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‘Mother Nature Recovers Amazingly Fast’: Reviving Ukraine’s Rich Wetlands

A battered old military truck and rusting Belarusian tractor are perched on the edge of degraded wetland in the heart of the Danube Delta Biosphere Reserve. They have been hastily deployed in a desperate attempt to save an excavator from being swallowed by the squelching earth beside the obsolete Soviet dam it is trying to demolish.

In the 1970s, 11 earth dams were built on the Sarata and Kogilnik rivers as a crude alternative to footbridges to access the area’s aquifers.

Ornithologist Maxim Yakovlev remembers that prior to the construction of the dams, the local rivers slowly meandered through a rich wetland ecosystem which would store, hold back and slowly release water after heavy rains. “Back then, before the dams, when the ecosystem was functioning properly, we had healthier soil and vegetation,” says Yakovlev, as he skirts the edge of a reeking swamp near the tiny, ancient town of Tatarbunary on the northern fringe of the reserve, a 100-mile (160km) drive south-west of Odessa.

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Saving Oklahoma’s Prairies, a Vital Weapon Against Climate Change

PAWHUSKA, Okla. — The late October morning is so bitterly cold that the vaccine a hardy Oklahoman cowboy is trying to administer to an impatient bison has frozen.

The rancher, Harvey Payne, tries to defrost the liquid against a small heater pumping out hot air in the office that faces the corral, but it’s not working.

“We’ll have to head back in for a couple of hours and wait for the sun to warm up,” Payne says as he squints at the sun rising above the tallgrass prairie. “Can’t vaccinate bison with frozen antibiotics.”

The group that’s gathered at the Joseph H. Williams Tallgrass Prairie Preserve trudges back to headquarters to wait until the temperature rises.

Oklahoma’s 39,650-acre preserve is the world’s biggest protected remnant of a massive grassland ecosystem that once stretched across 14 states, covering 170 million acres. But the grassland has been decimated, and only about 4 percent of the ecosystem remains, most of which is contained in the preserve in Osage County, home to the Native American Osage Nation.

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Land Restoration in Latin America Shows Big Potential for Climate Change Mitigation

Land restoration in Latin America and the Caribbean is picking up pace and scaling up projects will help the region meet its pledges under the Bonn Challenge, which aims to restore 350 million hectares of degraded and deforested land worldwide by 2030. A new study led by the International Center for Tropical Agriculture (CIAT) and Wageningen University supplies a first map of restoration projects in Latin America and shows their potential to mitigate climate change through restoring forests.

Researchers took stock of the location, goals and activities of 154 projects in Latin America and the Caribbean, starting a database to guide practitioners in scaling up restoration. They mapped projects under five initiatives working towards the Bonn Challenge goals – the 20×20 Initiative, the Global Environment Facility, the Clean Development Mechanism (CDM), the Forest Investment Program (FIP) and independent local projects – in tandem with mapping the potential biomass increase that forest restoration could achieve across the region’s various ecosystems.

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Inga Foundation: cambiando vidas de una manera revolucionaria

Mike Hands, de Inga Foundation, un afiliado de Regeneration International (RI), trabaja en Honduras con campesinos de tala y quema con un promedio de 20 acres (ocho hectáreas) de tierras. Eso es considerablemente más grande que la mayoría de las granjas de tala y quema, que Mike estima que no sobrepasan los cinco acres (dos hectáreas).

Si usa esa cifra de dos hectáreas como punto de referencia y la multiplica por los 300 millones de granjas de tala y quema en todo el mundo, tiene 1.5 mil millones de acres. Esa es una gran cantidad de acres de tala y quema, acres que con mejores prácticas agrícolas, podrían convertirse en granjas que secuestran carbono.

Según Hands, la conversión de tala y quema al método de cultivo con el árbol Guama (en inglés, Inga) de Inga Foundation secuestra alrededor de 35 toneladas de carbono por acre por año durante un período de 12 años.

Multiplique eso por 1.5 mil millones de acres, y si cada granja de tala y quema en todo el mundo se convirtiera al modelo con la guama de Inga Foundation, podría secuestrar hasta 52.5 mil millones de toneladas (gigatoneladas) de CO2 en un período de 12 años.

Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU., un gigatón de carbono secuestrado reduce los niveles de carbono atmosférico en casi 0,5 partes por millón.

Entonces, si todos los agricultores de tala y quema en todo el mundo cambiaran al modelo con la guama de Inga Foundation, sería suficiente para reducir el nivel tan peligrosamente alto de carbono del mundo de 400 partes por millón (ppm) en unos 25 ppm, a aproximadamente 375 ppm, acercándonos mucho más al nivel de 350 ppm que 350.org exige para estabilizar el clima mundial.

Claramente, Inga Foundation está en lo cierto.

El periódico The Guardian parece pensar que sí. Clasificó a Mike Hands en el número 44 en una lista de las 100 personas más importantes para salvar el mundo, por delante de luminarias como Henry David Thoreau, Mahatma Gandhi, Charles Darwin y el Dalai Lama. Una compañía bastante estimulante.

Inga Foundation está activa en Costa Rica, el Congo, la República Democrática del Congo, Madagascar y el Reino Unido. Pero el proyecto más grande de la fundación está en Honduras, donde se está trabajando con 300 agricultores familiares. Eso está muy lejos de los 250 millones. Pero es un comienzo. Y está creciendo.

Cuando hablé con Mike desde su base en el Reino Unido, dijo que los agricultores hondureños que han visto el rendimiento de los cultivos de sus vecinos que emplean la guama se están alineando para aprender las técnicas con la guama y obtener ayuda de Inga Foundation para empezar, especialmente a raíz de una gran tormenta en 2016 que causó inundaciones generalizadas y literalmente arrasó con las granjas de muchos campesinos de tala y quema que no usan la guama.

Las granjas de tala y quema tienden a estar en laderas, a menudo laderas empinadas, donde el terreno accidentado, el difícil acceso y la vulnerabilidad a la erosión hacen que la tierra sea menos deseable y disminuye la competencia por la tierra. Todos estos factores se combinan para ofrecer al menos cierto grado de protección contra las grandes y crecientes plantaciones de aceite de palma como biocombustibles que a menudo usan la violencia e incluso el asesinato para desplazar a los agricultores en las llanuras costeras de Honduras.

Pero esas ventajas tienen un costo, y cuando los agricultores que usan la guama se recuperaron de la tormenta de 2016 y la devastadora sequía que siguió a la tormenta, sus vecinos se dieron cuenta y el interés en los métodos de Inga Foundation aumentó.

Los conceptos básicos de la guama no son muy complicados. Plantas hileras de árboles de guama, que tienen sistemas de raíces extensos, poco profundos y de rápido crecimiento, entre hileras de cultivos, en un método conocido como cultivo en callejones. Esto aumenta la retención del suelo, especialmente frente a desafíos como lluvia intensa, sequías y huracanes. Luego, complementa la nutrición del suelo con el follaje en descomposición de los árboles de guama y con suplementos minerales, lo que es más importante, fosfato de roca, no fosfato estándar que es arrastrado y se pierde mucho más rápidamente.

La tala y quema es difícil para los agricultores porque la tierra que se limpia pierde la nutrición del suelo tan rápido que los agricultores tienen que limpiar nuevas tierras cada 5-7 años. Eso es trabajo duro. Altera las familias y la vida familiar. Y la búsqueda interminable de nuevas tierras para limpiar y cultivar lleva a los agricultores a conflictos a veces violentos con otros agricultores, terratenientes y pueblos indígenas.

Además, cada vez que los agricultores cortan y queman una hectárea de tierra (2.5 acres), se liberan al menos 100 toneladas de carbono a la atmósfera, según Mike Hands. Y en este momento, el mundo observa con horror cómo se desarrolla este proceso, y se acelera, en las selvas tropicales amazónicas de Brasil y Bolivia, particularmente en Brasil, donde el nuevo gobierno de extrema derecha de Jair Bolsonaro está haciendo la vista gorda, o incluso alentando, lo que a menudo es robo de tierras y posterior quema ilegal.

Es un largo camino pasar de las 300 familias de Inga Foundation hasta la cifra global de 250 millones de agricultores de tala y quema. No es sorprendente, Hands dice, que el mayor desafío para el crecimiento de Inga Foundation es la financiación. Y las burocracias gubernamentales tampoco están ayudando. En Honduras, un envío de la fundación de 18.800 kilos de fosfato de roca se ha retrasado en la aduana desde 2017. Y las tarifas de aduana y almacenamiento siguen aumentando, lo que hace que la eventual liberación del fosfato de roca sea cada vez menos probable y esté cada vez más lejos de su alcance.

A pesar de todos los desafíos que enfrenta Inga Foundation, Mike Hands es optimista. “El modelo de la guama está cambiando vidas y medios de vida de una manera revolucionaria”, me dijo Mike. “Estimamos que las familias en nuestro programa Land for Life han plantado más de 3 millones de árboles desde 2012”.

Eso parece un muy buen comienzo.

Lawrence Reichard es periodista independiente. Para mantenerse al día con las noticias y los eventos, suscríbase aquí para recibir el boletín Regeneration International.

The Inga Foundation: Changing Lives in a Revolutionary Way

Mike Hands of the Inga Foundation, a Regeneration International (RI) partner, works in Honduras with slash-and-burn farmers who average 20 acres (eight hectares) of land holdings. That’s considerably larger than most slash-and-burn farms, which Mike estimates are no bigger than five acres (two hectares). 

If you use that two-hectare figure as a benchmark, and multiply it by the 300 million slash-and-burn farms worldwide, you’ve got 1.5 billion acres. That’s a lot of slash-and-burn acreage—acreage that with better farming practices, could be turned into carbon-sequestering farms.

According to Hands, converting from slash and burn to the Inga Foundation’s Guama (Spanish for inga tree) farming method sequesters about 35 tons of carbon per acre per year over a 12-year period.

Multiply that by 1.5 billion acres, and if every slash-and-burn farm worldwide were to convert to the Inga Foundation’s Guama model, it could sequester as much as 52.5 billion tons (gigatons) of CO2 over a 12-year period.

According to the U.S. National Oceanic and Atmospheric Administration, one gigaton of carbon sequestration lowers atmospheric carbon levels by almost .5 parts per million. 

So, if all slash-and-burn farmers worldwide were to switch to the Inga Foundation’s Guama model, it would be enough to lower the world’s perilously high carbon level of 400 parts-per-million (ppm) by about 25 ppm, to about 375 ppm, bringing us that much closer to the level of 350 ppm that 350.org is calling for in order to stabilize the world’s climate. 

Clearly, the Inga Foundation is on to something.

The Guardian newspaper seems to think so. It ranked Mike Hands #44 on a list of the 100 most important people for saving the world—ahead of such luminaries as Henry David Thoreau, Mahatma Gandhi, Charles Darwin and the Dalai Lama. That’s pretty heady company.

The Inga Foundation is active in Costa Rica, the Congo, the Democratic Republic of the Congo, Madagascar and the U.K.. But the foundation’s biggest project is in Honduras, where it’s working with 300 family farmers. That’s a far cry from 250 million. But it’s a start. And it’s growing. 

When I spoke with Mike from his base in the U.K., he said Honduran farmers who have seen the crop yields of their Guama-employing neighbors are lining up to learn Guama techniques and to get Inga Foundation help with getting started—especially in the wake of a major 2016 storm that caused widespread flooding and literally washed away the farms of many non-Guama slash-and-burn farmers. 

Slash-and-burn farms tend to be on hillsides, often steep hillsides, where rough terrain, difficult access and vulnerability to washout makes the land less desirable and lessens competition for the land. All of these factors combine to offer at least some degree of protection from the large and expanding palm oil biofuel plantations that often use violence and even murder to displace farmers on the coastal plains of Honduras.

But those advantages come at a cost, and when Guama-employing farmers bounced back from the 2016 storm and a devastating drought that followed the storm, their neighbors took notice, and interest in the Inga Foundation’s methods spiked.

The Guama basics are not hugely complicated. You plant rows of Inga trees—which have extensive, shallow and fast-growing roots systems—between rows of crops, in a method known as alley cropping. This increases soil retention, especially in the face of challenges such as intense rain, droughts and hurricanes. Then you supplement soil nutrition with decomposing foliage of the Inga trees and with mineral supplements, most importantly rock phosphate—not regular, standard phosphate, which washes away much more quickly.

Slash-and-burn is hard on farmers because the land it clears loses soil nutrition so fast that farmers have to clear new lands every 5-7 years. That’s hard work. It disrupts families and family life. And the endless search for new lands to clear and cultivate brings farmers into sometimes violent conflict with other farmers, landowners and indigenous peoples.

Plus every time farmers slash and burn an hectare of land (2.5 acres), at least 100 tons of carbon are released into the atmosphere, according to Mike Hands. And right now the world is watching in horror as this process is being played out—and accelerating—in the Amazon rainforests of Brazil and Bolivia, particularly in Brazil, where the new far-right government of Jair Bolsonaro is turning a blind eye to, or even encouraging, what is often land theft and subsequent illegal burning.

It’s a long way from the Inga Foundation’s 300 families to the global figure of 250 million slash-and-burn farmers. Not surprisingly, Hands says the biggest challenge to the Inga Foundation’s growth is funding. And government bureaucracies aren’t helping either. In Honduras, a Foundation shipment of 18,800 kilos of rock phosphate has been held up in customs since 2017. And the customs and storage fees keep rising, making eventual release of the rock phosphate less and less likely and further and further out of reach.

Despite all the challenges facing the Inga Foundation, Mike Hands is optimistic. “The Guama Model is changing lives and livelihoods in a revolutionary way,”Mike told me. “We estimate that families in our Land for Life Program have planted over 3 million trees since 2012.” 

That sounds like a pretty good start.

Lawrence Reichard is a freelance journalist. To keep up with news and events, sign up here for the Regeneration International newsletter.

Best Way to Remove Carbon: Sequestering It in Its Natural Sinks

There is one thing that worries climate scientists universally: the positive feedback loop. This is a process where changing one quantity changes the second one, and the change in the second quantity, in turn, changes the first. Scientists fear a positive feedback loop may spiral the climate crisis out of control.

Desertification is an example of a positive feedback loop, just as the melting of the Arctic ice cap, thawing of the Siberian permafrost, and the large-scale release of methane from methane hydrate lying on the sea and ocean floors.

The climate crisis is causing desertification and, in turn, desertification is exacerbating the crisis. The cycle continues.

Let me explain this, but first a disclaimer: this is an oversimplified version of an extremely complex process.

KEEP READING ON DOWN TO EARTH

Regenerando la Historia Humana

Vía Orgánica, en México, restaura el suelo, el agua y la biodiversidad – y las vidas de los campesinos también.

Nota del editor: una de mis tareas más inspiradoras en lo que va del año reunió dos movimientos importantes para la sanación de la Tierra: el primer Campamento de Restauración de Ecosistemas en las Américas y Vía Orgánica, la organización anfitriona. Continué escribiendo sobre ambos para Mongabay Latin America y el nuevo número de Permaculture Magazine. Este artículo es un resumen de Regenerating Agriculture, Regenerating Communities, disponible para los suscriptores de Permaculture Magazine aquí.

SAN MIGUEL DE ALLENDE, México – Al igual que muchos otros niños de familias agrícolas mexicanas, el padre de Azucena Cabrera se mudó a la ciudad para ganarse la vida, convirtiéndose en electricista y fontanero para mantener a su familia, ya que la agricultura se había convertido en un negocio donde se perdía dinero.

Al igual que millones de agricultores de subsistencia en todo México y América Central, los Cabrera ya no podían ganarse la vida con los suelos degradados y el duro clima árido de la región. Sumado a la disminución general de la productividad de los suelos degradados del país, las economías agrícolas rurales de México han sido diezmadas desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte por toneladas de maíz subsidiado barato importado de los Estados Unidos, lo que hace que la agricultura tradicional sea más un ritual ceremonial que un medio de subsistencia.

Pero el padre de Azucena tenía un fuerte compromiso con la tierra de sus padres. “Nací aquí, estas tierras me alimentaron”, dijo a sus hijos. “Tengo que recuperar la tierra”.

Así que los fines de semana la familia se iba al campo, y aunque Azucena era una niña de la ciudad, creció jugando en la milpa, comiendo tomatitos silvestres y huanzontle, buscando flores y abejas. Cuando era niña, decidió estudiar agronomía, pensando que la pondría de nuevo en contacto con esa naturaleza. Sin embargo, cuando vio las opciones de empleo, comenzó a pensar que había cometido un error.

“Los modelos agrícolas me hicieron pensar: ¿qué haré cuando termine? ¿Trabajar en un agronegocio, vendiendo fertilizantes en una oficina de envenenamiento?”

Afortunadamente para Azucena, descubrió Vía Orgánica. Vía Orgánica, un proyecto de la Asociación de Consumidores Orgánicos americana, es un rancho orgánico regenerativo establecido en 2009 en San Miguel de Allende que sirve de modelo para los campesinos de la región. Ella dice que fue como un sueño hecho realidad. Tomó un taller en el rancho, se inscribió como voluntaria, y desde entonces ha trabajado para convertirse en su coordinadora, maestra e inspiración para miles de visitantes y estudiantes cada año.

Azucena explica el sofisticado sistema de compostaje en el Rancho Vía Orgánica, mientras el cofundador de Vía Orgánica Ronnie Cummins lo traduce para los voluntarios del Campamento de Restauración del Ecosistema, que vienen de Alemania, Colombia, México, Canadá y Estados Unidos. (Foto de Tracy L. Barnett)

“Decidí que no quiero ser agrónoma. Soy una campesina ”, dice con orgullo. “Porque un campesino tiene ese conocimiento, esa sabiduría, este instinto de un ser humano que sabe cómo hacer las cosas. “

Siente una satisfacción especial cuando les dice a sus alumnos: “necesitamos acercarnos al abuelo y preguntarle qué hizo, qué comió, cómo lo supo. Porque hay muchos nuevos conocimientos disponibles, y el instinto se queda dormido, y ahora el conocimiento moderno nos deslumbra. “

Ver la forma en que este trabajo ha transformado la vida de su equipo también la hace feliz. Como el caso de Don Martin Tovar, ahora jefe de mantenimiento, quien emigró a los Estados Unidos a la edad de 14 años, y donde trabajó 12 horas al día en un fábrica procesadora de pollos. Ahora poder vivir bien en su tierra natal y mostrarle a su hijo cómo plantar, cultivar y preparar fertilizantes orgánicos le produce una alegría especial.

Otra historia de éxito es la de Lourdes Guerrero, quien anteriormente trabajó en una operación industrial de pollos. “Fue un error terrible”, dice, estremeciéndose al recordar las condiciones de su trabajo anterior. Ahora es la coordinadora de la operación de pollos y la “granja regenerativa”, un proyecto en el que las aves circulan libremente, fertilizando los árboles frutales al mismo tiempo que mantienen las plagas bajo control y proporcionan huevos orgánicos.

Durante la última década, Vía Orgánica ha desarrollado un modelo que les ha permitido tener un impacto crítico en la región. Mediante el establecimiento de un restaurante, una tienda y un mercado callejero mensual, y una serie de clases y talleres patrocinados para la comunidad, han contratado a 60 empleados a tiempo completo y proporcionan una vida digna para más de 200 productores que forman parte de su red. Rosana Álvarez, quien administra los contactos con los productores, ha visto muchos cambios en la agricultura que practican y en sus vidas a lo largo de los años. Algunos han dejado de usar agroquímicos; otros, que estaban a punto de usarlos, tomaron la decisión de resistir las ofertas del  “paquete” convencional que ofrece el gobierno que implica el uso de agroquímicos. Algunos han aprendido a hacer composta y a proteger la tierra con cobertura vegetal. La mayoría de ellos han tomado clases y talleres, que son gratuitos para los agricultores.

Campamentos de restauración de ecosistemas

El primer evento de este tipo en América y el segundo en el mundo, el movimiento Ecosystem Restoration Camps (Campamentos de Restauración del Ecosistema) fue fundado en 2017 por el periodista internacional, científico de suelos y cineasta John D. Liu, quien ha dedicado los últimos 25 años al estudio, documentación y promoción de la restauración de ecosistemas a gran escala en todo el mundo. Liu unió fuerzas con Vía Orgánica y la organización sin fines de lucro Regeneration International para producir este campamento intensivo de dos semanas; y estuvo presente con los 30 campistas de siete países que participaron, intercambiando habilidades, conocimientos e ideas sobre la restauración del ecosistema mientras se arremangaban para hacer el trabajo.

Liu, que es conocido como el “Indiana Jones de la degradación y regeneración del paisaje”, pasó a la acción después de que fue asignado con la redacción informes sobre la Meseta de Loess de China, la cuna de la civilización china, reducida a lo largo de los siglos a un vasto desierto. Un Liu inicialmente escéptico observó cómo el proyecto de restauración masiva del gobierno transformaba el paisaje en un ecosistema exuberante, biodiverso y productivo. Desde entonces, ha estado promoviendo y documentando la restauración del ecosistema en todo el mundo.

“Es posible restaurar ecosistemas dañados a gran escala. Entonces, si podemos restaurar ecosistemas dañados a gran escala, ¿por qué no lo hacemos? “, dice Liu en su galardonado documental “Green Gold “. En 2017, fundó los Ecosystem Restoration Camps como una forma de poner en práctica lo que estaba aprendiendo, al mismo tiempo que brindaba a personas de todo el mundo la oportunidad de unirse al esfuerzo. El primer campamento se estableció en Murcia, España. Vía Orgánica es la segunda.

Los altiplanos del sureste de España y del centro de México tienen mucho en común con las regiones que Liu documentó. “Los sistemas disfuncionales se concentran realmente en las cunas de la civilización humana, donde comenzó la agricultura”, dijo. “Ahí es donde se centran los grandes desiertos. Ahí es donde el suelo está tan degradado que nada puede crecer “.

Algo sobre la forma en que se ha practicado la agricultura desde su inicio claramente no está funcionando, dice Liu. Él cree que la respuesta es un esfuerzo concentrado para restaurar la biomasa, la biodiversidad y la materia orgánica acumulada en el ecosistema. Los centros de agricultura regenerativa como Via Orgánica están restaurando tierras degradadas y creando modelos replicables para reparar ecosistemas enteros, literalmente desde cero. Y ahora, al asociarse con John Liu y Regeneration International para adoptar el modelo de campamento de regeneración del ecosistema, estos métodos se están extendiendo como semillas para germinar en otras regiones del mundo.

De vuelta en el rancho, Rosana ha visto un cambio en cada agricultor que ha pasado por este proceso. “Están entendiendo más, sus ojos están más abiertos, son más brillantes, son más felices. Están haciendo lo que aman, solo necesitaban una forma de mantener su economía en marcha “.

Este aspecto económico es una parte importante del cambio, y esa economía ha florecido con el crecimiento del restaurante y tienda Vía Orgánica, y la apertura de varios tianguis o mercados callejeros de productos orgánicos y artesanales. Al mismo tiempo, el paisaje de ese árido altiplano está cambiando gradualmente.

El Dr. Narciso Barrera Bassols, de la Universidad Nacional Autónoma de México, coordina un proyecto de agroecología en la Universidad Autónoma de Querétaro, y conoce muy bien la experiencia de Vía Orgánica. “Lo que tienen es magnífico”, dijo. “Creo que es uno de los proyectos de transición agroecológica más importantes del país, no solo por su valor ecológico y social, sino también como un centro de educación y difusión de la innovación”.

Una tarde en el rancho, el esposo de Rosana, Roger Jones, observó mientras Azucena y otro personal enseñaban a voluntarios como el científico del suelo Cedric Mason de Nueva York, el químico farmacéutico Leonor Rojas de Quintana Roo y el agricultor orgánico Eric Bourdon de Quebec cómo preparar y luego aplicar té de composta fermentado a un huerto de olivos.

“Sabes, lo realmente maravilloso de esto es que no se trata solo de la agricultura regenerativa”, dijo. “Se trata de regenerar la historia humana; se trata de regenerar la forma en que consideramos la salud, la alimentación, la economía, las relaciones humanas, incluso nuestra propia historia “.

Para los visitantes con conciencia ecológica que llegan al pintoresco San Miguel de Allende, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Vía Orgánica es una parada imperdible en el itinerario, como mínimo, una visita al colorido y deliciosamente aromático mercado y restaurante orgánico, que se encuentra en el centro histórico de la ciudad. Rancho Vía Orgánica ofrece excursiones de un día, paseos a caballo, clases y oportunidades de voluntariado, y organizará cuatro campamentos de restauración de ecosistemas cada año. Estén atentos para más información.

Publicado con permiso de Esperanza Project

Regenerando la historia humana

Vía Orgánica, en México, restaura el suelo, el agua y la biodiversidad – y las vidas de los campesinos también.

Nota del editor: una de mis tareas más inspiradoras en lo que va del año reunió dos movimientos importantes para la sanación de la Tierra: el primer Campamento de Restauración de Ecosistemas en las Américas y Vía Orgánica, la organización anfitriona. Continué escribiendo sobre ambos para Mongabay Latin America y el nuevo número de Permaculture Magazine. Este artículo es un resumen de Regenerating Agriculture, Regenerating Communities, disponible para los suscriptores de Permaculture Magazine aquí.

SAN MIGUEL DE ALLENDE, México – Al igual que muchos otros niños de familias agrícolas mexicanas, el padre de Azucena Cabrera se mudó a la ciudad para ganarse la vida, convirtiéndose en electricista y fontanero para mantener a su familia, ya que la agricultura se había convertido en un negocio donde se perdía dinero.

Al igual que millones de agricultores de subsistencia en todo México y América Central, los Cabrera ya no podían ganarse la vida con los suelos degradados y el duro clima árido de la región. Sumado a la disminución general de la productividad de los suelos degradados del país, las economías agrícolas rurales de México han sido diezmadas desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte por toneladas de maíz subsidiado barato importado de los Estados Unidos, lo que hace que la agricultura tradicional sea más un ritual ceremonial que un medio de subsistencia.

Pero el padre de Azucena tenía un fuerte compromiso con la tierra de sus padres. “Nací aquí, estas tierras me alimentaron”, dijo a sus hijos. “Tengo que recuperar la tierra”.

Así que los fines de semana la familia se iba al campo, y aunque Azucena era una niña de la ciudad, creció jugando en la milpa, comiendo tomatitos silvestres y huanzontle, buscando flores y abejas. Cuando era niña, decidió estudiar agronomía, pensando que la pondría de nuevo en contacto con esa naturaleza. Sin embargo, cuando vio las opciones de empleo, comenzó a pensar que había cometido un error.

“Los modelos agrícolas me hicieron pensar: ¿qué haré cuando termine? ¿Trabajar en un agronegocio, vendiendo fertilizantes en una oficina de envenenamiento?”

Afortunadamente para Azucena, descubrió Vía Orgánica. Vía Orgánica, un proyecto de la Asociación de Consumidores Orgánicos americana, es un rancho orgánico regenerativo establecido en 2009 en San Miguel de Allende que sirve de modelo para los campesinos de la región. Ella dice que fue como un sueño hecho realidad. Tomó un taller en el rancho, se inscribió como voluntaria, y desde entonces ha trabajado para convertirse en su coordinadora, maestra e inspiración para miles de visitantes y estudiantes cada año.

Azucena explica el sofisticado sistema de compostaje en el Rancho Vía Orgánica, mientras el cofundador de Vía Orgánica Ronnie Cummins lo traduce para los voluntarios del Campamento de Restauración del Ecosistema, que vienen de Alemania, Colombia, México, Canadá y Estados Unidos. (Foto de Tracy L. Barnett)

“Decidí que no quiero ser agrónoma. Soy una campesina ”, dice con orgullo. “Porque un campesino tiene ese conocimiento, esa sabiduría, este instinto de un ser humano que sabe cómo hacer las cosas. “

Siente una satisfacción especial cuando les dice a sus alumnos: “necesitamos acercarnos al abuelo y preguntarle qué hizo, qué comió, cómo lo supo. Porque hay muchos nuevos conocimientos disponibles, y el instinto se queda dormido, y ahora el conocimiento moderno nos deslumbra. “

Ver la forma en que este trabajo ha transformado la vida de su equipo también la hace feliz. Como el caso de Don Martin Tovar, ahora jefe de mantenimiento, quien emigró a los Estados Unidos a la edad de 14 años, y donde trabajó 12 horas al día en un fábrica procesadora de pollos. Ahora poder vivir bien en su tierra natal y mostrarle a su hijo cómo plantar, cultivar y preparar fertilizantes orgánicos le produce una alegría especial.

Otra historia de éxito es la de Lourdes Guerrero, quien anteriormente trabajó en una operación industrial de pollos. “Fue un error terrible”, dice, estremeciéndose al recordar las condiciones de su trabajo anterior. Ahora es la coordinadora de la operación de pollos y la “granja regenerativa”, un proyecto en el que las aves circulan libremente, fertilizando los árboles frutales al mismo tiempo que mantienen las plagas bajo control y proporcionan huevos orgánicos.

Durante la última década, Vía Orgánica ha desarrollado un modelo que les ha permitido tener un impacto crítico en la región. Mediante el establecimiento de un restaurante, una tienda y un mercado callejero mensual, y una serie de clases y talleres patrocinados para la comunidad, han contratado a 60 empleados a tiempo completo y proporcionan una vida digna para más de 200 productores que forman parte de su red. Rosana Álvarez, quien administra los contactos con los productores, ha visto muchos cambios en la agricultura que practican y en sus vidas a lo largo de los años. Algunos han dejado de usar agroquímicos; otros, que estaban a punto de usarlos, tomaron la decisión de resistir las ofertas del  “paquete” convencional que ofrece el gobierno que implica el uso de agroquímicos. Algunos han aprendido a hacer composta y a proteger la tierra con cobertura vegetal. La mayoría de ellos han tomado clases y talleres, que son gratuitos para los agricultores.

Campamentos de restauración de ecosistemas

El primer evento de este tipo en América y el segundo en el mundo, el movimiento Ecosystem Restoration Camps (Campamentos de Restauración del Ecosistema) fue fundado en 2017 por el periodista internacional, científico de suelos y cineasta John D. Liu, quien ha dedicado los últimos 25 años al estudio, documentación y promoción de la restauración de ecosistemas a gran escala en todo el mundo. Liu unió fuerzas con Vía Orgánica y la organización sin fines de lucro Regeneration International para producir este campamento intensivo de dos semanas; y estuvo presente con los 30 campistas de siete países que participaron, intercambiando habilidades, conocimientos e ideas sobre la restauración del ecosistema mientras se arremangaban para hacer el trabajo.

Liu, que es conocido como el “Indiana Jones de la degradación y regeneración del paisaje”, pasó a la acción después de que fue asignado con la redacción informes sobre la Meseta de Loess de China, la cuna de la civilización china, reducida a lo largo de los siglos a un vasto desierto. Un Liu inicialmente escéptico observó cómo el proyecto de restauración masiva del gobierno transformaba el paisaje en un ecosistema exuberante, biodiverso y productivo. Desde entonces, ha estado promoviendo y documentando la restauración del ecosistema en todo el mundo.

“Es posible restaurar ecosistemas dañados a gran escala. Entonces, si podemos restaurar ecosistemas dañados a gran escala, ¿por qué no lo hacemos? “, dice Liu en su galardonado documental “Green Gold “. En 2017, fundó los Ecosystem Restoration Camps como una forma de poner en práctica lo que estaba aprendiendo, al mismo tiempo que brindaba a personas de todo el mundo la oportunidad de unirse al esfuerzo. El primer campamento se estableció en Murcia, España. Vía Orgánica es la segunda.

Los altiplanos del sureste de España y del centro de México tienen mucho en común con las regiones que Liu documentó. “Los sistemas disfuncionales se concentran realmente en las cunas de la civilización humana, donde comenzó la agricultura”, dijo. “Ahí es donde se centran los grandes desiertos. Ahí es donde el suelo está tan degradado que nada puede crecer “.

Algo sobre la forma en que se ha practicado la agricultura desde su inicio claramente no está funcionando, dice Liu. Él cree que la respuesta es un esfuerzo concentrado para restaurar la biomasa, la biodiversidad y la materia orgánica acumulada en el ecosistema. Los centros de agricultura regenerativa como Via Orgánica están restaurando tierras degradadas y creando modelos replicables para reparar ecosistemas enteros, literalmente desde cero. Y ahora, al asociarse con John Liu y Regeneration International para adoptar el modelo de campamento de regeneración del ecosistema, estos métodos se están extendiendo como semillas para germinar en otras regiones del mundo.

De vuelta en el rancho, Rosana ha visto un cambio en cada agricultor que ha pasado por este proceso. “Están entendiendo más, sus ojos están más abiertos, son más brillantes, son más felices. Están haciendo lo que aman, solo necesitaban una forma de mantener su economía en marcha “.

Este aspecto económico es una parte importante del cambio, y esa economía ha florecido con el crecimiento del restaurante y tienda Vía Orgánica, y la apertura de varios tianguis o mercados callejeros de productos orgánicos y artesanales. Al mismo tiempo, el paisaje de ese árido altiplano está cambiando gradualmente.

El Dr. Narciso Barrera Bassols, de la Universidad Nacional Autónoma de México, coordina un proyecto de agroecología en la Universidad Autónoma de Querétaro, y conoce muy bien la experiencia de Vía Orgánica. “Lo que tienen es magnífico”, dijo. “Creo que es uno de los proyectos de transición agroecológica más importantes del país, no solo por su valor ecológico y social, sino también como un centro de educación y difusión de la innovación”.

Una tarde en el rancho, el esposo de Rosana, Roger Jones, observó mientras Azucena y otro personal enseñaban a voluntarios como el científico del suelo Cedric Mason de Nueva York, el químico farmacéutico Leonor Rojas de Quintana Roo y el agricultor orgánico Eric Bourdon de Quebec cómo preparar y luego aplicar té de composta fermentado a un huerto de olivos.

“Sabes, lo realmente maravilloso de esto es que no se trata solo de la agricultura regenerativa”, dijo. “Se trata de regenerar la historia humana; se trata de regenerar la forma en que consideramos la salud, la alimentación, la economía, las relaciones humanas, incluso nuestra propia historia “.

Para los visitantes con conciencia ecológica que llegan al pintoresco San Miguel de Allende, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Vía Orgánica es una parada imperdible en el itinerario, como mínimo, una visita al colorido y deliciosamente aromático mercado y restaurante orgánico, que se encuentra en el centro histórico de la ciudad. Rancho Vía Orgánica ofrece excursiones de un día, paseos a caballo, clases y oportunidades de voluntariado, y organizará cuatro campamentos de restauración de ecosistemas cada año. Estén atentos para más información.

Publicado con permiso de Esperanza Project

Restaurando la Tierra, Un Campamento a la Vez

En los últimos 150 años, las malas prácticas de gestión de la tierra, impulsadas por la agricultura industrial, han provocado la pérdida de la mitad de la capa superior del suelo. El suelo se está degradando tanto que algunos científicos predicen que en algunas partes del mundo, como el Reino Unido, sólo nos quedan 60 cosechas.

Se ha emitido más carbono del suelo degradado que de toda la industria del transporte. Sin una acción inmediata a gran escala, muchas partes del mundo serán inhabitables en los próximos 50 años. El conflicto por recursos como el agua y la tierra cultivable se volverá común. Millones de personas morirán de hambre o, si tienen suerte, migrarán, causando tensiones crecientes en áreas donde la tierra aún es segura para vivir.

Pero tenemos otra opción. John D. Liu, periodista internacional, científico de suelos y cineasta ha dedicado los últimos 25 años al estudio, documentación y promoción de la restauración de ecosistemas a gran escala en todo el mundo. 

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Primer Congreso Mexicano de Agroecología: frente común para revertir los efectos nocivos del modelo agroindustrial

Del 12 al 17 de mayo de 2019 se celebró en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, el Primer Congreso Mexicano de Agroecología.

En el encuentro participaron más de mil personas integrantes de las comunidades campesina, académica, estudiantil, activista y de diversas organizaciones nacionales e internacionales, entre ellas Regeneration International.

La principal premisa que fungió como hilo transversal del Congreso fue la necesidad de que la academia se sume a los procesos agroecológicos de base ya existentes, que se una con un sentido social y colaborativo y que su contenido nazca desde las necesidades de las propias comunidades y esté a su servicio.

Cabe destacar que los organizadores principales de este Congreso fueron la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH) y el Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR), instituciones que desde 2018 trabajan de manera cercana, firmando convenios de colaboración que apuntan a reforzar este intercambio de saberes y conocimientos entre comunidad y academia.

En la apertura del Congreso se hizo un repaso de la génesis y la historia de la agroecología en México: se habló de las comunidades campesinas como guardianes de la agrobiodiversidad y responsables de la subsistencia de muchas de las semillas y plantas que desde tiempos prehispánicos existen y perduran hasta nuestros tiempos. Con una mirada que fue recorriendo la historia y la memoria de la agroecología, se hizo énfasis en la necesidad de construir un futuro conjunto partiendo de la base del gran potencial que tiene México en técnicas agroecológicas y la importancia de organizarse en un frente común para presentar propuestas que alimenten políticas públicas estatales y nacionales beneficiosas para la comunidad en general; que creen resiliencia y puedan revertir los efectos nocivos del modelo agroindustrial en la calidad de la alimentación y la pérdida de la soberanía alimentaria, la degradación de ecosistemas, la pérdida de suelos, la contaminación de agua y aire, el cambio climático y las migraciones forzadas.

En la integración del programa y la heterogeneidad de la asistencia quedó de manifiesto la necesidad de conciliar las múltiples perspectivas que existen sobre la agroecología en México, en particular la mirada maya que de generación en generación ha apostado por una construcción de saberes y resistencia; así como la académica, simbolizada en México en la figura del maestro Xocolotzi.

Con este objetivo, en el programa se integraron por diferentes mesas: soberanía alimentaria, experiencias internacionales en agroecología y el buen vivir, mercados y tianguis, estrategias de producción agroecológicas, sistemas agroforestales, salvopastoriles y manejo de fauna, sistema milpa, huertos familiares, manejo de plagas, política pública y gobernanza, suelos y semillas, mujeres, agroecología y feminismos, el maíz bajo asedio, agua y suelo, semillas y resiliencia, escuelas campesinas, entre otros temas.

El acto de clausura se realizó en el Teatro Zebadúa, en el centro de San Cristóbal de las Casas. En la mesa de cierre participaron como ponentes el Dr. Víctor Suárez Carrera, Subsecretario de Autosuficiencia Alimentaria de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, el Dr. Crispim Moreira, representante de FAO en México, y el Dr. Luis García Barrios, Director de la región Sureste de la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología.

En un auditorio lleno, donde no faltaron las interpelaciones entre público y autoridades acerca de la capacidad real de cambio propuesto por la cuarta transformación del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quedó de manifiesto que la agroecología debe ser parte de la transformación real de la República y que esto ocurrirá en la medida en que una sociedad  fuerte y organizada proponga los cambios necesarios para que las políticas públicas que el gobierno implemente integren a la agroecología como una parte sustancial del cambio.