor humano ACE2 con cuatro coronavirus de murciélago distintos. Dos de estos fueron virus de murciélago recombinante (quiméricos) hechos en laboratorio. Tanto los virus silvestres y recombinantes fueron brevemente pasados en células de monos (Hu et al., 2017).

Juntos, lo que estos trabajos mostraron fue que: 1) El laboratorio de Shi recolectó numerosas muestras de murciélagos con un énfasis en recolectar cepas de coronavirus similares al SARS, 2) cultivaron virus vivos y realizaron experimentos de pase en ellos, 3) miembros del laboratorio de Zheng-Li Shi participaron en experimentos GOF realizados en Carolina del Norte en coronavirus de murciélago, 4) el laboratorio de Shi produjo coronavirus de murciélago recombinantes y los colocó en células humans y de monos. Todos estos experimentos fueron realizados en células que contenían receptores ACE2 humanos o de monos.

El propósito general de tal trabajo fue ver si un patógeno mejorado podría surgir de la naturaleza al crear uno en un laboratorio. (Para un resumen técnico muy informativo de la investigación del WIV de los coronavirus de murciélago y de sus colaboradores les recomendamos esta publicación, escrita por el empresario de la biotecnología Yuri Deigin).

También parece que el laboratorio de Shi en el WIV tenía la intención de hacer más que sólo investigación. En el 2013 y de nuevo en el 2017 Zheng-Li Shi (con la ayuda de una asociación sin fines de lucro llamada la Alianza EcoHealth) obtuvo un subsidio de los Institutos Nacionales de Salud de los EU (NIH, por sus siglas en inglés). El subsidio más reciente de esos proponía que:

“rango de huésped (potencial de emergencia) será probado de manera experimental usando genéticas inversas, pseudovirus y ensayos de vinculación de receptor, y experimentos de infección de virus a través de un rango de cultivos de células de especies distintas y ratones humanizados” (proyecto NIH #5R01Al110964-04).

Es difícil exagerar que la lógica central de este subsidio fue probar el potencial pandémico de estos virus de murciélago similares al SARS haciendo unos con potencial pandémico, ya sea a través de la modificación genética o pase, o ambos.

Además de las descripciones en sus publicaciones todavía no sabemos exactamente con cuáles virus estaba experimentando el WIV pero ciertamente es intrigante que numerosas publicaciones que aprecieron primero a partir del Sars-CoV-2 han desconcertado por el hecho de que la proteína S del SARS-CoV-2 se enlaza con una afinidad excepcionalmente alta al receptor humano ACE2 “por lo menos diez veces más fuerte” que el SARS original (Zhou et al., 2020; Wrapp et al., 2020; Wan et al., 2020; Walls et al., 2020; Letko et al., 2020).

Esta afinidad es mucho más notable debido a la relativa falta de ajuste en estudios de modelización del pico de SARS-CoV-2 a otras especies, incluyendo los intermediaros postulados como serpientes, civetas y pangolines (Piplani et al., 2020). En esta prepublicación estos modeladores concluyeron “Esto indica que el SARS-CoV-2 es un patógeno altamente adaptado a los humanos”.

Dada la historia de investigación y recolección del laboratorio de Shi en el WIV es por lo tanto enteramente pausible que un ancestro del coronavirus de murciélago similar al SARS o del Sars-CoV-2 fue entrenado en el receptor humano ACE2 al pasarlo en células expresando ese receptor.

¿Cómo se fugan los virus de laboratorios de alta seguridad?

Las fugas de patógenos de los laboratorios toman varias formas. De acuerdo a la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de EU, un laboratorio del Departamento de Defensa de los EU una vez “envió inadvertidamente Bacillys anthracis viva, la bateria que causa el ántrax, a casi 200 laboratorios en todo el mundo durante el transcurso de 12 años. El laboratorio creyó que las muestras habían sido desactivadas.” En el 2007, Gran Bretaña experimentó un brote de una enfermedad del pie y boca. Su origen fue un sistema de desecho de desperdicios que no funcionaba de un laboratorio BSL-4 filtrándose en un río del cual las vacas vecinas bebían. El sistema de desecho no había recibido el mantenimiento adecuado (Furmanski, 2014). En el 2004, un brote de SARS con origen del Instituto Nacional de Virología (NIV) en Beijing, China, comenzó, de nuevo, con la inactivación inadecuada de una muestra de virus que después fue distribuida a partes no seguras del edificio (Weiss et al., 2015).

Escribiendo para el Boletín de Científicos Atómicos en febrero del 2019, Lynn Klotz concluyó que el error humano estaba detrás de la mayoría de los incidentes de laboratorio causando exposiciones a patógenos en los laboratorios de alta seguridad de los EU. Mientras que el fallo del equipo también fue un factor de los 749 incidentes reportados al Programa de Agente Selecto Federal de los EU entre el 2009-2015, Klotz concluyó que 79% fueron resultado de error humano.

Pero presumiblemente la mayor preocupación es que los incidentes que suceden no son reportados porque la fuga de patógenos no se detecta. Es bastante alarmante que un número significativo de eventos de fuga de patógenos fueron descubiertos sólo porque investigadores estaban en el proceso de examinar un incidente completamente distinto (Furmanski, 2014). Tales descubrimientos representan fuerte evidencia de que la fuga de patógenos son muy poco reportados y que todavía se necesitan aprender lecciones importantes. (Weiss et al., 2015).

El registro de seguridad del WIV

El último punto importante es la historia de bioseguridad del WIV. El WIV fue construido en el 2015 y se convirtió en un laboratorio BSL-4 encomendado en el 2018. De acuerdo a Josh Rogin del Washington Post, oficiales de la embajada de EU visitaron el WIV en el 2018. Subsecuentemente le advirtieron a sus superiores en Washington de una “seria escasez de técnicos e investigadores apropiadamente entrenados y necesarios para operar de manera segura este laboratorio de alta contención”.

Y de acuerdo a las Noticias VOA, un año antes del brote, “una revisión de seguridad realizada por un equipo nacional chino encontró que el laboratorio no alcanzó los estándares nacionales en cinco categorías.”

Reportes creíbles provenientes de China también cuestionan la bioseguridad de laboratorios y su manejo. En 2019, Yuan Zhiming, especialista en bioseguridad del WIV, citó los “retos” de la bioseguridad en China. De acuerdo a Zhiming: “varios BSLs de alta seguridad tienen fondos operativos insuficientes para procesos rutinarios pero vitales” y “Actualemnte, la mayoría de los laboratorios carecen de gerentes e ingenieros de bioseguridad especializados.” Él recomienda que “Deberíamos revisar a la brevedad las regulaciones, guías, normas y estándares de bioseguridad existentes de la bioseguridad” Sin embargo, también destaca que China tiene la intención de construir de “5-7” laboratorios BSL más (Yuan, 2019)

Y en febrero del 2020, Scientific American entrevistó a Zheng-Li Shi. Acompañando la entrevista había una fotografía de ella liberando un murciélago capturado. En la foto ella está vistiendo una capa superior casual sin abrochar de color rosa, guantes delgados y sin cubrebocas u otra protección. Aún así esta es la misma investigadora cuyas pláticas dan advertencias “escalofriantes” sobre los riesgos del contacto humano con murciélagos.

Todo lo cual tiende a confirmar el análisis original del Departamento Estatal. Como le dijo a Rogin un “oficial de administración con antigüedad” anónimo.

“La idea de que era un hecho completamente natural es circunstancial. La evidencia que se filtró de un laboratorio es circunstancial. Ahora mismo, por otra parte, el que se filtre del laboratorio está cargado de puntos de enumeración y casi no hay nada del otro lado.”

La hipótesis principal es un brote de laboratorio 

Por todas estas razones, una fuga de laboratorio es por mucho la principal hipótesis para explcar los orígenes de Sars-CoV-2 y la pandemia de COVID-19. La proximidad de los laboratorios WIV y WCDCP al brote y la naturaleza de su trabajo representa evidencia que difícilmente puede ser ignorada. La larga historia internacional de fugas de laboratorio y las preocupaciones de bioseguridad provenientes de todas las direcciones sobre los laboratorios en Wuhan reforzan el caso bastante. Especialmente desde que la evidencia para la hipótesis alternativa, en forma de una conexión con la exposición a animales silvestres o el comercio de vida salvaje, permanece extremadamente débil, que está basado primariamente en la analogía con el SARS uno (Bell et al,. 2004, Andersen et al., 2020).

Sin embargo, el 16 de abril Peter Daszak, quien es el Presidente de la EcoHealth Alliance, le dijo a Democracy Now! en una larga entrevista que la tesis de fuga del laboratorio eran “puras patrañas”. Le dijo a los oyentes.

“No había ningún virus aislado en el laboratorio. No había ningún virus cultivado que tuviera nada que ver con el SARS coronavirus 2. Así que simplemente no es posible.”

Daszak hizo aseveraciones bastante similares en Sixty Minutes de CNN. “No hay evidencia de que este virus saliera de un laboratorio en China.” En su lugar, Daszak animó a los espectadores a culpar “la caza y el comerse vida silvestre”.

La certeza de Daszak es altamente problemática por varias razones. Los coronavirus más cercanamente emparentados con el Sars-CoV-2 son los que se encuentran en el WIV así que bastante depende de lo que a él se refiere con “emparentado a”. Pero también es deshonesto en el sentido de que Daszak debe de saber que cultivar en el laboratorio no es la única manera en la que los investigadores de WIV podrían haber causado un brote. Tercera, y esta no es culpa de Daszak, los medios de comunicación están preguntando la respuesta correcta a la persona incorrecta.

Como fue aludido arriba, Daszak es el llamado investigador principal de múltiples subsidios estadounidenses que fueron al laboratorio de Shi en WIV. También es un co-autor de varios trabajos con Zheng-Li Shi, incluyendo la publicación del 2013 en Nature anunciando el aislamiento del coronavirus WIV-1 usando el método del pase (Ge et al., 2013). Uno de sus co-autores está en la investigación de la recolección en la cual sus colegas del WIV colocaron los cuatro coronavirus de murciélago completamente funcionales en células humanas que contenían el receptor ACE2 (Hu et al. 2017). Esto quiere decir, Daszak y Shi, ambos son colaboradores y co-responsables por la mayoría de la recolección de alto riesgo y experimentación publicada en el WIV.

Se necesita una investigación, ¿pero quién la hará?

Si el laboratorio de Shi tiene algo que esconder, no sólo el gobierno chino será reacio a ver que una investigación parcial proceda. La mayoría del trabajo fue financiado por los contribuyentes estadounidense, canalizado ahí por Peter Daszak y la EcoHealth Alliance. Virtualmente cada organización internacional creíble que podría en un principio realizar tal investigación, la ONU, la CDC de los EU, la FAO, la NIH estadounidense, incluyendo a la Fundación Gates, es ya sea asesora o socia de la EcoHealth Alliance. Si el brote de Sars-CoV-2 se originó del trabajo con coronavirus de murciélagos en el WIV entonces casi cada institución grande en la comunidad de salud pública está implicada.

Pero para resolver muchas de estas preguntas no requieren necesariamente de una investigación cara. Probablemente sería suficiente para inspeccionar los cuadernos de notas de los investigadores de los laboratorios del WIV. Todos los científicos investigadores mantienen notas detalladas, por propiedad intelectual y otras razones, pero especialmente en laboratorios BSL-4. Como Yuan Zhiming le dijo a la revista Nature en un artículo marcando la abertura de una sede en Wuhan: “Les decimos (staff) que la cosa más importante es que reporten lo que han o no han hecho.”

Registros de laboratorio meticulosos más los registros del personal de salud y reportes de incidentes de accidentes y casi-accidentes son todos componentes esenciales (o deberían serlo) del trabajo de BSL. Su propósito principal es permitir el rastreo de incidentes actuales. Bastante especulación podría ser finalizada con la liberación pública de esa información. Pero el WIV no la ha entregado.

Esto es desconcertante dado que el gobierno chino tiene un incentivo bastante fuerte para producir esos registros. La transparencia total podría dispersar potencialmente la tormenta de culpa que viene hacia ellos; especialmente sobre la pregunta de si el Sars-CoV-2 tiene un origen de diseño o pase. Si Zheng-Li Shi y Peter Daszak tienen la razón acerca de que nada similar al Sars-CoV-2 estaba siendo estudiado ahí, entonces esos cuadernos definitivamente deberían exonerar al laboratorio de haber creado de manera consciente un Patógeno Verdadero de Pandemia.

Dada la simplicidad y utilidad de este paso esta falta de transparencia sugiere que hay algo que esconder. Si lo hay, debe ser importante. Pero entonces la pregunta es: ¿Qué?

Una investigación exhaustiva del WIV y su investigación de coronavirus de murciélago es un primer paso importante. Pero las preguntas verdaderas no son los accidentes específicos y disimulos de la Dra Shi o Daszak, no del WIV, ni siquiera del gobierno chino.

En su lugar, la pregunta más grande tiene que ver con la filosofía actual de la predicción y prevención de la pandemia. Consultas profundas deberían hacerse acerca de la sabiduría general de recolectar y contar virus de la naturaleza y después realizar investigación recombinante peligrosa “que tal si” en laboratorios de alta tecnología pero falibles de bioseguridad. Este es un enfoque reduccionista, asimismo, que hasta ahora ha fallado en predecir o protegernos de pandemias y tal vez jamás lo haga.

Pie de nota: Este artículo fue actualizado el 3 de junio para ampliar las estimaciones de muertes por la “gripe procina”, de 3,000 a 3- a 200,000.

 

 

 

 

 

 

El largo historial de fugas accidentales de posibles patógenos pandémicos de laboratorios no es ni mencionado en la cobertura que los medios de comunicación dan al COVID-19

Traducción por Regeneration International. Link a artículo original

 

Muchas personas descartan la posibilidad de que la pandemia de COVID-19 venga de un laboratorio. Es posible que desconozcan la frecuencia en la cual hay fugas biológicas peligrosas de los laboratorios.

El 11 de febrero, le pregunté a Anne Schuchat, subdirectora principal de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en el National Press Club si era una “total coincidencia” que el brote del nuevo coronavirus ocurriera en Wuhan, un centro de guerra biológica y biodefensa en China. Su respuesta fue muy evasiva. Ella no respondió mi siguiente pregunta sobre si el supuesto “origen zoonótico” descartaba que el brote fuera causado por patógenos de la naturaleza que en ese momento podrían haberse fugado accidentalmente de los laboratorios.

Sin embargo estos datos no siempre son proporcionados al público. Una búsqueda en “Democracy Now” muestra que la primera vez que el programa mencionó “Wuhan” y “laboratorio” fue el 6 de abril, para reconocer el trabajo de “el laboratorio de Wuhan que identificó el coronavirus que causa COVID-19″. Los principales medios de comunicación al menos informaron de la existencia del laboratorio a su audiencia de manera oportuna, aunque hubieran distorcionado la información.

Y efectivamente manipularon la información.

Forbes (17/03/20) publicó el artículo “No, el coronavirus COVID-19 no fue creado con bioingeniería. Aquí está la investigación que lo desmiente”, que se basa en una interpretación errónea de un artículo extraño y engañoso de Nature Medicine para descartar la idea de que salió de un laboratorio. Bruce Y. Lee, colaborador principal de salud de Forbes, escribió: “es mucho más fácil filtrar una bolsa de aire a través de tu trasero que un virus de una instalación BSL-4″. Se suponía que esto tenia que ser tranquilizador.

Del mismo modo, la CNN (6/6/20) se burló de la idea de una fuga de laboratorio al reevaluar la fuente de la pandemia, describiendo la posibilidad de que “se filtró, como el genio de la botella, de un laboratorio por accidente. ”

Pero incluso echando un vistazo rápido a los registros, muestran que estos laboratorios, donde sea que estén, tienen muchos accidentes, apenas en 2019, el New York Times (8/8/19) informó: “Se cierra la investigación de gérmenes mortales en el laboratorio militar por preocupaciones sobre la seguridad “, un artículo sobre Fort Detrick en Maryland:” Los problemas con la eliminación de materiales peligrosos llevaron al gobierno a suspender la investigación en el principal centro militar de biodefensa”. (El periódico local, Frederick News-Post ha proporcionado cierta cobertura, incluida la publicación de cartas del activista local Barry Kissin).

USA Today tenía una reportera enfocada en esta cuestión, Alison Young, pero dejó el periódico. Una muestra de su trabajo:

“Cientos de accidentes de laboratorio de bioterrorismo se mantienen en secreto” (17/8/14)

“Trabajador en Tulane posiblemente expuesto a bacterias bioterroristas” (11/03/15)

“Los CDC no informaron de incidentes en laboratorios con patógenos bioterroristas al Congreso” (23/06/16):

“La Oficina de Fiscalización Superior de los EE.UU. (GAO) encuentra falta de datos en la supervisión de los gérmenes bioterroristas estudiados en los Estados Unidos”:

“Los reguladores gubernamentales no tienen idea de la frecuencia con la que los laboratorios que trabajan con algunos de los virus y bacterias más peligrosos del mundo no logran matar por completo los viales de las muestras antes de enviarlas a otros investigadores que carecen de equipos críticos para protegerlos contra la infección, según un nuevo informe de la Oficina de Responsabilidad del Gobierno “. (21/09/16)

“El Congreso exige detalles de los incidentes en laboratorios del CDC mantenidos en secreto que USA TODAY reveló” (17/1/17)

Incluso desde el comienzo del brote de COVID-19, Nature informó: “Los institutos chinos investigan los brotes de patógenos en los trabajadores de laboratorio”. (17/12/19)

Luego, el 16 de abril, “Democracy Now” entrevistó a Peter Daszak de EcoHealth Alliance. Daszak es una parte interesada. Ha trabajado y ayudado a financiar los experimentos de coronavirus en el Instituto de Virología de Wuhan. Descartó totalmente la posibilidad de fuga del virus del laboratorio. El episodio se tituló: “‘Puro engaño’: el zoólogo desacredita la teoría del origen del COVID-19 de Trump, y explica la transmisión animal-humana”.

A los oyentes de “Democracy Now” no se les dio la información básica sobre el historial de accidentes de laboratorio. Tampoco se les dijo que entre los asesores de políticas de EcoHealth Alliance se encuentran David Franz, un ex comandante de Fort Detrick, la principal instalación de biodefensa / guerra biológica del gobierno de EE. UU., y Thomas Geisbert, que está haciendo trabajos de biodefensa / guerra biológica en el Laboratorio Nacional de Galveston. Los socios de EcoHealth Alliance incluyen universidades pero también grandes corporaciones como Johnson & Johnson y Colgate Palmolive. Y lo más importante es que EcoHealth Alliance ha trabajado con USAID (La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) para financiar trabajos de colaboración peligrosos entre científicos en los EE. UU. y en Wuhan.

Según Daszak, simplemente intentan defenderse contra las pandemias. Esto requiere recolectar e incluso crear patógenos peligrosos con el propósito manifiesto de defenderse de ellos.

Pero, para Richard Ebright de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey, un científico eminente y uno de los pocos que analizan las redes bien financiadas de biodefensa / guerra biológica, todo esto es extremadamente peligroso: Ebright lo llama “No es ‘investigación de vacunas’. No es investigación que proporciona información útil para prevenir o combatir brotes. Simplemente es una temeridad pseudocientífica y aventurara a lo Indiana-Jones con un alto riesgo de infección de la persona que colecta el virus y, a partir de ahí, infección a toda la población”. También acusa que recolectar miles de estos virus es la “definición de locura”.

Curiosamente, incluso la investigadora que tiene el apoyo de la organización de Daszak en el Instituto de Virología de Wuhan dice que inicialmente estaba bastante preocupada de que el laboratorio fuera el origen. Shi Zhengli fue protagonista de un articulo en Scientific American, (11 de marzo de 2020) titulado “cómo la ‘mujer murciélago’ de China cazó virus desde el SARS al nuevo coronavirus”: “Si los coronavirus fueran los culpables, recuerda haber pensado, ‘podrían haber venido de nuestro laboratorio?’… Shi suspiró aliviada cuando volvieron los resultados: ninguna de las secuencias coincidía con la de los virus que su equipo había tomado de las cuevas de murciélagos. ‘Eso me quitó una carga de encima’, dice ella. “No había dormido nada durante días”.

Parece más reflexiva que Daszak, pero ¿por qué el mundo debería creer lo que dice? Como dice Ebright en Rutgers: “Una negación no es un rebatimiento”.

De hecho, no hay duda de que el canal de Fox News, el senador Tom Cotton y otros claramente están tratando de demonizar a China y presentar a los laboratorios chinos como particularmente peligrosos. La replica de los liberales a esto es que los laboratorios chinos son geniales, igual que los laboratorios estadounidenses. Se excluye de esta “discusión” la verdad obvia: todos estos laboratorios son peligrosos y no hay una distinción significativa entre guerra biológica y biodefensa. Efectivamente, Estados Unidos ha estimulado una carrera armamentista con armas biológicas, como lo documenta Francis Boyle en su Guerra biológica y terrorismo (2005).

Al no abordar el tema de la guerra biológica, la izquierda está cediendo esta cuestión a la derecha favorable a la guerra, y ellos lo están usando de arma contra China. La mejor táctica, seguramente, es adoptar un enfoque integral para garantizar que una carrera armamentista con armas biológicas no continúe amenazando a la humanidad.

En la Fox, el senador Cotton declaró que los laboratorios de EE. UU. Realizan un trabajo “en gran parte realizado con fines preventivos”, como “tratar de encontrar vacunas”. Por el contrario, “China obviamente es muy reservada sobre lo que sucede en el laboratorio de Wuhan”. (FNC 16/02/20) De hecho, todos los países que hacen este trabajo son reservados. Gran parte de la cobertura de la derecha en los EE. UU. sobre este tema ha sido liderada por los informes de Bill Gertz en el Washington Times cuyos libros incluyen La amenaza de China: cómo la República Popular apunta a América y, desde 2019: Encendiendo el cielo: dentro de la campaña de la China comunista para conseguir la supremacía global.

Del mismo modo, según informa Josh Rogin en el Washington Post, “los informes del Departamento de Estado advirtieron sobre problemas de seguridad en el laboratorio de Wuhan que estudia los coronavirus de murciélago” provienen de partes interesadas del gobierno de los Estados Unidos.

Si la dinámica actual continúa, la derecha utilizará el tema de los laboratorios biológicos para demonizar a China, y tal vez a otros estados, sin que haya un escrutinio serio aplicado al trabajo de armas biológicas por parte de los EE. UU. y sus aliados (Israel ni siquiera ha firmado la Convención de Armas Biológicas).

Mientras que algunos buscan demonizar a China, otros como David Ignatius del Washington Post piden que los gobiernos de EE. UU. y China trabajen juntos. Igual que lo hacen algunos funcionarios chinos. Esa también puede ser una propuesta muy peligrosa. Considere la dinámica de las otras armas principales que amenazan a la humanidad: las armas nucleares. Estados Unidos y Rusia están efectivamente conspirando para mantener su poder geopolítico manteniendo sus reservas de armas nucleares. Han bloqueado los movimientos hacia una prohibición de armas nucleares, un esfuerzo respaldado en la ONU por 122 países. Se ha discutido muy poco sobre este tema a pesar de que el grupo detrás de este movimiento, la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares, una vez ganó el Premio Nobel de la Paz. Desafié esta conspiración preguntando sobre todo esto en la cumbre Trump-Putin en Helsinki, pero fui arrastrado fuera del pasillo, encadenado, arrojado a la parte trasera de un vehículo policial y detenido durante seis horas.

Después de los ataques con ántrax del 11 de septiembre, que probablemente se originaron en los laboratorios del gobierno de los EE. UU., el gobierno de los EE. UU. aumentó de forma perversa y dramáticamente el gasto en “biodefensa”, construyendo más laboratorios en todo el país, capacitando a cientos, si no miles de científicos más para trabajar con los patógenos más peligrosos del planeta. Este gasto se aproxima a unos cinco mil millones de dólares cada año desde los ataques con ántrax.

El 21 de abril, el Times publicó el artículo “Cómo los científicos podrían detener la próxima pandemia antes de que comience”, sobre Daszak y sus amigos, acompañado de elaborados gráficos, en el que el Times afirma: “Los investigadores creen que podrían crear vacunas y medicamentos de manera preventiva para luchar contra una amplia gama de amenazas virales, si pueden obtener fondos suficientes “.

Entonces, si bien aún no sabemos si la causa de la pandemia no fue este peligroso trabajo de laboratorio, las personas que lo llevan a cabo, que ya están bien financiadas, están mandando artículos en el New York Times pidiendo aún más dinero.

Y Fort Detrick está a punto de conseguir lo que parece ser el laboratorio de “biodefensa” más grande y costoso jamás construido.

Todavía es tan optimista sobre los laboratorios? En 2018, el Programa Federal de Agente Selecto “recibió ocho informes de pérdida y 193 informes de liberación de un agente o toxina selectiva biológica”.

O intente leer este excelente artículo de 2014 – “Fugas de laboratorio y epidemias de ‘profecía autocumplida’” – por Martin Furmanski del Grupo de Trabajo de Científicos sobre Armas Químicas y Biológicas y el Centro para el Control de Armas y la No Proliferación (se publicaron versiones del mismo en el Boletín de los Científicos Atómicos y Slate):

En este artículo, advirtió sobre “el peligro para la salud pública mundial o regional por la fuga de patógenos de los laboratorios de microbiología capaces de causar pandemias, o Patógenos Potencialmente Pandémicos (PPP)”.

Furmanski documentó las fugas accidentales de viruela en Gran Bretaña en la década de 1970, lo que eventualmente llevó al jefe del laboratorio a suicidarse, la encefalitis equina venezolana en 1995, la fiebre aftosa en Gran Bretaña en 2007 que comenzó a “4 kilómetros de un laboratorio de nivel 4 de bioseguridad . ”

Más recientemente, señala: “El SARS no ha reaparecido naturalmente, pero ha habido seis ‘fugas’ diferentes de los laboratorios de virología que lo estudian: uno en Singapur y Taiwán, y en cuatro ocasiones distintas en el mismo laboratorio en Beijing. …

“Debe enfatizarse que estos ejemplos son solo la ‘punta del iceberg’ porque representan accidentes de laboratorio que realmente han causado enfermedades fuera del laboratorio en el entorno público general. …

“La ciudadanía prácticamente no tuvo ningún conocimiento sobre la pandemia de H1N1 de 1977 y sus probables orígenes de laboratorio. Los virólogos y los funcionarios de salud pública se dieron cuenta rápidamente de que la fuga del laboratorio era el origen más probable, pero simplemente no dieron a conocer esta información, conscientes de que unas acusaciones tan vergonzosas probablemente terminarían con la naciente cooperación de los virólogos rusos y chinos, que fue vital para el control mundial de la influenza. …

“No es nada tranquilizador que, a pesar de que poco a poco ha habido mejoras técnicas en las instalaciones de contención y han aumentado las demandas de políticas para los procedimientos de bioseguridad en el manejo de patógenos peligrosos, se produzcan fugas de estos patógenos y causen brotes en el entorno general”. Tomando una visión pragmática del problema, la pregunta no es si estas fugas ocurrirán en el futuro, sino más bien cuál puede ser el patógeno y cómo se contendrá esa fuga, si es que se puede contener.

“Los avances en la manipulación genética ahora permiten el aumento de la virulencia y la transmisibilidad en patógenos peligrosos, y estos experimentos se han financiado y realizado, especialmente en el virus de la gripe aviar H5N1. La conveniencia de realizar experimentos como estos está claramente en duda, particularmente en laboratorios ubicados en universidades en áreas urbanas muy pobladas, donde el personal de laboratorio que está potencialmente expuesto está en contacto diario con una multitud de ciudadanos susceptibles e inconscientes. Si este tipo de manipulaciones debieran permitirse, parecería prudente llevarlas a cabo en laboratorios aislados donde el personal es aislado de la población general y debe pasar un período de “cuarentena de salida” antes de volver a entrar en la vida ciudadana “.

What Climate Change and the Coronavirus Have in Common

At its best, each day lately is full of some degree of uncertainty. Stay-at-home orders. Lockdowns. Economic plunges. None of this is normal. Yet, it oddly shares commonality with a different kind of drawn-out pandemic—climate change. Hurricanes, wildfires, extreme temperature shifts are not normal either. These events, unlike the current coronavirus peak, are spread out geographically and seasonally, with the most ravaged effects often occurring beyond our sight.

What if we could stop the next pandemic before it starts? What if we could curtail climate change before it sweeps us aside? Incidentally, both crises share a common cause: our food system.

Repair our food system, repair our health

The Centers for Disease Control and Prevention (CDC) estimates that three out of four infectious diseases in people come from animals. That’s 75 percent, of which COVID-19 is one. Others, like SARS, Ebola, swine flu, and bird flu, have similar animal origins.

Until recently, virtually no one was searching for the infamous Spanish Flu of 1918, which killed nearly 50 million people—far more than in World War I. Suddenly, 102 years later, mass Googling began. Why? Like the virus we’re experiencing now, the Spanish Flu originated in an animal—the commonly consumed pig. This is not just a problem of earlier, less medically-advanced eras. In 2009, the swine flu returned, taking between 151,000 and 675,000 lives. Similarly, COVID-19 is suspected to have originated in bats, jumping to humans from another mammal.

While COVID-19 may seem like a foreign disease that we have fallen victim to, it’s just one of many viruses that stem from the extreme confinement of animals being raised for food. In the U.S. alone, 9 billion animals are raised each year on factory farms, posing a massive pandemic risk.

Add to that the risk of antibiotic-resistant bacteria, attributed to the overuse of antibiotics to promote the growth of animals raised for food. The World Health Organization (WHO) estimates that 700,000 people die each year from drug-resistant diseases. They have been warning us that zoonotic diseases are transferred from animals to humans through exposure to animals and/or their products. The guidance is clear. We need to end factory farming or be prepared for an unhealthy future of pandemonium.

Repair our food system, repair the planet

Alongside our current crisis looms the seemingly obscure threat of climate change. There have been glimmers of hope that skies and waterways around the world are clearing, as flights and rush hour traffic all but halted. But pausing human activity for a few weeks is not going to stop the tide of climate change.

While curbing global warming requires change on many levels, one most obvious one is that of animal agriculture. It’s estimated that 14.5% of greenhouse gas emissions—not including water and soil pollution—are caused by animal agriculture. More than planes, trains, and motor vehicles combined.

The time couldn’t be more opportune for us to reevaluate our relationship with our planet and the billions of factory-farmed animals who inhabit it against the laws of nature. Crammed into tiny cages. Packed into giant sheds. Instantly taken away from their mothers at birth. Treated like pure products being manufactured for profit. Except, like us, they have heartbeats, emotions, and curiosity. Like us, they get sick, that sickness spreads—through our soil, our water, and directly to humans.

Repair our future

At a time when many of us are looking to regain control of our lives, we can start by taking control of our plates, by reducing our consumption of animal products. Because the truth is—virtually all animals raised for food come from unhealthy factory farms.

We’re lucky to live in an era of plant-based burgers that bleed like meat and latte-foaming milk made from liquified oats. Innovations that allow us to experience food like many have grown accustomed to, with less risk and more benefit.

According to the Journal of the American Medical Association (JAMA), substituting plant protein in lieu of animal protein is associated with lower mortality. Just the dose of health we could all use right now.

If you want to transform the health of people and our planet in one shot, stand up against factory farming, and fight for a better food system, by taking action with organizations who are doing just that. It’s time to take control of our health and our future. To define the new normal before our quarantines define us.

Posted with permission from Common Dreams

Un mensaje de Vandana Shiva para el Día de la Trabajadora y el Trabajador

Estamos viviendo 3 pandemias simultáneamente. La primera es la Pandemia del coronavirus. La segunda es la Pandemia del Hambre. La tercera es la Pandemia de Destrucción de los Medios de Vida. La pandemia del coronavirus ha infectado a 3.19 millones de personas y ha matado a 228,000 personas. El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas ha advertido a la comunidad mundial de la «pandemia de hambre» que se aproxima, que puede llegar a afectar a más de 250 millones de personas cuyas vidas y medios de vida se verán sumidos en un peligro inmediato.

Según el programa mundial de alimentos, más de un millón de personas están al borde de la hambruna, y 300.000 podrían morir de hambre cada día durante los próximos tres meses. [1] [2]

También hay una pandemia de pérdida de medios de vida. Según la OIT «como resultado de la crisis económica creada por la pandemia, casi 1.600 millones de trabajadores de la economía informal (que representan los más vulnerables en el mercado laboral), de un total mundial de 2.000 millones y una fuerza de trabajo mundial de 3.300 millones, han sufrido un daño masivo en su capacidad para ganarse el sustento». Esto se debe a las medidas de bloqueo y/o porque trabajan en los sectores más afectados».

“Para millones de trabajadores, sin ingresos no hay alimentos, ni seguridad, ni futuro. […] A medida que la pandemia y la crisis del empleo evolucionan, la necesidad de proteger a los más vulnerables se hace aún más urgente». Guy Ryder, ILO director general. [3]

Las tres pandemias tienen sus raíces en un modelo económico basado en las ganancias, la codicia y el extractivismo, que ha acelerado la destrucción ecológica, agravado la pérdida de los medios de subsistencia, el aumento de la desigualdad económica, y polarizado y dividido la sociedad en el 1% y el 99%.

En este Día de la trabajadora y el trabajador, en tiempos de la crisis del coronavirus imaginemos y construyamos nuevas economías basadas en la Democracia de la Tierra y en la democracia económica para proteger a la Tierra y a la humanidad. Abordemos las tres crisis a través de la participación democrática y la solidaridad. A través de la compasión asegurémonos de que nadie pase hambre. A través de la solidaridad y la democracia participemos en la creación de las economías futuras para asegurarnos de que ninguna mano se quede sin trabajo, ninguna persona se quede sin voz.

La crisis múltiple es una llamada de alerta de que la economía regida por el 1% no está funcionando para las personas y la naturaleza. El 1% está hablando de que el 99% es «gente inútil» en su idea del futuro basada en la agricultura digital y la agricultura sin agricultores, fábricas automatizadas y producción sin trabajadores.

Tenemos la obligación de crear economías que no destruyan la naturaleza, que no destruyan los medios de vida y los derechos de los trabajadores, economías que no destruyan nuestra salud propagando enfermedades y pandemias, que no destruyan los medios de vida y la libertad, la dignidad y el derecho al trabajo, y que no creen hambre. Vamos a crear economías #CeroHambre protegiendo los medios de subsistencia de los pequeños agricultores que proporcionan el 80% de los alimentos. Pasemos a la agricultura orgánica libre de veneno para proteger la salud humana y la biodiversidad, creemos economías locales solidarias circulares que apoyen los medios de vida de los vendedores y los pequeños comerciantes, creemos comunidad y reduzcamos la huella ecológica. Después de Covid 19, regeneremos la economía con la conciencia de que todas las vidas son iguales, que somos parte de la Tierra, que somos seres ecológicos y biológicos, que el trabajo es nuestro derecho y está en el corazón del ser humano, y que el cuidado de la Tierra y de los demás es el trabajo más importante. No hay personas desechables o inútiles. Somos una sola humanidad en un solo planeta. Autonomía, significado, dignidad, trabajo, libertad, democracia, son nuestros derechos de nacimiento.

 

[1] https://www.washingtonpost.com/opinions/2020/04/22/covid-19-could-detonate-hunger-pandemic-with-millions-risk-world-must-act/

[2] https://insight.wfp.org/covid-19-will-almost-double-people-in-acute-hunger-by-end-of-2020-59df0c4a8072

[3] https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_743036/lang–en/index.htm

 

Publicado con permiso de Navdanya

Murder Most Foul: The Perps Behind COVID-19

“I am not saying that China deliberately released this, shooting itself in the foot. But it was clear they were developing an extremely dangerous unknown biological weapon that had never been seen before, and it leaked out of the lab… I personally believe that until our political leaders come clean with the American people, both at the White House and in Congress and our state government, and publicly admit that this is an extremely dangerous offensive biological warfare weapon that we are dealing with, I do not see that we will be able to confront it and to stop it, let alone defeat it.”—Dr. Francis Boyle, International Bioweapons Expert, April 15, 2020

According to Johns Hopkins University, as of today, COVID-19 has infected more than 3 million people and killed at least 210,000 worldwide.

Those are big numbers, considering the fact that six short months ago, few members of the general public had ever heard of the coronavirus. And almost no one was harboring fears of a looming and deadly global pandemic.

But here we are. As our new reality sinks in, as we adjust to lockdowns and home schooling and long lines at grocery stores, as we look for ways to protect ourselves and our families—and as some grieve for lost loved ones—most of us are also seeking answers.

Why does this virus cause so many mysterious symptoms? Why are some cases mild, others deadly? How can we protect ourselves? Whose advice should we follow?

But the biggest questions of all are these: Where did COVID-19 come from? And how can we prevent this from ever happening again?

The answers to these questions may be too disturbing to ponder, especially while we’re still grappling with the impact of the virus on nearly every aspect of our lives.

But our failure to investigate, and directly address, the origins of COVID-19 almost certainly guarantees our failure to protect ourselves from future, possibly even more deadly, pandemics.

Science most foul

Thousands of dangerous viruses and other pathogens, such as the bat coronavirus and the avian flu, are being collected in the wild by Chinese, U.S. and international researchers. These viruses are then analyzed and weaponized (i.e. genetically engineered, manipulated, recombined) in secretive, accident-prone, labs like the Wuhan Virology Lab in China or the U.S. Army Lab in Fort Detrick, Maryland.

Coronaviruses typically have a narrow host range, infecting one or just a few species, such as bats. However, using targeted RNA recombination, gene engineers can manipulate viruses such as COVID-19 for “gain of function” to enable them to infect other species (i.e. human cells), interfere with immune system response and readily spread through the air.

A growing arsenal of synthetic viruses have been lab-engineered, despite U.S. and international laws banning biowarfare weapons and experimentation. A disturbing number of these so-called “dual use” Biowarfare/Biodefense labs have experienced leaks, accidents and thefts over the past three decades.

As the well-respected Bulletin of the Atomic Scientists recently warned:

“A safety breach at a Chinese Center for Disease Control and Prevention lab is believed to have caused four suspected SARS cases, including one death, in Beijing in 2004. A similar accident caused 65 lab workers of Lanzhou Veterinary Research Institute to be infected with brucellosis in December 2019 . . . In January 2020, a renowned Chinese scientist, Li Ning, was sentenced to 12 years in prison for selling experimental animals to local markets.”

China is hardly the only place to experience such accidents. A USA Today investigation in 2016, for instance, revealed an incident involving cascading equipment failures in a decontamination chamber as U.S. Centers for Disease Control and Prevention (CDC) researchers tried to leave a biosafety level 4 lab. The lab likely stored samples of the viruses causing Ebola and smallpox, according to the report.

In 2014, the CDC revealed that staff had accidently sent live anthrax between laboratories, exposing 84 workers. In an investigation, officials found other mishaps that had occurred in the preceding decade.

In 2019, the U.S. Army Fort Detrick, Maryland Biological Weapons Lab was temporarily shut down for improper disposal of dangerous pathogens, according to a New York Times report. Officials refused to provide details about the pathogens or the leak, citing “national security” concerns.

As Sam Husseini recently reported in Salon magazine, biowarfare engineers in labs such as Wuhan or Fort Detrick are deliberately and recklessly evading international law:

“Governments that participate in such biological weapon research generally distinguish between ‘biowarfare’ and ‘biodefense,’ as if to paint such ‘defense’ programs as necessary. But this is rhetorical sleight-of-hand; the two concepts are largely indistinguishable. ‘Biodefense’ implies tacit biowarfare, breeding more dangerous pathogens for the alleged purpose of finding a way to fight them. While this work appears to have succeeded in creating deadly and infectious agents, including deadlier flu strains, such ‘defense’ research is impotent in its ability to defend us from this pandemic.”

Activist critics of genetic engineering and biological warfare experiments, including myself, Dr. Mercola and GM Watch, joined now by independent voices in the mass media, are reporting, albeit in some cases reluctantly, that mounting evidence indicates that the deadly COVID-19 virus may have accidentally leaked out of one of the supposedly high-security biowarfare labs (the Wuhan Institute of Virology and the Chinese Center for Disease Control) that were analyzing and manipulating bat coronaviruses in Wuhan, China.

In order to conceal their scientific malpractice and criminal negligence, to protect their “right” to carry out dangerous, unregulated research, and to safeguard billions of dollars in annual Biopharm and GMO industry profits (Monsanto/Bayer, among others, is now conducting its own biowarfare research), Chinese and U.S. officials, Big Pharma, Facebook, Google and an arrogant and unscrupulous network of global scientists are frantically trying to cover up the lab origins and diabolical machinations of the COVID-19 pandemic.

A widely-cited paper, published in the journal Nature on February 3, 2020, claims to establish that SARS-CoV-2 is a coronavirus of bat origin that naturally jumped the species barrier between bats and humans and was not synthetically constructed in a lab. However, as Mercola.com reports one of the Chinese authors of this article, Dr. Shi Zhengli from the Wuhan Virology Lab, actually worked previously on weaponizing the SARS virus (the progenitor of COVID-19) and has published peer-reviewed articles on the procedures involved in this genetic manipulation.

Another oft-cited but problematic article in Nature Medicine (March 17, 2020), co-authored by a bio-entrepreneur industry scientist, has been repeatedly cited by the mass media as offering “proof” that the COVID-19 virus arose “naturally” as opposed to being lab-derived.

But recent critiques offered by independent scientists, including the London-based molecular geneticist Dr. Michael Antoniou, a long-time critic of genetic engineering, argue convincingly that the computer-modeling “proof” cited by Nature Medicine offers no proof at all. As GM Watch reports:

“Dr. Antoniou told us that while the authors [of the March 17 Nature Medicine article] did indeed show that SARS-CoV-2 was unlikely to have been built by deliberate genetic engineering from a previously used virus backbone, that’s not the only way of constructing a virus. There is another method by which an enhanced-infectivity virus can be engineered in the lab. . .”

Antoniou told GM Watch that this method, called “directed iterative evolutionary selection process,” involves using genetic engineering to generate “a large number of randomly mutated versions of the SARS-CoV spike protein receptor,” and then to select those protein receptors most effective at infecting human cells.

As Antoniou points out, the inventors of this technique received the Nobel Prize for chemistry in 2018, a fact the authors of the Nature Medicine article surely knew. Did the authors of the Nature Medicine article deliberately leave this more plausible hypothesis out, in order to bolster their questionable thesis that COVID-19 arose naturally—even though biowarfare labs in Wuhan were engineering bat viruses years before the fatal outbreak?

If lab technicians in the Wuhan lab did use the directed iterative evolutionary selection process to engineer a “gain of function” (weaponized) bat coronavirus, and the virus subsequently leaked, infected one or more lab technicians, then spread to people outside the lab, including people from the Wuhan Seafood Market, there would be no trace of the virus having been genetically engineered or manipulated.

Peer-reviewed, published articles, going back more than a decade, indicate that researchers at the Wuhan Labs (Dr. Shi Zhengli and others) have been carrying out experiments to manipulate and weaponize deadly bat coronavirus so that they can readily infect human cells. In a 2008 article in the Journal of Virology, Zengli and other scientists report on how they have genetically engineered SARS-like viruses from horseshoe bats to enable the viruses to gain entry into human cells.

The powers that be, in Beijing and Washington, like to reassure us that researchers in places like the Wuhan Virology Lab, the Wuhan Center for Disease Control, or the U.S. Army Biological Weapons Lab at Fort Detrick, Maryland are only “studying” (not manipulating or weaponizing) dangerous pathogens like bat coronaviruses, and that security in these government/WHO/NIH-monitored labs is so strict that accidents could never happen.

But a number of well-respected scientific critics of genetic engineering and biological warfare have been sounding the alarm for decades.

Critics including Francis Boyle (author of the 1989 U.S. Bioterrorism law banning bioweapons research) and Dr. Richard Ebright of Rutgers University’s Waksman Institute of Microbiology, have warned that experiments and manipulations of viruses and pathogens are inherently extremely dangerous, (not to mention that they violate international law), given human error and the fact that security has been dangerously lax in the world’s biowarfare/biodefense laboratories.

Almost too incredible to believe, funding for the reckless germ war experiments in Wuhan have included more than $3 million from Dr. Anthony Fauci’s National Institute of Allergy and Infectious Diseases (NIAID), a division of the U.S. National Institutes of Health (NIH), with apparent collaboration, according to Boyle, from scientists at the universities of North Carolina, Wisconsin, Harvard and other institutions.

In 2014, the Obama White House Office of Science and Technology Policy put a hold or “funding pause” on “gain of function” experimentation on dangerous viruses in U.S. labs due to “biosafety and biosecurity risks.”

Yet experimentation apparently continued uninterrupted (with U.S. funding) in China at the Wuhan lab. Then in 2017, the Trump Administration reversed this “funding pause,” essentially allowing illegal germ warfare research to continue.

Longtime anti-GMO activists at GM Watch in the UK recently published an article entitled “COVID-19 Could Be a Wake-Up Call for Biosafety.” The article explains how, below the public radar, secretive and reckless research on genetically engineering and weaponizing coronaviruses has been going on for decades:

“Stuart Newman, professor of cell biology and anatomy at New York Medical College in Valhalla, New York, editor-in-chief of the journal Biological Theory, and co-author of Biotech Juggernaut, adds crucial historical context that shows exploring whether COVID-19 could have been genetically engineered should not be dismissed as a subject fit only for conspiracy theorists.

“[Newman] points out that the genetic engineering of coronaviruses has been going on for a long time. According to Newman, ‘Even most biologists are not aware that virologists have been experimentally recombining and genetically modifying coronaviruses for more than a decade to study their mechanisms of pathogenicity.’ Indeed, Newman points to papers on engineering coronaviruses that go back a full 20 years.”

Dr. Peter Breggin points out that in 2015, researchers from the U.S. and China’s Wuhan Institute of Virology collaborated to transform an animal coronavirus into one that can attack humans. Breggin’s provocative essay includes a direct link to the original study  which was published in the British journal, Nature.

Recent investigative reporting, including an explosive April 14 Washington Post article by Josh Rogin, followed by more muted coverage by CBS News, CNN, the Wall Street Journal, Newsweek and others, have alerted millions of people to the fact that the official Chinese/Big Pharma/WHO/NIH “bat in the market” story about the origins of COVID-19 may no longer be credible.

As Rogin’s article points out, officials from the U.S. embassy in Beijing visited the Wuhan Institute of Virology numerous times in early 2018, and tried to warn the Trump Administration that there were serious safety violations in the lab’s handling of bat coronaviruses. The officials were especially concerned that inadequately trained staff and lax security procedures at lab, jointly funded by the Chinese and U.S., posed a serious risk of unleashing a “new SARS-like pandemic.”

In fact, in 2004, foreshadowing the current disaster, there were two serious accidents at the high-security Beijing Virology lab, infecting two researchers with the dangerous SARS virus.

Ebright, who has been speaking out on lab safety since the early 2000s, said this about the dangerous security procedures at the Wuhan labs:

“ . . . bat coronaviruses at Wuhan [Center for Disease Control] and Wuhan Institute of Virology routinely were collected and studied at BSL-2 {Biosecurity Level 2), which provides only minimal protections against infection of lab workers. Virus collection, culture, isolation, or animal infection at BSL-2 with a virus having the transmission characteristics of the outbreak virus would pose substantial risk of infection of a lab worker, and from the lab worker, the public.”

Politics most foul

The Trump Administration did nothing about the repeated warnings from the U.S. Embassy in Beijing in 2018, concerning the dangerous practices at the at the Wuhan Lab. Nor scientists at the NIH and the World Health Organization (WHO) who were supposedly monitoring the lab’s coronavirus experiments. After the outbreak happened, the Chinese Communist Party (CCP) silenced or “disappeared” scientists and journalists who had earlier published research or news articles indicating that the COVID-19 virus leaked from a government lab and infected researchers.

As the Canadian journalist Andrew Nikiforuk wrote:

“Faced with the coronavirus threat, Chinese authorities, according to comprehensive reports by the Wall Street Journal and the New York Times, suppressed whistleblowers, ignored critical evidence and responded so tardily to the outbreak that they moved to compensate for their failures with a draconian lockdown . . .”.

Frantically covering their tracks, the CCP removed every scientific article and news report from the internet and public record which contradicted their official story. Aiding and abetting the CCP/Biopharm cover-up were the gatekeepers at Facebook (now heavily invested in Big Pharma), who censored and removed an article by Steve Mosher, published by the NY Post on Feb. 22, which called the official story into question. Facebook finally unblocked the NY Post article after it was revealed that Facebook’s objective “fact checker,” Danielle E. Anderson, was in fact previously a paid researcher at the same Wuhan lab whose lax security so alarmed State Department officials.

Trying hard to cover up the fact that they ignored the repeated warnings of the State Department and intelligence officials, the Trump Administration and the entire U.S. Biopharm and Vaccine Establishment are doing their utmost to uphold the official Chinese-scripted story. Especially troubling to the powers that be is the fact that the criminally negligent Wuhan Lab bat experiments were being funded, at least in part, by Dr. Fauci’s National Institute of Allergy and Infectious Diseases, along with the Galveston National Laboratory at the University of Texas Medical Branch—even after these types of germ warfare experiments had been banned in the U.S.

Commander-in-Chief Trump himself, in between suggesting people might want to ingest or inject some disinfectants for COVID-19 protection, goes back and forth on the “bat in the market” theory, torn between rousing his populist base by denouncing the “Chinese Virus,” and siding with his good friend, and Corporate America’s most important business partner, Xi Jinping, the Chinese Dictator, who just happens to control not only trillions of dollars in U.S. Treasury Bonds and exports, but the medical equipment, Pharma drugs and lab chemicals that are in such short supply in the U.S.

Trump also has millions of dollars in real estate loans coming due from Chinese banks next year.

In an Instagram post, Robert Kennedy Jr. exposes the complicity of Dr. Anthony Fauci, the supposed “rational voice” of the Trump Administration on COVID-19, in the Wuhan disaster:

“The Daily Mail today reports that it has uncovered documents showing that Anthony Fauci’s NIAID gave $3.7 million to scientists at the Wuhan Lab at the center of Coronavirus leak scrutiny. According to the British paper, ‘the federal grant funded experiments on bats from the caves where the virus is believed to have originated.’ Background: following the 2002-2003 SARS coronavirus outbreak, NIH funded a collaboration by Chinese scientists, U.S. military virologists from the bioweapons lab at Ft. Detrick & NIH scientists from NIAID to prevent future coronavirus outbreaks by studying the evolution of virulent strains from bats in human tissues. Those efforts included ‘gain of function’ research that used a process called ‘accelerated evolution’ to create COVID Pandemic superbugs: enhanced bat borne COVID mutants more lethal and more transmissible than wild COVID. Fauci’s studies alarmed scientists around the globe who complained, according a Dec. 2017 NY Times article that ‘these researchers risk creating a monster germ that could escape the lab and seed a pandemic.’ Dr. Mark Lipsitch of the Harvard School of Public Health’s Communicable Disease Center told the Times that Dr. Fauci’s NIAID experiments ‘have given us some modest scientific knowledge and done almost nothing to improve our preparedness for pandemic, and yet risked creating an accidental pandemic.’ In October 2014, following a series of federal laboratory mishaps that narrowly missed releasing these deadly engineered viruses, President Obama ordered the halt to all federal funding for Fauci’s dangerous experiments. It now appears that Dr. Fauci may have dodged the federal restrictions by shifting the research to the military lab in Wuhan. Congress needs to launch an investigation of NIAD’s mischief in China.”

Kennedy also calls out two of the other supposed “health experts” on the Trump team, Robert Redfield and Deborah Birx:

“Redfield, Birx & Fauci lead the White House #coronavirus task force. In 1992, two military investigators charged Redfield & Birx with engaging in ‘a systematic pattern of data manipulation, inappropriate statistical analyses & misleading data presentation in an apparent attempt to promote the usefulness of the GP160 AIDS vaccine.’ A subsequent Air Force tribunal on Scientific Fraud and Misconduct agreed that Redfield’s ‘misleading or, possibly, deceptive’ information ‘seriously threatens his credibility as a researcher and has the potential to negatively impact AIDS research funding for military institutions as a whole. His allegedly unethical behavior creates false hope and could result in premature deployment of the vaccine.’ The tribunal recommended investigation by a ‘fully independent outside investigative body.’ Dr. Redfield confessed to D.O.D. interrogators and to the tribunal, that his analyses were faulty and deceptive. He agreed to publicly correct them. Afterward, he continued making his false claims at 3 subsequent international HIV conferences, & perjured himself in testimony before Congress, swearing that his vaccine cured HIV. Their gambit worked. Based upon his testimony, Congress appropriated $20 million to the military to support Redfield/Birx’s research project.  Public Citizen complained in a 1994 letter to the Congressional Committee’s Henry Waxman that the money caused the Army to kill the investigation & ‘whitewash’ Redfield’s crimes. The fraud propelled Birx & Redfield into stellar careers as health officials. Docs obtained via Tom Paine.”

Although the Chinese government and most of the U.S. political establishment continue to support the official “bat in the market” story, the majority of Americans, do not. As reported in the UK’s Sunday Times:

“According to a Pew Research poll, only 43 percent think the virus came about naturally, while a sizeable 29 percent  believe it was made in a laboratory.”

Journalism most foul

It is frustrating, and indeed alarming, that so few independent journalists, scientists, activists, and public officials have thus far been willing to question the “official story.”

For 30 years now, myself and others have warned about the dangers of genetically engineered foods and crops and genetically modified organisms (GMOs) in general, including gene-altered bioweapons, gene drives, and the new CRISPR gene-editing technologies.

Now it appears that our worst fears have materialized.

We need a global public inquiry, led by independent scientists, to gather the evidence on what really happened with COVID-19, followed by an International Biowarfare Crimes Tribunal, so that we can bring the Chinese, U.S. and other perpetrators of this pandemic to justice, and prevent this type of disaster from ever happening again.

It’s time to shut down every Biosafety/Biowar lab in the world (including Bayer and Monsanto’s lab) and implement a true global ban on weapons of mass destruction (WMDs), including all atomic, chemical and biological weapons and WMD experimentation.

Until we do this, none of us will ever be safe again.

The so-called progressive media in America, with a few exceptions, have up until now failed to investigate the real causes of the COVID-19 pandemic, partly out of ignorance of the machinations and arrogant recklessness of the gene engineers and bio-warfare scientists, partly out of fear of appearing to agree with Trump’s racist rantings, or even worse, being branded a “conspiracy theorist” by Establishment Democrats and mass media outlets.

And speaking of conspiracies and murder most foul, almost everyone seems to have forgotten about the nationwide panic surrounding the post-9/11 2001 anthrax bioterrorist attacks—used to help justify the invasion of Iraq—against liberal members of the media and the U.S. Congress. Then and now, it was clear that these attacks were carried out not by Arab terrorists, nor a single crazed individual, but by a yet unidentified cabal who engineered and deployed weaponized spores from the U.S. military biowarfare lab at Fort Detrick, Maryland.

But perhaps you think we shouldn’t worry so much, since a blockbuster lineup of anti-COVID vaccines are on the way, funded by the Chinese government, Big Pharma and the Bill and Melinda Gates Foundation, likely including some of the same gene engineers who weaponized COVID-19?

Never mind that Bill Gates, Monsanto, the Gene Giants and Big Pharma appear quite willing to join up with Facebook and Google to implement a 24/7 totalitarian medical surveillance state, with everyone injected with a mandatory and expensive COVID-19 vaccine, while the world’s dictators, corporate criminals and billionaires hunker down in their underground mansions and bunkers.

Never mind that most flu vaccines up until now don’t work that well, especially against constantly mutating viruses like COVID-19, or that they’re routinely laced with aluminum adjuvants and mercury preservatives.

Never mind that perhaps our only real defense against biowarfare is to stop eating Big Ag and Big Food’s poison products, and instead strengthen our health and our immune systems, clean up the world’s air, water and environment, shut down factory farms, stop destroying wildlife habitat and pray that herd immunity eventually stops the spread of COVID-19, since so many of us have already been infected, but are asymptomatic.

In the meantime, please don’t believe everything you read in the corporate mass media, Facebook or even the progressive press. Stay in touch with and support those of us determined to seek and defend the truth, fight for freedom and justice, and organize for a regenerative future and climate.

Don’t forget to eat healthy, organic, regenerative foods, take your immune-boosting supplements, get as much exercise, fresh air and sunshine as possible, wash your hands frequently, stay safe, and stay out of the way of those most vulnerable.

Venceremos. We shall overcome.

Ronnie Cummins is co-founder of the Organic Consumers Association (OCA) and Regeneration International, and the author of “Grassroots Rising: A Call to Action on Food, Farming, Climate and a Green New Deal.” To keep up with OCA’s news and alerts, sign up here.